miércoles, 7 de diciembre de 2016

Patriotismo y nacionalismo: buenas y malas palabras


Los venezolanos somos muy propensos a hablar de patriotismo, nacionalismo y orgullo nacional. La retórica oficial de nuestras  dictaduras y democracias ha incluido estos términos en los primeros compartimientos de su bagaje idiomático. Para nuestros demócratas y dictadores el verbo nacionalizar ha sido considerado como una buena palabra. Los lemas políticos siempre pintan un destino mesiánico. Pérez Jiménez hablaba del Nuevo Ideal Nacional, Carlos Andrés Pérez de la Gran Venezuela, Hugo Chávez de Nacionalismo Bolivariano. Más allá de las palabras, sin embargo, los venezolanos debemos preguntarnos su verdadero significado. ¿Es patriotismo  amar la patria como se ama a un padre o a un hijo, o es lo que nos pide defender los intereses de sus gobernantes? El primer tipo de patriotismo es una honesta emoción que yo comparto, el segundo tipo de patriotismo es lo que el Dr. Johnson llamó el último refugio de los bribones.  Sobre este último tipo de patriotismo George Bernard Shaw decía: “Mientras el patriotismo no se termine no habrá paz en el planeta”.
  Adlai Stevenson definió el buen patriotismo como “un sentido de responsabilidad nacional”. Es el tipo de amor por el país que uno siente por la familia. En línea con esa definición de patriotismo Venezuela es mi gran familia pero no defiendo sus actos cuando ellos sean contrarios a la ética o el decoro. Prefiero actuar como lo recomendaba Andrés Eloy Blanco en uno de sus poemas: el jefe civil del pueblo llevó a la cárcel a su mejor amigo por una falta grave pero, eso sí, todos los días iba a regarle su huerto.
Las ambiciones de la Gran Venezuela de Carlos Andrés Pérez, en ejercicio de un patriotismo y nacionalismo incorrectos,  lo llevaron a despilfarrar el primer gran aluvión de ingresos petroleros que tuvo Venezuela, en la década de 1950. Las locuras de Hugo Chávez, en ejercicio suicida del patriotismo mal entendido,  lo condujeron a despilfarrar el mayor aluvión de ingresos petroleros jamás recibido por la Nación, durante los años de 2005-2012. Detrás de estas dos tragedias venezolanas existió un motor  ideológico,  la falsa creencia de que nuestra Venezuela era un “gran país”, no en términos de cordialidad y bonhomía de su gente – lo cual sería correcto – sino en términos de estar predestinado a “ser grande”, un destino de categoría universal que aguardaba a los “hijos de Bolívar”. Con esa retórica Hugo Chávez se convirtió en el hazmerreír de la región, si no del planeta y, peor aún, arruinó al país. Con su manía de nacionalizaciones, soberanía nacional, dignidad anti-imperialista, liberación de naciones y expropiaciones al sector privado para nutrir un incansable apetito de control, este ignorante, profundamente acomplejado, pretendió encarnar al segundo Bolívar, quien – le decían sus adulantes, citando a Neruda – resucitaba en América cada cien años. “Vengo a completar la obra de Bolívar”, decía incesantemente el pobre diablo.  
Gracias a sus esfuerzos la Venezuela del Siglo XXI  merece nuestra compasión pero no nuestro orgullo. Su signo fundamental es la mediocridad y la ausencia de coraje cívico. Si el gobernante es la medida de la calidad humana de un país, Venezuela, mandada por Maduro, está al nivel de los países más miserables del planeta. Decir esto no es auto-flagelación sino hablar de la realidad venezolana: no hay índice social en el cual no estemos entre los últimos o, simplemente, no seamos los últimos: inflación, salarios, criminalidad, corrupción, gobernabilidad, competitividad. Venezuela es un estado fallido.
Es hora de dejar de usar palabras infladas y adormecedoras y enfrentarnos con nuestra horrorosa realidad. Se impone una rebelión cívica que renueve radicalmente el liderazgo político y social del país, reemplazando la manada existente por ciudadanos decididos a vivir decorosamente. Esa rebelión cívica debe luchar por sacar del poder al régimen miserable, por supuesto, pero también por remplazar la oposición de opereta que está hoy al nivel del régimen fallido, ambos sentados en una mesa de diálogo inmoral. Hoy vemos que esa oposición continúa hablando con dos voces: una, ruge, la otra maúlla. Una habla duro. La otra, la que decide, anuncia una próxima reunión de la mesa para el 13 de enero. Con reuniones mensuales intrascendentes, sin sentido de urgencia, sin dignidad,  una oposición mediocre ve transcurrir los días mientras se sigue muriendo Venezuela.

Sentimos compasión pero estamos lejos de sentir orgullo.    

domingo, 4 de diciembre de 2016

Balance político, económico y social de la revolución Cubana



El mejor documento que conocemos sobre el balance económico y social de la revolución cubana, es el elaborado por el profesor de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa Lago, ver: http://www.mesa-lago.com/uploads/2/7/3/1/27312653/economic_and_social_balance_of_50_years.pdf. Cubre los años de 1958 a 2008, 50 años de dictadura de Fidel Castro en Cuba. Es un documento serio, muy bien documentado y logra, con mucha paciencia, resolver muchos de los problemas metodológicos inherentes a la comparación de indicadores en épocas diferentes y bajo regímenes políticos diferentes. Las conclusiones a las cuales llegó este estudio fueron: (a), la mayoría de los indicadores económicos de Cuba se deterioraron; (b), la mayoría de los indicadores sociales mejoraron, y (3), tanto los indicadores sociales como los económicos se deterioraron claramente en los últimos 20 años de dictadura, entre 1989 y 2008.  
El desastre económico generado por Castro
En los años inmediatamente anteriores de la revolución , en la década de 1950, Cuba se encontraba a la cabeza de América Latina en indicadores económicos y sociales importantes tales como el PIB per cápita. Baja inflación, estabilidad fiscal, alfabetización, mortalidad infantil y otros. En PIB per cápita Cuba era el tercer país de la región solamente superado por Uruguay y Venezuela. Sin embargo su industria azucarera daba señales de estancamiento y existían significativas diferencias en calidad de vida entre las zonas urbanas y rurales. Durante la revolución Castro se vio beneficiado por la ayuda esencialmente gratis de la Unión Soviética pero el colapso del mundo socialista llevó el Producto Interno Bruto cubano a bajar en un 35% entre 1989 y 1993, lo que se llamó el “Período Especial”. Algunos intentos de liberalización económica entre 1993 y 1996 fueron revertidos por Castro, en el período conocido como la “batalla de ideas”. La inmensa ayuda dada a Castro por  Hugo Chávez en el período posterior a 2003  permitió la recuperación de la economía cubana. Sin embargo, permanecen vigentes absurdas limitaciones incluyendo racionamiento, prohibición de cubanos de vender propiedades, de tener internet en sus hogares, de viajar libremente dentro de Cuba y muchas otras que aún restringen derechos humanos fundamentales, ver:   http://yusnaby.com/las-25-prohibiciones-mas-absurdas-en-cuba/ .
El informe de Mesa Lago advierte que los mecanismo de medición para el PIB y niveles de empleo  utilizados por el gobierno cubano no siguen las normas internacionales, por lo cual algunas estadísticas  económicas  suministradas por el gobierno no pueden ser considerados confiables.
El colapso económico de Cuba durante la revolución se ha llevado a cabo esencialmente en el sector agrícola y en el sector industrial. La minería ha sufrido menos, aunque tanto la producción de níquel como la petrolera han declinado desde 2003. El sector industrial no azucarero ha declinado en un 85% entre 1989 y 2006. Textiles, zapatos, fertilizantes y jabones declinaron entre un 80% y un 97%. La producción de azúcar bajó de 8 millones de toneladas en 1958 a I millón de toneladas en 2008.  La producción de Tabaco, café, carne, leche, las cabezas de ganado en pie, todo bajó durante estos 50 años.
Como se explica que los indicadores sociales cubanos se hayan mantenido positivamente a pesar de que la economía haya colapsado. Parece claro que ello fue debido a la ayuda soviética primero y luego, a la ayuda venezolana. Solamente en 2008 Cuba recibió más de $9000 millones en ayuda de Hugo Chávez, desglosados así:  $5700 millones por servicios varios (médicos, entrenadores, asesorías) , $2500 millones en subsidios petroleros  e inversiones en diversos proyectos por $1400 millones.
  Mis estimaciones apuntan a un subsidio petrolero venezolano hacia Cuba en el orden de los $40.000 millones entre 2006 y 2012, cuando murió Chávez. Durante todo el siglo XXI la dependencia económica en Venezuela por parte  de Cuba solo puede compararse con la dependencia política en Cuba por parte de Venezuela.
Indicadores Sociales positivos
El desempleo en Cuba es el menor de la región pero, advierte Mesa lago, es medido diferente a las normas internacionales, ya que incluye trabajadores parados en entrenamiento, estudiantes que trabajan parte de tiempo y trabajadores involucrados en siembras para su propio consumo. Es decir, el desempleo real está escondido. El nivel de alfabetización es muy alto. Todas las estadísticas de salud y educación son positivas. Sin embargo, después del retiro de la ayuda soviética,  Mesa Lago apunta : “La crisis afectó los niveles sanitarios… el gasto total de sanidad por habitante era 333 dólares internacionales (PPA) colocándose en el 12o lugar de la región y la mitad del promedio regional (basado en WHO 2008). Sólo la mortalidad infantil continuó su descenso durante la crisis y la relación de médicos siguió creciendo. Respecto a la última, entre 35% y 48% de los galenos (según estimados diversos) trabaja en el exterior, principalmente en Venezuela, lo que ha provocado un déficit de atención médica en la Isla. Las farmacias estatales carecen de la mayoría de las medicinas básicas que los enfermos deben comprar en las TRD. El deterioro considerable de la infraestructura de agua potable y saneamiento (en la primera, la posición cubana en la región disminuyó), explica en parte el crecimiento de la hepatitis en 33% entre 1989 y 2007 y la diarrea aguda hasta 1997; la mayor libertad sexual, el incremento de la prostitución durante la crisis y la escasez de profilácticos expone el aumento de las enfermedades venéreas (sífilis 22 veces y blenorragia 372%), y el consumo de alimentos en mal estado el ascenso de la intoxicación de alimentos en 59%. Por otra parte el SIDA creció 150% en 1989-2007 pero Cuba tiene la segunda menor incidencia de dicha enfermedad; y habido graves epidemias de dengue que no aparecen en las estadísticas oficiales. El incremento de la escarlatina en 33% y la tuberculosis en 27% son difíciles de explicar; la primera no es prevenible por vacuna pero la segunda sí y la inmunización de la población disminuyó en 65% entre 1989 y 2007.
Mesa Lago resume de la siguiente manera la situación de los indicadores sociales bajo la revolución: “La distribución final de los indicadores sociales es así: el 46% ha mejorado, el 27% se ha mantenido igual y el 27% se ha desmejorado”.
El precio pagado por los Cubanos y la inmoral idolatría de la izquierda
Lo que el Informe Mesa Lago no incluye es el precio que en términos de sufrimiento han pagado los Cubanos por este balance de la revolución Castrista.  Durante estos 60 años más de dos millones de habitantes han escapado de la isla, casi un 20% de la población, un volumen de emigración verdaderamente asombrosa si se considera que el gobierno ha restringido por años el libre movimiento de los ciudadanos. Quienes han permanecido en la isla han visto sus derechos humanos restringidos o violados. Miles de cubanos han sido asesinados por el gobierno o llevados a prisión. Miles de familias se han tenido que separar. Tres generaciones de cubanos han vivido en una isla-prisión, sin acceso a la libre información y a sus libertades más esenciales. Han sido 60 años de opresión, de dictadura. Ha valido la pena la revolución de Fidel Castro?
Las izquierdas latinoamericanas y estadounidenses parecen pensar que sí ha valido la pena. Cartas de melosa adulación a Fidel Castro han sido firmadas por nuestros intelectuales de izquierda, el régimen “socialista” venezolano es un satélite político de la Cuba Castrista, líderes de países de la región han visto a  la Habana de Fidel Castro como sitio de obligatoria visita, una especie de Meca del izquierdismo. Chávez y Maduro han entregado el dinero y la soberanía venezolana en manos de los hermanos Castro. En los Estados Unidos, decenas de profesores universitarios, desde Pomona College en California hasta American University en Maryland, alaban al régimen cubano, aunque ninguno haya mostrado intención alguna de irse a vivir allá.  Lo que es difícil de explicar es que ha podido ver la izquierda de la región en Fidel Castro para justificar esa idolatría. Y la única respuesta que he podido encontrar es que ella es un resultado del resentimiento de esta izquierda en contra de los Estados Unidos. Es una idolatría producto de la envidia y el despecho. “Amamos a Fidel porque se opuso a los Estados Unidos” parece ser el lema de la izquierda regional. Líder que deseaba hacer un gesto de independencia frente a los Estados Unidos se acercaba a Fidel Castro, olvidando la macabra naturaleza de su dictadura. Hasta demócratas como Carlos Andrés Pérez lo hicieron así. Fue la “moda” en América Latina por décadas.

El amor por Castro y su revolución pertenece al grupo de sentimientos inferiores y acomplejados que mantienen atrasada a América Latina. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

El síndrome de "Esto es el Colmo" y el diálogo apaciguador


El Síndrome de Estocolmo fue incorporado a la literatura científica a raíz del asalto a un Banco, con toma de  rehenes, que tuvo lugar en aquella ciudad en 1973. Durante el proceso judicial que siguió al asalto los rehenes se opusieron a testificar en contra de los acusados, alegando haber estado más temerosos de la policía que de los asaltantes. Muchos otros ejemplos, aún más dramáticos, siguieron a este asalto, los cuales revelaban la curiosa relación emocional que se establece entre bandidos y rehenes. Recuerdan a Patty Hearst?
Lo que tenemos hoy en Venezuela es algo que tiene cierto parecido con aquello. En este país, las víctimas del régimen que ha manejado el poder durante los últimos 17 años, no cesan de repetir: “esto es el colmo”, cada vez que el régimen les quita la luz, el agua, el dinero, la comida, las medicinas, la libertad, la posibilidad de viajar y el derecho a votar. Exclaman “esto es el colmo” cuando ven que Rafael Ramírez malgastó o permitió que se robaran $11000 millones de dinero nuestro cuando estaba en PDVSA, o cuando ven cómo los “revolucionarios” dan rumbosas fiestas donde canta Oscar De León y corre la champaña, mientras todos los venezolanos, tanto los seguidores del chavismo como las mayorías que no lo son,  pasan hambre y tienen necesidades insatisfechas.
“Esto es el colmo” dicen, cuando ven que el inepto y rastrero Nicolás Maduro se va a La Habana a pedirle instrucciones a Raúl o a enterrar a Fidel , o cuando el traidor Padrino López reafirma la lealtad de la Fuerza Armada al payaso en violación de la Constitución.  “Esto es el colmo”, exclaman, cuando ven que los sobrinos narcotraficantes de Cilia Flores portaban pasaportes diplomáticos y viajaban en jets privados, mientras los venezolanos no tienen pasaporte y no pueden viajar, aunque sea en clase turista.
Sin embargo, en relación con este síndrome de “esto es el colmo” funciona hoy un mecanismo adormecedor y apaciguador que nos llega desde Ecuador (UNASUR), Washington (Departamento de Estado)  y  Roma (Vaticano) , el cual  recomienda a los que exhiben el síndrome a  "no perder la esperanza”. Les dicen:  “Olviden las marchas, cuidado con el derramamiento de sangre, siéntense a dialogar con el régimen, como seres civilizados”.
 Ha sido difícil negarse a ese llamado de la razón, de la fe y de la civilización, sin lucir intransigentes.  Por ello, ha sido acogido por importantes líderes de nuestra oposición: Borges, Rosales, Falcón, entre otros,   quienes ven en una negociación con el régimen la posibilidad de llegar eventualmente al poder en el país, una vez que el régimen haya implosionado, como en efecto parece estar ocurriendo. El “pequeño problema” con esa implosión es que se está tomando su tiempo, mientras el régimen roba, destruye, abusa, aprisiona, exilia, confisca y se burla. Por ello, el diálogo, en el cual están involucrados algunos de estos líderes y  unos “facilitadores” insensibles al sufrimiento de la población, ha venido a ser una farsa que está costando más vidas y más sufrimiento .
Venezuela es un estado fallido bajo un régimen forajido con el cual no debería haber diálogo posible. Si ello no es reconocido por la oposición, si se insiste en un diálogo inmoral, los potenciales aliados internacionales de la oposición se quedarán sin incentivos para ayudar. Venezuela está perdiendo su última oportunidad de redención moral sentada en una mesa de negociación con el régimen forajido

martes, 29 de noviembre de 2016

Fidel Castro, por George Friedman, versión en Español

Traducción al español,  cortesía de Sergio Sáez:
FIDEL CASTRO, by George Friedman
Gustavo Coronel
En mi blog hoy
Lo mejor que he leído hasta ahora sobre la muerte y significado histórico de Fidel Castro: 

FIDEL CASTRO
By George Friedman
Fidel Castro murió a los 90 años durante el fin de semana. En cierta forma, fue su desgracia haber vivido tanto tiempo. Un anciano Fidel estaba en marcado contraste con el revolucionario de 33 años que arribó a La Habana el día de Año Nuevo en 1959, en última instancia horrorizó al liderazgo de Estados Unidos y capturó la imaginación de muchos baby boomers (la generación de los niños nacidos durante la guerra y la postguerra, entre 1933 y 1960) emergiendo después en la conciencia política. No era su política lo que los excitaba tanto como la visión de un hombre más viejo que ellos mismos protagonizando una aventura digna de Hollywood, tomando el control de un país y haciendo cosas buenas y geniales. Transformó en paroxismo los peores temores de la generación de la Segunda Guerra Mundial y las mayores fantasías que tenían sobre sí mismos. Pero esto fue hace ya mucho tiempo, cuando Dwight Eisenhower era presidente de los Estados Unidos, Nikita Khrushchev gobernaba la Unión Soviética y Josef Stalin había muerto seis años antes. Entonces Fidel gozaba de relevancia. Hoy en día, es recordado con cariño por los viejos e ignorado por los jóvenes, que llevan camisetas con la foto impresa dle "Che" Guevara, sin el menor asomo de saber quién era. La vejez no le sentaba bien a Fidel.

PARA IR CON LA HISTORIA AFP - Un turista camina
STR / AFP / Getty Images Un turista camina junto a un stand de la calle mostrando camisetas que representan el líder guerrillero argentino "Che" Guevara, en Santa Clara, el 30 de diciembre de 2008.
Quizás su impacto más significativo, aparte de lo que representaba en Cuba, fue que inspiró a una generación de líderes en el Tercer Mundo. Le eran fieles. Lo cual era desafortunado porque escondido bajo su mitología, Fidel era un furibundo comunista. Ha habido mucho debate sobre si realmente era comunista cuando tomó La Habana. El mito que le crearon sus admiradores no comunistas en Occidente era que fue obligado a ser comunista debido a la hostilidad de los Estados Unidos.

El hecho que abriga tal teoría era que el gobierno de Eisenhower estaba más perplejo por él que atemorizado. La administración no hizo ningún intento de bloquear su llegada al poder, en gran parte porque no tenia ningún provecho que sacarle al hombre que derrocó, Fulgencio Batista. Las alarmas que dispararon la atención de la administración de Eisenhower fue cuando Fidel comenzó a confiscar las propiedades de los estadounidense en Cuba, bajo la premisa de que estas propiedades pertenecía al pueblo cubano y representaba la explotación imperialista.
Fidel era un comunista confeso desde el principio, y la afirmación de que se convirtió en tal solo porque los Estados Unidos le obligó a ello, fue falsa. Su gente más cercana, su hermano Raúl y Guevara (un argentino que se unió a Fidel mientras ambos estaban en el exilio en la Ciudad de México), eran comunistas del ala dura. Algunos partidarios de su movimiento no eran comunistas. Camilo Cienfuegos no lo era. Se cree que murió en un accidente de avión poco después del triunfo de la revolución. Su muerte pudo haber sido un accidente, pero las ejecuciones que dirigió personalmente Guevara no fueron accidente, y Fidel conscientemente los apoyó. Él impuso un reinado de terror en el espíritu, aún cuando no en el detalle, de cómo lo hizo Lenin para garantizarse el control del país.

El éxodo desde Cuba que duró décadas fue proscrito por sus partidarios occidentales como un simple hecho protagonizado por la burguesía que huía porque ya no se les permitía continuar chupándole la sangre a los pobres. Pero los aproximadamente 1,5 millones que dejaron no eran sólo los ricos. Cuba no tenía 1,5 millones de personas ricas. Las personas que primero emigraron fue la clase profesional y seguida más tarde por los pobres. Es importante tener en cuenta que mientras se mantuvieran los vuelos, el régimen trató la mayor parte del tiempo de bloquear el éxodo, y hubo castigos para quienes intentaran huir. Una característica de los estados comunistas es que tienen cercas y guardias, no para impedir que la gente entre, sino para impedir que la gente salga. A diferencia de las muros soviéticas, las trabas de Fidel eran ineficientes. Lo más grandioso que hizo fue derrocar a Batista. El resto era una historia de miseria y fracaso.

Pocos años después de la revolución, Fidel afirmó que por primera vez todos los cubanos tenían atención médica y educación. La calidad de ambos era cuestionable, pero al menos todos los cubanos tenían acceso a ellos. Cincuenta años después, todavía persiste como base fundamental de Fidel para justificar la revolución. Su afirmación básica era que Cuba era pobre debido a la explotación que hacían de ella los estadounidense. Cuando los Estados Unidos rompieron los lazos económicos con Cuba, afirmaba que Cuba era pobre porque los Estados Unidos no comerciaban con ella. Sus partidarios no vieron ninguna ironía en estos argumentos. Y a pesar del hecho que toda Europa y América Latina siguiera comerciando con Cuba no cambió en nada su afirmación de que la razón de la disfunción y la pobreza cubanas eran los estadounidenses. Nunca consideró la posibilidad de que la razón fuera comunismo.

Fidel era un símbolo importante para los revolucionarios de cafetín y los revolucionarios del Tercer Mundo que aspiraban a convertirse en dictadores. Pero su verdadera importancia fue que ayudó a abrir la puerta a los soviéticos, que estaban tratando de lograr la igualdad estratégica con los EE.UU. Después de la Segunda Guerra Mundial, los EE.UU. desarrollaron una fuerza de bombarderos estratégicos que podrían golpear a los soviéticos con armas nucleares. Los soviéticos no desarrollaron una fuerza igual, centrándose en cambio en el desarrollo de una capacidad misilística capaz de  contraatacar. En 1962, se habían desplegado los primeros misiles balísticos intercontinentales, pero eran pocos y poco fiables. En cualquier intercambio nuclear, los Estados Unidos demolerían a la Unión Soviética. Esto bloqueaba cualquier evento que los soviéticos se propusieran realizar en cualquier parte del mundo.

Con la creación de un régimen comunista en Cuba -en 1959, cuando los soviéticos eran aún más débiles- surgió la posibilidad de colocar misiles de corto alcance cerca de los Estados Unidos. Los soviéticos tenían más y mejores misiles de corto alcance. Si lo materializaban, neutralizaría la ventaja americana y liberaría el poder convencional superior de los soviéticos para desplazarse. Para los soviéticos, el glamour de Fidel era mucho menos impresionante que su ubicación geográfica. La KGB se convirtió en guardián del régimen de las amenazas extranjeras, advirtiendo a Fidel sobre la Bahía de Cochinos, por ejemplo, y cerrando las operaciones de inteligencia estadounidenses en Cuba. La lucha de clases fue una cosa. Pero la geopolítica lo era todo.

Fidel se convirtió en dependiente de los soviéticos no sólo para la ayuda, sino también para la seguridad. Los soviéticos dependían del territorio cubano para un intento desesperado de alcanzar la paridad nuclear. El resultado fue la crisis de los misiles cubanos, en la que los estadounidenses amenazaron una guerra nuclear si los soviéticos no retiraban sus misiles del territorio cubano. Se llegó a un acuerdo. Los soviéticos retirarían misiles de Cuba, los Estados Unidos retirarían misiles sin importancia de Turquía y los Estados Unidos garantizarían no invadir Cuba ni intentar derrocar al régimen comunista allí instalado.

Fue este acuerdo el que permitió a Fidel vivir 90 años como líder de la revolución. Al final, no fue el éxito del régimen lo que garantizó su supervivencia, sino un arreglo hecho por los soviéticos y los estadounidenses. Fidel se convirtió en un sobrante de la Guerra Fría. Y después de que la Unión Soviética se derrumbó, sobrevivió en parte porque a los Estados Unidos no le preocupaban, y en parte porque países como Venezuela lo socorrieron. Murió sin haber hecho de Cuba un paraíso, y culpó a todos excepto a sí mismo. Pero lo peor de todo para Fidel, murió un anacronismo de una era que terminó hace 25 años. El mito Fidel vive entre los simpatizantes radicales que todavía fantaseaban al ir a las Montañas Rocosas cuando Fidel se entronizaba en la Sierra Maestra, pero esos radicales eran pocos para empezar, y hoy incluso sus fantasías quedan limitadas por la vejez. Tal vez lo peor que le pudo haber pasado a Fidel, era que las camisetas que portan la gente mostraba la cara del hombre que dirigió las ejecuciones, Guevara, y no la del propio Fidel. Y, que como ironía final de esta farsa, las personas que visten las camisetas probablemente se oponen a la pena de muerte, pero glorifican a un hombre que la impuso con tanta avidez.

Fidel está muerto, y para aquellos que se preocupan por lo que vendrá después de él, no les resta sino encogerse de hombros. Lo que él creó después de su sangrienta revolución no fue más que miseria. Tardará una generación para recomponer lo que hizo. Pero al final, la época de Cuba como centro de atención global queda en el pasado. Dicen que todavía fascina, pero lo que se quiere decir es que su pasado fascina, y que el resto de su vida, de poco importancia tendrá.
Publicado por Gustavo Coronel en 15:18

lunes, 28 de noviembre de 2016

Fidel Castro, by George Friedman

Lo mejor que he leído hasta ahora sobre la muerte y significado histórico de Fidel Castro:

FIDEL CASTRO
By George Friedman
Fidel Castro died at age 90 over the weekend. In some ways, it was his misfortune to have lived this long. An old Fidel stood in stark contrast to the 33-year-old revolutionary who swept into Havana on New Year’s Day in 1959, ultimately appalling the leadership of the United States and capturing the imagination of many baby boomers, then emerging into political consciousness. It was not his politics that excited them as much as the vision of a man just older than themselves on an adventure worthy of Hollywood, seizing control of a country and doing good and cool things. He excited the worst fears of the World War II generation, and the boomers’ greatest fantasies about themselves. But this was a long time ago, when Dwight Eisenhower was president of the U.S., Nikita Khrushchev ruled the Soviet Union and Josef Stalin had died only six years before. Fidel had significance then. Today, he is remembered fondly by the old and ignored by the young, who wear T-shirts with “Che” Guevara’s picture, not quite knowing who he was. Old age did not suit Fidel.
TO GO WITH AFP STORY - A tourist walks n
A tourist walks next to a street stand displaying t-shirts depicting Argentine-born guerrilla leader “Che” Guevara, in Santa Clara, on Dec. 30, 2008. STR/AFP/Getty Images
Perhaps his most significant impact, apart from in Cuba, was that he inspired a generation of leaders in the Third World. They were faithful to him. That was unfortunate because beneath the mythology, Fidel was a dedicated communist. There has been much debate over whether he was a communist when he took Havana. The myth that was built by his non-communist admirers in the West was that he was forced into being a communist because of the hostility of the U.S.
The problem with that theory was that the Eisenhower administration was more bemused by him than frightened. The administration made no attempt to block his coming to power, in large part because it had little use for the man he overthrew, Fulgencio Batista. Any alarm the Eisenhower administration felt was when Fidel started seizing American-owned property in Cuba, on the premise that this property belonged to the Cuban people and represented imperialist exploitation.
Fidel was a communist from the get-go, and the claim that he only became one because the U.S. compelled him into it, was false. The people close to him, his brother Raúl and Guevara (an Argentine who attached himself to Fidel while both were in exile in Mexico City), were hard-core communists. Some in this movement weren’t communists. Camilo Cienfuegos was not. He is believed to have died in a plane crash soon after the revolution’s triumph. His death may have been an accident, but the executions that were managed by Guevara were no accident, and Fidel clearly supported them. He imposed a reign of terror in the spirit, if not detail, of Lenin to guarantee his control of the country.
The exodus from Cuba that lasted for decades was dismissed by his Western supporters as merely the bourgeoisie fleeing because they were no longer permitted to suck the blood of the poor. But the roughly 1.5 million who left were not just the wealthy. Cuba didn’t have 1.5 million rich people. The people who fled first were the professional class and later the poor. It is important to bear in mind that while there was flight, the regime sought to block it most of the time, and there were penalties for attempting to flee. One characteristic of communist states is that they have fences and guards, not to block people from entering, but to block people from leaving. Unlike the Soviet walls, Fidel’s were inefficient. The most exciting thing he did was to overthrow Batista. The rest was a tale of squalor and failure.
A few years after the revolution, Fidel asserted that for the first time all Cubans had medical care and education. The quality of both is questionable, but at least all Cubans had access to them. Fifty years later, this remained Fidel’s primary justification for the revolution. His basic claim was that Cuba was poor because of American exploitation. When the U.S. broke economic ties with Cuba, the claim became that Cuba was poor because the U.S. would not trade with it. His supporters saw no irony in this. And the fact that all of Europe and Latin America continued to trade with Cuba did not in any way affect his claim that the reason for Cuban dysfunction and poverty was the Americans. He never considered the possibility that it was communism.
Fidel was an important symbol for café revolutionaries and Third World revolutionaries aspiring to be dictators. But his real importance was that he helped open the door for the Soviets, who were trying to achieve strategic equality with the U.S. After World War II, the U.S. developed a strategic bomber force that could strike the Soviets with nuclear weapons. The Soviets did not develop an equal force, focusing instead on developing a missile capability that could strike back. By 1962, the first of the intercontinental range ballistic missiles had been deployed, but they were few and unreliable. In any nuclear exchange, the U.S. would demolish the Soviet Union. This blocked the Soviets from serious adventures elsewhere.
With the creation of a communist regime in Cuba — in 1959, when the Soviets were even weaker — the possibility of placing short-range missiles near the U.S. emerged. The Soviets had more and better short-range missiles. If they pulled that off, it would neutralize the American advantage and free superior Soviet conventional power to move. For the Soviets, Fidel’s glamor was far less impressive than his geographic location. The KGB became the guardian of the regime from foreign threats, warning Fidel about the Bay of Pigs for example, and shutting down American intelligence operations in Cuba. The class struggle was one thing. But geopolitics was everything.
Fidel became dependent on the Soviets not only for aid but also for security. The Soviets were dependent on Cuban territory for a Hail Mary attempt to achieve nuclear parity. The result was the Cuban missile crisis, in which the Americans threatened nuclear war if the Soviets didn’t withdraw their missiles. A deal was reached. The Soviets would withdraw missiles from Cuba, the U.S. would withdraw unimportant missiles from Turkey, and the U.S. guaranteed not to invade Cuba or attempt to overthrow the communist regime there.
It was this deal that permitted Fidel to live to be 90 as the leader of the revolution. In the end, it was not the regime’s success that guaranteed his survival but a deal made over his head by the Soviets and Americans. Fidel became a leftover of the Cold War. And after the Soviet Union collapsed, he survived in part because the U.S. didn’t care about him, and in part because countries like Venezuela gave him charity. He died having failed to make Cuba a paradise, and blamed everyone but himself. But worst of all for Fidel, he died an anachronism of an era that ended 25 years ago. The myth of Fidel lives among the radical boomers who still fantasize on going into the Rockies as Fidel went into the Sierra Maestra, but those radicals were few to begin with, and today even the fantasies are limited by old age. Perhaps the worst for Fidel, the T-shirts bear the face of the man who ran the executions, Guevara, and not Fidel’s. And, in the final irony of this farce, the people wearing the T-shirts likely oppose capital punishment, but glorify a man who imposed it so eagerly.
Fidel is dead, and for those who care about what comes after him, I cannot help but shrug. What he created after his bloody revolution was nothing more than squalor. It will take a generation to undo what he did. But in the end, Cuba’s time as the center of global attention is long past. They say he still fascinates, but what they mean is that his past fascinates, and in the rest of his life, little of importance happened.

Maduro da golpe de timón (Golpe de Gracia) a PDVSA


La destrucción de PDVSA, tarea ordenada por Hugo Chávez e iniciada por Ali Rodríguez, continuada por Rafael Ramírez y ya casi terminada por Eulogio Del Pino, recibe hoy la directriz final de Nicolás Maduro, un Golpe de Gracia que él  llama Golpe de Timón.
Maduro acaba de aprobar un decreto para  aplicar la “reestructuración absoluta y “un golpe de timón” en Petróleos de Venezuela (PDVSA), con el fin de “vencer la corrupción y la burocracia” que, según dijo, están presentes en esa empresa. “La burocracia y la corrupción están unidas y son el cáncer que debemos sanar de la vida social, económica y política de la nación”, dijo el Jefe de Estado venezolano en cadena de radio y televisión desde el palacio presidencial de Miraflores. Maduro aseguró que la industria petrolera venezolana tiene infiltrados”. Dice: “Nos han apagado las refinerías tres veces”. El mandatario venezolano pidió al presidente de PDVSA y actual ministro de Energía y Petróleo, Eulogio Del Pino, crear de la mano de los trabajadores una comisión de “políticas transformadoras concretas” para “fortalecer” esta empresa. Y, aquí viene el Golpe de Gracia: “Para que la clase obrera pase al mando de PDVSA a todo nivel y haya un profundo proceso de transformación socialista, productiva”.
“eso sí”, agregó, “me informan cada 15 días cómo va la vaina, sigan sembrando”.
De ahora en adelante desaparecerán las Juntas Directivas de las empresas filiales, las cuales – según Maduro – están llenas de ladrones (no le falta razón en esto) ,  para ser reemplazadas por grupos de obreros que se repartirán las tareas; “Tu, Luis,  te encargas de los vehículos, Ramón de las oficinas, yo me encargó de la plata”, dirá Wils Rangel.
La Exploración estará a cargo del Sindicato Unido Socialista “Jorge Rodríguez” de Pariaguán y la Refinación será asignada a la Comuna “Diego Salazar Carreño” de Adícora. Las negociaciones con China para recibir más dinero a cambio de producción de la Faja “Hugo Chávez Frías” serán coordinadas por el  Grupo Obrero “Che Guevara” de Barinas.
PDVSA será una empresa realmente revolucionaria, ya que dejará de tener técnicos, gerentes, investigadores y expertos financieros, solo tendrá obreros. Ello tendrá la virtud de ahorrar dinero, ya que los gerentes y técnicos ganan demasiada plata y finalmente lograr la uniformidad del lenguaje en la organización. Por años han prevalecido términos incomprensibles y sifrinoides en la industria, que si “puntos brillantes en líneas sísmicas” o “inyección alterna de vapor” en Lagunillas o “hidrodesulfurización” en las refinerías,  cuando todo lo que se necesita pá echa palante es abrir huecos donde nos diga el babalao.
 Antes de que los acomplejados chavistas digan que soy clasista y que desprecio a los obreros, debo enfatizar que lo absurdo del Golpe de Gracia de Maduro es que elimina tres componentes esenciales de una empresa: gerencia, investigación y tecnología, para dejarla en manos de uno solo de los componentes, los obreros. Igualmente absurdo sería eliminar a los obreros y poner a los técnicos y gerentes a hacer las labores de campo.
Definitivamente esta gentuza que manda en Venezuela, apoyada por los narco-militares, está destruyendo al país con el entusiasmo con el cual se comen a los toros padrotes cuando se emborrachan e improvisan una ternera llanera para homenajear al difunto.