domingo, 13 de enero de 2019

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA GENTE DEL PETRÓLEO, CAPITULO VI



APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA GENTE DEL PETRÓLEO, CAPITULO VI
NOTA: 
CAPITULO I PUEDE LEERSE EN LINK:
CAPITULO II PUEDE LEERSE EN LINK:

CAPÍTULO III PUEDE LEERSE EN LINK:

CAPÍTULO IV PUEDE LEERSE EN LINK:

CAPÍTULO V PUEDE LEERSE EN LINK:
http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2018/12/heroes-sin-nombre-del-petroleo.html
                        CAPÍTULO   VI
               LA BREVE VIDA DE PDVSA
Presidente de Venezuela           PDVSA                            Período
Carlos A. Pérez                     Rafael Alfonzo Ravard        1976-1979
Luis Herrera Campíns         Rafael Alfonzo Ravard         1979-1983
Luis Herrera Campíns         Humberto Calderón Berti    1983-1984
Jaime Lusinchi                      Brígido Natera                      1984-1986
Jaime Lusinchi                      Juan Chacín                           1986-1990
Carlos A. Pérez                     Andrés Sosa Pietri                1990-1992
Carlos A. Pérez                     Gustavo Roosen                     1992-1994
Rafael Caldera                       Luis Giusti                            1994-1999
Hugo Chávez                        Roberto Mandini                   1999 – 1999
PDVSA FUE ASESINADA POR HUGO CHÁVEZ FRIAS EN 1999
Para todo efecto práctico PDVSA fue asesinada el día de 1999 en el cual Hugo Chávez nombró a Héctor Ciavaldini como su presidente. Sin embargo, durante la década de los 90, la empresa ya mostraba señales de deterioro organizacional, a pesar de haber llegado a un alto nivel de producción. De no haber llegado Chávez a la presidencia, seguramente hubiera durado un poco más en condiciones de razonables funcionamiento, pero eventualmente se hubiera deteriorado debido a su creciente proceso de politización. Su conversión en empresa única, decidida en Barquisimeto en 1997, fue el equivalente a aplicar quimioterapia a un paciente de cáncer, una espada de doble filo, necesaria dada la condiciones imperantes en la empresa pero un   beso de muerte al eliminarse toda posibilidad de medir su comportamiento.    
LA NACIONALIZACIÓN FUE  INEVITABLE
La nacionalización de la industria petrolera venezolana fue una decisión política, inevitable en la Venezuela que surgió después de la larga dictadura de Juan Vicente Gómez. La aparición del petróleo en la vida venezolana en 1914 (Zumaque 1)  y, luego, de manera espectacular, en 1922 (Los Barrosos), sirvió para consolidar la primitiva dictadura de Gómez y para enriquecer a su círculo íntimo. La generación de 1928 se encargó de sembrar rebeldía y semillas de modernidad en un país atrasado. Sin embargo, esta generación se nutrió de literatura marxista y los partidos políticos creados por sus líderes absorbieron muchas de estas doctrinas, incluyendo la que promovía el poder avasallante del estado. A pesar de que el objetivo fundamental de los estudiantes del 28 fue el de remplazar las dictaduras a lo Castro o a lo Gómez para crear un sistema de gobierno democrático, las lecturas marxistas que les sirvieron de combustible ideológico, Plejanov, Lenin y otros,  los llevaron a favorecer sistemas  centralizadores y estatistas. Aún aquellos líderes del 28 quienes, como Rómulo Betancourt,  se apartaron del marxismo para fundar partidos políticos democráticos, introdujeron en ellos esquemas organizacionales de origen leninista-estalinista. En Venezuela todos los partidos, con la excepción de COPEI, fueron creados como organizaciones de izquierda moderada a izquierda extrema. Ser de izquierda fue y ha sido por muchos años lo obligado en los sectores intelectuales, artísticos y políticos venezolanos, tendencia representada  por “El Morrocoy Azul”, la República del Este y el Ateneo de Caracas. Este fuerte sesgo hacia la izquierda invadió todos los aspectos de la vida nacional. En la industria petrolera se manifestó a través de los crecientes esfuerzos para nacionalizarla, para convertirla en un monopolio del estado, para constituirla en una industria estatal básica cuya propiedad por el Estado fuese consagrada en la constitución.  En paralelo con esta tendencia absoluta hacia la estatificación prevaleció la idea que las empresas petroleras extranjeras representaban un peligro para el Estado por su tendencia a inmiscuirse en los asuntos internos del país y porque promovían intereses imperiales. Estas primeras tendencias se consolidaron gracias a la actividad de los primeros comunistas venezolanos como Gustavo Machado y Salvador de la Plaza.  La propiedad estatal de la industria y la lucha contra el “imperialismo” estadounidense y británico (no así el chino o el ruso) se convirtieron en parte de una estructura de pensamiento que consideraba estos conceptos como dogmas casi religiosos, enlazándolos hábilmente con las ideas de soberanía nacional y patriotismo. Como resultado el liderazgo político venezolano del siglo XX, casi todo derivado de la generación del 28, hizo un punto de honor nacionalizar el petróleo. Cada uno de ellos se esforzó en sonar más nacionalista que el vecino.
PERO, NO HUBO NACIONALIZACIÓN SINO ESTATIFICACIÓN PETROLERA
El clima de opinión preponderante en Venezuela imposibilitó que se llevara a cabo una verdadera nacionalización. Lo que tomó lugar fue una toma de control de la industria petrolera por parte del estado, con exclusión de una buena parte de la Nación. Se tornó imposible que los venezolanos pudiesen ser realmente accionistas en esa industria. Los venezolanos podían ser accionistas de Exxon, de Shell, de la Statoil Noruega o la Petrobras Brasileña pero no de Petróleos de Venezuela. El sector político venezolano nunca quiso nacionalizar sino poner la industria petrolera bajo el control del estado, lo que equivalía a colocarla bajo el control del gobierno de turno.
Paradójicamente el control del Estado sobre la industria petrolera estableció un camino legal expedito para su desnacionalización, ya que el sector privado de la economía, la sociedad venezolana, se vieron excluidos de la participación directa en la industria petrolera. Fueron estatificadas las pequeñas empresa privadas que existían en el momento y casi todas las actividades en el sector fueron reservadas al Estado.
Afortunadamente el gobierno de Carlos Andrés Pérez decidió llevar a cabo una estatificación atemperada con elementos racionales: uno, asignar la gerencia de la empresa a los gerentes profesionales que ya manejaban la industria petrolera concesionaria; dos, establecer un modelo de organización que no fuese el de una empresa única y, tres, colocar como primer presidente de la empresa PDVSA a un excepcional gerente público muy eficiente, creyente en la naturaleza comercial de la empresa y libre de los dogmas, mitos y deseos ultranacionalistas que dominaban la escena política venezolana. De allí que la empresa matriz no fuese, al final,  la CVP, que hubiera indemnizaciones a las ex – concesionarias y  que se firmasen contratos de tecnología y de comercialización con ellas por un período de transición. El vituperado Artículo 5 de la nueva Ley de Nacionalización, dispuesto por la presidencia de Pérez, daba a PDVSA la opción de asociarse, previa aprobación del congreso de la república, con empresas privadas, una decisión que fue adversada con vehemencia, por los partidos políticos  (excepto el de gobierno, AD) pero que luego de algún tiempo vino a ser aceptada y hasta promovida con entusiasmo por quienes vociferaban en su contra. Estas sanas disposiciones hicieron que los promotores de una nacionalización radical, ultranacionalista, llamaran “chucuto” el modelo finalmente adoptado. Como se pudo constatar posteriormente este modelo “chucuto” fue el que permitió una primera etapa de empresa eficiente y muy profesional, antes de que las semillas de la politización  comenzasen a germinar.
UNA ELECCIÓN AFORTUNADA PARA LA PRIMERA PRESIDENCIA DE PDVSA: RAFAEL ALFONZO RAVARD
En retrospectiva, puede verse con claridad que la selección del General  (E) Rafael Alfonzo Ravard para ser el primer presidente de PDVSA no pudo ser más acertada. Sus credenciales para esta posición eran impecables, dada su brillante actuación en la CVG, la cual lo había convertido en una figura legendaria en el sector público venezolano. Alfonzo Ravard poseía gravitas e inspiraba respeto al tumultuoso sector político venezolano, estaba socialmente muy bien relacionado, tenía una limpia hoja de servicios. Su designación fue recibida con unánime aprobación por el país. Tuvo el acierto de establecer prioridades correctas para la nueva empresa. Las prioridades internas fueron: (1), la Racionalización Organizacional, llevar las 15 empresas heredadas de las concesionarias a no más de cuatro; (2), planificar y activar una campaña exploratoria, a fin de incrementar las reservas probadas de Petróleo; (3), asegurar la continuidad y estabilidad de la producción, estableciendo contratos de tecnología y de asesoría operacional con algunas de las ex – concesionarias; (4), Comenzar a planificar el cambio de patrón de refinación, a fin de atender al cambio en los patrones de demanda en los países clientes; (5), Planificar el desarrollo la faja del Orinoco; (6) Establecer una fluida relación de planificación operacional y financiera con las empresas filiales. Las prioridades externas estaban relacionadas con lograr el respeto del mundo político a la empresa, mantenerla al margen de maniobras partidistas o de un forcejeo por su control. Para acometer las taras internas se apoyó mucho en Guillermo Rodríguez Eraso y en Alberto Quirós. Para llevar a cabo las tareas prioritarias externas hizo uso de sus contactos con los sectores políticos y empresariales, de los buenos oficios de Julio César Arreaza, el vicepresidente de la empresa y de directores de la empresa como Julio Sosa Rodríguez y Carlos Guillermo Rangel, dos de sus directores de PDVSA más influyentes en el mundo empresarial.
 TRES ETAPAS EN LA BREVE VIDA DE PDVSA, 1976-1999
PRIMERA ETAPA, 1976-1981: La luna de miel
Durante esta etapa  el inmenso prestigio personal, la aureola casi mágica de súper gerente  que acompañaba al general Rafael Alfonzo Ravard, mantuvo al mundo político esencialmente a raya y, justo es decirlo, ese mundo político actuó con discreción  en su relación con la nueva empresa. PDVSA logró llevar a cabo a cabo un complicado proceso de racionalización, llevando las 15 empresas operadores de gran, mediano y pequeño tamaño a cuatro empresas integradas de similar tamaño, aun cuando Lagoven fuese claramente la más importante. La exploración fue reiniciada, ya que las empresas concesionarias, enfrentadas al proceso de reversión a plazo fijo, habían dejado de invertir en el sector. En 1950 la industria petrolera empleaba 800 geólogos y geofísicos involucrados en la búsqueda de petróleo y en 1976 quedaban menos de 40. Las reservas probadas de petróleo estaban al nivel de unos 18000 millones de barriles, suficiente para poco más de 20 años a la tasa de producción de ese momento. La producción había aumentado hasta los límites máximos técnicamente permisibles, ya que las empresas concesionarias trataban de maximizar sus ingresos en el corto tiempo de vida que restaban a las concesiones. Las plantas de refinación estaban orientadas a la producción de los llamados combustibles residuales, para la calefacción, el cuál había sido por largos años el producto requerido por el principal cliente de la industria petrolera venezolana, los Estados Unidos.
PDVSA heredó una industria en declinación y por ello el sector político comprendió que lo sensato era dejar que PDVSA manejase la industria sin interferencias en esta primera etapa tan compleja y delicada. A su vez, la directiva de PDVSA, compuesta casi exclusivamente por petroleros retirados o por personas de gran prestigio, pero sin experiencia directa en la industria, hizo lo más sensato: delegó en las empresas filiales operadoras el manejo de la industria, concentrándose en su papel de supervisar la planificación financiera y técnica, aprobar los presupuestos y asegurarse de que los proyectos a llevarse a cabo fuesen de calidad y de la más alta prioridad. En esta etapa el papel del Ministerio de Energía fue de comprobación técnica, a posteriori, mientras que el papel de la directiva y plana mayor de PDVSA fue de seguimiento de la actividad y de aprobación a priori de los presupuestos-programas de las  empresas operadoras.
Rafael Alfonzo Ravard tuvo la gran visión de inculcarle a la organización, desde el inicio, cinco lineamientos fundamentales: meritocracia, auto-financiamiento, apoliticismo, normalidad operativa y gerencia profesional, quinteto de estrategias sería repetido incesantemente por el general Alfonzo Ravard en todos sus discursos y en todas las ocasiones posibles, convirtiéndose en mantra. La meritocracia fue, quizás, su bandera más importante.
Logros
Durante esta etapa la empresa experimentó un proceso de 

recuperación en casi todos los órdenes. Se cuadruplicaron las inversiones, al pasar de Bs. 2300 millones en 1976 a Bs. 7.600 millones en 1981, en bolívares constantes, lo cual requirió de un gran esfuerzo para convertir una organización acostumbrada a no invertir en una organización lista para invertir.  Los costos operativos tendieron a reducirse, en términos constantes, pasando de Bs. 6.600 millones en 1976 a Bs. 6.400 millones en 1978, para subir hasta Bs. 7100 millones en 1981, ya que incluyeron  los costos de los contratos tecnológicos y de comercialización suscritos con las empresas ex-concesionarias, así como los gastos de reparación de pozos. La actividad exploratoria por sismógrafo 
recibió atención desde el primer momento, contratándose 6.454 
kilómetros de líneas sísmicas en 1976, cifra que subió a 33.849 kilómetros en 1980. En base a esta actividad, se perforaron 52 pozos exploratorios en 1976, cifra que llegó a 350 pozos en 1980. La producción de la empresa se mantuvo esencialmente constante desde 1976, cuando la producción promedio fue de 2.294.000 barriles diarios, subiendo 
ligeramente en 1978 hasta un promedio de 2.356.000 barriles diarios. Es Los pozos de desarrollo se triplicaron desde 1976 a 1981 y las reparaciones y reacondicionamientos de pozos se duplicaron durante este período.
Las reservas probadas, aquellas cuya certeza de existir era muy alta, 
aumentaron, al pasar de 18.220 millones de barriles en 1976 a 20.154 
millones de barriles en 1981. La planificación de la modernización de las refinerías venezolanas comenzó en 1976. Durante la etapa de 1976-1981 estos estudios y los trabajos de modificación y modernización de las plantas consumieron mucho del período. La capacidad de refinación y los niveles de procesamiento se mantuvieron esencialmente estáticos, en 1.450.000 barriles por día y alrededor de 92% de utilización de las plantas. Sin embargo, se comenzó a experimentar una mejora en los rendimientos, de forma tal que la producción de combustibles residuales de alto contenido de azufre, los productos de  menor valor en los mercados, fue declinando, al pasar de 451.000 barriles por día a unos 327.000 barriles por día en 1981. El total de exportaciones bajó, durante esta etapa, de 2.156.000 barriles por día en 1976 a 1.800.000 barriles por día en 1981. Sin embargo, esta baja fue compensada por un mayor valor del paquete de exportación. Un aspecto negativo fue el incremento del consumo en el mercado doméstico, el cual pasó de 244.000 barriles diarios en 1976 a 369.000 barriles diarios en 1981, con precios altamente subsidiados. Un aspecto preocupante de la nueva empresa durante sus primeros seis años de vida fue el aumento en la nómina de trabajadores, la cual pasó de 23.670 en 1976 a 42.353 en 1981. Mucho del incremento era explicable, ya que los niveles de actividad exploratoria y de producción habían aumentado significativamente pero el incremento servía de base a la 
crítica de quienes pensaban que PDVSA se estaba burocratizando.
En 1979 se le hicieron modificaciones a los reglamentos de PDVSA, tales como el nombramiento de dos vicepresidentes, se le dio al gobierno para asignar áreas de competencia a los directores de la empresa y para analizar en detalle los presupuestos de la empresa matriz y de las empresas 
operadoras. La aprobación previa de los presupuestos-programa abrió una 
puerta a la politización de la empresa. El nuevo ministro de Energía y Minas, Humberto Calderón Berti decidió establecer un mayor control de PDVSA por parte del gobierno y encontró el apoyo de los principales partidos políticos. Ya para 1979 se había disipado mucho del temor reverencial que los políticos le tenían a la industria petrolera y habían llegado a pensar que ellos podían manejar esta industria tan bien como los técnicos, quienes “ni siquiera parecían ser muy patriotas”. Celestino Armas decía, desde el Congreso: “Les hemos dado [a los técnicos] demasiada libertad”, mientras que el líder comunista Radamés Larrazábal alegaba que “el estado debía tomar el control de la exploración de la faja del Orinoco y establecer contratos tecnológicos de estado a estado”. (El Nacional, Junio 8, 1979, pág. D-17). Hugo Pérez La Salvia, quien había sido ministro del sector durante la presidencia de Rafael Caldera, fue un poco más lejos, al declarar: “Siempre he dicho que heredamos la gerencia de las multinacionales y creo que esos 
gerentes tienen una mentalidad derivada de su trabajo con la concesionarias (Auténtico, #90, Marzo 5, 1979).
La luna de miel había terminado. 
Segunda etapa, 1981-1993: del razonable éxito técnico a los inicios de la contaminación política. 
Durante esta etapa Petróleos de Venezuela se consolidó como empresa 
petrolera de rango mundial. Las reservas probadas crecieron hasta llegar a los 65.000 millones de barriles en 1992, triplicando el nivel de reservas probadas que existían al inicio de las actividades de PDVSA en 1976. El rendimiento de gasolinas en las refinerías venezolanas casi se duplicó, pasando de 183.000 barriles por día en 1976 a unos 340.000 barriles por día en 1992 y el combustible residual de alto azufre se colocó a niveles bajos, apenas unos 240.000 barriles por día en 1992, la mitad de lo que era en 1976.  La nómina de empleados continuó aumentando, colocándose en 55.000 en 1992. Después de la salida del general Rafael Alfonzo Ravard de la presidencia de la empresa, el período presidencial fue acortado a dos años, por lo cual PDVSA llegó a tener cinco presidentes en la etapa 1983-1993. Esta fue una medida poco sensata, la cual contribuyó bastante a la intensificación de las maniobras politiqueras de algunos de los potenciales candidatos a la presidencia y, aún en mayor escala, entre los candidatos a la Junta Directiva, algunos de quienes carecían de las credenciales necesarias para llegar allí, comenzando a pesar la amistad con el ministro o su identificación con el partido de gobierno.
La calidad de los Coordinadores en esta etapa fue extraordinaria. Quien vea el Informe Anual para 1991, por ejemplo, y se encuentre con coordinadores de la talla de Alonso Velasco, Humberto Vidal, Juan Carlos Gómez, Nelson Olmedillo y Vicente Llatas y, a nivel de las empresas operadoras, con gerentes verdaderamente estelares como Jorge Zemella, Julio Trinkunas, Joaquín Tredinick, Mario Rodríguez, Ángel Olmeta, Arnold Volkenborn, Alfredo Gruber, Hugo Finol y Gustavo Inciarte podrá ver que, con un equipo humano de esta calidad, la estabilidad operacional  de PDVSA estaba prácticamente garantizada.  Sin embargo, el proceso destructivo del comején político había comenzado y, como suele suceder, los menos competentes vieron en la manipulación y el acercamiento a los poderosos una vía abierta para el progreso. La identificación con el partido de gobierno se convirtió en una herramienta útil para progresar dentro de la empresa. 
La directiva nombrada en 1981 reveló el inicio de esta tendencia, ya que varios de sus miembros le fueron impuestos al General Alfonzo Ravard en base a su afinidad con el gobierno.  En esta etapa la industria petrolera mundial entró en crisis mundial cuando los precios del petróleo colapsaron. Venezuela entró en dificultades financieras y en Agosto de 1982 las reservas internacionales de Venezuela habían perdido unos tres mil millones de dólares existiendo una fuerte fuga de capitales. En Septiembre de 1982 el gobierno de Luis Herrera echó mano del fondo de inversión de PDVSA, a pesar de la protesta general 
de la oposición y de buena parte del país. Leopoldo Díaz Bruzual, presidente del Banco Central, se permitió decir que “la industria petrolera era poco productiva” (RESUMEN, #436, Marzo 14, 1982) a fin de justificar la acción del gobierno. La nueva Junta Directiva de PDVSA, nombrada en 1983, confirmaría la tendencia a la politización, al designarse a Humberto Calderón Berti cómo presidente de PDVSA. Aunque Calderón Berti era un técnico de altas calificaciones la gerencia de la industria y buena parte de la opinión pública esperaba que el nuevo presidente saliese de las filas de la industria, en las cuáles los candidatos de mayor jerarquía eran Guillermo Rodríguez Eraso, presidente de Lagoven y Alberto Quirós Corradi, presidente de Maraven. El nombramiento de Calderón Berti contó con el apoyo del mundo político, el cual desconfiaba de la gerencia profesional de la industria.
 La batalla de opinión que acompañó el nombramiento de Calderón 
Berti tuvo aristas de virulencia anti-petrolera, ilustradas por los escritos de Rafael Poleo, el editor de Zeta. En el editorial escrito #486 de Zeta, del 28 de Agosto de 1983, Poleo escribió: “El hecho de que no hayamos ajusticiado en su oportunidad a los enemigos de la OPEP pagados por la Exxon y la Royal Dutch Shell y a quienes desprestigiaron la nacionalización, no quiere decir que ahora debamos descuidarnos con ese mismo estrato”, un lenguaje violento demostrativo de un profundo resentimiento contra la gerencia petrolera. Los políticos extremistas aprovecharon las declaraciones de Gonzalo Barrios sobre los “gastos dispendiosos” en la industria petrolera nacionalizada para pedir controles más severos sobre la gerencia petrolera, lo cual llevó a establecer el control previo para PDVSA, una decisión que casi inevitablemente conduciría a la politización progresiva de la empresa.
El geólogo Humberto Calderón Berti fue remplazado por el también geólogo Brígido Natera, un tecnócrata casi químicamente puro, poco dado a las apariciones públicas, durante cuya presidencia se adquirió la empresa Citgo y se contrató la operación de la refinería Isla en Curazao. En cierta forma la internacionalización comenzó con Natera, aunque no se fortalecería sino varios años después. Natera gustaba de repetir que la industria petrolera era “diferente”: tenía disciplina en el trabajo, respeto por los procedimientos y la puntualidad. En el Congreso Nacional Natera tuvo momentos de enfrentamiento con el mundo político. Terminó renunciando porque no pudo coexistir pacíficamente con un entorno cada vez más politizado. 
Brígido Natera fue remplazado por el geólogo Juan Chacín, quien fortaleció la estrategia de internacionalización. La capacidad de refinación se duplicó, gracias a la incorporación de refinerías en el exterior y las exportaciones se estabilizaron al nivel de los 1.500.000 barriles por día de crudos y productos. Durante la presidencia de Juan Chacín se estableció una buena relación entre PDVSA y el ministro del sector, Arturo Hernández Grisanti, la cual se rompió  al llegar a la presidencia de PDVSA Andrés Sosa Pietri y al ministerio  del sector Celestino Armas. El nuevo presidente de la república, Carlos Andrés Pérez consideró que el presidente de PDVSA no debía ser un petrolero salido de las filas de la industria, argumentando que “PDVSA no era el ejército. Por lo tanto le ofreció la presidencia de la empresa a Pedro Tinoco, a Julio Sosa Rodríguez, a Enrique Machado Zuloaga, a Jorge Pérez Amado y a Andrés Sosa Pietri, quien le aceptó el cargo.
 Sosa Pietri se manifestó partidario de la internacionalización, de expandir PDVSA, de abandonar a la OPEP si esta organización no le permitía a PDVSA crecer a los niveles deseados, aunque el Presidente Pérez y el ministro Armas no se mostraron partidarios de la internacionalización sino de la llamada internalización, la cual consistía en aprovechar la actividad petrolera para generar valor agregado internamente.
 El ministro Armas y su viceministro Napoleón Lista comenzaron a hablar de tomar el control gerencial de la industria y el Presidente Pérez adoptó una postura contraria a la internacionalización, a la expansión de la industria y a lo que él llamaba el “estado dentro del estado”.  Sosa Pietri, por su parte, promovió un plan de expansión de la empresa que la llevaría a tener una capacidad de producción de 3.500.000 barriles de petróleo al día, a la industria petroquímica a producir 10 millones de toneladas métricas al año y a producir 200.000 barriles diarios de Orimulsión en 1995. La visión de Sosa Pietri era la de convertir a PDVSA en una corporación energética global mientras que el gobierno deseaba una PDVSA viendo hacia adentro y muy alineada con la OPEP. Esta pugna se agudizó cuando el gobierno incrementó el Precio Fiscal de Exportación, una reliquia de la época concesionaria utilizada por el gobierno para ordeñar a PDVSA, lo cual llevó a PDVSA a endeudarse para el financiamiento de sus proyectos. Sosa deseaba incrementar el papel del sector privado en la industria petrolera pero el gobierno se oponía. En el plano organizacional interno se incrementó la tirantez entre coordinadores y directores. El ministerio deseaba nombrar directamente a las Juntas Directivas de las empresas filiales y el ministro Armas envió oficio a Sosa Pietri en ese sentido. Según alegó Sosa Pietri algunos de sus directores comenzaron a erosionar su posición y a alinearse con el ministro.
Sosa Pietri fue reemplazado por Gustavo Roosen, gerente de primera 
línea de maneras más suaves, quien se concentró en 
consolidar la empresa en los mercados internacionales, llegando a vender, en 1991, los volúmenes más altos de su relativamente corta historia, aprovechando la crisis política en el Oriente Medio. Sin embargo, la empresa entró en dificultades financieras debido a la necesidad de hacer inversiones cuantiosas para mejorar su capacidad de producción y a la existencia de una fuerte carga impositiva que llegó en ese año a representar el 82% de sus ganancias netas. El valor fiscal de exportación, que había sido aumentado al 20% (valor de exportación se calculaba a un 20% superior del valor real de venta, para efectos de pago del impuesto sobre la renta) durante el período presidencial de Sosa Pietri fue reducido a 18% y sería 
eventualmente eliminado en 1996. Roosen pensó que las inversiones 
requeridas por la industria petrolera necesitarían la participación del sector privado nacional e internacional. En ese sentido, Gustavo Roosen comenzó a promover el proceso que luego se llamaría “la apertura”. 
La tercera etapa, 1993-1999: Lo Positivo, la apertura petrolera. Lo 
Negativo, reaparece la empresa única. 
La llegada de Rafael Caldera a la presidencia, en 1993, llevó al Ministerio de Energía y Petróleo al ingeniero Erwin Arrieta. En una sorprendente decisión el ministro Arrieta terminó de un plumazo con el sistema de ascensos basado en la meritocracia, uno de los pilares sobre el cual había descansado, con algunos tropiezos, la industria petrolera estatificada, al recomendar al Presidente Caldera el nombramiento de Luis Giusti para la presidencia de PDVSA. Giusti era en ese momento vicepresidente de Maraven, una de las empresas filiales.
El nombramiento de Giusti significó pasar por encima de los presidentes de esas filiales, Julio Trinkunas, Roberto Mandini, Arnold Volkenborn y Eduardo López Quevedo, todos quienes estaban muy calificados para optar a la presidencia. Esta recomendación, aceptada por Caldera, le dio un palo cochinero a las normas de PDVSA. No era, por supuesto, que Giusti 
careciese de méritos. Giusti era un gerente brillante, intelectualmente agudo, con una visión amplia del negocio, pero ello también era cierto de 
Volkenborn, Trinkunas, Mandini y López Quevedo. Lo que parecería a 
muchos cómo un asunto meramente formal y sin importancia, fue para la 
gerencia de PDVSA el aviso del final de la meritocracia, ya que en una corporación meritocrática y organizada no debe haber sorpresas en los ascensos. En el grupo Shell se decía que, cuando el presidente se retiraba, empleaban a un nuevo mensajero (office boy).
El impacto de esta decisión en el seno de PDVSA fue muy negativo y la desmotivación y el resentimiento llegaron a niveles nunca antes existentes en la organización. A pesar de que se continuó hablando de meritocracia, este concepto perdió mucho de su contenido y pasó a formar parte de la retórica vacía que los venezolanos acostumbran asociar con el mundo político. 
El planteamiento estratégico esencial de PDVSA durante la presidencia de Giusti fue la apertura al capital privado. La expansión de la industria petrolera era necesaria pero no debía significar, solamente, el crecimiento de PDVSA, sino el incremento en el aporte del sector privado internacional y nacional a esa expansión. No hay dudas que, después de la presidencia del General Alfonzo Ravard, ninguna otra presidencia tuvo mayor impacto en PDVSA que la de Luis Giusti, quien tomó decisiones estratégicas muy importantes, algunas muy positivas, otras no.
Entre las decisiones positivas estuvo la Apertura, la decisión de abrir las actividades de exploración y producción de PDVSA al capital privado nacional y extranjero a fin de potenciar la capacidad de crecimiento de la industria petrolera mediante el aporte de recursos financieros, técnicos y gerenciales privados. La apertura estuvo dirigida a la intensificación de la exploración para aumentar las reservas probadas, al 
aumento de la actividad de producción y al desarrollo de la Faja del Orinoco. Uno de sus aspectos fue la firma de 33  contratos de operación con empresas privada a partir de 1993, los cuáles añadieron unos 400.000 barriles diarios de producción, así como convenios de riesgo, en los cuáles las empresas contratistas aportaban los recursos financieros necesarios para explorar. Se licitaron ocho bloques bajo esta 
modalidad, con la participación de 16 empresas privadas, lo cual 
produjo nuevas reservas probadas de unos 500 millones de barriles, con una inversión de $700 millones enteramente aportada por las empresas privadas, utilizándose un 80% de servicios y equipos nacionales. 
En la Faja del Orinoco se establecieron varios proyectos paralelos con la 
participación de siete empresas petroleras poseedoras de 
tecnología avanzada, lo cual permitió aportes importantes de nueva 
producción de crudos mejorados. La apertura petrolera acercó más el proceso de la industria petrolera venezolana a una verdadera nacionalización, pues se permitió a las empresas venezolanas entrar más de lleno en el negocio petrolero.
La extrema izquierda criticó la Apertura y la internacionalización. Para analistas como Gastón Parra y Francisco Mieres, PDVSA no debía usar ni un centavo de capital que no fuese el propio. Gastón Parra, por ejemplo, opinaba (Aporrea, Abril 1999) que el plan de expansión de Luis Giusti ha debido reducirse, a fin de permitirle a PDVSA llevarlo a cabo sin necesidad de inversión privada. Añadía Parra que planificar la expansión de PDVSA basada en el aumento de la demanda mundial de petróleo “era muy arriesgado”, ya que este crecimiento sería muy moderado. La realidad fue otra: la demanda mundial de petróleo que existía en 1999 creció significativamente pero encontró una PDVSA enanizada por el chavismo.  
La decisión de terminar con el modelo de múltiples empresas operadoras para transformar a PDVSA en una empresa única fue, hemos dicho, lógica en atención a la realidad de la empresa hacia el final de la década de 1990, pero ello aceleró el proceso de deterioro de PDVSA y fue el preámbulo de la inmensa tragedia que comenzaría con la llegada de Hugo Chávez al poder.

viernes, 11 de enero de 2019

Maduro debe ser expulsado del poder



**** UN RÉGIMEN REPUDIADO POR EL MUNDO CIVILIZADO DEBE SER EXPULSADO POR LOS VENEZOLANOS
**** SOLO LE QUEDA GENTE COMO ESCARRÁ
**** LO APOYAN CASTRO, ORTEGA Y EVO MORALES, LOS TRES COPROLITOS DE LA CLEPTOCRACIA REGIONAL
**** PEDIMOS A LOS PAÍSES DE LA REGIÓN QUE ACTUÉN EN CONTRA DEL PAYASO SINIESTRO
En medio de un rechazo unánime del mundo civilizado el narco-régimen de Nicolás Maduro y su esposa Cilia pretende estar seis años más en control del pobre país que es Venezuela. Todavía tienen estas crápulas el apoyo de civiles que chapotean en el pantano de la corrupción y de militares traidores a su misión, quienes han desvalijado el tesoro público. Reciben algún oxígeno del grupo de invertebrados quienes piden un “diálogo” entre el pueblo víctima y sus victimarios, quienes aspiran a generar ingresos derivados de su postura guabinosa.  
No podemos permitir que esta pandilla permanezca en el poder. Qué clase de gente somos que hemos soportado a estos bandidos por 20 años? Qué clase de ser humano puede ser un Iván Padrino López, quien teniendo la fuerza de las armas ha permitido que este narco-régimen se consolide en el poder? La respuesta es que Padrino López ha permitido esto porque ha participado del saqueo a la nación. Es que no existe ya un núcleo honesto de las fuerzas armadas que pueda reaccionar en contra de esta indignidad?
Venezuela debe ir a una huelga general indefinida, so pena de eternizarse en la miseria y el atraso, una situación en la cual ya se encuentra.
De los 32 millones de venezolanos, cuantos están dispuestos a enfrentarse a esta tragedia? Cuantos se contentan con un pernil? Cuantos están pagados por el narco-régimen? A cuantos no les importa lo que sucede? Que hace que León, Gil Yépez, Seguías, Ochoa Antich (Enrique) y otros venezolanos que se dicen demócratas hablen de negociación, de transacción, de acomodos? 
 Donde están los líderes? Por qué Capriles guarda silencio? Que dice Leopoldo? Ya María Corina no puede decir más de lo que dice. Y, en que anda Antonio Ledezma? Saludamos a Enrique Aristeguieta Gramcko. Aplaudimos  a Juan Guadió, a la Conferencia Episcopal, a los profesores de derecho Constitucional de la UCV, a tantos venezolanos dignos pero quienes están desasistidos de ayuda efectiva por la masa de victimas que deberían alzarse. 
Gracias a Paraguay, país pequeño que hace más que muchos países grandes por restituir la democracia en Venezuela. Gracias a Luis Almagro. Lamentamos que la Unión Europea solo se lamente de lo que sucede en Venezuela y esperamos todavía que pueda hacer algo de más vigor a nuestro favor.  
Maduro está aislado del mundo civilizado. Puede ser apresado si viaja a ese mundo. Es un forajido de la justicia internacional. ¿Qué placer puede sentir un ser humano “mandando” en contra del deseo del 90% de la población? Se necesita ser muy pequeño, muy mediocre, para pensar que el país lo estima y lo ve como un verdadero líder.
Tendrá que ir a la cárcel y el día que ello suceda se agotará el dulce de lechosa en Venezuela.

miércoles, 9 de enero de 2019

10 de Enero de 2019



                                     10 de Enero de 2019
El Chavismo, Nicolás Maduro y su pandilla merecen condena perpetua
                              Dada  la magnitud de su crimen

*** Por un Núremberg venezolano
*** Sin justicia no habrá redención
*** El crimen contra Venezuela ha sido horrible, inimaginado
*** Todos los venezolanos honestos deben desconocer el régimen
       fascista de Maduro y sus padrinos de adentro y de afuera
*** Apoyemos el manifiesto de los profesores de Derecho
       Constitucional de la UCV

La magnitud del crimen llevado a cabo en contra de Venezuela durante los últimos 20 años requiere de un castigo ejemplar como única manera de recuperar para la Nación venezolana su dignidad perdida. Si ese castigo no se efectúa, el país quedará sumergido en el pantano de la mediocridad y  se llevarán a cabo múltiples actos de venganza. Nadie debería desear la venganza antes de la justicia. El castigo justo para la pandilla que ha arruinado el país es la cadena perpetua.
Existen unos 600 venezolanos directamente culpables de haber arruinado el país para enriquecerse de manera obscena. Esa lista existe y sus crímenes son comprobables. La lista comienza con Hugo Chávez y su familia, Nicolás Maduro y su familia Maduro-Flores, Tareck El Aissami, Disodado Cabello y su hermano; Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Rafael Ramírez, Eulogio del Pino, Jorge Giordani, Nelson Merentes,  etc. Continúa con la lista de sancionados por los Estados Unidos, Canadá, Perú y la Unión Europea. Gracias al trabajo de investigadores venezolanos cuyos resultados se conocen y han sido publicados la Asamblea Nacional tiene una lista larga de funcionarios corruptos que deben agregarse al anti-Panteón de la pudrición cuya sede es Miraflores.     
No podrá existir un proceso de recuperación efectiva del alma venezolana, de la nación venezolana si  no hay castigo ejemplar para esos 600 malandros. Sin un juicio a quienes destruyeron el cuerpo y el alma del país no podrá existir recuperación, seguiríamos chapoteando en el pantano de la mediocridad.
A lo que estamos enfrentados no es solo a  llevar a cabo un acto político de desconocimiento de un payaso ilegítimo en la presidencia de Venezuela. Se trata de hacerle pagar a él y a su pandilla por los horribles crímenes cometidos.   Y esto requiere todo el esfuerzo y el sacrificio de los venezolanos. No es posible seguir hincando la rodilla frente a estos malandros, es necesario levantarse y darles su merecido. El chavismo y el madurismo han sido y sigue siendo una plaga que debe ser arrancada de raíz del alma venezolana. Representan lo peor del gentilicio venezolano. No será deseable coexistir pacíficamente con ellos, de la misma manera que no es posible coexistir pacíficamente con un nido de víboras.
El chavismo ha sido una pesadilla para Venezuela, una pesadilla de la cual es preciso despertar con vigor y decisión. Fuera Cuba, fuera los Castro y los Chávez y los Maduros  de nuestra Nación. Rechacemos el colaboracionismo doméstico, esa Venezuela invertebrada que pide diálogo con los bandidos.
Una Venezuela próspera, libre y democrática nos espera, una Venezuela de ciudadanos. Para  concretar su aparición esta Venezuela del  abuso de poder, de la corrupción, de la mentira, de la ignorancia, de la limosna y de la constante humillación debe ser barrida por los venezolanos dignos y sus aliados del mundo civilizado.   


martes, 8 de enero de 2019

"Delivering Alpha": a great book by Hilda Ochoa-Brillembourg



“Delivering ALPHA” is a book on finances, on how to invest and deliver Alpha, those financial returns that exceed a given bench mark index.  It is not a book on finance theory but a distillation of the methods utilized by the author, Hilda Ochoa-Brillembourg, to deliver Alpha for decades, while Chief Investment Officer at the World Bank and, later, as CEO of her own firm.  In the words of the author is a practical guide to building intelligent, sensible, and sensibly managed portfolios that will deliver Alpha consistently over time.
This highly specialized subject would limit the reading of the book to those who share those arcane interests, right?
Well, wrong. I know nothing about the subject and probably never will.  As they say in my home country, Venezuela, old parrots do not learn to talk.  I have no money to invest in the markets, so I cannot profit from the wisdom of the author on the subject. Still, I have enjoyed this book immensely because it also happens to be a guide on how to live sensibly. The lessons learned by Ochoa-Brillembourg in her World Bank career and, later, in running her company, have direct and evident application to the manner we choose to live our lives.
In addition, and as a great bonus, I was captivated by the crystal clear, crisp, truly outstanding prose.
The first one of these lessons says:  Price is not value.  In finance as in life there is a market price which is the same to all buyers but value is different to different buyers, being a function of its synergistic value when combined with your financial or human portfolio. The author tells us: “The largest factor influencing such value, other than price, expected return and risk, is the correlation of the asset to the rest of your portfolio”. With this statement we are introduced to one of the main lessons of the book, The Fit Theory.
The Fit theory stipulates that not only the price and intrinsic value of the asset are pertinent to our choice but as important is the fit to our own needs and circumstances. To illustrate this concept Ochoa-Brillembourg utilizes a candid and fascinating example, how she went about choosing a husband. In deciding to marry the person with whom she has now been married for more than 40 years the author utilized a decision mechanism that, although  might not sound 100% romantic,  made all the sense in the world and guaranteed its success.  Using it, the author says, allowed her to incorporate her husband as a most worthy asset to her portfolio, the best fit to her professional and personal life. Although he was not a good dancer he brought to marriage the fundamental qualities that more than compensated for his rhythmic deficit.   
Although the book is primarily written with the large investors in mind it can also be of great help to the small investors. Such is the admonition: “Don’t bet the house”, since it is impossible to be certain of anything, in spite of how strong the evidence. For me, this sensible advice came 25 years too late. When I had the money I was led by a large investing firm to place up to 30% of my savings in a real estate project in Florida that could not miss and in which, the firm assured me, “our senior partners had large participation”. I lost a significant chunk of my savings, a blow from which I never could recover.
Another excellent advice has to do with good governance within the financial advisory groups. The author says: portfolios don’t easily recover from permanent losses created by bad governance decisions.  The worst enemies are those within not without. External threats can be managed but bad management is the real threat.
The chapter on the Wisdom of Teams is particularly interesting. The personal experience of the author is that collaboration among the team members is the key to success. This might sound as a cliché but the reality is that in practice, these teams, as well as political cabinets or corporate boards, are too frequently dominated by the chairman, by the president or by a forceful individual in the group. She says that in her company she installed an office of the Chief investment Officer composed of three or more experts, each with equal authority, ensuring that multiple minds contributed to decision making. This is a lesson that many governments should listen to.
I was specially attracted by the chapter on Governing for Success in which the author discusses the issue of ethical standards in Investment Committee members. She states: “Personal agendas have no place in fiduciary committees… they should be disclosed and the member excluded from voting”.
One of the most important policy decisions the author contributed to her stay at the World Bank was the addition of junk bonds to the portfolio of the institution and how this decision contributed to delivering Alpha.
I could not help to compare Ochoa-Brillembourg treatment of Investment Policy with the Venezuelan treatment of Constitutional Policy. She says: “Like a constitution, an investment policy should be written broadly and allow for ample flexibility or it won’t survive long when circumstances change. Even if the policy is flexible, committee members should expect that it will need to be amended from time to time. It should be viewed not as holy writ but as a living document, subject to routine review for relevance and appropriateness”. The very same concepts she uses for investment policy should have been applied to our 1999 Venezuelan constitution, which is extremely prescriptive and, as a result, impossible to comply with.
There is a lot more in this great book which makes for compelling reading. It can be read in multiple levels.

lunes, 7 de enero de 2019

Nuevo guiso en PDVSA: contrato con una empresa fantasma creada en 2018



La PDVSA roja nos tiene acostumbrados a los grandes guisos desde que Rafael Ramírez estuviera al frente de esa corporación. Pero Manuel Quevedo no quiere quedarse atrás en su afán de arruinar y saquear lo que queda de la empresa petrolera. Dio a los militares la facultad de firmar toda clase de contratos para ganar comisiones. Ahora, acaba de firmar un contrato por 25 años con una empresa de origen nigeriano, creada en 2018, sin experiencia alguna, para manejar y vender la producción de los campos de Tía Juana, Lago de Maracaibo y Ayacucho 5, en la Faja.

La empresa de maletín se llama EREPLA y, según dicen ellos mismos:
fue establecida en 2018, como una compañía de responsabilidad limitada incorporada bajo las leyes de Delaware para promover proyectos de exploración y desarrollo de petróleo en los mercados de energía emergentes y de transición. Es la entidad operativa con sede en los EE. UU. de una sociedad de cartera propiedad de Eroton Exploration and Production. Company Ltd. en Nigeria ("Eroton"), una compañía nigeriana, y Amicitia, una compañía de inversiones propiedad en parte de Harry Sargeant III, Harry Sargeant IV, Paul Okoloko y Ali Rahman, respectivamente, todos ellos ciudadanos de los Estados Unidos.
Según este contrato-guiso firmado entre los nigerianos, los inversionistas estadounidenses y PDQuevedoSA la empresa fantasma suministraría taladros y personal para “aumentar” la producción en estos campos a cambio de la mitad de la producción, la cual sería comercializada por su cuenta. El contrato será por 25 años, con posibilidad de ampliarlo por 15 años más.  Según la empresa fantasma este contrato les dará gran autoridad para manejar la operación sin interferencia de PDVSA.
La empresa dice ser de USA pero, como ha averiguado Alek Boyd, ver: http://infodio.com/040119/pdvsa/erepla/services/ofac, la tal empresa fue incorporada en Malta un día antes de serlo en Delaware, en Noviembre de 2018. ¿Cómo puede una empresa que tiene menos de dos meses de creada firmar un contrato de producción petrolera con PDVSA por 25 años? Esto parece de locos pero es de Okolokos (el nombre del presidente de la empresita de Nigeria).
Este guiso es un insulto a los venezolanos. Es otro guiso más en la línea de CAMIMPEG, la empresa fantasma de los militares, de Southern Procurement Services, de Horizontal Well Drillers y otras ficciones de la imaginación de Manuel Quevedo, el aprendiz de brujo que maneja los restos de PDVSA como si fuera una fábrica de adoboncitos  en Tocuyito.
En estos momentos EREPLA está gestionando un permiso en Estados Unidos para operar en Venezuela, dada su “condición” de empresa estadounidense. Sin embargo, eso aún está por verse, ya que USA ha establecido sanciones que impiden a empresas de ese país hacer negocios con PDVSA. La Asamblea Nacional de Venezuela debe denunciar y rechazar vigorosamente este nuevo intento de guiso que Quevedo y su pandilla tratan de llevar a cabo, a fin de saquear los escombros de una PDVSA que ya no existe como empresa.
Harry Sargeant III, el dueño de la mayoría de las acciones de la empresa fantasma, es un multimillonario republicano, nombrado “Chairman” del Comité de Finanzas del Partido Republicano en Florida. EROTON, la socia nigeriana, es una modesta empresa de 200 empleados, ver:  http://erotonep.com/Assets.html, sin mayor proyección internacional.  La empresa está dirigida por los hermanos Okoloko.
 Debemos recordar que el Sr. Quevedo es ahora, por rotación, el nuevo presidente de la OPEP. ¿Y quién es el Secretario General de la OPEP?  Mohammed Barkindo, de Nigeria.  
¡Qué manera de manejar una empresa petrolera!
Este guiso debe ser investigado a fondo.  



domingo, 6 de enero de 2019

LOS BENEFICIOS DE LA NOSTALGIA



Una de las obras maestras que se encuentran en el Mauritshuis, de La Haya, de Carel Fabritius, 1654. Es de pequeño formato pero no desmerece al lado de los grandes lienzos de Frans Hals o Jacobo Ruysdael. 

Al comentar mi escrito en este blog: “Postal de Nueva York, 1951”, ver: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2019/01/postal-de-nueva-york-1951-cinco-angeles.html,  un buen amigo me advierte en contra de los peligros de la  nostalgia. “Ello puede llevarte a la depresión”, me dice.
Ello me puso a pensar. ¿Será la nostalgia negativa?  ¿Es, acaso, un intento ilusorio de regresar al pasado? O, ¿al contrario, es un tónico para el espíritu?
Hay bastante de cierto en lo ilusorio que significa tratar de recapturar el pasado. Hace unos años mi esposa Marianela y yo viajamos a La Haya, Holanda, donde habíamos vivido durante nuestro primer año de casados, hace ya 60 años. Ese año en La Haya fue idílico por múltiples razones. Teníamos suficiente dinero, viajábamos los fines de semana a Alemania, a Bélgica, a Suiza. Todo era nuevo. Podíamos ir caminando al bello museo Mauritshaus a ver a nuestros admirados pintores  Frans Hals, Jan Vermeer y Jacobo Ruysdael, descubrimos la maravillosa comida indonesia: el Ritjstaffel, el nasi goreng, el gado gado.
¡Qué año! Vivíamos en un cómodo apartamento de la calle Aronskelkewg, completo con el fantasma del dueño, una aparición amable y fugaz que cruzaba el salón de estar cuando estábamos en la pequeña cocina. Fuimos obscenamente felices. De manera que parecía lógico que regresáramos a tratar de recapturar aquellos momentos. 
Por supuesto, ello no fue posible. La Haya hoy es diferente a La Haya de 1959. La calle donde vivíamos ha cambiado. Todavía existía nuestro restaurant favorito, el “Tempat Senang” pero nuestro mesonero de confianza ya no estaba allí y el Rijstaffel no tenía ya el mismo sabor que tenía antes. Las calles donde caminábamos tomados de la mano habían perdido su antigua fisonomía. La Haya 2015 no era ni podía ser La Haya 1959.
Por supuesto que hemos debido saber que ello sería así. El pasado es demasiado complejo para ser recapturado. Pero esta experiencia no solo no me dejó deprimido sino que me sentí mejor, al constatar que “nuestra” La Haya, 1959, era  ya exclusivamente nuestra, que no teníamos que compartirla con nadie, que nos servía para regresar a ella en nuestra imaginación cada vez que así lo deseáramos y que ello nos hacía sentir reconfortados. Ahora comprendo que la nostalgia no requiere un regreso físico a lo que tuvimos, ya que eso es imposible, sino un regreso espiritual a lo que nos ha hecho feliz, donde tuvimos grandes momentos de bienestar y de bellas armonías con la vida circundante. 
La palabra nostalgia, veo en los diccionarios, tiene que ver con un sentimiento afectuoso por los momentos felices del pasado. Tiene que ver con pensar en la gente y con los sitios con quienes y en los cuales uno ha sido feliz. Odiseo vivió siete años con Calipso, una diosa inmortal,  pero nunca olvidó a Penélope, mortal y quizás no tan bella. Pero era Penélope a quien él deseaba y por ello continuó su viaje. Odiseo fue hermano espiritual de Dorotea, la joven que viajó a la tierra de Oz y a quien le fue dada regresar a su hogar y a su gente en Kansas, de donde realmente nunca había salido.  
En el plano científico la nostalgia ha sido considerada como un trastorno con su carga de ansiedad y tristeza, quizás el preludio de la depresión. Pero no es eso lo que siento al rememorar tiempos felices. Lo que siento es una reafirmación de mi felicidad,  una confirmación de quien he sido y de quien soy. Mis viajes periódicos  a las felicidades del pasado me sirven para  reafirmar la felicidad de mi presente, refuerzan mi sentido de identidad. Soy quien soy  pero, para ser quien soy, debo tener conciencia plena de quien he sido.
Sentirme así le ha proporcionado sentido adicional a mi existencia. En cierta forma me ha ayudado a gerenciar el temor que todos sentimos a la muerte, un temor que tiene dos componentes principales: el enfrentamiento al incomprensible concepto de eternidad y la fuerte sospecha de que somos apenas un accidente cósmico, el resultado de coincidencias que nos condenan a desaparecer sin dejar rastro.
Los psicólogos/psiquiatras modernos han descubierto que la nostalgia sirve cuatro propósitos principales en nuestra vida, cito:
 Genera afectos, incrementa nuestra auto-estima, promueve la solidaridad social y nos ayuda a navegar con éxito las vicisitudes de la vida diaria.
Me siento tentado a agregar: Y lava mejor su ropa. 
En este momento estoy escuchando una gaita zuliana. El cantor pide a su interlocutor: “habláame de Maracaibo, oír en:
Esta gaita me hace pensar en 1956, en la Plaza Baralt, en la terraza del Hotel “Detroit”, en la “bajada de la bandera” los domingos por la tarde,   la Maracaibo del Luis Aparicio “El Grande”, donde me casé y donde nacieron mis hijos y  pasé maravillosos días y años.
Para mí esa gaita no es una invitación al pasado ni motivo de tristeza sino una reafirmación de lo maravilloso del presente.