lunes, 18 de febrero de 2019

FABRICA DE CIUDADANOS



FABRICA DE CIUDADANOS
He recibido una inesperada cantidad de respuestas a mi artículo sobre la necesidad de crear una Fábrica de Ciudadanos en Venezuela y ello mE anima a revisar el Plan que había escrito hace algunos años y comenzar a tramitar su posible implantación en Venezuela. Muy pronto publicaré aquí ese Plan revisado. Mientras tanto agradezco las respuestas positivas que me han llegado y me preparo para hacer un nuevo esfuerzo para vender este Plan a quienes tendrán en sus manos la posibilidad de ejecutarlo.
LES MANTENDRÉ INFORMADOS

domingo, 17 de febrero de 2019

Venezuela requiere ingrediente en el cual no se está pensando



El gobierno de Juan Guaidó está rodeado de gente excelente y merece todo nuestro apoyo. La salida del usurpador de Miraflores luce ya inevitable.
En este momento hay grupos de talentosos venezolanos estructurando planes sectoriales para la nueva Venezuela: planes  petroleros, económicos, políticos. No tenemos dudas de que el gobierno democrático de Venezuela arrancará con buen pie, a pesar de la situación de ruina generalizada que enfrenta la Nación, después de 20 años de crímenes en su contra y de los abusos de poder del chavismo/madurismo.
Sin embargo hay un aspecto fundamental de la nueva Venezuela del cual nadie parece estar hablando y al cual deseo referirme, porque si no lo hacemos parte de una política de Estado a  corto, mediano y largo plazo, no habrá nueva Venezuela que valga.
Comenzaré con un ejemplo: el edificio que será la nueva Venezuela está comenzando a construirse. Existen bellos diseños arquitectónicos y abundantes técnicos de toda especialidad dispuestos a colaborar en la construcción. Sin embargo, se sigue descuidando la atención a la calidad de los materiales a ser utilizados en la construcción. Para que el edificio se mantenga en el tiempo, sin derrumbarse, requerirá de materiales de construcción de primera calidad.
Pregunto: ¿Quién está pensando en los ladrillos que servirán de sustentación al edificio?  En el pasado varios de los edificios de la Venezuela democrática se vinieron abajo porque no estuvieron construidos con materiales de buena calidad. El gobierno de nuestro reverenciado Rómulo Gallegos se derrumbó en pocos meses porque nadie acudió al llamado que se hizo para defender al presidente  humanista, elegido por abrumadora mayoría. De similar manera los gobiernos democráticos de la etapa 1958-1998 se vinieron abajo al final del siglo XX porque fueron progresivamente carcomidos por la corrupción y la mediocridad. El macabro edificio de Chávez y Maduro se derrumba hoy porque sus cimientos estaban podridos y sus bases construidas con materiales de desecho importados desde la Cuba castrista. 
Pero nadie parece estar interesado en hablar de los ladrillos. El tema no es glamoroso.  No es “sexy”. Elaborarlos de buena calidad toma demasiado tiempo. Pocos compatriotas están dispuestos para una labor de largo aliento, cuyos resultados no serían inmediatos ni darían rápidos dividendos políticos.  Cuando yo era Secretario de Planificación del Estado Carabobo, en los años 90, fui a visitar a un alcalde de un pequeño municipio de ese Estado, quien insistía en construir un estadio en su pequeña población, cuando lo indispensable eran las cloacas. Al final de nuestro largo debate me dijo: “Mire, ya está bueno de discusión. Mi problema es que las cloacas no se ven”.  Hasta hace poco tiempo ese señor todavía era alcalde.  
¿Cuáles son los ladrillos de buena calidad indispensables para construir un edificio social y político que no se derrumbe al poco tiempo? Los buenos ciudadanos.  Esa es la tarea sine qua non para construir una Venezuela realmente viable. Pero este concepto asombrosamente sencillo de convertir al gentío en buenos ciudadanos no se puede lograr en uno o dos  años sino que tomaría dos generaciones y requiere una labor perseverante en el tiempo, la cual no podrá descuidarse jamás, de la misma manera que un diabético requiere de insulina o un hipertenso necesita de medicamentos anti-hipertensivos por toda la vida.  
Tengo años tratando de vender esta idea de una fábrica de ciudadanos. Mis esfuerzos han corrido la misma suerte del buen señor que en las reuniones de FEDECAMARAS de antaño se paraba a hablar de la industrialización del mangle. Cuando se dirigía hacia el estrado se generaba una estampida de los asistentes hacia el cafetín. “Que fastidio, vámonos”, decían algunos, mientras otros se reían. Una idea probablemente excelente había sido condenada de antemano, enviada al paredón de lo superfluo. No era sexy, no daba caché, no era “importante”.   
La verdad es que convertir al gentío venezolano en buenos ciudadanos activos no solo es una tarea posible sino de éxito garantizado, si se lleva a cabo como debe ser, trascendiendo los ciclos políticos, de manera perseverante, sistemática, con todo el respaldo que le daría una política de estado, no importa como se llame el presidente o la presidenta, asegurándonos que quien venga después continuará el esfuerzo porque se trata de un asunto de vida o muerte. El Plan ciertamente no es tan complicado como el de enviar a un hombre a la Luna y existe en muchos países avanzados, como Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Suiza y USA, los cuales poseen  una masa crítica de buena ciudadanía que garantiza que sus habitantes, en su gran mayoría, estén conscientes de sus deberes tanto como de sus derechos y comprendan que el bien común es más importante que la gratificación egoísta de sus deseos. 
No hablo de sociedades perfectas, que no existen. Hablo de sociedades donde la masa crítica de buena ciudadanía ya ha logrado cristalizar,  ciudadanos que piensan en el bienestar colectivo tanto como en el propio bienestar. En Venezuela esa sociedad no ha existido aún y su liderazgo ha colocado la estructuración de buenos ciudadanos a la cola de las prioridades, ya que ese esfuerzo de modificación actitudinal en la población tomaría demasiado tiempo y no les daría los necesarios dividendos políticos.
Hoy, en esta Venezuela en transformación democrática,  se abre una nueva y brillante oportunidad para que un nuevo liderazgo recoja esa bandera de la fábrica de ciudadanos y la eleve, haciéndola ondear en pleno y orgulloso despliegue. Los nuevos líderes deben ver hacia adelante, hacer suya la visión de lo que nuestro país puede llegar a ser si se atiende debidamente la necesidad primordial de crear los materiales de buena calidad para construir el edificio de la futura Venezuela.
Hoy en día tenemos la gran oportunidad de convencer a otros países a que nos ayuden en ese gran plan de formación de buenos ciudadanos. He elaborado un esquema de lo que podría ser esa iniciativa, el cual pongo a la disposición de aquellos quienes están destinados a manejar los destinos futuros de Venezuela. Está basado en un experimento piloto llevado a cabo en Venezuela y otros países de América Latina, en especial Panamá y Paraguay. En ese experimento piloto tuvimos unos 15000 niños de primaria con la idea de extenderlo en el tiempo, desde la primaria (6 años de edad)  hasta la salida de la escuela secundaria (17 años), porque es durante ese lapso de vida que el ser humano está generosamente abierto a las buenas influencias. Será necesario hacer de este tipo de programa, el cual es  perfectamente factible y no involucra grandes costos, una misión fundamental del Estado y de la sociedad venezolana. Estoy a la orden, mientras pueda, para colaborar sin interés alguno en este programa, si es que este tipo de iniciativas merece la atención de los líderes de la nueva Venezuela.
Deseo decirles, respetuosamente, a esos líderes que emergen hoy en Venezuela que no importa cuán exitosos puedan ser los planes económicos, petroleros y políticos que se están estructurando para nuestro país,  no podremos salir adelante como sociedad y ocupar nuestro lugar entre los países civilizados del planeta, a menos que podamos convertir  una masa crítica de nuestra  gente en buenos ciudadanos, seres dueños de su propio destino, capaces de trascender de sus pequeños miedos y limitaciones para integrarse plenamente al desarrollo de la sociedad venezolana.
La tarea no es glamorosa o espectacular pero no llevarla a cabo condenará a Venezuela a una eterna mediocridad.   

viernes, 15 de febrero de 2019

STALIN GONZÁLEZ, un cirujano complaciente



                           Stalin González acaba de declarar lo siguiente:
CARACAS (Reuters) – …  la apertura a integrar al chavismo es tan necesaria como la presión popular y el apoyo internacional para que Maduro ceda el poder y haya una transición ordenada…  pensamos que el chavismo y los militares deben ser parte de ese gobierno de transición”, apuntó el diputado opositor, refiriéndose a los seguidores del fallecido presidente Hugo Chávez. “Hay que darle espacio al chavismo, que no es Maduro, porque tiene que haber estabilidad política”…. Aunque no precisó con qué sectores oficialistas planean tener acercamientos, González cree que hay que convencer a chavistas y militares de que “Maduro es un obstáculo para el futuro y desarrollo del país y también para que el chavismo como fuerza política permanezca en el tiempo”.
Estas infelices declaraciones del diputado a la Asamblea Nacional, Stalin González, revelan la dificultad que tendrá Venezuela para limpiarse la cara de la mugre política que ha arruinado al país durante los últimos 25 años. Este diputado no habla por sí mismo sino por grupos que existen hoy en la Asamblea Nacional que desean salir de Maduro, pero no limpiar verdaderamente al sector político venezolano de los culpables de la tragedia. La intención que los anima puede ser buena pero se equivocan si piensan que barrer la basura debajo de la alfombra garantizará un hogar verdaderamente limpio.
Cuando un ser humano está afectado por un tumor canceroso los cirujanos saben que la única posibilidad de curación verdadera es la extirpación del tumor y de sus adherencias. No pueden dejarse células cancerosas en el cuerpo del paciente, so pena de ver regresar el cáncer a corto o mediano plazo. Ningún cirujano responsable hablaría de extirpar parcialmente el tumor alegando que la presencia de células cancerosas es “indispensable para la estabilidad del paciente”.
La sociedad venezolana está afectada gravemente por el cáncer chavista. Maduro no es el tumor principal sino una metástasis del tumor principal, que es el chavismo y sus aliados de la Fuerza armada. Eso lo conocemos todos los venezolanos.
¿Cómo es posible, entonces, que Stalin González diga que la permanencia en el gobierno de chavistas y militas corruptos pueda ser necesaria para asegurar estabilidad política y elecciones libres?
Stalin González se equivoca al decir que el problema es Maduro. El problema es el chavismo, del cual Maduro forma parte importante pero parcial. Maduro fue impuesto a los venezolanos por Hugo Chávez y por los cubanos. En los doce años de arrogante e ignorante autocracia chavista se creó una oligarquía de la corrupción y del abuso de poder integrada por ministros, funcionarios de empresas del estado, en especial PDVSA, contratistas, bolichicos,  militares y familiares, una pandilla de algunos centenares de malos venezolanos quienes se embolsillaron miles de millones de dólares, como está saliendo hoy a la luz pública gracias a los esfuerzos de la justicia internacional, no del madurismo o de los venezolanos blandengues. Que la viudas de Chávez traten hoy, como trata Ramírez Carreño, de utilizar sus dineros mal habidos para regresar al poder, que los Giordani y otros arrepentidos traten hoy de establecer diferencias radicales entre el chavismo y el madurismo no debería llevar a un venezolano joven, como González, a tenderles la cama para que se acuesten tranquilos.
Lo que dice González es preocupante porque significa que hay miembros del nuevo liderazgo político venezolano que no han aprendido de la tragedia venezolana de los últimos 20 años. Oírlo decir que: “Hay que darle espacio al chavismo, que no es Maduro, porque tiene que haber estabilidad política” es darse cuenta de que este joven político ha sido capturado por los mitos populistas, por los clichés sobre estatismo y soberanía mal entendida. Esto  no hace de él un mensajero del futuro sino un rehén del pasado.   
La Venezuela del futuro debería descansar sobre los hombros de jóvenes incontaminados, tanto de los vicios ancestrales de la política venezolana como de la mediocridad, rapacidad y corrupción de los aventureros recientes, es decir, los chavistas y sus cómplices vestidos de uniforme. Incorporar a estos últimos al proceso de recuperación de la nueva Venezuela es perpetuar nuestra permanencia en el foso del atraso y de la mediocridad. No puede ser esta la misión de los jóvenes que heredarán a Venezuela. Si la Venezuela del futuro quiere ser diferente, realmente nueva, llena de ciudadanos con actitudes plenas de integridad y de dignidad, no es así como debemos comenzar a construirla.
El cáncer se cura mediante una extirpación total, sin adherencias, sin la sobrevivencia de células cancerosas disfrazadas de benignas. Este es un debate que hay que dar en nuestro país y yo invito a los venezolanos a darlo, abiertamente, sin misterios, sin secretos, sin arreglos clandestinos.
Debo advertir una vez más que apoyo 100% al gobierno legítimo de Juan Guaidó. Por ello, creo mi deber alertar sobre posturas de miembros de nuestro bando que no deberían pertenecer a la Venezuela del futuro. Hay que comenzar limpios.  


domingo, 10 de febrero de 2019

Una inyección de honestidad para Venezuela



Por 20 años Venezuela ha estado sometida a un régimen de terror caracterizado por la deshonestidad. ¿Cómo se ha manifestado esa honestidad? En promesas hechas al pueblo que fueron incumplidas, no por imposibilidad de cumplirlas sino por falta de honestidad  para hacerlo.
Ejemplo 1: Chávez prometió terminar con la pobreza. Cuando, después de doce años tuvo que abandonar el poder por fallecimiento (porque si no hubiera fallecido todavía estaría allí), los venezolanos eran más pobres que antes, a pesar de un ingreso nacional durante esa etapa de más de un millón de millones de dólares. ¿Era imposible cumplir con esa promesa? No. El incumplimiento fue debido a que las prioridades de Chávez no incluían la eliminación de la pobreza sino la consolidación de su poder. En sus momentos de candor él y sus colaboradores siempre admitieron que la superación de la pobreza era incompatible con la consolidación de su poder, porque un país liberado de la pobreza no los seguiría escuchando. El incumplimiento de la promesa de eliminación de la pobreza fue un producto de su deshonestidad.
Ejemplo 2: Chávez y sus cómplices a lo Ramírez Carreño hablaron de una empresa petrolera de naturaleza “social”, de una nueva y mejor nacionalización del petróleo y de una soberanía petrolera, para remplazar lo que ellos llamaban la entrega  de la industria petrolera venezolana al capital internacional por parte de los gobiernos anteriores. Desde que comenzaron a actuar bajo ese lineamiento la industria petrolera venezolana se vino a pique, perdiendo casi dos millones de barriles diarios de producción, con PDVSA sujeta a un saqueo ya muy bien documentado por parte de una pandilla de malhechores, llevando a la industria petrolera nacional a la ruina y convirtiendo a PDVSA en el hazmerreír de la comunidad petrolera internacional. ¿Es que era imposible actuar de otra manera? Por supuesto que no. Hubieran podido actuar honestamente pero prefirieron utilizar el ingreso petrolero para engordar a sus seguidores, aumentando la nómina de PDVSA de 40.000 a 150.000 empleados, dando contratos fraudulentos a sus familiares y amigos, falsificando índices operacionales y regalando el petróleo a sus amos cubanos y a sus amigos nicaragüenses. Prefirieron endeudarse con los chinos y con los rusos, quienes ahora exigen pago. Pretenden achacarle todos estos males a la “agresión externa”. Este fracaso ha sido un producto de la deshonestidad del chavismo/madurismo.    
Hay muchos otros ejemplos cuya extensión no cabría en este escrito. Lo importante ahora es barrer esta basura, fumigar estos excrementos, desinfectar el podrido ambiente que ha prevalecido alrededor del poder político venezolano y emprender el camino de la verdadera redención. Para lograr emprender este camino es preciso ir con la honestidad por delante. Y la honestidad debe tener tolerancia cero. No hay tal cosa como ser “razonablemente” honesto. La honestidad es una preñez moral y nadie puede estar moralmente medio preñado. O se es honesto o no se es.
Por ello no logro comprender los intentos de grupos venezolanos y actores externos quienes abogan por un diálogo, por una transacción, por una “reconciliación”, a fin de resolver –según ellos -  la tragedia venezolana, olvidando el componente ético esencial y cultivando un relativismo moral que, de imperar,  aseguraría el regreso de los bandidos al cabo de pocos años, amparados en sus dineros mal habidos, confiados en la capacidad casi infinita de olvido que tienen las grandes masas.
Uno oye o lee a Eduardo Fernández, Claudio Fermín, Leopoldo Puchi,  Simón García, Luis Vicente León, José Antonio Gil Yépez,  Marcos Polesel, Oscar Schemel, Jesús Seguías, Timoteo Zambrano, José Luis Zapatero, Manuel Rosales, Henri Falcón y su grupo, Enrique Ochoa Antich, a algunos intelectuales estadounidenses, a Andrés López Obrador,  José Mujica, a Bernie Sanders y algunos otros promover un arreglo con los bandidos que han robado, asesinado, reprimido y entregado la soberanía venezolana a los cubanos y tiene que preguntarse cuáles son las razones que los animan para plantear este camino de “solución” a los venezolanos. Se dice que ello debe ser así a fin de evitar derramamiento de sangre inocente.  Y uno piensa: ¿Es que las miles de víctimas de la satrapía chavista de estos últimos 20 años no cuentan? ¿Hasta cuándo vamos a sacrificar la honestidad intelectual en aras del pragmatismo? Yo  quisiera escuchar los argumentos de quienes hoy oxigenan al narco-régimen de Nicolás Maduro en nombre de la concordia y la reconciliación.  
Tengo la convicción de que el país requiere una inyección masiva y universal de honestidad. Honestidad para vernos al espejo tal y como somos. Honestidad para reconocer que debemos adoptar cambios actitudinales radicales a fin de sobrevivir como sociedad  viable en un futuro cada vez más exigente. Honestidad para saber cuáles son nuestras fortalezas reales y nuestras reales debilidades. Honestidad para estar conscientes de que no somos ni una potencia ni la borra de la humanidad, sino que somos un país de mediano tamaño, con cualidades y debilidades que debemos reconocer, las unas para sentirnos orgullosos, las otras para remediarlas con nuestro esfuerzo.
Honestidad significa despertar de ese sueño donde nos imaginamos dueños del universo, a fin de enfrentar nuestra realidad de país modesto, pero con potencial para ser parte de la humanidad que camina hacia adelante. Esa inyección masiva de honestidad requerida para Venezuela deberá tener un componente significativo de Educación Ciudadana. Consistirá en crear una masa crítica de ciudadanos para remplazar mucho de nuestro gentío. Esos planes ya existen.  Cuando los ejecutemos y podamos tener una masa crítica de ciudadanos encontraremos que el país será inmune a las promesas populistas de los falsos líderes. Cuando ello sea una realidad no habrá más Chávez, muchos menos tendremos Maduros. El país estará liderado por venezolanos honestos y pujantes, conscientes de sus derechos y de sus deberes.
Estamos aún lejos, al menos una o dos generaciones, de esta tierra prometida. Otros la verán pero aún quienes no podremos verla debemos ayudar al país a caminar hacia ella.  

viernes, 8 de febrero de 2019

Un rincón del corazón para quienes no amanecerán en la nueva Venezuela



No solo es la muerte algo perfectamente serio, como decía Antonio Machado, sino que es doblemente triste cuando llega  en tiempos de dictadura, en momentos de rebeldía, de sentimientos de impotencia mezclados con sueños de libertad.  
Cuando los venezolanos nos asomemos a la primera alborada en libertad, después de la larga y horrorosa noche, deberemos tener un lugar especial en nuestro corazón para amigos, familiares y héroes ciudadanos quienes no podrán compartirla con nosotros.
Cuando la barbarie tiene, como hoy, sus días contados pienso en Franklin Brito, asesinado por el régimen al dejarlo morir de mengua, en 2010, después de una conmovedora lección de coraje e integridad ciudadana.
Recuerdo con melancolía a  Aldemaro Romero, muerto en 2007, soñando con una patria libre de ladrones, narcotraficantes y entreguistas, tratando de hacernos reír con su música en sus últimas horas de su vida, ver:  https://www.youtube.com/watch?v=YvuiajRqvaY
Pienso en mi querido amigo de toda la vida, Alberto Quirós, fallecido en 2015, hace cuatro años, activo hasta el último día dando clases de civismo y de integridad, insigne petrolero y maestro en buena ciudadanía. Su último artículo puede verse aquí: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2015/12/el-ultimo-articulo-de-alberto-quiros.html , el cual contenía una prospectiva para la Venezuela que él ya no podría ver.
Pienso en Jorge Olavarría, muerto en 2005, en plena dictadura del hombre en quien él creyó en algún momento y a quien denunció públicamente, en el Congreso de la república, en uno de los discursos más valientes que jamás se hayan oído en ese recinto, http://www.pedromogna.com/discurso-de-jorge-olabarria-el-5-de-julio-de-1999/
Recuerdo a Arturo Uslar Pietri, fallecido en 2001, sabiendo ya que Chávez era un ignorante y que solo traería tragedia a Venezuela. Así lo dijo a Rafael Arraiz Luca en la última entrevista apenas días antes de su muerte: “Chávez es un delirante, ignorantísimo, dice disparates, qué desgracia”, ver: https://twitter.com/prodavinci/status/732210272904089600?lang=en
En nuestro corazón también habrá espacio para los centenares de venezolanos  muertos en protestas contra los narco regímenes de Chávez y Maduro, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, generosos estudiantes y  miembros de nuestras clases trabajadoras y medias, quienes pagaron con sus vidas su protesta ciudadana y a quienes la barbarie fascista-comunistoide les robó el derecho a vivir en libertad, a realizarse plenamente como seres humanos, todo en nombre de una mal llamada revolución que ha terminado en una orgía de robos, entregas, represión, mentiras, lavado de dinero y narcotráfico.  
Si no hay justicia, si no hay nuevas actitudes ciudadanas, si el futuro liderazgo solo fuese más de lo mismo,  si no hay coraje para hablar claro y para evitar hacer indebidas concesiones a los criminales, estas ilustres muertes carecerán de sentido.

La suprema misión de la Venezuela honesta y digna tendrá que ser la de no permitir que nunca más en Venezuela pueda subir al poder una pandilla de ignorantes y a los venezolanos como la que destruyó el país en los últimos 20 años.

Y si lo hacemos, quien sabe si lograremos algún día re-encontrarnos con quienes tuvieron que irse sin compartir con nosotros el soñado amanecer.  Como nos aconsejaba la poetisa Mary Oliver, recientemente fallecida: “Keep some room in your heart for the unimaginable”.

             Guarda lugar en tu corazón para lo inimaginable.


jueves, 7 de febrero de 2019

Ideology brings some U.S. democrats and Maduro together



Ideology can transform man into a monster. In December 1999, when the Venezuelan northern coast towns of Macuto to Naiguatá were reduced to rubble by mudslides, then President Hugo Chavez refused the U.S. aid that was already close to the coast because of his ideological hared of the United States. His ambassador to the U.S. at the time, Alfredo Toro Hardy, went to the Washington media to justify this act of horror. Today we see men and women similarly abandoning principles and honesty because of ideology. On the one side we have heard at least three prominent leaders and presidential pre-candidates of the Democratic Party siding with Maduro, a proven dictator who has stolen millions and repressed cruelly the Venezuelan people. This is the case of Bernie Sanders, Tulsi Gabbard and Alexandria Ocasio-Cortez. They are either totally ignorant about the Venezuelan situation or, if knowledgeable, they are being deeply dishonest due to blind ideology. On the other side we see Maduro and his accomplices placing trucks and containers across the roads leading into Colombia to stop the entry of urgently required medical supplies and food to alleviate the tragedy of Venezuelans. These men and women allow fanaticism and irrational ideology to suppress all normal humanitarian instincts they might have possessed.  
I share values from both the Democratic and the Republican parties and place great importance on the character and human qualities of the candidates.  I am sad to see that nowadays objectivity and intellectual honesty have been largely sacrificed by U.S. politicians on both sides of the political spectrum. I fail to understand how Sanders, who defines himself as a man for the common people, says: “The United States should support the rule of law, fair elections and self-determination for the Venezuelan people. We should not be in the business of regime change or supporting coups—as we have in Chile, Guatemala, Brazil, and the Dominican Republic. The United States has a long history of inappropriately intervening in Latin American countries; we must not go down that road again.” What Mr. Sanders calls self-determination in Venezuela is the type of rigged elections that have maintained the current regime in power for two decades. He is a prisoner of ideological clichés, blind to the fact that 95% of the Venezuelan people are asking for Maduro’s removal from power due to his ilegitimacy, corruption and ineptness. Tulsi Gabbard exclaimed: “We are headed down a dangerous path. The United States needs to stay out of Venezuela and let the Venezuelan people determine their own future”. Alexandria Ocasio-Cortez said: “Top of FormBottom of Formthe US should not anoint the leader of the opposition in Venezuela during an internal, polarized conflict. Let us support Uruguay, Mexico, & the Vatican’s efforts for a negotiated settlement and end sanctions that are making the hyperinflation worse.” She probably does not know that Uruguay’s support of Maduro is not only ideological but due to the fact that Uruguayan president’s son, Javier, has done profitable business with the Maduro regime. Mexico is the only democratic countries in Latin America that still supports the Maduro regime due to the ideological affinities between Maduro and Lopez Obrador.  
Latin American dictators and/or corrupt leaders belong to both sides of the ideological fence. They can be from the right as Trujillo, Somoza, Castillo Armas, Pinochet or Pérez Jiménez. They can be from the left, as Castro, Chavez, Maduro, Ortega, Lula, Kirchner or Roussef. To defend this corrupt bunch only because they represent a given ideology is a sign of political corruption and disqualifies whoever does it in the eyes of citizens who believe in honest politics.   

lunes, 4 de febrero de 2019

EL PLAN PETROLERO DEL PRESIDENTE GUAIDÓ



La presentación del Plan País por parte del gobierno legítimo de Juan Guaidó incluyó una lámina sobre los puntos fundamentales de lo que debe ser una nueva política petrolera venezolana, tan pronto haya terminado el funesto ciclo chavista/madurista. En gran medida estamos de acuerdo con este esbozo, ya que toca los aspectos esenciales requeridos para la renovación de la maltrecha industria petrolera venezolana, puesta de rodillas por años de corrupción e ineficiencia a manos de gente como Héctor Ciavaldini, Ali Rodríguez Araque, Rafael Ramírez Carreño, Eulogio del Pino y Manuel Quevedo. 
La lámina presentada sobre petróleo dice textualmente:
Reactivar nuestra industria petrolera
Revertir la caída de la producción petrolera resultado de estos 20 años de destrucción de nuestra industria y de PDVSA.
 1.- Aprobar una nueva Ley de Hidrocarburos que permita la implementación de las políticas necesarias para la reconstrucción de nuestra industria.
 Preservar la propiedad de la Nación sobre los yacimientos de hidrocarburos. Permitir que el capital privado sea accionista mayoritario en proyectos petroleros. Diseñar un régimen fiscal competitivo. Maximizar la producción de petróleo y gas. Crear la Agencia Venezolana de Hidrocarburos para la administración eficiente y técnica de los yacimientos, así como para regular y supervisar el sector.
2.- Atraer, de manera significativa, capital privado nacional e internacional, que ni el gobierno ni PDVSA están en la capacidad de proveer.
3.- Garantizar que se cumplan los contratos y el mayor beneficio a la Nación de los ingresos provenientes por impuestos y regalías.
 4.- Reestructurar y redimensionar a PDVSA para consolidarla como una empresa pública competitiva enfocada en el sector hidrocarburos

Estamos totalmente de acuerdo con el concepto fundamental de reactivar la industria petrolera venezolana.  Esta reactivación se va a llevar a cabo en un entorno inédito, en la cual existe una  tendencia mundial hacia el remplazo del petróleo por fuentes energéticas menos contaminantes. En este entorno la gran fuente venezolana de reservas, la Faja del Orinoco, luce muy vulnerable y parece condenada a quedarse en gran medida en el subsuelo. Los cuantiosos recursos allí existentes exceden en mucho la ventana probable de oportunidad para su pleno desarrollo. ¿Cuánto durará esa ventana de oportunidad: 40,50,60 años? Difícil precisarlo pero lo que si es necesario aceptar es que a medida que esta ventana de oportunidad se vaya cerrando, en esa medida las inversiones petroleras requeridas por Venezuela para aumentar producción y mejorarla, las cuales son de larga maduración (8 a 10 años) tenderán a perder su atractivo para los potenciales inversionistas. De allí que será necesario planificarlas a la brevedad posible, para lo cual se requerirá de manera urgente una clarificación de los términos posibles de contratación con la empresa privada, ya que el Estado venezolano ni estará en capacidad de hacerlas ni esa debe, en ningún caso, ser su misión fundamental.
Esta premura que será necesaria para establecer más producción establecerá, probablemente, un techo óptimo al nivel de producción que será deseable planificar, el cual es deseable diferenciar de un techo máximo. Hay quienes opinan que Venezuela debería llegar a producir hasta 5 millones de barriles diarios de petróleo. Pienso que ese nivel de producción no es necesario ni deseable, a la luz de la ventana de oportunidad que parece existir para esta fuente energética. Solo podría lograrse mediante un desarrollo intenso de los petróleos pesados de la faja del Orinoco, lo cual requiere mayores inversiones que las necesarias para petróleos livianos y mayor tiempo de maduración. A medida que se cierre la ventana de oportunidad para el petróleo a nivel mundial, en esa misma medida se harán menos atractivas las inversiones en proyectos de petróleo pesado venezolano. Por lo tanto sería deseable que el país se concentre en lograr un nivel razonable de producción petrolera, unos 3 millones de barriles diarios, y lo haga bien, en lugar de tratar de obtener niveles mayores corriendo mayores riesgos de orden financiero y operacional. Por ello concuerdo en la prioridad de establecer reglas claras del juego de manera inmediata, incluyendo la promulgación de una nueva ley de hidrocarburos que no sea un chaleco de fuerza sino un instrumento amplio y flexible. En el punto 1 de la lámina presentada por el equipo de Guadió cambiaría la palabra maximizar por optimizar, ya que una política de maximización de la producción petrolera puede ser contraproducente para la nación venezolana en vista de las tendencias mundiales sobre demanda de petróleo y sobre el remplazo de petróleo pesado por fuentes menos contaminantes de energía.  
Estoy en tal acuerdo con la política de acudir al capital privado internacional y nacional para llevar a cabo la futura recuperación de la industria petrolera. Es ya hora de terminar con mitos y complejos sobre estatificación, y sobre soberanía mal entendida. Concuerdo con la propiedad de los yacimientos por parte de la Nación pero estoy en enfático desacuerdo con la estatización de la industria petrolera, política que nos ha conducido a la ruina actual.
Estoy plenamente de acuerdo con la creación de una Agencia Nacional de Hidrocarburos, la cual negocie, estructure y supervise los contratos de desarrollo petrolero con las empresas privadas. Estos contratos pueden adoptar diversas formas, en base a lo que sea más deseable para cado caso. Pueden ser contratos de producción compartida, contratos de servicio o, inclusive, concesiones, un término que suena mal para algunos pero que, paradójicamente, ofrece grandes beneficios para la nación si se planifica y contrata correctamente. Para administrar tales tipos de contratación existen gerentes venezolanos con experiencia y sin complejos patrioteros.
Finalmente, tengo serias dudas sobre la posibilidad de recuperar a Petróleos de Venezuela, una empresa cuyo nombre ha sido arrastrado por el pantano por Chávez y Ramírez y por Maduro y Quevedo. Esta es una empresa con 150000 empleados, es decir, unos 100.000 empleados sobrantes, sin una gerencia idónea, totalmente desacreditada en el mundo.
La pregunta que debemos hacernos con mucha responsabilidad es: ¿Debe tener Venezuela una empresa estatal de petróleo? No lo creo. Por supuesto, deberá haber un período de transición para que esta empresa estatal deje progresivamente de existir, cediendo su papel a la Agencia Nacional de Hidrocarburos propuesta, si es que eso es lo que finalmente se decide. Mantener a PDVSA por motivos ideológicos reforzaría el trágico error que ha causado tanta privación y tanto descrédito a la nación venezolana durante los últimos 20 años.  
Adelante con estos planes. Hay gente preparada para apoyarlos. Existen documentos detallados sobre los pasos a dar, entre otros los de los grupos coordinados por Arnoldo Gabaldón y por Luis Urdaneta, los trabajos de Francisco Monaldi, de Diego González Cruz, de Leopoldo López y Gustavo Baquero, del grupo de reflexión petrolera COENER, de las universidades venezolanas y de varios otros petroleros venezolanos. Solo falta que emerja un consenso sobre la orientación fundamental que habrá de adoptar la industria petrolera venezolana, si estatista, como ha sido hasta ahora, o abierta al capital privado para su operación, con regulaciones y supervisión de la Nación venezolana. Me inclino por lo segundo, en vista de la experiencia que hemos tenido durante los últimos 40 años. Quien no recuerde lo que ha sucedido en nuestra industria petrolera pretenderá llevar de nuevo al país, de equivocada buena fé, a caer en el hueco maloliente de la ruina y la corrupción.

sábado, 2 de febrero de 2019

El vals María Luisa de Antonio Lauro tocado por dos insignes guitarristas



Nota musical para aliviar angustias
Antonio Lauro

Cuando a Antonio Lauro le preguntaron sobre su vals María Luisa, compuesto en honor de su esposa, de ese nombre, contestó con típico humor venezolano: “La partitura es muy difícil, casi tan difícil como ella”. Aquí les presento dos versiones de este vals, una por el famoso guitarrista australiano  John Williams, ver: https://en.wikipedia.org/wiki/John_Williams_(guitarist), quien se ha ocupado de difundir la música venezolana por todo el mundo. Otra por el guitarrista chipriota Nicholas Petrou, alumno de John Williams y de Alirio Díaz, ver: https://www.facebook.com/ncpetrou/posts/nicholas-petrou-considerado-por-muchos-como-uno-de-los-guitarristas-cl%C3%A1sicos-m%C3%A1s/798162986930918/. Las dos son extraordinarias. Sin saber de música o de técnica musical me inclino ligeramente por la de Petrou, aunque más por instinto que por otra cosa. Disfrútenlas:
 https://www.youtube.com/watch?v=maetzYKN9FQ  John Williams, muy limpio, extraordinario, 9/10
https://www.youtube.com/watch?v=UibzFSndAhA Nicholas Petrou, perfecto, 10/10

viernes, 1 de febrero de 2019

Nicolás Maduro es el nuevo Manuel Noriega





La trayectoria de Nicolás Maduro se parece mucho a la de Manuel Noriega. Hasta tienen las mismas iniciales, NM o MN,  ya que el orden de los factores no altera el horror de sus crímenes. La única diferencia es que Maduro nunca ha estado, que sepamos, en la nómina de pago de la CIA, como lo estuvo Noriega cuando proveía de armas a los Contras en Nicaragua. De resto sus trayectorias se parecen mucho. Noriega llegó al poder al morir Omar Torrijos, de manera misteriosa, en un accidente aéreo. Noriega parece haber estado involucrado en esa muerte. Maduro llegó al poder al morir el sátrapa Hugo Chávez y Maduro estuvo involucrado en esa muerte, ocurrida en La Habana en circunstancias nunca debidamente explicadas, en un momento en el cual Maduro – títere de los Castro – parecía ser más aceptable para los cubanos que la patética figura agonizante, a la cual se podía descartar como un condón usado. Noriega aprovechó la muerte de Torrijos para montarse en el poder y comenzar su enriquecimiento por medio del tráfico de drogas. Maduro se montó en el poder cometiendo fraude electoral, falsificando la firma del moribundo y emprendiendo, como Noriega, una vida marcada por el tráfico de drogas, el robo, la represión y el progresivo desafío en contra de los Estados Unidos. Así como Noriega duró en el poder unos seis años, así Maduro durará en el poder unos seis años. Durante esta etapa Noriega se enriqueció de manera obscena. Maduro también lo ha hecho, amparado en los grandes contratos concedidos a Odebrecht, la corrupta empresa brasileña que sobornó profusamente al chavismo y cobró miles de millones de dólares al régimen por trabajos nunca debidamente ejecutados.
En el caso de Noriega su caída fue precipitada por la muerte de un soldado de los Estados Unidos a manos de un guardia panameño, lo cual le dio a los estados Unidos la excusa para invadir a Panamá. En Venezuela el proceso ha sido más complejo y ha requerido una cuidadosa planificación conjunta de países de la región, incluyendo USA, Colombia y Brasil, entre los más importantes. Hasta ahora la batalla abierta o la invasión militar han sido remplazadas por un cerco, por el estrangulamiento progresivo del régimen, lo cual es un proceso más largo pero menos cruento.
 Pero la razón fundamental de la caída de ambos dictadores es la misma: el grado de corrupción y de represión a la cual habían llegado sus respectivos regímenes, los cuales llegaron a ser universalmente odiados, excepto por quienes se beneficiaban directamente de la corrupción y el abuso de poder. La diferencia entre los dos procesos ha sido el contenido ideológico del chavismo, el cual ha arrastrado a muchos compañeros de ruta en otros países, para quienes no hay  dictadura de izquierda mala, no importa cuán corrupta e ineficiente y cuanta miseria imponga en sus países.     
El final de la historia de Noriega fue su muerte en prisión, después de años de encarcelamiento. El mismo fin se avecina para Maduro, porque no hay transacción posible para él, no hay negociación que le pueda dar la libertad para vivir tranquilo en algún remoto lugar del planeta, disfrutando de sus dineros mal habidos. Los crímenes de lesa humanidad ni prescriben, ni son negociables, ni pueden ser objeto de amnistía por autoridad alguna, porque ello violaría las leyes internacionales aceptadas por el mundo civilizado. Y lo que se avecina para Maduro también se avecina para los 600 miembros principales de su pandilla: el castigo. Sin justicia el país corre el riesgo de verlos de regreso en pocos años, apoyados en sus dineros sustraídos al pueblo.
¿Quieren un ejemplo? Rafael Ramírez Carreño, a quien el país conoce como uno de los principales agentes de destrucción de PDVSA, acaba de decir que él será candidato a la presidencia “si cambian el actual Consejo Nacional Electoral”, el mismo organismo que apoyó por años y que ahora, por arte de magia, le resulta inaceptable. El país debe estar alerta ante estos intentos de regreso al poder por parte de las viudas de Chávez.