viernes, 23 de noviembre de 2018

Apuntes para una historia de la GENTE DEL PETRÓLEO

Considero deseable comenzar a escribir sobre la GENTE DEL PETRÓLEO por las razones que expongo más abajo. Lo que sigue es el primero de una serie de escritos sobre este tema que iré publicando en mi blog.

                                             BREVE RESUMEN HSTÓRICO


Aunque mucho se ha escrito sobre el petróleo en Venezuela poco se ha escrito sobre la Gente del Petróleo, el grupo de venezolanos quienes directa o indirectamente han participado en el desarrollo de lo que ha sido, alternativamente, una bonanza y una tragedia.
Desde que escribía en RESUMEN, en la década de 1970, vengo hablando no solo de petróleo, sino de la Gente del Petróleo. Así lo ha hecho notar el historiador Tomás Straka, al hablar de AGROPET, la Agrupación de Orientación Petrolera que fundáramos los técnicos petroleros en esa década para intervenir en el debate petrolero. Dice Straka: “Agropet es el antecedente más claro de lo que sería la «Gente del petróleo». Uno de sus principales promotores, Gustavo Coronel, fue quien impuso esta categoría en los artículos que sobre el tema publicaba en la famosa revista Resumen de Jorge Olavarría a principios de la década de 1980”.Ver: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2014/05/politica-contra-gerencia-un-ensayo-de.html
La  historia no debe entenderse solamente en base a la ejecutoria de los grandes hombres sino como el producto de la acción combinada de líderes excepcionales y de múltiples miembros de sus generaciones, quienes con frecuencia  desempeñan papeles decisivos aunque poco conocidos en los acontecimientos. Los nombres que usualmente sobreviven en la memoria histórica son los de aquellos quienes logran estar en el momento preciso en el lugar preciso. Creo que es justo hacer un esfuerzo para reconocer y honrar a quienes hicieron posible que lo bueno sucedido sucediese.
En un sentido estrictamente histórico quizás el primer petrolero venezolano fue el Dr. José María Vargas, quien en 1839 describió una muestra de petróleo venezolano a pedido del general José Antonio Páez y tuvo la visión de decir que este material sería más valioso para Venezuela que el oro y la plata. Luego vendrían los hombres de La Petrolia, quienes le pidieron a Guzmán Blanco una concesión para explotar hidrocarburos, la cual les fue dada en 1878. El geólogo Orlando Méndez nos dice, con justeza, que Pedro Rafael Rincones puede considerarse como el primer operador petrolero venezolano, entrenado específicamente para esos fines en los Estados Unidos.
     La década de 1910. La familia Aguerrevere
Si hay una familia que pueda considerarse pionera en el sector petrolero venezolano es la familia Aguerrevere. En alguna obra histórica leí que esta familia Aguerrevere estuvo y sigue estado activa en el sector de la ingeniería y sus actividades conexas venezolanas desde la época de la Compañía Guipuzcoana. Los hermanos Pedro Ignacio y Enrique Aguerrevere acompañaron al geólogo Ralph Arnold en los años de 1911 a 1916 en la búsqueda de petróleo en Venezuela, la cual terminó en la identificación de  áreas promisorias, en las cuales se irían descubriendo los grandes campos petrolíferos venezolanos. Estos hermanos eran agrimensores y su padre, Santiago, uno de los ingenieros de más prestigio de la época, fue designado jefe del grupo agrimensor. Pedro Ignacio fue becado posteriormente para estudiar geología en Stanford, donde se graduó en 1920. Otro hermano, Santiago, también se graduaría de geólogo en Stanford en 1925. Pedro Ignacio y Enrique fueron de la primera Gente del Petróleo pero ambos se fueron a México y Colombia porque después de sus estudios no quisieron regresar a la Venezuela de Juan Vicente Gómez. Los testimonios de estos dos hermanos sobre su aventura con Arnold se encuentran en el libro “The First Big Oil Hunt”, bellamente traducido y editado por Héctor Pérez Marchelli y Andrés Duarte Vivas con el título de “Venezuela Petrolera: primeros pasos”, uno de los libros más importantes de la bibliografía petrolera venezolana. 
Otros de los pioneros de la Gente del Petróleo, miembros del equipo de Ralph Arnold, fueron Luis Julio Pacheco y  Martín Tovar Lange. Sobre Luis Julio Pacheco he recibido la siguiente información de su nieto, Luis Pacheco, también miembro destacado – casi cien años después -  de la Gente del Petróleo: Luis Julio Pio Pacheco Soublette nació en Caracas en 1889 y murió en la misma ciudad en diciembre 1973.  Aunque era ingeniero civil, cuando él estudió en la Universidad Central la gente se graduaba como doctor de la Escuela de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales porque no existía facultad de ingeniería como tal.  Trabajó la mayor parte de su vida profesional con la Caribbean/Shell y terminó su vida profesional jubilado en 1950”. Pacheco fue el encargado de tratar de minimizar los efectos del reventón del pozo Los Barrosos 2, en 1922. Tovar Lange cuenta sus experiencias en el mencionado libro de Arnold.
La década de 1920. La Gente del petróleo aún no existía como grupo
En 1924 existían en Venezuela 39 empresas petroleras, una venezolana, La Petrolia, y 38 extranjeras. De esas empresas solamente seis producían petróleo mientras que el resto estaba aún en la etapa de formalizar o evaluar sus concesiones. Ya la nómina del sector petrolero llegaba a unos 42.000 empleados, de los cuales unos 1200 eran extranjeros.  Sin embargo, no había ningún venezolano en la nómina gerencial y casi ninguno, al menos que sepamos, a nivel técnico. Existían también otras 14 pequeñas empresas en el sector petrolero, propiedad de británicos o estadounidenses, las cuales empleaban a 700 venezolanos y a 65 extranjeros. En esas empresas también se veía la ausencia total de profesionales o gerentes venezolanos, excepto quizás en el sector legal, ya que este era muy especializado para ser manejado por extranjeros. Otra actividad petrolera en la cual participaron venezolanos de manera distinguida fue en el sector salud. Por ejemplo, los jóvenes médicos Enrique Tejera Guevara y Leopoldo García Maldonado estuvieron activos en el estado Zulia combatiendo la malaria, como aliados de los especialistas ingleses en medicina tropical ingleses a Venezuela por la empresa Caribbean Petroleum Co. A estos dos médicos los conocí y pude hablar con ellos sobre sus experiencias en este campo. García Maldonado (1896-1983), me contaba que  su colaboración con los médicos ingleses, en especial un profesor de apellido Stephens, sirvió para promover la arquitectura de las casas de la costa oriental del Lago de Maracaibo, elevadas sobre el terreno, a fin de romper el contacto entre el mosquito de las ciénagas y la vivienda, en una época en la cual el DDT aún no había llegado.  Los testimonios de estos médicos y de los geólogos de la época ilustran sus sinceros esfuerzos para mejorar la situación social y de salud de los venezolanos de la provincia y contrastan con los despectivos comentarios de Salvador de la Plaza y de Rodolfo Quintero, testigos lejanos de la aventura petrolera, quienes acusaron en sus escritos a los pioneros del petróleo de ser transportados por la selva – como reyezuelos orientales -  por dóciles nativos. 
La década de 1930. Nace la gente del petróleo como grupo.
La Gente del Petróleo venezolana nació como grupo en la década de 1930, promovido desde el gobierno. Las iniciativas de Gumersindo Torres y, luego, de Manuel Egaña, en el Ministerio de Fomento, para promover un cuerpo técnico en el sector de los hidrocarburos crearon el semillero del cual se nutrió posteriormente  la Gente del Petróleo en el sector petrolero privado. En efecto, muchos de estos primeros funcionarios del Ministerio de Fomento llegaron a ser gerentes de alto nivel en las empresas petroleras durante  décadas posteriores.
Entre las primeras iniciativas del Ministerio de Fomento a inicios de 1930 estuvo el nombramiento de una comisión integrada por Siro Vásquez, ingeniero; Diego Bautista Urbaneja, abogado y Manuel Toledo Rojas, médico, a fin de encontrar fórmulas de evitar la contaminación de las aguas por el petróleo. Para hacer ese trabajo debieron estudiar lo que se hacía en otros países, especialmente en USA y México.
En la década de 1930 los primeros organismos profesionales de alto nivel en la industria petrolera fueron las Inspectorías Técnicas del Ministerio de Fomento, en las cuales participaron Guillermo Zuloaga, José Martorano Battisti, Virgilio Penso de León; Carlos Alberto Velutini; Carlos Pérez de la Cova y otros. En este grupo estuvieron ingenieros quienes llegaron a altos niveles ejecutivos, tanto en el sector oficial como en las empresas petroleras privadas. De ellos llegué a conocer a tres: Guillermo Zuloaga, José Martorano Battisti y Carlos Pérez de La Cova.
Guillermo Zuloaga  (1904-1984) fue un geólogo graduado en MIT. Fue el primer Jefe de la Inspectoría General de Hidrocarburos del Ministerio de Fomento. Cursó estudios de primaria en el colegio Muñoz Tébar y secundaria en el liceo Caracas. Se graduó en filosofía y letras en la Universidad Central de Venezuela en 1924 y de doctor en geología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (Estados Unidos) en 1930. Zuloaga colaboró con la creación del Servicio Técnico de Geología y Minería en 1936 y organizó los 2 primeros congresos geológicos venezolanos en 1937 y 1938. Ingresó a trabajar en la empresa Lago Petroleum Corporation en 1939. Tomó parte activa en la fundación de la escuela de Geología de la Universidad Central de Venezuela en 1940, y en 1956, fue uno de los primeros venezolanos que llegaron a nivel de directores en la empresa petrolera privada, al ser designado miembro de la junta directiva de la Creole Petroleum Corporation.
Lo vi en varias ocasiones, ya en su condición de Director de la Creole y su presencia siempre me pareció un tanto intimidante. Tenía, quizás fuese mi impresión de geólogo recién graduado, una actitud imperial y aristocrática. Quienes lo conocieron bien, sin embargo, lo describen como una persona sencilla, amante de la naturaleza en la gran tradición de Humboldt, interesado en la Isla de Aves, en los guácharos de Caripito o en historia petrolera. Fue un gran venezolano y uno de los primeros grandes miembros de la Gente del petróleo.
El segundo miembro del grupo salido del Ministerio de Fomento que conocí personalmente fue José Martorano Battisti. Lo conocí bien, e inclusive, fui su colega en la primera directiva de PDVSA. Martorano fue un hombre sorprendente. De perfil muy bajo,  fue promotor de importantes iniciativas petroleras desde la década de 1930 hasta bien entrada la década de 1970. Comenzó su carrera en 1937 como Inspector Técnico de Hidrocarburos en la zona de Mene de Mauroa. En esa época fue promotor principal del Instituto de Geología en Caracas. A inicios de la década de 1950 fue Consejero petrolero de la embajada de Venezuela en Washington. Dentro de PDVSA fue uno de los grandes promotores del INTEVEP, designado como su primer presidente. Martorano fue uno de los primeros venezolanos en llegar a la Junta Directiva de la Compañía Shell de Venezuela. Participé, indirectamente, en su designación como primer presidente del INTEVEP. En reunión de la Junta Directiva de PDVSA el General Alfonzo Ravard anunció que pensaba designarme como primer presidente del INTEVP. En ese momento le agradecí su intención  pero respondí que me sentiría incómodo allí, dado que el gran promotor del INTEVEP había sido Humberto Calderón Berti, por lo cual debía ser reconocido.  A ello el General Alfonzo dijo: “Vista la posición de Coronel, procederé a designar al Dr. José Martorano para la presidencia del INTEVEP”. Y así fue.
Tranquilo, callado, cordial, de suaves maneras, José Martorano tuvo una carrera brillante dentro de la industria petrolera venezolana. 
El tercer miembro de ese grupo que conocí fue Carlos Pérez de la Cova, en la década de 1980, cuando este profesional ya estaba retirado pero aún  conectado con la embajada de Venezuela en Washington.  El Dr. Pérez de la Cova había sido  gerente de alto nivel de Philips Petroleum y, luego, Ministro de Minas e Hidrocarburos en 1956.  Fue Encargado de Negocios en Washington durante la década de 1960 y embajador en Londres en la década de 1970.  En Washington tuve ocasión de invitarlo dos o tres veces a mi casa, a almorzar o cenar y le escuché muchas anécdotas de su vida de gerente petrolero y de diplomático.
Seis venezolanos fueron enviados a estudiar Ingeniería de producción y de Refinación de Petróleo en Tulsa y en Norman, Oklahoma
En Noviembre de 1930 el Ministerio de Fomento envió a la Universidad de Tulsa, Oklahoma a los ingenieros Manuel Guadalajara, Siro Vásquez y Jorge Hernández Guzmán a estudiar ingeniería de refinación  y a la universidad de Oklahoma a Edmundo Luongo Cabello, José Abel Monsalve y José Antonio Delgado Figueredo a estudiar ingeniería de petróleo. Solo tengo algunos detalles sobre la vida de dos de ellos: Siro Vásquez y Edmundo Luongo Cabello.
Siro Vásquez (1910-1990) tuvo una carrera excepcional. Después de graduado en Tulsa fue empleado por la Jersey (SOV) en 1938, junto con los también ingenieros Raimundo Molina y Federico Baptista. Vásquez llegó a ser  subjefe de producción en la Creole, Caracas, Director de Creole en 1953, Director de la Jersey en USA en 1965  y Vicepresidente de Exxon en 1970, el primer latinoamericano en llegar a ese nivel en Exxon,  coronando así una carrera profesional de 37 años.  No lo conocí personalmente pero me lo encontré en un avión a inicios de la década del  70, viajando de NYC a Caracas en compañía de una hija. Yo iba en un asiento al otro lado del pasillo (en esa lejana época yo viajaba en primera)  pero no me atreví a entablar conversación con él, porque parecía estar de mal humor. He debido decirle que ambos éramos ex - alumnos de la Universidad de Tulsa.
Ya en la década de 1930 Jersey tenía unos 3000 empleados en Venezuela, de los cuales unos 2500 eran venezolanos pero muy pocos eran técnicos o, aún menos, gerentes.
El otro venezolano de carrera muy destacada enviado a Oklahoma fue Edmundo Luongo Cabello (1909-1997). Nacido en Caripe Estado Monagas en 1909.  Ingeniero y Político. Casó con Olga Clementina Giliberti Gómez. Hizo sus estudios secundarios en el Colegio Sucre y terminó el curso preuniversitario en el Liceo Caracas. Cursó estudios superiores en la Universidad Central  de Venezuela, en la cual obtuvo en 1928, el grado de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas. Ejerció libremente la profesión hasta el 15 de agosto de 1930, fecha desde la cual comenzó a prestar servicios en el Ministerio de Fomento.  Desde su regreso al país, hasta agosto de 1939,  desempeñó los cargos de Inspector Adjunto al Inspector Técnico e Inspector Técnico de Hidrocarburos. Desde 1939 a 1943 ocupó el cargo de Director de Hidrocarburos en el Ministerio de Fomento.  Participó en la redacción de la ley de Hidrocarburos  de 1943, como Secretario de la Comisión de estudio y redacción.  Participó, en 1949, en el primer contacto oficial entre Venezuela y las naciones productoras de hidrocarburos del Medio y Cercano Oriente, como miembro de la Misión Especial del Ministerio de Fomento.   En 1952 fue designado Ministro de Minas e Hidrocarburos en el Gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Durante su ejercicio se concedieron nuevas concesiones y se dio gran énfasis a la conservación del gas natural. 
Algunas de las universidades extranjeras preferidas por la Gente del Petróleo durante el siglo XX
Desde las primeras décadas del siglo XX dos de las universidades preferidas por los venezolanos para estudiar especialidades petroleras fueron Stanford, en California y la Universidad de Tulsa, en Oklahoma. La preferencia por Stanford era lógica ya que Ralph Arnold, el geólogo que identificó las áreas más promisorias de Venezuela fue un graduado de esa universidad. Hoy día los graduados venezolanos de Stanford son legión e integran un grupo de alta distinción. 
La Universidad de Tulsa, mi alma mater, se convirtió en una de las universidades preferidas para los venezolanos quienes iban a USA a estudiar especialidades petroleras. En 1951 llegué allá a estudiar geología. Recuerdo haber ido  comprar un traje por cuotas en una tienda del centro de la ciudad. Al saber que yo era de Venezuela el dueño me extendió el crédito de inmediato, mencionando la corrección de quienes habían llegado desde Venezuela con anterioridad.
Hay cuatro venezolanos  ex - alumnos distinguidos de esa universidad: Siro Vásquez, Luis Giusti, Humberto Calderón y el suscrito. Formé parte de la Junta Directiva de la universidad durante la década de 1980.  Por T.U., como la llamamos,  pasaron petroleros venezolanos de primera línea. Recuerdo a venezolanos candidatos a post-grados en la etapa 1951-1953,  como  José (Pepe) Sagahún, Fernando Delón, Ricardo Flores, Alberto Santiago, Oscar Rojas Boccalandro, Pedro Márquez Gutiérrez (El Machete), Georgias Garriga y Belén Pérez Chiriboga.  Entre mis compañeros de estudios recuerdo a Omar Molina, Leonardo Moleiro, los hermanos Vivas (Virgilio y Edmundo), Ramón Rubio,  los hermanos Felizola (Régulo y Rómulo), Eleazar Niño (se regresó a Venezuela a ser General del Ejercito), Manuel Romero, mi gran amigo de siempre; José Aparicio, José Pereira, Arnaldo Serio y los inolvidables hermanos Puppo, de Puerto La Cruz, muertos en la flor de la edad, en un accidente de automóvil cuando regresaban de vacaciones a Venezuela.
Estos estudiantes regresaron a Venezuela a ser empresarios petroleros, gerentes de empresas petroleras, educadores, funcionarios importantes del ministerio de Minas e Hidrocarburos. En una cena que dimos en el Hotel Tamanaco, en Caracas, en la década de 1990, reunimos a unos 150 ex alumnos de la universidad para agasajar al entonces presidente de la universidad, Robert Donaldson.
1937. Se crea por decreto del Presidente López Contreras el Instituto de Geología
Los ministros encargados de estructurar el Instituto de Geología fueron Néstor Luis Pérez, Fomento y Rafael Ernesto López, Educación, ministerio al cual fue adscrito hasta su incorporación definitiva a la Universidad Central de Venezuela, unos pocos años más tarde. Los pioneros en la facultad de este instituto fueron Clemente González de Juana, geólogo español sembrado en Venezuela y  gran maestro de varias generaciones de geólogos venezolanos,  Alfonso Kroboth, un bondadoso checo, de hablar pausado, el geólogo-paleontólogo español José Royo y Gómez, el ingeniero de minas de Uruguay Carlos Fernández de Caleya, el ingeniero de minas español Enrique Rubio Sandoval, el farmaceuta devenido en ilustre paleontólogo nacido en Cuba, Pedro Joaquín Bermúdez, los geólogos estadounidenses Frances Charlton de Rivero, Hollis D. Hedberg y el geólogo suizo Louis Kehrer. En 1942 se graduaron los primeros geólogos de este instituto: César Rosales, José Rafael Domínguez, Carlos Key, José Pantin Herrera, Eduardo Guzmán (mexicano), José Más Vall y Leandro Miranda Ruiz.  Los conocí y fui amigo de todos ellos. Cuando llegué a Shell, primero como becario pasante en 1952 y luego ya empleado en 1955, recibí la ayuda y guía de Domínguez y de Rosales. José Rafael Domínguez fue posteriormente mi jefe en Shell Sur del Lago, mi colega director en PDVSA y sobre todo, un gran amigo. Domínguez fue un típico venezolano, de personalidad optimista y cordial, humorista y alegre. Cuando perforamos el pozo de exploración en el bloque B del Sur del Lago en la década de 1970,  tuve que presentar sus decepcionantes resultados ante la directiva de Shell de Venezuela. Dije que la perforación había llegado al tope del Eoceno a la profundidad exacta pronosticada pero las rocas encontradas eran lutitas y no areniscas, por lo cual no había petróleo acumulado.  Domínguez, mi jefe,  se apresuró a decir que el pozo había sido un éxito técnico. A lo cual Alberto Quirós intervino para decir: “Lo que dicen los geólogos es que la operación fue un éxito científico pero el paciente se murió”. 
Si bien Domínguez era extrovertido e irreprimible, su colega César Rosales era callado, misterioso, como un monje  salido de una novela de Humberto Eco, pero igualmente cordial y deseoso de ayudar a los jóvenes. Cuando llegué a Shell ya Domínguez y Rosales eran gerentes de alto nivel, superintendentes de campo, y ambos llegarían, en la década de 1960, a ser miembros de la Junta Directiva de Shell de Venezuela, al mismo tiempo que “Tony” Rojas, a quien casi no conocí y el Dr. Manuel Reyna, un notable abogado, casi siempre vestido de severo traje oscuro.  En una ocasión, en Houston, el Dr. Reyna bajaba en el ascensor del hotel donde nos hospedábamos, cuando entró un vaquero tejano con algunos tragos encima. Se le quedó viendo al Dr. Reyna y le preguntó: “¿Buddy, where is the funeral?  (¿Amigo, donde es el entierro?).
Los primeros becarios de la Jersey (Creole)
Desde 1937 la Jersey (Creole) comenzó a becar venezolanos para estudiar diversas especialidades petroleras. Entre los primeros becarios estuvieron Amos Salvador, Nicanor García, Rómulo Quintero, Eduardo Acosta Hermoso, Julio Sosa Rodríguez, Efraín Barberii, José Cirigliano, Domingo Casanova y Julio Casas. Muchos de estos becarios fueron a otras empresas a trabajar, después de algún tiempo en Creole. Los conocí a todos. Amos Salvador (1923-2007) fue un gran caballero y un geólogo brillante. Nació en Madrid pero se graduó de geólogo en la Universidad Central de Venezuela. Llegó a ser Geólogo jefe de Exxon y una leyenda profesoral en   la Universidad de Austin, Texas.  Nicanor García, geólogo, fue el primer venezolano gerente de la refinería de Amuay y Director de Creole. Rómulo Quintero fue presidente de Mobil, Venezuela y, luego, de Llanoven, desde la cual colaboró en el proceso de racionalización de empresas después de la nacionalización. Eduardo Acosta Hermoso fue presidente de la Petroquímica de Venezuela, empresa antecesora de  Pequiven, y tuvo una extensa actuación en la política venezolana Julio Sosa Rodríguez se convirtió en un gran capitán de empresas y promotor principal de la Universidad Metropolitana, además de ser miembro de la primera directiva de  Petróleos de Venezuela. Efraín Barberii fue insigne educador, fundador de la Escuela de Petróleo de la Universidad del Zulia, gerente de Producción de la CVP, historiador y mentor de varias generaciones de la Gente del Petróleo. A José Cirigliano lo recuerdo como leal y muy nacionalista, un segundo a bordo del legendario Luis Plaz Bruzual en el Ministerio de Minas e Hidrocarburos. Domingo Casanova tuvo una sólida carrera en Creole y terminó su carrera como miembro de la primera directiva de petróleos de Venezuela. Julio Casas fue un empleado ejemplar de Creole en el sector de las Relaciones Industriales, de tradición en la empresa, ya que su padre había sido capitán de un barco Creole por muchos años.
La década de 1940
En la década de 1940 comenzó el primer ciclo intensivo de venezolanización.  Todavía en 1941 Creole tenía solo  tres gerentes venezolanos de alto nivel: Alejandro Pietri era Director Legal; Guillermo Zuloaga era subjefe de exploración y Siro Vásquez era Jefe de ingeniería de petróleos. En Shell apenas acababan de ingresar los primeros graduados del Instituto de Geología.  Durante esta década se comenzaron a abrir de par en par las puertas de las empresas petroleras para los venezolanos. Ingenieros como Federico Baptista hicieron rápidos progresos en Creole. En 1948 se graduaron los primeros ingenieros de petróleo en la Universidad Central de Venezuela: Humberto Peñaloza, Valentín Acosta, Fernando Delón, Ricardo Flores y  Freddy Arocha. Este sería un grupo pequeño pero de  notable impacto en la industria petrolera venezolana. Los conocí a todos muy bien, a Flores de manera más superficial, en Tulsa, Oklahoma. En especial recuerdo a tres de ellos con especial admiración. Humberto Peñaloza fue un ciudadano ejemplar, autor de grandes iniciativas comunitarias y empresariales. Creó la empresa petrolera 100% venezolana Mito Juan, nombre de una formación geológica del occidente de Venezuela
Valentín Hernández Acosta surgió de un relativo anonimato en el sector diplomático venezolano a jugar un papel fundamental en el proceso de nacionalización (o, más apropiadamente, estatización) de la industria petrolera venezolana que se llevó a cabo en la década de 1970. De gran cordialidad, de hablar suave, con una discreta sonrisa en los labios, ocasionalmente apasionado, pudo liderar ese proceso con transparencia y elegancia en su condición de ministro de Minas e Hidrocarburos. Valentín se opuso, con razón, a mi nombramiento como miembro de la primera Junta Directiva de PDVSA, por ser yo un empleado petrolero activo y así me lo comunicó en persona. Él y yo fuimos igualmente sorprendidos por esta decisión del presidente Pérez.
En la década de 1980 Valentín me invitó varias veces a la embajada en Washington DC,  donde era nuestro embajador mientras yo recién llegaba al BID. Me contó sobre su vida y me mostró sus cuadros, incluyendo el primero (creo que era de Guayasamín) que había comprado con dinero que había recibido de su padre para comprar ropa. Al despedirnos me dijo algo que nunca olvidé: “Gustavo. Estoy aquí a tu orden. Solo te pido una cosa”. E hizo una pausa. Yo le dije: ¿“De que se trata, Valentín”?  Y me dijo: “Nunca me pidas dinero prestado”.
El tercer miembro de ese grupo, quizás el más inolvidable para mí, fue Fernando Delón. Lo conocí en Tulsa brevemente, cuando él era estudiante de post grado en ingeniería de petróleo y compartí en su casa uno que otro almuerzo preparado por su esposa Carola. Me lo encontré en Venezuela trabajando para Creole, cuando yo comenzaba a trabajar en Shell. Diez años más tarde me llamó, en 1965,  desde la CVP, en Maracaibo, para que me integrara al grupo de venezolanos de esa empresa y acepté porque, para mí, Delón siempre fue garantía de total honestidad profesional y porque pensé que CVP me necesitaba más que Shell. Renuncié a Shell, para decepción de mis superiores. El Sr. Pocock, quien llegaría ser el presidente de Shell a nivel mundial, en ese momento en Caracas, me dijo que una vez saliera de Shell, siempre estaría fuera de Shell. Ello no fue así porque, en 1971, me llamaron de regreso a Shell y allí estaba cuando se nacionalizó la industria. Cuando lo vi, años más tarde, Pocock me dijo de manera muy gallarda: “Tu tenías razón”.
En CVP trabajé bajo las órdenes de Fernando Delón, quien era el Director de Exploración y Producción, y siempre admiré su ética profesional. Tuvo un grave problema personal de alcohol que casi le costó la vida, el cual logró controlar y se mantuvo activo como consultor después de su salida de la CVP. En su comportamiento ético, como físicamente, Fernando Delón fue un hombre erguido, vertical.  Lo respeté mucho.  
La década de 1950
En esta década el programa de venezolanización en las empresas recibió gran impulso, no solo por el interés de las mismas empresas en lograr talento venezolano que pudiese remplazar a un personal extranjero más costoso, sino a la presión que se ejercía sobre las empresas desde el Colegio de Ingenieros de Venezuela. El gobierno venezolano había dado nuevas concesiones petroleras y la actividad de las empresas en el país se había intensificado. El impacto de la nueva Ley de Hidrocarburos de 1943 también se había hecho sentir y, durante la etapa 1947-1958 la inversión en el sector fue masiva, según indica Ramón Espinasa en reciente ensayo, ver:  https://prodavinci.com/lecciones-y-propuestas-para-la-reconstruccion-del-sector-petrolero-a-75-anos-de-los-acuerdos-de-1943/. Se intensificó la exploración,  la producción creció en unos 130.000 barriles diarios cada año y se instalaron grandes centros de refinación en el país. Cuando llegué a Shell, en 1955, todavía había pocos geólogos venezolanos en la empresa, José Méndez Zapata, Augusto Santana y Rafael Romero entre ellos. En el sector de Producción había más venezolanos y pronto entrarían más, incluyendo varios miembros de la primera graduación, en Julio 1957, de la escuela de ingeniería de petróleos de la Universidad del Zulia, fundada por Efraín Barberii. Este grupo tendría una destacada actuación en la industria petrolera nacional: Pedro José Ríos Lugo, Edgardo Ali Valero Zambrano, Lindolfo León Rodríguez, Ernesto José Agostini Oquendo, Pedro Luis Díaz, Lucio María Peralta García, Mauricio Tedeschi di Doménico, José Ulises Ramírez Olmos, Hugo de Jesús Vivas Rubio, Arévalo Guzmán Reyes Blanchard, Francisco Tobías Guédez Acevedo y Dilcia Elena Ramírez Lugo, quien fue la primera venezolana en graduarse en esta especialidad.
Miembros de ese grupo fueron al Ministerio de Minas e Hidrocarburos, como Agostini, Guzmán Reyes y Ulises Ramírez. Otros ingresarían a CVP tan pronto fue fundada en 1960, como fue el caso de Lindolfo León y de Edgardo Valero. Pedro Ríos, Dilcia Ramírez y Hugo Vivas, fueron a Shell, Tedeschi a Creole, Guédez a Mene Grande. La carrera de Arévalo Guzmán Reyes como funcionario del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, luego de Energía y Petróleo, tuvo mucho impacto en el campo gremial y de la venezolanización, así como en lo relacionado con la conservación del gas natural, tema al cual le dio mucho énfasis. Guzmán Reyes fue un severo funcionario fiscalizador de las empresas petroleras privadas y un eficiente colaborador de Luis Plaz Bruzual. Hacia el final de su carrera fue miembro de la Junta Directiva de PDVSA.
Lagunillas, 1960
En los primeros años de la década de 1960, después de unos siete años como geólogo de exploración, fui enviado por Shell a Lagunillas, a trabajar como ingeniero de producción en el Lago de Maracaibo. Allí debí “comenzar de nuevo”, al lado de un grupo de jóvenes ingenieros de petróleo y geólogos, muchos de quienes eran más jóvenes que yo. Era un grupo extraordinario: Francisco (Frank) Rubio, Ricardo Corrie, Gustavo Inciarte, Simón Antúnez, Hans Krause, Miguel Fraíno, Enrique Hung, Marcos Marín Marcano, Diógenes Madrid, Efraín Barberii, Demetrio Quintero, Ramón Omaña, Carlos Medina, César Medina.
Era una Lagunillas vibrante, saturada permanentemente del característico olor a diésel que nunca podremos olvidar, como esos perfumes que nos recuerdan a una mujer querida. Era un campo extraordinario, con sus casas bien cuidadas, el Club, atención médica continua, buenas escuelas para los niños, un sitio ideal para trabajar y tener una familia. Se trabajaba muy duro ya que la oficina abría a las 6:30 de la mañana, si recuerdo bien, pero realmente nunca cerraba porque los pozos petroleros, como los bebés, nacían preferentemente de madrugada.  El cafetín del Sr. Martínez suplía la ausencia de un desayuno formal en la casa.
 Allí me re-encontré con Gustavo Inciarte. Lo había conocido en Norman, Oklahoma, cuando él estudiaba en la Universidad de Oklahoma y yo en la Universidad de Tulsa. Allí íbamos a jugar fútbol. El arquero de Tulsa era yo y el arquero de la Universidad de Oklahoma era Juan Roger, Pollón, quien haría una brillante carrera en Creole y quien era mi amigo desde las aulas del Liceo “San José” de Los Teques. Una vez jugamos en presencia de nuestro admirado novelista y presidente exiliado Rómulo Gallegos.
En 1968 se  creó el Instituto de Investigación Petrolera de la Universidad del Zulia, gracias a la iniciativa de los ingenieros Evanan Romero, Ricardo López y Marcias Martínez. Gustavo Inciarte donó muchos de los equipos de laboratorio para esta nueva institución, la cual se  convirtió, con el liderazgo de otro grande, Efraín Barberii y otros ingenieros de Shell como Adafel Rincón y Hugo Finol, en facultad de post-grado de Ingeniería Petrolera de la universidad. Después de la nacionalización, en 1976, Inciarte llegó a ser el Gerente General de Exploración y Producción de Maraven (ex-Shell) y en 1979 regresó brevemente a Lagunillas, como segundo a bordo del Gerente General de la División de Producción de la empresa, controlando una producción cercana al millón de barriles diarios. En 1980 se fue conmigo y con José Mavares, otro maravilloso profesional venezolano, a Meneven, a integrar su junta directiva y a compartir con esa empresa las experiencias que habíamos adquirido en Shell-Maraven.  De Meneven Inciarte fue a la Junta Directiva de Bariven y a INTEVEP, donde llegó a la presidencia en 1985.
En Lagunillas también conocí a Hans Krause, un petrolero de gran estatura. Su carrera profesional ha sido fundamentalmente con Shell, donde dejó una brillante hoja de servicios, desde que entró a la empresa como ingeniero de operaciones, en 1963, hasta que se retiró en 2000 como Vicepresidente y Director de las empresas Shell en Venezuela. Un notable aspecto de su carrera ha sido su actuación en la AAPG, Asociación de Geólogos Petroleros Americanos, organización en la cual ha recibido diversos premios, desde el de Servicios Distinguidos hasta el Premio Michel Halbouty (2018) por su excepcional liderazgo en su campo, el premio mayor que concede esta organización.

Simón Antúnez, ingeniero de petróleo, no poseía la misma estatura de Krause pero también ha sido  un gigante profesional.  En Lagunillas, cuando los conocí, andaban frecuentemente juntos. Antúnez veía a Krause hacia arriba y le decía “Tú no eres normal”. Simón se graduó en la Universidad del Zulia en 1962.  De inmediato ingresó en Shell, Lagunillas. De Shell/ Maraven salió en 1998 hacia INTEVEP. Su participación directiva gremial y organizativa en la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo ha sido extensa y de especial importancia, por lo cual ha recibido merecidos reconocimientos. De Antúnez me ha llamado siempre la atención, como también fue el caso de Humberto Peñaloza,  su gran rango de intereses humanísticos y su gran cultura, la cual va mucho más allá de los conocimientos típicos de su especialización. 
1960-1970
 En la década de 1960 y, de manera más pronunciada aún, en la década de 1970, el proceso de venezolanización se acentuó. Ya para la fecha de la “nacionalización” de la industria, Enero 1976, la gerencia de la industria estaba casi totalmente en manos de personal venezolano.
                       Ya la Gente del Petróleo se contaba por miles.
2002-2003
En 2002 y 2003 sus filas serian seriamente diezmadas por el desequilibrado mental que ocupo la presidencia de Venezuela hasta su muerte en 2012, con la complicidad de Ali Rodríguez Araque y Rafael Ramírez Carreño. Esa historia ha sido bien contada, ver Eddie Ramírez: “La Indoblegable Sociedad Venezolana”  y “Ni un Paso Atrás”.  

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran síntesis de una historia que no se conoce y que bien podría ser foco para cuando corresponda volver a hacer la industria, cosa que creo posible en pocas décadas.

Betica dijo...

Que placer poder conocer de la mano de este Gran Señor, una pequeña parte de la historia de nuestro pais, que nos hace sentir orgullosos de sus logros, en lo personal y en lo colectivo. Dios lo siga bendiciendo e iluminando

Anónimo dijo...

Está más que demostrado que la nacionalización fue un paso en falso, pero entonces va uno y lo dice y en el país de gesticuladores insensatos que tenemos lo acusan a uno de ser antinacionalista. Pero resulta que no, que verdaderamente la industria iba exageradamente bien en manos de Shell y otras, y fuimos nosotros los que solitos, sin que nadie interviniese, alcanzamos poner en manos de unos delincuentes la gallinita de los gold eggs.

Lo de Chávez estaba cantado, un pueblo de imbéciles envidiosos colocando a un imbécil envidioso en el poder para que se enriqueciera, él y la caterva de ladrones que se desayunaron un millón de millones.

No mejora el enfermo.

Gustavo Solís dijo...

Nada que agregar! Sencillamente una lectura Sin Desperdicios! Ni Un Paso Atrás! Gente del Petróleo (1982-2003)

Maria Teresa van der Ree dijo...


Felicitaciones! Excelente recuento también para la Historia de Venezuela.

Saludos.

Anónimo dijo...

Gracias una vez mas Don Gustavo, recuerdo exactamente el olor a diesel del campo Carabobo en La Lagunillas de mi niñez, luego serîa Maraven mi primer trabajo como Ingeniero. Mi padre se jubilo en Shell de Venezuela.