martes, 28 de julio de 2026

CINCUENTA ANOS DE TRABAJO, DOCE EXPERIENCIAS

 

                 CINCUENTA AÑOS DE TRABAJO

                         DOCE EXPERIENCIAS

  APORTE PARA LA PEQUEÑA HISTORIA DE LA CLASE MEDIA VENEZOLANA       

 

                                                PARTE I

Trabajar para una empresa u organización se asemeja a un matrimonio. Es frecuente oír decir que Fulano está casado con la empresa, para significar el grado de dedicación que una persona puede sentir por la organización para la cual trabaja. En esa relación es frecuente ver componentes de fidelidad y afecto que uno asocia con el matrimonio. Y quienes hacen toda su carrera en una sola empresa, desempeñando tareas de su especialidad, son vistos por sus amigos como “monógamos”. Hay otros quienes durante su carrera han estado en múltiples organizaciones, son “polígamos” del trabajo. Y no solo han estado en diversas organizaciones, sino que han desempeñado tareas de diversa naturaleza, no las de una especialidad.  En ese segundo grupo estoy yo.

Durante mis cincuenta años de trabajo formal para una empresa u organización pasé por unas doce de ellas y fui geólogo, gerente, director y miembro de la presidencia (vicepresidente o director general) en varias organizaciones, investigador académico, analista de proyectos, consultor, promotor de actividades comunitarias, ejecutivo de empresas de servicio y gerente del sector público. Estas fueron las empresas:

Shell de Venezuela -CVP -PDVSA- Maraven - Meneven -Harvard – BID - PROCALIDAD DE VIDA - Arthur D Little – GRUPO DE PROYECTOS DE INGENIERIA - CVG -GOBERNACION DE CARABOBO – PUERTO DE PUERTO CABELLO.

SHELL DE VENEZUELA. Entré a trabajar en esta empresa a los 21 años, después de disfrutar de una beca de estudios de esa empresa por tres años en la Universidad de Tulsa. Fue mi primer amor y quizás el más grande amor, al menos así lo recuerdo. Era muy joven y llegué a una maravillosa ciudad venezolana a trabajar, Maracaibo, allí conocí a mi esposa de toda la vida. En esa empresa me vi rodeado de profesionales de excepcional calidad, geólogos que tendrían renombre internacional: Otto Renz, Konrad Habicht, Jan Van Andel, Harold Reading, Hans Schaub, Bill Milroy, Engbert Kiewiet de Jonge, con todos quienes tendría una amistad muy estrecha, todos empeñados en ayudar a un joven geólogo venezolano. La empresa era llamada en Maracaibo la madre “chell”. Mientras estuve con ella en la primera vuelta, 1955- a 1967, pude trabajar en Holanda por un año, en Indonesia por casi dos años, en el monte venezolano, en sus campos petroleros de la costa del lago de Maracaibo, siempre fui tratado correctamente y con afecto por mis supervisores. 

CVP. En 1967 me encontré con un ingeniero de petróleos por quien tenía gran respeto, Fernando Delon, quien era director de exploración y producción de la empresa petrolera estatal, CVP. Delon me dijo que estaban construyendo una empresa petrolera venezolana y que necesitaban a personas como yo, con valiosa experiencia internacional, ya formado. Me ofreció la posición de gerente de exploración de la empresa. Acepté y salí de Shell, lo cual causo gran malestar a esta empresa, que consideró que yo me portaba mal con ellos. En reunión con el presidente de Shell, C.C. Pocock, quien había tomado interés personal en mi carrera, le expliqué las razones de mi salida, diciéndole que yo pensaba que sería más útil para el país en CVP que en Shell, empresa que tenía mayor profundidad en sus cuadros profesionales.  Años después, cuando ya Pockock era el jefe de Shell a nivel mundial, nos encontramos de nuevo y me dijo: “Gustavo, tenías razón”, un bello gesto de su parte. En la CVP me encontré con una organización muy diferente a Shell, Se trabajaba el doble para producir la mitad del resultado. Esto no era debido a la superioridad congénita de los ingleses frente a los venezolanos sino a algo más sencillo y poderoso, se debía a su organización, a la naturaleza esencialmente profesional de su gestión y a la existencia de normas y procedimientos que eran más poderosos que los deseos o caprichos de alguien en la organización. En CVP me encontré con una chaqueta de fuerza, ser parte de la administración pública.  No se entendía, por ejemplo, que un geofísico pudiese ganar tanto dinero como un director de la empresa. A dos años de mi llegada me pidieron perforar un pozo exploratorio con urgencia en el Lago de Maracaibo, porque el gobierno necesitaba señales de actividad en esta área, a lo cual me negué, ya que no teníamos el estudio previo necesario para definir la localización con las mayores probabilidades de éxito. Renuncié y me botaron, todo el mismo día. Me fui a USA a trabajar por dos años en los campos petroleros de Luisiana y Oklahoma y regresé a Venezuela…. llamado por Shell! Es decir, fui de vuelta a mi primer amor. En sentido figurado, me volví a casar con la misma mujer y allí estaba cuando se decretó la nacionalización y Shell paso a ser Maraven.

PDVSA. Durante el intense debate que precedió al acto de nacionalización tome una iniciativa, junto con Marcos Marín Marcano Y Odoardo León Ponte, crear una organización de empleados petroleros para intervenir en ese debate, ya que sonaba ilógico que quienes más conocían la industria petrolera no fueran a dar su opinión, dejando que miembros del sector político, algunos bastante ignorantes o ideológicamente comprometidos, dominasen el curso de los acontecimientos. Este aporte resultó ser importante para moldear el resultado de la nacionalización y , para mi sorpresa y la de Shell, el presidente Pérez me nombró miembro de la primera junta directiva de PDVSA. Esta fue una experiencia extraordinaria, trabajar junto al general Rafael Alfonzo Ravard, un brillante gerente del sector público, poseedor de una gran cultura y capacidad estratégica. Allí coordiné el proceso de  racionalización que llevó a las 14-15 empresas concesionarias a fundirse en cuatro, luego tres, empresas integradas y participe activamente en la planificación del cambio de patrón de refinación, la campaña exploratoria costa afuera y el proyecto para el desarrollo de la faja del Orinoco, temas de especial interés para la primera junta directiva, 1976-1979.

MARAVEN. En 1979, al final de mi trabajo en la junta directiva de PDVSA, regresé a Maraven como miembro de la Junta Directiva y allí encontré una organización que, además de continuar guiándose por las normas y reglamentos que existían en su antecesora Shell, introdujo varios ingredientes gerenciales que eran muy novedosos para la época. El primero fue el de cambiar la naturaleza territorial de los directores, es decir, su atención exclusiva a un territorio específico, exploración y producción refinación, finanzas, etc., por una visión integral del negocio, es decir, los convirtió en directores corporativos. Esta fue una iniciativa del presidente de la empresa, Alberto Quiros, quién era un firme creyente en la visión de helicóptero, es decir, la facultad de ver el bosque y no solo el árbol, lo que en medicina llamaríamos un internista en preferencia a un especialista. Otra iniciativa de Maraven fue el propagar el uso en PDVSA de la planificación por escenarios, algo que había nacido en Shell. Yo me hice caro de una pequeña unidad de planificación en esos años, contando con el apoyo de dos brillantes jóvenes venezolanos recién llegados de MIT con sus lustrosos diplomas de post grado: Moises Naim y Raúl Arriaga. Una tercera innovación de Maraven fue la de Desarrollo Organizacional, las técnicas orientadas a la resolución de conflictos interorganizacionales y a mejorar el ambiente de trabajo en la empresa, para lo cual se creó un grupo de extraordinarios profesionales de esa especialidad.  

En este punto deseo rendir un homenaje especial a un miembro de nuestra junta directiva de Maraven quien se convertiría en figura clave del éxito de PDVSA en sus primeros años. Me refiero a Pablo Reimpell, Pablito. El héroe silencioso de PDVSA.

MENEVEN. En Maraven fui muy apreciado. Tanto así que decidieron proponerle a PDVSA que me promoviesen a vicepresidente de Meneven, quizás con miras a colocarme eventualmente en la presidencia de alguna filial. Fui transferido a Meneven, como segundo a bordo, acompañado de Gustavo Inciarte como director de exploración y producción y de José Mavarez, como director de Finanzas, ambos extraordinarios en su campo. Meneven fue una interesante experiencia para mí, porque se trataba de una empresa bastante fuerte en exploración y producción, con sólidos profesionales en ese campo, pero menos fuerte en planificación corporativa, recursos humanos y finanzas, actividades que su antecesora, Mene Grande, llevaba a cabo en sus oficinas centrales de USA (Gulf Corp.) sin delegarlas a la filial venezolana. Nuestra misión era la de fortalecer esos campos, convirtiendo a Meneven en una empresa integrada. Nuestra llegada fue aceptada por disciplina, pero fue vista por buena parte de la organización existente casi como una invasión de extraterrestres. El presidente, el caballeroso Bernardo Diaz sintió que estaban tratando de cambiarle su organización (en efecto, había algo de eso) y varios miembros de la organización que tenían mucho poder de liderazgo hicieron resistencia a nuestros esfuerzos. No fue una fácil experiencia, pero recibí muchas satisfacciones de la organización que comprendió que mis intenciones eran buenas. En ese proceso de adaptación estábamos cuando se decidió a nivel del ministerio mudar la sede de la empresa a Puerto La cruz. Esta fue una medida que consideré impropia, originada por razones ajenas al bienestar de la empresa, en aquel momento a mi cargo por enfermedad de Bernardo Diaz, por lo cual la protesté con vehemencia. Tan vehemente fui en mi protesta que me botaron. No solo de Meneven sino de la industria petrolera en la cual había estado 27 años. Sali de esa industria como un paria, ya que quien peleaba con el gobierno era visto así por quienes temían caer en desgracia. Recuerdo haber llegado a un coctel, con mi llegada produciendo una estampida general hacia el lado opuesto del salón. Solo tuve dos ofertas de empleo posteriores a mi salida de la industria petrolera, ambas condicionadas a que no hubiese objeción del gobierno. Me tuve que ir de Venezuela.

HARVARD.  Aterrice en Harvard, aceptando una invitación para ser un Fellow en el Centro de Relaciones Internacionales que manejaba Benjamín Brown, es decir, una especie de investigador, con un salario más bien simbólico, con la categoría de miembro de la facultad, pudiendo dar seminarios sobre el tópico elegido para mi investigación. En los dos años que estuve allí, tuve una bellísima experiencia. Andaba en blue jeans, comiendo helados, viendo pasar a mi lado a premios Nobel en bicicleta. Tomaba café con Daniel Yergin, con Raymond Vernon, conversaba con Joseph Nye o con Samuel Huntington, veía a Jorge Dominguez y a Robert Putnam todos los días. La persona que más me ayudo en Harvard fue el extraordinario Pedro Pick, un hombre que vivió para hacer el bien y ayudar a todos quienes se acercaban a él. En Harvard escribí un libro sobre la nacionalización del petróleo en Venezuela, que tuvo dos ediciones, 1983 y 1984 y me dio unos $30000 en regalías. Allí también escribí el capítulo petrolero para “Venezuela: Una Ilusión de Armonía”, el famoso libro editado por M. Naim y R, Piñango, del IESA.    

BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO. Estando en Harvard recibí una llamada del Banco Interamericano de Desarrollo, en Washington, invitándome a una entrevista sobre un empleo en potencia. Se traba de un concurso para elegir un especialista en Hidrocarburos y Energía. Acudí a la entrevista y allí me dijeron que era uno de 50 candidatos para esa posición. Después fui invitado a una segunda entrevista y posteriormente recibí una oferta de empleo del banco que me caía muy bien, dado que yo debía regresar al sector laboral después de dos años de vivir las delicias de la vida académica. Me ofrecieron $65000 al año, libres de impuestos, con visa especial para trabajar en los Estados Unidos, seguro médico, dental, pago de parte de la educación de los hijos. El banco era llamado la jaula de oro y, me dijeron que allí había dos cosas muy difíciles. Una era entrar, la otra era salir. Mi experiencia en el Banco fue muy positiva, analice unos 16 proyectos en diversos países de la región, viaje y conocí casi todos sus países miembros y pude darme cuenta de que llenaba una función muy necesaria en la región, pero padecía del mismo mal de sus países miembros, una dosis indeseable de consideraciones políticas de corto plazo en lo que debería ser una actividad profesional de amplia visión hacia el futuro. Su éxito era medido por los países que aportaban el capital  en base a la cantidad de proyectos llevados a cabo, lo cual tenía el riesgo de “promover”  proyectos  que podrían hasta no ser los más necesarios para los países (no quiero sugerir que esto era práctica común, sino que representaba un potencial conflicto de interés).  Estuve siete años en el BID y regresé a Venezuela en 1989, animado por el deseo de servir a mi país en el sector público, el cual veía como especialmente ineficiente. Durante mi estadía en el Banco había desarrollado mis propias ideas sobre lo que deberían ser las funciones del desarrollo. En esencia pensaba que desarrollar era necesario hacerlo en el terreno mismo, no podía hacerse desde Washington DC.  

En este punto termino esta primera parte de la narrativa, a fin de no hacerla demasiado larga.  Una segunda parte seguirá pronto, para quienes puedan estar interesados en estas experiencias de trabajo y de vida.

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