UNA ALIANZA CON DELINCUENTES EN VENEZUELA CONFIRMA EL DESPRESTIGIO DE DONALD TRUMP
Lo que pudiera haber
sido una bella página para la democracia mundial, es decir, el rescate de
Venezuela de las manos de una pandilla criminal por parte del gobierno
estadounidense y la instalación en el país de un gobierno libre y democrático
se ha convertido en un sórdido intento de violación de un país débil e indefenso
por una presidencia rapaz e indigna de la tradición democrática de los Estados
Unidos.
Digo esto en base al
crimen que se está cometiendo contra Venezuela en estos momentos. El crimen es el
siguiente:
Se anuncia la firma de una alianza petrolera entre el gobierno de Donald Trump
y el régimen ilegitimo de Delcy Rodríguez, protegido por los Estados Unidos, la
cual le permitiría a los Estados Unidos tomar control exclusivo de unos 65000
millones de barriles de petróleo venezolano que se encuentran en el subsuelo, a
ser producidos para los Estados Unidos por una empresa llamada North American Blue
Energy Partners, NABEP, contrato de una duración de 100 años, dice Trump, de 25
años dice Delcy Rodríguez (pequeña diferencia sin importancia) .
No es necesario
esperar a ver los detalles técnicos, financieros y legales de esta pretendida
alianza para definirla como ilegitima, invalida y propia de villanos. Así lo es
por las siguientes razones:
1.
todo el mundo sabe, incluyendo el gobierno de
Donald Trump, que el régimen que impera en Venezuela actualmente es ilegitimo. Así
lo han definido ellos mismos en el pasado reciente. Un gobierno serio, como
pretende serlo el de los Estados Unidos, nunca debería contratar con un régimen
ilegitimo, reo de crímenes internacionales
de gran dimensión, como es el caso del régimen venezolano, cuyos miembros principales
se encuentran bajo sanciones internacionales, incluyendo las de Estados Unidos!
2.
Todo el mundo sabe
que en estos momentos el gobierno de Donald Trump ejerce, por la fuerza,
control sobre el régimen criminal venezolano. Así lo ha declarado el mismo Trump
al decir que Venezuela es botín del victorioso ejército estadounidense. Un
contrato firmado entre esas dos partes que solo tienen una voz, la voz de Trump,
no puede definirse como un convenio entre dos partes. Allí no hay dos partes,
solo una. Es Trump hablándose a si mismo en el espejo.
3.
Al mostrarlo con pretensiones
de convenio entre dos naciones, el gobierno de Trump, mostrando una arrogante
ignorancia, se salta a la torero la constitución venezolana que prohíbe esta enajenación,
que obliga a cualquier contrato de interés nacional a ser aprobado por el
congreso venezolano, el cual no existe legalmente, y pretende firmarlo a espaldas de los
venezolanos, quienes son el único interlocutor válido que tendría país extranjero
alguno y no, ciertamente, la pandilla
criminal de Delcy Rodríguez.
4.
Resulta insultante
pretender que un país pueda quedar sujeto por cien años a lo que dicta un convenio firmado con un régimen que no es legítimo y
que comprometería el uso soberano de sus recursos petroleros por un siglo, influenciando
de manera decisiva el destino de varias generaciones futuras de venezolanos
5.
Resulta igualmente insultante
e inaceptable pretender que la empresa con la cual Venezuela firmaría tal convenio
sea una empresa de propiedad mixta entre un prófugo de la justicia
internacional llamado Alejandro Betancourt López y un organismo de las fuerzas
armadas estadounidenses. Apartando el hecho extraño e indicativo de una apreciable
descomposición en el seno de la democracia estadounidense, esa de entrar a ser
socio directo de una empresa criminal venezolana por intermedio de sus propias fuerzas
armadas, es totalmente inaceptable que la empresa contratante con Venezuela sea
la de un prófugo de la justicia internacional. Este es un acto que define al
promotor de la idea, Donald Trump, como parte del mundo criminal internacional
Cuando
entramos a hablar y discutir sobre estos detalles ya estamos de rodillas. Porque
discutir sobre las bondades o defectos de la propuesta es ya aceptarlo.
Lo
inaceptable es el convenio mismo, tal como está planteado. Lo inaceptable es la
deleznable calidad moral de los protagonistas, la baja estofa de la gente
involucrada es aceptar que Venezuela es un país prostituido. Este convenio es
una bofetada a la dignidad, a los principios éticos más sagrados.
Los
venezolanos tienen ya muchos años con el estómago vacío, por lo que la tentación
y necesidad de llenarlo es muy grande. Comprendo que esa necesidad primaria, de
la cual hablaba Maslow, debe ser razonablemente satisfecha antes de poder comenzar
a hablar de las cosas del alma, de las cosas de la moral, de ese mundo más
abstracto. Napoleon decía que un ejército marchaba sobre su estómago.
Esto
quizás explica mucha de la relativa tolerancia con la cual el país reacciona en
ocasiones frente a planteamientos y propuestas indecorosas, como las que nos ocupa
en este momento. Y por ello la culpa de los Estados Unidos es doble, porque utiliza
esa necesidad de saciar el hambre para forzar a un pueblo a aceptar propuestas inmorales
e indignas de seres civilizados.
Personalmente
estoy en posición ventajosa para aferrarme a los principios. A mi edad no tengo
ambiciones de poder o riquezas de ningún tipo. Mis hijos cuidan de que tenga
pan en la mesa y un techo sobre mi cabeza. Puedo darme el lujo de pensar con el
alma, ya que el estómago está satisfecho. Quizás le pido demasiado a mis
compatriotas que no tienen mí misma suerte.
Pero,
la realidad es que una nación que dependa de su estómago con olvido de su alma
y de sus principios es una nación destinada a ser esclava. Es una nación que puede
olvidarse de ser grande. Y hablo de ser grande no como sinónimo de potencia,
como pretendía Chávez, o como pretende el loco de la casa Blanca. No. Yo hablo
de verdadera grandeza de alma, de espíritu, de principios, de actitudes
civilizadas, de buena ciudadanía. Esa es la verdadera grandeza, no la de las estatuas
doradas y de alianzas con hampones.
Estoy
en pie de guerra ciudadana contra esta alianza abominable y contra sus
promotores, quienes han deshonrado su condición de lideres para irse por atajos
de enriquecimiento personal y abusos de poder.