lunes, 11 de junio de 2018

La tragedia venezolana reclama hablar claro: fuera los falsos líderes


Uno de los factores contributivos más importantes para la permanencia de la pandilla chavista en el poder ha sido la actitud de muchos venezolanos influyentes, quienes de buena o mala fe, de todo hay, han insistido en “arreglarse por las buenas” con esos facinerosos. Quienes lo hacen de mala fe simplemente tienen como objetivo participar a título personal de los beneficios que distribuye el narco-régimen chavista entre sus amigos y adulantes. Quienes lo hacen de buena fe están motivados por esa tendencia venezolana, de raíz noble, a pensar que todos somos familia y que debemos sentarnos alrededor de una mesa a dirimir nuestras “diferencias”.
Esta nota está más dirigida hacia a los de buena fe que a los oportunistas. Quienes actúan de mala fe no van a ser persuadidos a actuar de otra forma. Ellos son cómplices del gran crimen y no tienen vergüenza en aceptarlo. En este grupo de cómplices figuran los militares de alto nivel que trafican con drogas y que mantienen al narco-régimen en el poder para lograr una parte del botín. Figuran también la legión de adulantes venezolanos y extranjeros que dicen basar su apoyo en consideraciones “ideológicas’, pero que – en realidad – solo buscan su beneficio personal, los Zapateros y los Manuel Rosales o los Henri Falcón.   
Quienes actúan de buena fe, a lo Capriles o a lo Eduardo Fernández,  simplemente se niegan  a ver la horrorosa realidad venezolana y persisten en buscar una transacción, un acomodo con el narco-régimen, a fin de que podamos atenuar la miseria de los venezolanos. Este grupo se niega a considerar cualquiera otra forma de protesta cívica que no sea la “pacífica, constitucional y electoral” y ello lo ha llevado a validar con su presencia los grandes fraudes electorales cometidos en Venezuela o a aceptar pasivamente los resultados que todos los venezolanos saben que son fraudulentos.  Se niegan a aceptar que la protesta cívica en las calles, a través de huelgas sectoriales o generales, la desobediencia ciudadana, todo ello es constitucional y pacífico aunque no sea electoral. Este grupo ve las sanciones de países extranjeros al narco-régimen como “indeseables” porque “perjudican a la población”, sin darse cuenta de que la población tiene 18 años muriendo, perseguida, humillada y sometida al hambre y a la enfermedad, una tragedia ayudada por la actitud pasiva de algunos de sus líderes.
Hay que hablar claro. El liderazgo que va a sacar a Venezuela del foso no es ese liderazgo que busca  el acomodo con los criminales chavistas, que considera que lo estratégicamente deseable es negociar una salida con los miembros de la pandilla que ostenta el poder. Ese liderazgo no es el requerido. El liderazgo que se necesita es el moral, basado en los principios y valores.  James McGregor Burns definió estos dos tipos de liderazgo como Transaccional y Transformacional ( o transformativo). El liderazgo transaccional está basado en la oferta de promesas por parte del líder a fin de obtener lealtades, un “yo te doy, tú me das”. Hay un intercambio. Por ello, estos líderes siempre estarán dispuestos a transarse con el enemigo porque de una transacción siempre se derivan beneficios, dependiendo de cuál astuto sea el negociador. En el liderazgo transformacional no hay consideraciones de intercambio sino manifestaciones de principios y valores. Es el “solo puede ofrecerles sangre, sudor y lágrimas” de Churchill y no el  “hemos comprado la paz de Europa” de Chamberlain.
La diferencia entre los dos tipos de liderazgo, el que se transa y el que transforma, es esencialmente una diferencia moral. La transacción considera los beneficios a corto plazo, la transformación ve más allá del corto plazo. Transarse puede llevarnos a ganar la batalla pero a perder la guerra. Quien se transa está a la misma altura ética de sus seguidores. Quien transforma debe colocarse en un plano superior, por ello es que lidera verdaderamente.
El líder transformacional no diluye sus principios y valores a fin de obtener una victoria momentánea o  porque la transacción  represente la línea de menor resistencia. No rehúye el conflicto necesario. El líder transformacional no tiene necesidad de desdoblarse en su vida privada y en su vida pública pues actúa en base a sus principios en ambas dimensiones. No es el hombre de familia público y el libertino privado. No es el Trujillo, el Somoza  o el Chávez, quienes fingían ser en público lo que no eran en privado. Es el Vargas, el Betancourt o el Sucre, no el Guzmán Blanco o el Cipriano Castro. En la Venezuela contemporánea es el momento de María Corina Machado, de Luis Ugalde, de Antonio Ledezma, Enrique Aristeguieta, Diego Arria y Leopoldo López, no puede ser el momento de Cabello, Padrino López, Timoteo o Claudio Fermín.
En la Venezuela de hoy no necesitamos líderes transaccionales sino líderes transformacionales porque la redención de Venezuela no será un asunto de corto plazo o de conveniencias instantáneas sino una lucha larga por la recuperación de la dignidad, por el establecimiento de una masa crítica de ciudadanos y  la creación de una verdadera Nación. Para ello será necesario terminar con la dictadura del Estado, el cual ha asfixiado a la Nación por ya demasiado tiempo.  El estado en Venezuela ha sido realmente el gobierno y el gobierno, tristemente, es generalmente un hombre y su camarilla. Habrá que romper con esta estructura mezquina existentes, de enanos morales y ello demanda líderes transformacionales, no de la montonera de gente pequeña en plan de falsos líderes.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay otro liderazgo, en la literatura en inglés, que complementa al necesario liderazgo transformacional, el inspirador, concepto más centrado en el bien comůn que el carisma, que es rasgo que han presentado no solo hombres como Gandhi sino también muy perversos.
Tengo serias dudas sobre Ledezma y López. Del ůltimo, se le compara con el general Vivas. Mientras este sale gravemente lesionado pero inquebrantable, López, como han escrito y dicho, sale musculoso. Este...
Toda mi admiración para Marīa Corina y Aresteguieta, aunque al último no habrīa que pedirle sacrificios adicionales, por su edad.

Anónimo dijo...

Mejor transformador que transfornacional. Capriles de buena fe? Ya lo dudo: Odebrecht.

Anónimo dijo...

Con malandros, narcos y criminales no se puede andar por las ramas, esperando un "dialogo constructivo" Quien no entienda 'esto es tonto o se hace por intereses personales. Venezuela lleva 20 a~nos en 'este desastre, en buena parte por errores de la oposicion desde los dias de la Coordinadora Democratica hasta la llegada de la MUD con sus propios errores y inconsistencias. La unica que en mi opinion ha estado consistentemente clarisima ha sido Maria Corina y quizas alguno otro. Los demas han incurrido en errores y componendas de cuestionable intencion. La oposicion sigue cometiendo errores y cada dia es mas complicado buscar una salida pacifica, si es que todavia la hay.