DIARIO DE VIERNES
LA
UTOPIA REALIZABLE
Nelson Mandela: Ningun pais puede desarrollarse sin educacion ciudadana
Para Rodolfo Izaguirre, un gran campeón de esta idea
Hace casi 40 años comencé a escribir sobre la necesidad que tenía
Venezuela de colocar la educación en valores en el primer nivel de prioridades
nacionales, si queríamos salir alguna vez del atraso como nación. Condensaba el
mensaje así:
No importa cuanta riqueza material tenga Venezuela nunca podrá salir
del atraso y la mediocridad si no logra transformar el gentío por una masa crítica
de buenos ciudadanos activos.
Hacer esto es no solo posible sino indispensable. Hay países donde ello existe, gracias a un
proceso educativo ejemplar que fue llamado la Utopía Necesaria por Jacques
Delors, en su informe de 1996 a la UNESCO.
En 1990, con la cooperación de varios amigos, fundé en Caracas una organización
no gubernamental llamada PRO-CALIDAD DE VIDA. Uno de los proyectos que
desarrollamos fue de Educación en Valores en las escuelas públicas venezolanas,
el cual estuvo activo por unos seis años. Debido a nuestro pequeño tamaño fue
un esfuerzo modesto, para niños de primaria en escuelas públicas de Chacao y
otras localidades venezolanas. Unos 15000 niños recibieron este programa, dado
por un grupo de unos 80 tutores voluntarios entrenados por nosotros, estudiantes
de la Universidad Católica Andrés Bello y de la UCV. Los coordinadores de este
programa fueron Antonio Donado y Melida Colmenares, con participación de un
grupo que incluyó a Carmen de Navarro, Milagros Pérez y Margarita de Yanez,
entre otras educadoras.
Este programa terminó de manera un tanto abrupta al llegar Hugo Chávez
al poder y prohibir nuestra actividad en las escuelas públicas que eran el
centro de nuestra atención. Esa llegada de Chávez terminó, en realidad, con
nuestra organización, cuando yo, presidente de organización, debí ausentarme
del país. En base a esta experiencia escribí un libro: FABRICA DE CIUDADANOS, amazon books, 2023
Este modesto programa demostró que los niños absorbían como esponjas
el material relacionado con valores. Al ir a sus casas lo comentaban con los
padres o, como suele suceder en Venezuela, con la madre, ya que el padre es el
gran ausente del hogar venezolano. Ellas vinieron a decirnos que sus hijos les hablaban
de lo que aprendían en la escuela en materia de valores y que ellas deseaban
participar en una actividad similar.
Esto fue una sorpresa agradable para nosotros, al darnos cuenta de que
los adultos también eran potenciales clientes de nuestro programa.
A pesar de este limitado, pero emocionante éxito la arena movediza se cerró
sobre el programa y sus efectos, al cesar nuestra actividad con la llegada del chavismo.
Mucho del esfuerzo se perdió, ya que esta debe ser una actividad permanente,
perseverante en el tiempo, día tras día, mes tras mes, año tras año, porque
educar es, en cierta forma, como darle insulina a un diabético. Mientras se le
da, el diabético deja de serlo, pero al cesar la insulina la diabetes amenaza
con reaparecer.
Y esa necesidad de perseverancia es una de las razones por las cuales Venezuela
no ha tenido nunca un programa exitoso de educación en valores. Ha tenido
programas como el llamado Moral y Cívica, el cual ocupaba una posición subordinada
en el pensum, era una asignatura vista como la prima pobre de la familia.
Durante este siglo el programa ha esencialmente desaparecido o remplazado por adoctrinamiento
ideológico por el oscurantismo chavista madurista.
Sin embargo, la idea sigue viviendo en muchos de nosotros. Entre los
destacados venezolanos quienes han mostrado interés especial por el programa de
Fábrica de Ciudadanos se encuentra Rodolfo Izaguirre, quien mantiene una
admirable actividad intelectual de vigoroso contenido didáctico desde las páginas
dominicales de El Nacional. En reciente artículo da maravilloso apoyo a nuestro
programa para crear ciudadanos, ver: El Nacional, agosto 16, 2026
NO SABER QUE ES
APELLIDO
Dice Rodolfo:
Tenemos
mucho trabajo por delante: dar nueva vida a la economía, al propio país;
fortalecer la cultura, qué hacer con el pundonor militar. Con empeño y
dedicación podemos enderezar las instituciones, salvar a los ministerios de la
voracidad de sus depredadores y devolverle a la justicia los nombres de sus
verdaderos magistrados. Es cosa de un par de años, pero extraer de los
escombros el honor y la dignidad allí sepultados es tarea de años. Pero se
facilitaría si todos ponemos en práctica el difícil, aunque factible proyecto
de Gustavo Coronel, de fabricar ciudadanos y reinventar la educación.
¡El
país necesita que lo acariciemos, que le digamos cuán bello es!
A
primera vista, el proyecto Coronel parece algo ilusorio, una nueva utopía, el
capricho de un venezolano irrepetible que desde hace años vive en los Estados
Unidos, pero piensa permanentemente en nosotros. Parece ilusorio porque es
necesario crear nuevas escuelas, resucitar las que permanecen exánimes, formar
maestros y profesores y modernizar al Ministerio de Educación, pero siento que
es un propósito enaltecedor que no se logra durante la brevedad de un mandato
gubernamental, sino en sucesivos gobiernos que deben aceptar, tolerar y proseguir
sus respectivas realizaciones y continuar lo emprendido por la fábrica de
ciudadanos que propone Gustavo Coronel.
Rodolfo
Izaguirre dice la verdad, que el proyecto de fabricar ciudadanos es difícil,
parece ilusorio, es una nueva utopía. Pero la buena noticia es que es una
utopía realizable, como podemos constatar en países como Finlandia, Japón,
Singapur, Canadá y Holanda, entre otros. Cuando hablamos de una utopía
realizable, agregaríamos, nos referimos a una máxima aproximación a lo ideal,
lo que en las matemáticas se denomina una aproximación asintótica. Lo que puede
y debe existir en Venezuela es un programa lo más perfecto posible de educación
en valores, el cual sea una política de estado, una tarea aún más “básica y
estratégica” que la del petróleo o el oro o el turismo.
Eso
sí, tal tarea toma tiempo y ello es lo que la hace particularmente difícil,
pues deberá vencer la tendencia natural del liderazgo político de acometer solo
lo que puede rendir frutos en el término de sus mandatos. La visión de largo
plazo es una de las características fundamentales del verdadero liderazgo y de
la verdadera grandeza. Necesitamos en Venezuela lideres de la amplia visión de un
Atatürk, Betancourt, un Jean Monet, un Adenauer, una Angela Merkel, un
Churchill para la paz, como lo fue el Churchill para la guerra.
Sin
negar las dificultades a nivel de las políticas públicas reiteramos que llevar
tal programa a cabo es una tarea indispensable para lograr que Venezuela pueda
llegar a ser lo que prometía ser, antes de tomar los macabros atajos. Y, es una
tarea perfectamente posible en base a lo que ya se conoce ha sido su exitosa
implantación en otros países. No será necesario redescubrir la rueda.
EL ANHELO DE REGRESAR
UN TEMA ETERNO
Hace muchos años leí HORIZONTES PERDIDOS, la novela de James Hilton
escrita en 1933, el año de mi nacimiento. Esta novela ha sido considerada como
una versión de la Utopía (del griego: lugar que no existe), ese sitio mágico
donde seriamos felices, si pudiéramos encontrarlo, paraíso terrenal donde
estaríamos rodeados de paz, compasión y sensación de seguridad. El anhelo por
encontrar (o reencontrar) este sitio es un tema recurrente en todas las
culturas e idiomas. Es una forma sublime de anhelo por regresar al hogar, el
deseo ferviente de sentirnos seguros, rodeados de la gente que amamos.
En mi caso particular este sentimiento está muy conectado con las
memorias de mi niñez y del pueblo donde transcurrieron esos años, llenos de
felicidad. Al anhelo se une la nostalgia, esa palabra que es bella en todos los
idiomas (por ejemplo, Saudade, en portugués).
Releyendo LA ODISEA, de Homero y un bello ensayo de Karl Krispin:
APOSTILLAS IMPOSIBLES A LA ODISEA, publicado en Zenda, pienso de nuevo en lo
vigoroso que es este sentimiento en nosotros los humanos y, posiblemente, en
todo el reino animal. Recordemos las películas de Tarzán que veíamos de niños,
en las cuales aparecía frecuentemente una larga hilera de elefantes que se
dirigían al sitio donde descansarían para siempre. O la larga travesía de
regreso a su sitio de nacimiento del salmón, el sitio que saben seguro para
cumplir con su deber de perpetuar la especie.
Son múltiples las versiones de ese deseo de regreso a lo que es, a fin
de cuentas, el vientre materno, donde no puede ocurrirnos nada malo.
En mi caso esta idea del regreso ha sido siempre muy fuerte y hoy
tiene dos versiones: una amable, siempre dulce, de anhelo de regreso al pueblo
donde fui totalmente feliz, Los Teques, década de 1940 y otra que es
angustiosa, una pesadilla recurrente que he comenzado a experimentar durante
los años recientes de mi vejez. En esta segunda versión, sueño que estoy
tratando de regresar a mi hogar, a mis seres queridos, y no puedo hacerlo por
las muchas desventuras que se atraviesan en mi camino, desventuras a veces
grotescas, propias de los sueños.
Ambas versiones son vigorosas,
una siempre bienvenida y frecuentemente solicitada por mí al gran archivo de la
memoria, mientras que la otra surge sin mi permiso, horrible y temida, en los
momentos que anteceden al sueño.
Sobre la primera versión de mi regreso he escrito mucho en mi blog,
quizás hasta cansar a mis lectores. Recreo Los Teques 1940, el pueblo que fue
mi Shangri La (James Hilton), mi Balihai (James Michener), mi Utopía (Tomas
Moro), mi Lurulu (Jack Vance), Mi Altamira (Rómulo Gallegos). Mi anhelo es
reencontrarme con esa Los Teques que en mi imaginación sigue existiendo
eternamente, en algún pequeño desvío del universo, donde el tiempo está
congelado y es una ilusión que solo depende desde donde estemos mirando la
escena (En teoría, si nos colocáramos en un sitio distante, digamos, 10 años
luz de la Tierra, veríamos suceder en la Tierra lo que sucedió hace diez años).
O, hasta más sencillo, podríamos viajar en el tiempo, montados en el aparato que
imaginó H.G Wells.
Sobre mi pesadilla recurrente nunca he escrito nada. Esta es la
primera vez que la menciono porque mis lecturas me han llevado a pensar que
este anhelo de regreso parece estar grabado en nuestro código genético, es algo
que compartimos con nuestros semejantes.
Quizás debido a mi edad avanzada y a la sensación de estar cerca del
fin de mi existencia estoy experimentando una pesadilla, afortunadamente no
cada noche, pero si con frecuencia, sobre mis intentos de regresar al hogar,
sin poder lograrlo por motivos absurdos, como sacados de un cuento de horror de
H. P. Lovecarft o de Stephen King.
A veces, al despertar, la recuerdo casi al detalle, otras veces solo
me queda al despertar la sensación residual de angustia combinada con el alivio
de constatar que todo era un sueño.
Una de las versiones más frecuentes de la pesadilla me coloca en un
país adonde he viajado, que presumo es Venezuela, una Venezuela arruinada y
distopica. Me veo caminando por una calle polvorienta, tratando de identificar
algún sitio conocido o de encontrar a a alguien que me pueda orientar. Sin
reconocer los sitios explícitamente, siento que estoy en Caracas, o en el
aeropuerto de Maiquetía o en algún pueblo de Venezuela. En donde estoy, solo se aceptan dólares para
cualquier transacción, porque la moneda local esta tan devaluada que cualquier
cosa vale más de lo que nadie puede cargar en el bolsillo. Pero en mi pesadilla
siempre estoy sin dinero, siempre he olvidado traerlo conmigo en mi viaje. Por
lo tanto, no puedo tomar un taxi para ir donde quiero. Los pocos taxis que
pasan a mi lado están llenos y, si uno se detuviese, no tendría con que
pagarle. Deseo regresar a casa de mis padres, la mas de las veces, o de mi
esposa, otras veces (todos fallecidos). Las casas son las que recuerdo de mi
vida real. Al no poder llegar a ellos trato de llamarlos, pero, o no recuerdo
sus números, o mi celular no funciona bien o yo no sé cómo manejarlo para hacer
una llamada. Camino buscando ayuda y cada vez que encuentro a alguien, obtengo
una información diferente. En esa búsqueda incesante de una manera de llegar a
mi casa transcurre la pesadilla hasta que, supongo yo, la angustia me obliga a
despertar.
En ocasiones camino de noche, por vías desiertas, esperando ver surgir
de algún matorral, en cualquier momento, a algunos asaltantes de caminos. Otras
veces llego a una casita donde el habitante me dice que estoy muy cerca de
lograr ayuda, lo cual resulta ser incierto. Una que otra vez encuentro a
alguien que me puede llevar al hogar al cual trato de regresar, pero el auto no
tiene gasolina. Otras veces voy a volar hacia el sitio, pero siempre llego
tarde y pierdo el vuelo el vuelo o, si llego a tiempo, he dejado olvidado el
pasaporte. En fin, por múltiples razones, mi regreso al hogar se frustra en el
sueño, en la pesadilla.
Esta pesadilla ya me ha acompañado por algunos años, quizás
coincidiendo con los seis años de la muerte de mi esposa Marianela. No sé si
tiene algún significado psicológico pues en materia freudiana soy un neófito.
Es posible que sea un deseo, a mi edad, de reunirme con mis seres queridos ya
fallecidos, pero yo no tengo fe religiosa, no creo en que habrá tal reunión. Es
posible que sea la manera como yo expreso mi anhelo de regreso al vientre
materno, a la felicidad y tranquilidad de épocas pasadas, en las cuales el
hogar de los padres nos proporcionaba la sensación de estar cubiertos por un
gran manto protector. En todo caso, ambas versiones de este anhelo de regreso
se han convertido en compañeros inseparables en esta etapa de mi vida.
En la literatura es posible reconocer múltiples variantes de este
sentimiento. En EL MAGO DE OZ es una lección sobre la felicidad, la cual no hay
que buscar muy lejos de la casa, en tierras extrañas, ya que los mejores amigos
siempre han estado en el vecindario. En JOSE EL PROVEEDOR de Thomas Mann es la
reconciliación y regreso de José al seno de la familia. En EL RETORNO DEL
NATIVO de Thomas Hardy, es el regreso a la sencilla y pulcra vida rural. En el
substrato de PEDRO PARAMO Y DE CIEN ANOS DE SOLEDAD puede encontrarse, casi en
cada página, la añoranza por las raíces. Ambas son novelas tienen como
protagonista la nostalgia. En LAS LLAVES DEL REINO, de A.J. Cronin, es volver a
la vida sencilla y amable de la aldea, después de toda una vida de callado heroísmo
rara vez reconocido.
Es hasta posible que en este anhelo de regreso a las raíces haya un
deseo en algún estrato más profundo de nuestra subconciencia de comenzar de
nuevo, de dar una nueva vuelta en el tiovivo de nuestras vidas. Después de
todo, una vida feliz es el mejor tónico para despertar en nosotros el apetito
por hacerlo de nuevo. Quizás a eso se refería T.S. Eliot cuando no decía en uno
de sus poemas:
"No cesaremos de explorar /y el final de nuestra exploración
será/ llegar al lugar de donde partimos/ y conocer el lugar por primera
vez”.
https://www.youtube.com/watch?v=cVHVJVLbWsw&list=RDcVHVJVLbWsw&start_radio=1
Apartando la obra para guitarra de Antonio Lauro, no hay otra más bella en
Venezuela que la de Rodrigo Riera. Esta canción dedicada a Carora es simplemente exquisita y regresa a mi memoria una y otra vez. Esta versión interpretada por Iroslava Ihnatenko es muy hermosa, llena de dulzura.
https://www.youtube.com/watch?v=ZnqVKfaXOgc&list=RDcVHVJVLbWsw&index=16
Esta es la Carora, de Lauro.
https://www.prosperityindex.com/rankings
https://www.prosperityindex.com/downloads/Prosperity_Index_Summary_Report_2026.pdf
El informe LEGATUM para 2026 trae el ranking de los países más
prósperos de la Tierra. Los diez primeros lugares son para: Suiza, Noruega,
Irlanda, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suecia, Alemania, Australia y Holanda.
Los Estados Unidos ocupa el lugar 17 en el ranking, por debajo de Austria,
Japón o Canadá.
En América Latina los países más prósperos son Uruguay (33), Costa
Rica (34), Chile (39), y Panamá (44). Por cierto, ninguno de los cuatro tiene
petróleo, Chile apenas una pequeña cantidad, los otros cero.
¿Y Venezuela? Ocupa el lugar 148, el penúltimo lugar del planeta, solo
superado en pobreza por Haití. Con las reservas petroleras, cacarean los
chavistas, más grandes del mundo.
Gracias, Chávez, gracias
Maduro, gracias, Delcy, gracias fuerzas armadas traidoras y demás miembros de
la macabra pandilla “revolucionaria” que todavía camina impune por Venezuela.
Esta es la gentuza que aun maneja al país, gracias a la alianza contra natura
con Donald Trump.
CUMPLIENDO 93
Pasado mañana, 23 de agosto, estaré cumpliendo 93 años. ¿Dónde he pasado estos años?
SITIO
años
Los Teques
16
Nueva York y Tulsa, Oklahoma
4
Maracaibo y en exploración geológica 5
La Haya, Holanda
1
Lagunillas, Zulia
2
Balikpapan, Indonesia 2
Maracaibo
3
Oklahoma y Luisiana
2
Caracas 12
Cambridge, Harvard
2
Washington DC
6
Caracas/ Guayana/Barrera, Carabobo 13
Isla Margarita
2
Washington DC 23
VAN…
93
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