viernes, 21 de agosto de 2026

DIARIO DE VIERNES

 DIARIO DE VIERNES

 


                        LA UTOPIA REALIZABLE

              Nelson Mandela: Ningun pais puede desarrollarse sin educacion ciudadana

Para Rodolfo Izaguirre, un gran campeón de esta idea

Hace casi 40 años comencé a escribir sobre la necesidad que tenía Venezuela de colocar la educación en valores en el primer nivel de prioridades nacionales, si queríamos salir alguna vez del atraso como nación. Condensaba el mensaje así:

No importa cuanta riqueza material tenga Venezuela nunca podrá salir del atraso y la mediocridad si no logra transformar el gentío por una masa crítica de buenos ciudadanos activos.

Hacer esto es no solo posible sino indispensable.  Hay países donde ello existe, gracias a un proceso educativo ejemplar que fue llamado la Utopía Necesaria por Jacques Delors, en su informe de 1996 a la UNESCO.

En 1990, con la cooperación de varios amigos, fundé en Caracas una organización no gubernamental llamada PRO-CALIDAD DE VIDA. Uno de los proyectos que desarrollamos fue de Educación en Valores en las escuelas públicas venezolanas, el cual estuvo activo por unos seis años. Debido a nuestro pequeño tamaño fue un esfuerzo modesto, para niños de primaria en escuelas públicas de Chacao y otras localidades venezolanas. Unos 15000 niños recibieron este programa, dado por un grupo de unos 80 tutores voluntarios entrenados por nosotros, estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello y de la UCV. Los coordinadores de este programa fueron Antonio Donado y Melida Colmenares, con participación de un grupo que incluyó a Carmen de Navarro, Milagros Pérez y Margarita de Yanez, entre otras educadoras.   

Este programa terminó de manera un tanto abrupta al llegar Hugo Chávez al poder y prohibir nuestra actividad en las escuelas públicas que eran el centro de nuestra atención. Esa llegada de Chávez terminó, en realidad, con nuestra organización, cuando yo, presidente de organización, debí ausentarme del país. En base a esta experiencia escribí un libro:  FABRICA DE CIUDADANOS, amazon books, 2023

Este modesto programa demostró que los niños absorbían como esponjas el material relacionado con valores. Al ir a sus casas lo comentaban con los padres o, como suele suceder en Venezuela, con la madre, ya que el padre es el gran ausente del hogar venezolano. Ellas vinieron a decirnos que sus hijos les hablaban de lo que aprendían en la escuela en materia de valores y que ellas deseaban participar en una actividad similar.

Esto fue una sorpresa agradable para nosotros, al darnos cuenta de que los adultos también eran potenciales clientes de nuestro programa.

A pesar de este limitado, pero emocionante éxito la arena movediza se cerró sobre el programa y sus efectos, al cesar nuestra actividad con la llegada del chavismo. Mucho del esfuerzo se perdió, ya que esta debe ser una actividad permanente, perseverante en el tiempo, día tras día, mes tras mes, año tras año, porque educar es, en cierta forma, como darle insulina a un diabético. Mientras se le da, el diabético deja de serlo, pero al cesar la insulina la diabetes amenaza con reaparecer.   

Y esa necesidad de perseverancia es una de las razones por las cuales Venezuela no ha tenido nunca un programa exitoso de educación en valores. Ha tenido programas como el llamado Moral y Cívica, el cual ocupaba una posición subordinada en el pensum, era una asignatura vista como la prima pobre de la familia. Durante este siglo el programa ha esencialmente desaparecido o remplazado por adoctrinamiento ideológico por el oscurantismo chavista madurista.

Sin embargo, la idea sigue viviendo en muchos de nosotros. Entre los destacados venezolanos quienes han mostrado interés especial por el programa de Fábrica de Ciudadanos se encuentra Rodolfo Izaguirre, quien mantiene una admirable actividad intelectual de vigoroso contenido didáctico desde las páginas dominicales de El Nacional. En reciente artículo da maravilloso apoyo a nuestro programa para crear ciudadanos, ver: El Nacional, agosto 16, 2026

                                                 NO SABER QUE ES APELLIDO

Dice Rodolfo:

Tenemos mucho trabajo por delante: dar nueva vida a la economía, al propio país; fortalecer la cultura, qué hacer con el pundonor militar. Con empeño y dedicación podemos enderezar las instituciones, salvar a los ministerios de la voracidad de sus depredadores y devolverle a la justicia los nombres de sus verdaderos magistrados. Es cosa de un par de años, pero extraer de los escombros el honor y la dignidad allí sepultados es tarea de años. Pero se facilitaría si todos ponemos en práctica el difícil, aunque factible proyecto de Gustavo Coronel, de fabricar ciudadanos y reinventar la educación.

¡El país necesita que lo acariciemos, que le digamos cuán bello es!

A primera vista, el proyecto Coronel parece algo ilusorio, una nueva utopía, el capricho de un venezolano irrepetible que desde hace años vive en los Estados Unidos, pero piensa permanentemente en nosotros. Parece ilusorio porque es necesario crear nuevas escuelas, resucitar las que permanecen exánimes, formar maestros y profesores y modernizar al Ministerio de Educación, pero siento que es un propósito enaltecedor que no se logra durante la brevedad de un mandato gubernamental, sino en sucesivos gobiernos que deben aceptar, tolerar y proseguir sus respectivas realizaciones y continuar lo emprendido por la fábrica de ciudadanos que propone Gustavo Coronel.

Rodolfo Izaguirre dice la verdad, que el proyecto de fabricar ciudadanos es difícil, parece ilusorio, es una nueva utopía. Pero la buena noticia es que es una utopía realizable, como podemos constatar en países como Finlandia, Japón, Singapur, Canadá y Holanda, entre otros. Cuando hablamos de una utopía realizable, agregaríamos, nos referimos a una máxima aproximación a lo ideal, lo que en las matemáticas se denomina una aproximación asintótica. Lo que puede y debe existir en Venezuela es un programa lo más perfecto posible de educación en valores, el cual sea una política de estado, una tarea aún más “básica y estratégica” que la del petróleo o el oro o el turismo.

Eso sí, tal tarea toma tiempo y ello es lo que la hace particularmente difícil, pues deberá vencer la tendencia natural del liderazgo político de acometer solo lo que puede rendir frutos en el término de sus mandatos. La visión de largo plazo es una de las características fundamentales del verdadero liderazgo y de la verdadera grandeza. Necesitamos en Venezuela lideres de la amplia visión de un Atatürk, Betancourt, un Jean Monet, un Adenauer, una Angela Merkel, un Churchill para la paz, como lo fue el Churchill para la guerra.  

Sin negar las dificultades a nivel de las políticas públicas reiteramos que llevar tal programa a cabo es una tarea indispensable para lograr que Venezuela pueda llegar a ser lo que prometía ser, antes de tomar los macabros atajos. Y, es una tarea perfectamente posible en base a lo que ya se conoce ha sido su exitosa implantación en otros países. No será necesario redescubrir la rueda.

EL ANHELO DE REGRESAR


                                                         UN TEMA ETERNO

Hace muchos años leí HORIZONTES PERDIDOS, la novela de James Hilton escrita en 1933, el año de mi nacimiento. Esta novela ha sido considerada como una versión de la Utopía (del griego: lugar que no existe), ese sitio mágico donde seriamos felices, si pudiéramos encontrarlo, paraíso terrenal donde estaríamos rodeados de paz, compasión y sensación de seguridad. El anhelo por encontrar (o reencontrar) este sitio es un tema recurrente en todas las culturas e idiomas. Es una forma sublime de anhelo por regresar al hogar, el deseo ferviente de sentirnos seguros, rodeados de la gente que amamos.

En mi caso particular este sentimiento está muy conectado con las memorias de mi niñez y del pueblo donde transcurrieron esos años, llenos de felicidad. Al anhelo se une la nostalgia, esa palabra que es bella en todos los idiomas (por ejemplo, Saudade, en portugués). 

Releyendo LA ODISEA, de Homero y un bello ensayo de Karl Krispin: APOSTILLAS IMPOSIBLES A LA ODISEA, publicado en Zenda, pienso de nuevo en lo vigoroso que es este sentimiento en nosotros los humanos y, posiblemente, en todo el reino animal. Recordemos las películas de Tarzán que veíamos de niños, en las cuales aparecía frecuentemente una larga hilera de elefantes que se dirigían al sitio donde descansarían para siempre. O la larga travesía de regreso a su sitio de nacimiento del salmón, el sitio que saben seguro para cumplir con su deber de perpetuar la especie.

Son múltiples las versiones de ese deseo de regreso a lo que es, a fin de cuentas, el vientre materno, donde no puede ocurrirnos nada malo.

En mi caso esta idea del regreso ha sido siempre muy fuerte y hoy tiene dos versiones: una amable, siempre dulce, de anhelo de regreso al pueblo donde fui totalmente feliz, Los Teques, década de 1940 y otra que es angustiosa, una pesadilla recurrente que he comenzado a experimentar durante los años recientes de mi vejez. En esta segunda versión, sueño que estoy tratando de regresar a mi hogar, a mis seres queridos, y no puedo hacerlo por las muchas desventuras que se atraviesan en mi camino, desventuras a veces grotescas, propias de los sueños.

 Ambas versiones son vigorosas, una siempre bienvenida y frecuentemente solicitada por mí al gran archivo de la memoria, mientras que la otra surge sin mi permiso, horrible y temida, en los momentos que anteceden al sueño.

Sobre la primera versión de mi regreso he escrito mucho en mi blog, quizás hasta cansar a mis lectores. Recreo Los Teques 1940, el pueblo que fue mi Shangri La (James Hilton), mi Balihai (James Michener), mi Utopía (Tomas Moro), mi Lurulu (Jack Vance), Mi Altamira (Rómulo Gallegos). Mi anhelo es reencontrarme con esa Los Teques que en mi imaginación sigue existiendo eternamente, en algún pequeño desvío del universo, donde el tiempo está congelado y es una ilusión que solo depende desde donde estemos mirando la escena (En teoría, si nos colocáramos en un sitio distante, digamos, 10 años luz de la Tierra, veríamos suceder en la Tierra lo que sucedió hace diez años). O, hasta más sencillo, podríamos viajar en el tiempo, montados en el aparato que imaginó H.G Wells.    

Sobre mi pesadilla recurrente nunca he escrito nada. Esta es la primera vez que la menciono porque mis lecturas me han llevado a pensar que este anhelo de regreso parece estar grabado en nuestro código genético, es algo que compartimos con nuestros semejantes.

Quizás debido a mi edad avanzada y a la sensación de estar cerca del fin de mi existencia estoy experimentando una pesadilla, afortunadamente no cada noche, pero si con frecuencia, sobre mis intentos de regresar al hogar, sin poder lograrlo por motivos absurdos, como sacados de un cuento de horror de H. P. Lovecarft o de Stephen King.

A veces, al despertar, la recuerdo casi al detalle, otras veces solo me queda al despertar la sensación residual de angustia combinada con el alivio de constatar que todo era un sueño.

Una de las versiones más frecuentes de la pesadilla me coloca en un país adonde he viajado, que presumo es Venezuela, una Venezuela arruinada y distopica. Me veo caminando por una calle polvorienta, tratando de identificar algún sitio conocido o de encontrar a a alguien que me pueda orientar. Sin reconocer los sitios explícitamente, siento que estoy en Caracas, o en el aeropuerto de Maiquetía o en algún pueblo de Venezuela.  En donde estoy, solo se aceptan dólares para cualquier transacción, porque la moneda local esta tan devaluada que cualquier cosa vale más de lo que nadie puede cargar en el bolsillo. Pero en mi pesadilla siempre estoy sin dinero, siempre he olvidado traerlo conmigo en mi viaje. Por lo tanto, no puedo tomar un taxi para ir donde quiero. Los pocos taxis que pasan a mi lado están llenos y, si uno se detuviese, no tendría con que pagarle. Deseo regresar a casa de mis padres, la mas de las veces, o de mi esposa, otras veces (todos fallecidos). Las casas son las que recuerdo de mi vida real. Al no poder llegar a ellos trato de llamarlos, pero, o no recuerdo sus números, o mi celular no funciona bien o yo no sé cómo manejarlo para hacer una llamada. Camino buscando ayuda y cada vez que encuentro a alguien, obtengo una información diferente. En esa búsqueda incesante de una manera de llegar a mi casa transcurre la pesadilla hasta que, supongo yo, la angustia me obliga a despertar.

En ocasiones camino de noche, por vías desiertas, esperando ver surgir de algún matorral, en cualquier momento, a algunos asaltantes de caminos. Otras veces llego a una casita donde el habitante me dice que estoy muy cerca de lograr ayuda, lo cual resulta ser incierto. Una que otra vez encuentro a alguien que me puede llevar al hogar al cual trato de regresar, pero el auto no tiene gasolina. Otras veces voy a volar hacia el sitio, pero siempre llego tarde y pierdo el vuelo el vuelo o, si llego a tiempo, he dejado olvidado el pasaporte. En fin, por múltiples razones, mi regreso al hogar se frustra en el sueño, en la pesadilla.

Esta pesadilla ya me ha acompañado por algunos años, quizás coincidiendo con los seis años de la muerte de mi esposa Marianela. No sé si tiene algún significado psicológico pues en materia freudiana soy un neófito. Es posible que sea un deseo, a mi edad, de reunirme con mis seres queridos ya fallecidos, pero yo no tengo fe religiosa, no creo en que habrá tal reunión. Es posible que sea la manera como yo expreso mi anhelo de regreso al vientre materno, a la felicidad y tranquilidad de épocas pasadas, en las cuales el hogar de los padres nos proporcionaba la sensación de estar cubiertos por un gran manto protector. En todo caso, ambas versiones de este anhelo de regreso se han convertido en compañeros inseparables en esta etapa de mi vida.

En la literatura es posible reconocer múltiples variantes de este sentimiento. En EL MAGO DE OZ es una lección sobre la felicidad, la cual no hay que buscar muy lejos de la casa, en tierras extrañas, ya que los mejores amigos siempre han estado en el vecindario. En JOSE EL PROVEEDOR de Thomas Mann es la reconciliación y regreso de José al seno de la familia. En EL RETORNO DEL NATIVO de Thomas Hardy, es el regreso a la sencilla y pulcra vida rural. En el substrato de PEDRO PARAMO Y DE CIEN ANOS DE SOLEDAD puede encontrarse, casi en cada página, la añoranza por las raíces. Ambas son novelas tienen como protagonista la nostalgia. En LAS LLAVES DEL REINO, de A.J. Cronin, es volver a la vida sencilla y amable de la aldea, después de toda una vida de callado heroísmo rara vez reconocido.

Es hasta posible que en este anhelo de regreso a las raíces haya un deseo en algún estrato más profundo de nuestra subconciencia de comenzar de nuevo, de dar una nueva vuelta en el tiovivo de nuestras vidas. Después de todo, una vida feliz es el mejor tónico para despertar en nosotros el apetito por hacerlo de nuevo. Quizás a eso se refería T.S. Eliot cuando no decía en uno de sus poemas:

"No cesaremos de explorar /y el final de nuestra exploración será/ llegar al lugar de donde partimos/ y conocer el lugar por primera vez”. 

 CANCION CAROREÑA, DE RODRIGO RIERA



https://www.youtube.com/watch?v=cVHVJVLbWsw&list=RDcVHVJVLbWsw&start_radio=1

Apartando la obra para guitarra de Antonio Lauro, no hay otra más bella en Venezuela que la de Rodrigo Riera. Esta canción dedicada a Carora es simplemente exquisita y regresa a mi memoria una y otra vez. Esta versión interpretada por Iroslava Ihnatenko es muy hermosa, llena de dulzura.

 CARORA, DE ANTONIO LAURO



https://www.youtube.com/watch?v=ZnqVKfaXOgc&list=RDcVHVJVLbWsw&index=16

Esta es la Carora, de Lauro.

 LOS PAISES MAS (Y MENOS) PROSPEROS DE LA TIERRA, INFORME LEGATUM

 

https://www.prosperityindex.com/rankings  

https://www.prosperityindex.com/downloads/Prosperity_Index_Summary_Report_2026.pdf

El informe LEGATUM para 2026 trae el ranking de los países más prósperos de la Tierra. Los diez primeros lugares son para: Suiza, Noruega, Irlanda, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suecia, Alemania, Australia y Holanda. Los Estados Unidos ocupa el lugar 17 en el ranking, por debajo de Austria, Japón o Canadá.

En América Latina los países más prósperos son Uruguay (33), Costa Rica (34), Chile (39), y Panamá (44). Por cierto, ninguno de los cuatro tiene petróleo, Chile apenas una pequeña cantidad, los otros cero.  

¿Y Venezuela? Ocupa el lugar 148, el penúltimo lugar del planeta, solo superado en pobreza por Haití. Con las reservas petroleras, cacarean los chavistas, más grandes del mundo.

 Gracias, Chávez, gracias Maduro, gracias, Delcy, gracias fuerzas armadas traidoras y demás miembros de la macabra pandilla “revolucionaria” que todavía camina impune por Venezuela. Esta es la gentuza que aun maneja al país, gracias a la alianza contra natura con Donald Trump.

CUMPLIENDO 93


Pasado mañana, 23 de agosto, estaré cumpliendo 93 años. ¿Dónde he pasado estos años?

SITIO                                                                                   años

Los Teques                                                                               16

Nueva York y Tulsa, Oklahoma                                                 4

Maracaibo y en exploración geológica                                       5

La Haya, Holanda                                                                       1

Lagunillas, Zulia                                                                         2

Balikpapan, Indonesia                                                                 2

Maracaibo                                                                                    3

Oklahoma y Luisiana                                                                  2

Caracas                                                                                       12

Cambridge, Harvard                                                                   2

Washington DC                                                                           6

Caracas/ Guayana/Barrera, Carabobo                                        13

Isla Margarita                                                                               2

Washington DC                                                                           23

 

                                                                  VAN…                          93    

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