domingo, 3 de agosto de 2014

Venezuela: un siglo de petróleo y sigue empantanada

                                                              Una Reflexión Dominical

Las cifras estimadas por el acucioso analista de la energía, Nelson Hernández, muestran que desde 1914, año en el cual comenzó la etapa comercial de la explotación petrolera hasta el día de hoy, Venezuela ha producido unos 68.000 millones de barriles de este recurso y  ha recibido una suma de ingresos petroleros directos del órden de los $1,2 millones de millones. Este ingreso ha sido asimétrico en el tiempo: desde 1914 hasta 1957, unos $20.000 millones; desde 1958 hasta 1998 unos $345.000 millones y desde 1999 hasta la fecha, unos $806.000 millones. Ver artículo de Hernández: http://www.soberania.org/2014/06/27/100-anos-de-la-industria-petrolera-venezolana/ .

Ello significa, agrega el analista, que en los últimos 15 años Venezuela ha recibido el 70 por ciento de todo su ingreso petroleo. En otras palabras, desde Juan Vicente Gómez hasta Rafaél Caldera (II) los gobiernos venezolanos recibieron un 30 por ciento de los ingresos petroleros mientras que los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro han recibido el 70 por ciento de esos ingresos en apenas 15 años.  

Cuando uno compara la Venezuela no-chavista, 1914-1998, con la Venezuela chavista, 1999-2014,  y toma en cuenta esta pronunciada asimetría de ingresos, no es posible llegar a otra conclusión que estos 15 años han representado un monumental fracaso nacional. Si alguien pudiera decir sin sonrojarse que ahora la gente está mejor educada, mejor alimentada, mejor atendida en los hospitales, se siente más segura y que la infraestructura física de la nación ha sido remozada y fortalecida, tendríamos que aceptar, aun sin estar de acuerdo con la ideología perversa del régimen,  que Venezuela es hoy un mejor país.

Pero ese no es el caso. Ya toda la comunidad internacional ve a Venezuela como un caso extremo de despilfarro y desacierto en el manejo de la hacienda nacional y se espanta abiertamente de la inmensa brecha que existe entre las bsurdas pretensiones hegemónicas del régimen y la caótica realidad venezolana.  Venezuela ha entrado en una pendiente de degradación social, económica y política que posiblemente solo encuentra paralelo con lo ocurrido en Corea del Norte o Zimbabue. Junto  la degradación social hemos asistido a un proceso de degradción moral y espiritual, de deterioro de nuestra  calidad humana que nos aterra a quienes no hemos sido embrutecidos por la diarrea de dinero y propaganda que han sido características de los últimos 15 años.

Decimos esto porque pareciera que todavía hay una oposición que piensa que este régimen es legítimo, tanto de origen como de comportamiento y que la estrategia a seguir debe ser una de jugar con guantes blancos, co-existir pacificmente con el gobierno y tener paciencia para ir a elecciones bajo la supervisión del Consejo Nacional Electoral y la  “protección” de las Fuerzas Armadas, instituciones que, todos sabemos, están podridas hasta el tuétano.  Para esta oposición lo que hemos tenido durante los últimos 15 años ha sido, simplemente, un mal gobierno, al cual hay que combatir dentro de las reglas civilizadas del torneo político que existe, por ejemplo, en los países nórdicos, Chile o Costa Rica. Esta convicción existe, especialmente, en el seno de la Mesa de Unidad Democrática, MUD  y, las acciones que esa convicción han generado, han conducido a la actual crisis de esta organización. Las estrategias de la MUD  más criticadas por los Venezolanos tienen que ver con el diálogo al cual accedieron y con la posición desconsiderada que han tomado algunos de sus representantes con quienes, en la oposición, han tomado otro camino.  
No se trata de catalogar a los líderes de la MUD como traidores. Se trata de discrepar de sus estrategias. En esa organización hay gente de todo nuestro aprecio, merecedor de respeto. Algunos de sus miembros no la prestigian, como ha sido el caso de Ramón José Medina, pero es indudable que, en el balance,  ha obtenido logros importantes.
Lo que si creemos es que la estrategia de la oposición venezolana debe responder a la naturaleza perversa y criminal del régimen. Este no es solo un mal gobierno sino el culpable de un monumental desastre nacional,  sin precedentes en nuestra historia, con la posible excepción de la Guerra Federal. La tragedia no ha sido solo de políticas públicas desacertadas, auqnue de eso hay bastante,  sino de toda  una  filosofía perversa sobre que hacer con Venezuela y con los venezolanos, una filosofía de la degradación, del pillaje y de la desverguenza. 

Sin embargo, un líder de la MUD, Roberto Enriquez, dice hoy lo siguiente (El Universal, Domingo 3 de Agosto):
“  Así como le escribimos a Diosdado, nos retratamos con María Corina. Rescatar la unidad es rescatar el pacto social de garantías y derechos establecido en la Constitución. Han satanizado a Diosdado y lo que él representa, cuando todos ellos van a ser necesarios para garantizar la gobernabilidad de la unidad nacional….”.


Esto, en mi opinión,  es confundirse en el pantano con los saurios del régimen. Después de un tiempo en el chapoteo los saurios y los opositores se llegan a parecer.  

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un pueblo cuyo arrodillamiento total a los cubanos es un pueblo que perdio totalmente la brujula. Un plan orquestado por Castro en 1991 y que lamentablemente Ochoa Antich y Santeliz apoyaron.

George Frederick Thomson dijo...

Si el regimen sea legitimo o no?

Y si se robaron otras elecciones, es obvio!

Controlaron lentamente todo hasta el CNE...!

Como tales ladrones pueden haber hecho lo que hicieron!?

Porque' los que estaban les dio mala conciencia por males y robos risorios, comparado a los chavistas!

Se dejaron ganar! Y cada momento se pierde la posibilidad de algun regreso!