domingo, 24 de abril de 2016

CRÓNICA DE VIAJE, PARTE III

BESALÚ
                                        Cuatro Cataluña en cuatro días
En cuatro días hemos  visitado cuatro Cataluña: la medieval, la románica, la rural y la moderna.
La medieval, Besalú
En Barcelona tomamos un autobús muy cómodo hacia el pueblo de Besalú, situado a unos 100 kilómetros al noroeste de Barcelona. Nos atrajo su descripción como un pueblo amurallado, aún de naturaleza medieval, como si fuera un Mamut congelado en excelente estado de preservación. El bus nos llevó por la excelente autopista, la AP7, que va hacia el norte, a Girona, Andorra y Francia. Nos salimos de la autopista hacia Banyoles, una pequeña ciudad o un pueblo grande, y continuamos hacia Besalú. El bus nos deja en la calle que bordea el pueblo y caminamos con nuestras maletas por las calles empedradas, hasta la Calle Canganell,  hacia el pequeño hotel 3 Arcs (65 euros, desayuno incluido). Besalú parece haberse detenido en los siglos XII y XIV. Es un pueblo de piedra y murallas, calles estrechas en las cuales es fácil perderse. Salimos del hotel y cruzamos a la derecha, en dirección opuesta de donde hemos venido. A una cuadra encontramos con la Plaza Mayor, frente a la cual está la Iglesia de San Pere, la cual data del año 933. Intentamos entrar sin éxito. Solo puede ser vista con una visita guiada, la cual comienza en el centro de Información Turística. Vamos para allá y encontramos que el tour guiado solo arranca con un mínimo de ocho personas, como un por puesto. Logramos unirnos a dos otras personas pero no logramos quorum. Nos regresamos a la parte central del pueblo por un soberbio puente, con una puerta de hierro que se cerraba para impedir la entrada de invasores. A la izquierda de ese puente se encuentran los restos de la judería del pueblo, los cuales están siendo reconstruidos, en especial los llamados baños de purificación, los Miqvé. Más arriba, por torcidas calles que parecen más bien puestos de resistencia para una soldadesca que ya no existe, encontramos otra iglesia, la iglesia de San Vicente, la cual data del año 1340, y tampoco está abierta. Introduciendo un euro en una ranura se prenden las luces interiores de la iglesia y uno puede verla desde la puerta. Tendremos que irnos de Besalú sin entrar a sus dos maravillosas iglesias. En el pueblo nos dicen que abrirlas solo de manera esporádica (dos horas a la semana)  es la mejor manera de preservarlas. El método nos suena un tanto drástico.
Caminamos el pueblo en poco tiempo y luego lo volvemos a caminar, admirando cada pared, algunas con inscripciones ya ilegibles por la acción del tiempo. Cada portal, cada arco habla de un medioevo lleno de peligros, plagas y fervor religioso.
Besalú es la joya que se nos ha descrito y más. Tiene pocas tiendas y locales comerciales, pero nos encontramos con un restaurante de grandes ligas, la Curía Reial. Este es un bello sitio, con una terraza que tiene una maravillosa vista hacia el río, sus sembradíos y el omnipresente puente de Besalú, con su puerta de entrada. Llegamos a almorzar. El menú del día tiene un precio de 18 euros e incluye entrada, plato principal, postre y una botella de vino! Y lo que es mejor, todo delicioso. Elijo una ensalada muy fresca, con salsa de mostaza; una merluza con papas en salsa dulce, una torta de manzana. Marianela selecciona una sopa, un estofado de ternera y una crema catalana.  Nos tomamos una botella del tinto de la casa, excelente. Una verdadera ganga con una bella vista de ñapa. Es tan bueno el restaurante que regresamos al día siguiente, para el almuerzo, antes de retornar a Barcelona, esta vez con menos buen resultado. Hemos encontrado que cuando vamos a un sitio maravilloso, donde todo es perfecto, no debemos regresar, porque la segunda vez ya la magia inicial no existe o, al menos, ha mermado.
Salimos de Besalú en el autobús, de regreso a Barcelona, donde tomaremos el tren para el sur, hacia Cambrils, donde podremos visitar a Ali Johnston y Paola Pasquali, la hija de mi querido amigo Antonio Pasquali, quienes tienen varios años viviendo en Cambrils. Antonio les ha pedido que nos muestren la zona. El viaje de Barcelona a Cambrils es una hora y media en el tren. Cambrils, Salou y otras poblaciones de la costa catalana están unidas por una inmenso malecón, un soberbio paseo de varios kilómetros de longitud y  de una gran belleza. Es lo que pudiera haber sido un gran paseo costero desde Maiquetía hasta Naiguatá. Este paseo está adornado de palmeras y la fachada principal frente al mar llena de grandes hoteles, edificios de apartamento, restaurantes, heladerías. Es como una inmensa Caraballeda, con un aire de fiesta permanente. El gran tour de la región nos esperaba.
Tres Cataluña más
Paola y Ali nos recogieron en el hotel como a las 5 de la tarde y comenzamos nuestro periplo por la Cataluña románica, la rural y moderna.
TARRAGONA
 Comenzamos viajando hacia Tarragona, una ciudad que no figuraba en mi radar de sitios por ver. Fue la primera sorpresa. Es una bellísima ciudad, frente al mar. Nos estacionamos y caminamos por la avenida costera, donde hay gente bañándose en la playa. Luego, subimos unas largas escalinatas y llegamos a la Catedral de Santa María, una catedral visigótica, situada en el mismo sitio donde antes existió un templo romano de la época de Tiberio. Vemos la nave principal y el claustro. Salimos y admiramos las huellas romanas, las cuales están por todas partes. Un soberbio coliseo y un hipódromo casi completo pueden verse en la zona central de la ciudad. Solo falta Charlton Helston peleando la punta con Mesala. Caminamos por la ciudad y nos paramos a tomar lo típico de la zona: un vermut. Nos dan un vaso entero lleno y tengo dificultad para pararme de la silla. 
Desde Tarragona hablamos con video con Antonio, quien está en Venezuela y se alegra mucho de que estemos juntos. Hubiera sido maravilloso tenerlo a él a nuestro lado. Antonio tiene unos 85 años y anda en moto!
A la mañana siguiente vamos hacia Espluga de Francoli, donde paramos a ver una de las Catedrales del Vino, una bodega modernista diseñada por la escuela arquitectónica catalana, la liderada por Gaudí. Nos informa Paola que esta bodega fue construida en 1913 por Pere Domenech i Roura, hijo de Lluis Domenech i Montaner y mezcla dos estilos: el modernista y el novecentista. En la tienda del sitio hay una impresionante cantidad de ofertas de aceitunas, embutidos y los más diversos vinos, rojo, blanco, cavas, todo a precios asombrosamente bajos.  Provoca salir de allí cargados de tanta cosa buena.
De esta catedral del vino seguimos nuestro camino hacia el monasterio de Poblet. 
POBLET
Esta es una bellísima e imponente estructura, fundado en 1151 por los monjes franceses en tierras recuperadas a los Moros. Allí yacen todos  los reyes de Aragón, con leones a sus pies (menos uno que yace en Granada). Llegamos sobre la hora y un bondadosos monje nos dejó entrar a la carrera. Luego, adentro, vimos con calma el claustro, el comedor original de los monjes y el salón principal de reunión, impresionante.
CALCOTADA
Era hora de almorzar y Ali y Paola nos habían planificado una almuerzo típico de la zona, en una ambiente rural, rodeados de campos sembrados de colza, de un color amarillo bellísimo. Fuimos a un restaurant ubicado en un campo, llamado Hererat Masia Poblet, un local de ladrillo y vigas de madera, con un gran hogar. Allí disfrutamos de una Calcotada. Los calcots son cebollines de tallo muy robusto, de unos 20 centímetros de largo. Son puestos a la brasa al aire libre y llevados a la mesa ennegrecidos. Uno los pela y los moja en salsa de romesco, la cual lleva tomates, aceite de oliva, ajo, ñoras (ají picante)  y almendras, entre otros ingredientes. Los calcots son de maravillosa textura, ligeramente dulces y me hubiera podido comer dos docenas. Luego vinieron los escargots, caracoles recolectados en el lugar, con salsa de alioli y las habas. Todo ello rociado con una cava de la casa que me supo a Dom Perignon. La calcotada también incluye cordero y postres varios, como un yogurt con higos que estaba delicioso.
VILLA ROMANA
De allí fuimos a visitar el mausoleo de Centelles, una espectacular villa romana que está siendo recuperada progresivamente. Esta villa romana revela la alta calidad de vida de los romanos pudientes. Tenía unos baños amplios, habitaciones espaciosas y un techo decorado con frescos de extraordinaria calidad.
REUS
De allí continuamos hacia la ciudad de Reus, un buen ejemplo de la Cataluña moderna, con unas calles llenas de tiendas y una gran plaza. Caminamos bastante por sus calles y, de repente, no pudimos más. Mis 82 ½ años se rebelaron.
Regresamos al hotel, llenos de Cataluña, de su gran diversidad geográfica, histórica y cultural.   
Al día siguiente nuestros extraordinarios guías nos llevaron a la estación del tren rápido para Madrid, la cual se encuentra equidistante de Tarragona y Reus, ciudades que compitieron por tenerla y que solo lograron que se ubicara en lo que en inglés llaman “the middle of nowhere”.

En nuestra próxima y última entrega sobre nuestro viaje hablaremos de Madrid y de la situación económica y política que encontramos en España.