martes, 13 de marzo de 2012

Henrique: que es eso de intromisión de los Estados Unidos?

En una excelente entrevista hecha a nuestro candidato por el diario  La Nación, de Buenos Aires, se coló una frase que no logro comprender y que el candidato deja en el aire, sin darnos luces. El periodista le pregunta:  -Ya pasaron casi cinco años desde que estallara el escándalo de la valija de Antonini.
Y nuestro candidato responde:
“-Ese caso cayó en el olvido, como todas las denuncias contra este gobierno, uno de los más corruptos de la historia de Venezuela.
El gobierno aprovechó la intromisión de Estados Unidos, la utilizó políticamente. Y al final no cayó ningún pez gordo”.

A que se referirá nuestro candidato con esta afirmación sobre la “intromision” de los Estados Unidos en el caso? Lo que recordamos nosotros es que Antonini huyó, o fué dejado ir, a los Estados Unidos, después de haber estado en la Casa Rosada, la casa presidencial argentina, como si  no hubiera quebrado un plato. Y, luego, al llegar a USA, fué interrogado, como ciudadano estadounidense que es, sobre los intentos de soborno para comprar su silencio que le hiciera la pandilla chavo-boliburguesa venezolana. Estos intentos fueron hechos en territorio estadounidense, por lo cual mál puede hablarse de “intromision” de ese país. Si se quiere, la única acción tomada contra estos bandidos fue, precisamente, esa tomada en los Estados Unidos, la cual desembocó en un juicio que llevó a prisión a uno o dos de los pandilleros y reveló la corrupción del chavismo y de Tobias Nobrega y su pandillita de las notas estructuradas y de la ventas con sobreprecio.
Ni Argentina, ni Venezuela, ni siquiera la oposición venezolana hizo mucho en este sentido. Por eso le decimos a nuestro candidato, una vez más: en boca cerrada no entran moscas. Ya en relación con PDVSA dijo algo que no cuadraba.
Cuidado, Henrique, que vas bien. Hay que embragar antes de cambiar la velocidad.

domingo, 11 de marzo de 2012

LA PUSIMOS

Sur América se separó de Africa

El proceso geológico que comenzó hace unos 75 millones de años con la separación de América del Sur y de Africa creó el Oceano Atlántico y provocó un avance de los mares hacia lo que es hoy tierra firme venezolana. Una rica fauna de moluscos, foraminifera (pequeños organismos) y peces de todo tipo se fueron depositando, al morir, en el lecho marino y los restos de estos animales, así como los sedimentos y restos orgánicos terrestres llevados a los mares por los ríos, fueron causando un hundimiento de esos mares y la formación de cuencas geológicas de gran magnitud, hoy llamadas Maracaibo en Occidente y Oriental en lo que es hoy Anzoategui y Monagas. Enormes volumenes de material orgánico fueron lentamente transformados en petróleos de diferentes calidades, desde los más pesados y bituminosos en la parte sur del Oriente hasta los más livianos en la parte norte del Oriente y en la Cuenca de Maracaibo. Este fue un proceso que duró unos veinte a treinta millones de años. Desde que se perforó el pozo Zumaque 1 en Mene Grande, 1914 y desde que explotó el Barroso 2 en La Rosa, 1922, la producción del petróleo Venezolano generado por esos procesos ha sido del orden de unos sesenta a setenta mil millones de barriles… y sigue tan campante. Todavía quedan muchos miles de millones de barriles en el subsuelo venezolano, especialmente al sur de la Cuenca Oriental (Faja del Orinoco), aunque el de mejor calidad ya ha sido, en gran parte, producido. Y nunca volverá.

Estos casi cien años de producción petrolera venezolana han moldeado profundamente el carácter del venezolano. Los primeros geólogos que anduvieron por el país en búsqueda de petróleo se maravillaban de la honestidad y cordialidad del venezolano común (leer el maravilloso libro “Primeros Pasos de la Venezuela Petrolera”, editado por Andrés Duarte). Decían que los venezolanos más humildes recibían fuertes sumas de dinero para ser transportadas desde Maracaibo o Caracas y que ese dinero nunca se perdió. Nadie dudará de que, hoy en día, ese dinero pudiera no llegar a su destino, a juzgar por los cinco millones de dólares requeridos por Chávez para uno de sus viajes a La Habana, los cuales desaparecieron en las escasas cuadras que van desde Miraflores al Ministerio de Hacienda.

Aunque este detalle de los cinco millones de dólares es anécdotico (es muchísimo más lo que se ha perdido!) ilustra la transformación espiritual del venezolano, debido a la conversión del país de agrícola en petroestado. En los países agrícolas o industriales los moradores se ganan el dinero con el sudor de su frente. En los petroestados, sobretodo aquellos gobernados por líderes populistas y demagogos, los moradores esperan en el chinchorro que les llegue su parte. En el petroestado no existe la producción de bienes y servicios tanto como la repartición de renta. Cuando ello se combina con la tradición monárquica, según la cual todo lo que esté en el subsuelo es propiedad de la corona o, ahora, del Estado, se comprenderá perfectamente el gravísimo problema venezolano. Este problema puede resumirse en un breve párrafo: Pusimos la cagada. Ello es así porque, desde el primer momento de nuestra conversión en petroestado el Estado se adueñó de lo que le pertenecía a la Nación. Porque dicen que “a quien parte y reparte le queda la mejor parte”. En Venezuela el Estado ha sido, en el mejor de los casos, representado por un gobierno de partidos y, en el peor de los casos, por el mando de un tiranuelo (surge uno, más o menos cada 40 años, saquen la cuenta. (Esto pudiera llamarse la Ley de Giacopini *) . Los dictadores individuales (o las dictaduras de partido) surgen porque, al deseo de poder, se le agrega el gran incentivo de ponerle la mano a lo que Lusinchi llamaba la botija. El tiranuelo que tenemos hoy en día se ha alzado con aproximadamente 1 millón de millones de dólares en catorce años. Lo que ha hecho con mucho de ese dinero es comprar conciencias y prostituír valores.

Esta situación no va a cambiar mientras no haya gente honesta en el gobierno, pero dificilmente podrá haber gente honesta en el gobierno con un sistema tan perverso de repartición petrolera carente de transparencia como el existente, en el cual quien reparte se afinca en la ignorancia del pueblo para embolsillarse la mayor tajada.

Y es que la honestidad no es genética, mis amigos (la deshonestidad tampoco!), sino es, en gran parte, el producto de la falta de tentación. Como dicen que “La ocasión hace al ladrón”, la Ley de Giacopini (un dictador cada 40 años) podría ser invalidada mediante la aplicación de la Hipótesis de Quirós-Monaldi (la riqueza petrolera debe ir directamente a todos los ciudadanos), complementada con el Corolario de Kurowski (las “resultas” petroleras no deben quedarse en los bolsillos del cacique de turno).

Mientras no le quitemos la botija al Estado la Nación seguirá sumida en el atraso.



* Ley de Giacopini. El gran Venezolano que fué José Antonio Giacopini Zárraga me decía que teníamos un dictador, más o menos, cada 40 años. Saqué la cuenta y es, más o menos, así.

sábado, 10 de marzo de 2012

Adán Chávez se confiesa marisco


Desde su cueva barinesa, Adán Chávez dice:
ND.- “No existen más de dos formas de entender la política en Venezuela…No hay posibilidad de una tercera vía. Aquí se es marisco o molusco, socialista o capitalista”.

Así, sin anestesia, el ignorante hermano mayor del enfermo niega la existencia de los países más desarrollados del planeta, en los cuales ha existido, por muchas décadas, una combinación más o menos armoniosa de capitalismo y socialismo: Noruega, Suecia, Finlandia, Holanda, Canadá, hasta la misma USA, tienen rasgos capitalistas y socialistas en su estilo de gobierno y en la relación existente entre el estado y la sociedad.

Lo que Adán hace es llamar socialismo una ideología política que enfatiza la militarización de la sociedad, el monopolio del aparato productivo por parte del Estado, la centralización férrea de la toma de decisiones y la eliminación/hostigamiento del sector privado. En lo que piensa Adán Chávez es en el comunismo, no en el socialismo. Y paradojicamente, Adán está realmente apoyando el peor de los capitalismos, es decir, el capitalismo de Estado, el cual ha sido un rasgo determinante del comunismo en la Unión Soviética y ahora en Cuba, Bielorrusia, la Venezuela de su hermano y otros similares fósiles políticos del Siglo XXI.

El socialismo de los países desarrollados arriba citados es predominantemente una filosofía que regula la relación entre el estado y la población, dándole a la población beneficios económicos y sociales que traten de garantizarle una adecuada calidad de vida: seguridad social, educación, seguros, jubilaciones, sistemas de salud y otros beneficios similares. Esta filosofía socialista co-existe pacificamente en esos países con una economía capitalista en la cual el sector privado de la economía juega un papel fundamental y donde existe la libre empresa, un acentuado nivel de impuestos y una moderada intervención del estado en los procesos productivos. En ese socialismo nórdico la seguridad social es prioritaria y funciona. No se basa en políticas de limosna, como lo que ha impuesto el enfermo en Venezuela, sino en una retribución justa por parte del Estado a los ciudadanos, en base a lo que estos ciudadanos aportan al Estado como miembros productivos de la sociedad. Cuando esa simbiosis es intensa se habla de un Estado socialista que puede perfectamente ser, y frecuentemente es, claramente capitalista en lo que se refiere a los procesos productivos.

La expresión de Adán es muy típica del chavismo, inspirada por Joselo: o somos mariscos socialistas o moluscos capitalistas. No hay alternativas.

Mi comentario es: yo seré molusco pero Adán es un marisco.

La MUD y PDVSA

Ver comunicado de la MUD sobre PDVSA aquí: http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=848548


Lo que dice la MUD sobre PDVSA es pálido frente a la realidad de esta empresa. Dice, entre otras cosas, lo siguiente:

1. La deuda de PDVSA pasó de $24,9 millardos en 2010 a $34,8 millardos en 2011.
Creo que el monto de la deuda de la empresa es mucho mayor. Aunque la MUD no especifica el origen de la deuda parece evidente que no incluye los dineros aportados por el llamado Fondo Chino al régimen de Hugo Chávez, unos $20 millardos que han sido recibidos por el régimen y están siendo pagados por PDVSA con petróleo, aunque tecnicamente la deuda no esté registrada a su nombre. De igual manera PDVSA no ha hecho una provisión realista para los 18 juicios que enfrenta en los centros internacionales de arbitraje. Se estima que unos $8 o más millardos se requerirán para satisfacer los pagos derivados de estos juicios. Tampoco parecen estar incluidos en esta cuenta los dineros adeudados a las empresas contratistas de PDVSA que furon expropiadas sin recibir pago alguno, unos $3 millardos más. Tampoco parecen estar contabilizadas las deudas que PDVSA tiene con los empleados que despidió arbitrariamente, las cuales no ha pagado, ni las sumas que han desaparecido del Fondo de Pensiones, dineros que suman otros $2-4 millardos. La suma de todos estos compromisos citados o no por la MUD representan pasivos de PDVSA en el orden de los $75 millardos y, como bien dice la MUD, las deudas siguen subiendo aceleradamente. PDVSA se ha convertido, como la PEMEX de los años 50 en Mexico, en el vehículo casi único de endeudamiento que utiliza el régimen, puesto que el gobierno carece de credibilidad para acceder a los mercados financieros internacionales.

2. La MUD apunta que, según Rafaél Ramírez, existe la pretensión de seguir endeudando a PDVSA a través de la venta de bonos en la bolsa de Hong Kong. Esto que dice la MUD no es conceptualmente correcto. No se trataría de endeudar a PDVSA sino de irla vendiendo por pedazos, de irla liquidando para satisfacer necesidades de gasto corriente o, peor, de gastos de propaganda y proselitsmo político relacionados con la campaña por la presidencia. Esto configura un crimen contra la nación y es una razón más por la cual la plana mayor de PDVSA debería ir a prisión.

3. MUD dice que , “en materia de operatividad lo que existe es una gran opacidad en la información, ya que aún no se han publicado datos de la gestión operativa de PDVSA en 2011”. Esto es cierto. Esta PDVSA s una caja negra llena de serpientes. Desde hace cuatro o más años PDVSA ha dejado de publicar resultados de su gestión y, cuando publica alguna información, casi nunca está respaldada por auditores externos. Un memorandum de Rafaél Ramírez a Hugo Chávez, colado recientemente a algunos medios de comunicación, dice textualmente: “Por haberse constituido como un fondo [el Fondo Chino] , tiene administración separada del Tesoro Nacional…el uso de estos fondos para proyectos sólo requiere la aprobación del Ejecutivo Nacional”. El muy bandido habla de $21 millardos que no están sujetos a ninguna supervisión, cuyo uso lo decide la pandilla de los cuatro: Merentes, Giordani, Ramírez y Chávez.

3. Dice la MUD que “Se propone la reestructuración de PDVSA como parte de la industria”. Creemos esta apreciación apresurada. La MUD ha debido ser más cautelosa y decir que se “evaluará a PDVSA, a fin de decidir las acciones más aconsejables”. Porque parece cada día más evidente que PDVSA no es una empresa recuperable, que el modelo ha sido pervertido y mediocrizado hasta un punto de no retorno. Una empresa politizada y desmoralizada, con más de 100.000 empleados, es una pesadilla burocrática que probablemente deba ser liquidada. Es necesario estudiar otros modelos de gestión petrolera para una  Venezuela moderna y democrática.

4. Dice la MUD: “El Estado conservará la totalidad de las acciones de PDVSA, tal como se establece en la Constitución, y se reorientará la empresa hacia el desarrollo de capacidades tecnológicas, administrativas y comerciales”. Opinamos que no es conveniente ponerse una chaqueta de fuerza en relación con las acciones de PDVSA. Por qué debe ser una empresa 100 por ciento propiedad del Estado? Que hace de este concepto un asunto “religioso, intocable”? Vamos a seguir con este mito de la propiedad estatal absoluta del recurso petrolero? Es que no hemos visto ya suficientes fracasos relacionados con este concepto en todos los países que lo mantienen como dogma? Veamos el ejemplo positivo de Petrobrás, empresa que tiene una parte de sus acciones en la bolsa de valores.

5. “Separar los cargos de Ministro y de presidente de la empresa”. Amen.

6. Separar de PDVSA todo lo que no sea especificamente medular del negocio petrolero. Amen

El resto de las observaciones hechas por la MUD son enteramente lógicas y merecen nuestro apoyo total. Es decir:
• Identificar las áreas críticas que requieren o requerirán de personal especializado. Crear incentivos para la incorporación del talento humano.
• Realizar operaciones de mantenimiento que permitan proteger yacimientos, recuperar instalaciones y maquinarias y restaurar la seguridad industrial recientemente disminuida.
• Auditar las finanzas de la empresa (incluyendo su endeudamiento externo e interno) y sus operaciones comerciales y técnicas.
• Revisar los contratos, acuerdos y convenios internacionales firmados, asegurando el riguroso cumplimiento de todas sus cláusulas, de acuerdo con la Constitución y las leyes.
• Limitar las contribuciones fiscales de PDVSA al pago de impuestos y regalías. Suspender las transferencias al FONDEN u otros fondos parafiscales administrados por el Ejecutivo.
• Revisar la situación de todos los proyectos de inversión en curso y los futuros.

Creemos que la Faja del Orinoco deberá ser objeto de una planificación muy profesional. Fuera de la Faja las empresas fantasmas, la repartición de bloques en función política, la manipulación de reservas, la habladera de paja!
Manos a la obra en la Faja, con el apoyo y participación de empresas pivadas de verdadera competencia técnica.
Ya hemos perdido diez años en su desarrollo debido al fraude de la pandilla chavorramírica.

viernes, 9 de marzo de 2012

La diáspora venezolana: entre raíces y sueños

En búsqueda de nuestros sueños
Como todos los humanos los venezolanos estamos anclados sentimentalmente al terruño pero damos rienda suelta a nuestros sueños. Unos más, otros menos, vamos conformando en nuestras mentes desde la niñez, a través de la adolescencia y entrados a la vida adulta, el mundo en el cual quisiéramos vivir. A ello nos ayudan las lecturas, los maestros, la enseñanza de nuestros padres y la influencia de nuestros amigos. Mientras esos sueños y anhelos no colidan con lo que experimentamos en el terruño no hay conflicto alguno. Por muchos años así fué en Venezuela.

En la última década los venezolanos han estado experimentando una diáspora, algo que no habíamos visto nunca, al menos con la misma intensidad y cuantía de hoy.

La diáspora venezolana tiene características especiales. No ha sido causada por razones fundamentalmente económicas, aunque ellas desempeñen un papel importante. Ha sido el resultado de un conflicto mayor, de naturaleza espiritual, entre el amor por las raíces y la necesidad de proteger nuestros sueños. Eso es lo que está en las mentes de la inmensa mayoría de quienes se han ausentado de la patria.

Claro, lo obvio es la falta de oportunidades, la criminalidad existente, el clima de inseguridad ciudadana, pero en el fondo lo que motoriza el éxodo es la colisión irreconciliable entre los sueños y los valores del individuo, por una parte, y el ambiente indeseable que percibe en su terruño, por la otra. Ello lo lleva progresivamente al desencanto y las modalidades de este desencanto son numerosas, dependiendo de edades, aspiraciones, caracteres individuales, y ancestros. Para algunos la partida es más fácil de decidir que para otros. En esa decisión juegan un papel importante la educación, los idiomas, los contactos sociales o de negocios en el exterior, pero, al final, cada venezolano ha estado solo, consigo mismo, en su gran decisión.

Hoy en día hay una gran cantidad de venezolanos en el exterior. Nadie sabe cuantos pero probablemente entre uno y dos millones. Esta es una cantidad considerable, pero ello no es toda la historia. Esos venezolanos que se han ido son predominantemente de clase media-media a media-alta, generalmente profesionales, con una educación universitaria los muchos, o con oficios y destrezas los más. No se trata de una emigración como la Mexicana o Centro Americana sino, más bien, de una emigración a la Chilena y Argentina de la época de las dictaduras militares en el Cono Sur. No es una emigración inducida por la necesidad económica tanto como por la necesidad espiritual de perseguir sueños y proteger valores.

En esta diáspora venezolana no hay razón para establecer diferencias entre quienes se han quedado y quienes se han ido. Cada venezolano está tomando su propia decisión, en base a su derecho inalienable a perseguir sus sueños. Quienes vean esos sueños en Venezuela se quedarán en Venezuela. Quienes no lo vean en Venezuela irán a buscarlos en otras latitudes. Establecer contrastes “patrióticos” entre quienes se van y quienes se quedan no tiene sentido y es muy dañino.

Para algunos, como es mi caso, la decisión ha sido fácil. Como geólogo (pienso en términos de millones de años), septuagenario (como individuo, ya no tengo un “largo plazo) y de orientación muy internacional (no creo en fronteras), no veo mayor problema en vivir fuera de mi país. Amo a mi terruño pero no creo que sea necesariamente superior a otros. Es simplemente el mio. No soy de quienes piensan que el Papa escucha el Popule Meus todos los Viernes Santos pero me enorgullezco de ser compatriota de Soto y de Cruz-Diez, de Alirio Díaz y de Riera, de Andrés Galarraga y Omar Vizquel, de Inocente Carreño y Antonio Estevez.

Creo que todos quienes habitamos este planeta Tierra conformamos una sola hermandad y que las fronteras políticas de hoy tienen muy poca importancia frente a la esencial condición humana. Como no me gusta el régimen político que ha tomado el poder en mi país, y como pienso que lo ha dañado más allá de todo lo imaginable, me he ido de Venezuela. Nadie me ha obligado, nadie me persigue, soy feliz en donde vivo ahora y sigo trabajando activamente para lograr un cambio del sistema político en Venezuela.

A mi alrededor, donde vivo, veo a venezolanos de todas las edades y conozco a venezolanos en Canadá, en Europa, en América Latina, viviendo sus sueños, en diferentes etapas de su búsqueda. Algunos pasan trabajo, otros están en mejor situación, pero todos saben que se han ido del terruño porque ello tenía que suceder, si es que iban a tener alguna oportunidad de concretar sus sueños y de ser fieles a sus valores.

Volverán algun día a la patria? Al terruño? Digo: volverán? Porque ya no me cuento entre quienes podrán volver. Ya mi suerte está echada. He encontrado un rincón amable del mundo y aquí terminaré mis días, en la más absoluta felicidad doméstica, apenas empañada por no poder transitar de nuevo por las aldeas de Carabobo, de donde han salido muchos de mis antepasados o ver de nuevo a los Andes, hospedarme en el hotel “Los Frailes” o comerme una truchita en Bailadores. Pero, no se puede tener todo.

Me interesa mucho más la suerte de la gran diáspora venezolana. Regresarán cuando cambien las condiciones políticas de la patria?

Difícil de pronosticar. El tiempo actúa en contra del regreso masivo de la diáspora. Cada día y año que pasa enraiza más a muchos de nuestros compatriotas con su nuevo terruño. Y ello no es un pecado, sino el resultado de un inevitable proceso de adaptación.

Veámoslo al revés. Cuando yo era un adolescente llegó a mi pueblo, Los Teques, un adolescente italiano con su familia. Eran miembros de la gran diáspora europea causada por la segunda guerra Mundial. El y yo nos hicimos amigos para siempre y, hoy en día, 65 años después, ese joven italiano es uno de los más notables y admirados maestros venezolanos. No hay honor o reconocimiento venezolano que no se le haya concedido. Es un gran venezolano. Sembrado en Venezuela. Orgullo de Venezuela. Con hijos y nietos venezolanos.

Yo le deseo a mis compatriotas, dispersos hoy por todo el planeta que, donde quiera que estén, sean buenos ciudadanos, buenos seres humanos, para orgullo del terruño que los vió nacer. Que nunca olviden las enseñanzas recibidas en su juventud, que guarden en la memoria las calles, plazas y mercados de sus lares amados y las caras de quienes protagonizaron su niñez.

Pero que nunca entreguen las banderas de sus sueños y las fortalezas de sus valores y que, por conservarlos, estén dispuestos siempre a los mayores sacrificios.