viernes, 7 de junio de 2013

Al borde de la gran protesta

****  Información de hace unas horas. Esto está a punto de melcocha.....



 

Ludmila vinogradoff / corresponsal en caracas

Día 06/06/2013 - 22.18h

El encargado del «Excelsior Gama», de la capital venezolana, asegura a ABC que puso en la estantería la margarina «Chiffon», que escasea, y al cabo de una hora no quedaba nada

ludmila vinogradoff


La «papachip» es el tema del día. Todos lo comentan y todos lo rechazan. Los caraqueños sienten indignación por el racionamiento de alimentos, que al mejor estilo de la cartilla cubana, temen que muy pronto la apliquen también en los supermercados de la capital, como ocurrirá el próximo lunes en Maracaibo. La cartilla de racionamiento, pero con sistema electrónico y detector de huellas, «captahuellas» para los venezolanos, ha sido defendido nunciado por el gobernador del Zulia, Francisco Arias Cárdenas.

El gobernador Arias niega que esté inspirada en la legendaria cartilla cubana, pero nadie le cree cuando dice que se usará para controlar el contrabando, o «bachaqueo», de alimentos que pasa en camiones hacia Colombia, pues la vigilancia fronteriza está bajo control de la Guardia Nacional. La gobernación de Mérida también quiere adoptar el «papachip». Ya es el segundo de los 23 estados en anunciar la medida.

En la urbanización de Los Palos Grandes, el «Excelsior Gama», cadena de supermercados de propietarios españoles, no se salva de la escasez y del racionamiento. El encargado Jesús Vargas no está autorizado para declarar a la prensa pero aún así comenta brevemente que la margarina «Chiffon» llegó el jueves y la colocó en la estantería. Una hora después ya no quedaba nada. Los clientes habían arrasado con los botes de margarina. Y así con todos los veinte productos de mayor demanda o escasez, según se mire, como el papel higiénico.

El encargado Jesús Vargas impidió que siguiéramos tomando fotos. Pero el revuelo ante el puesto frigorífico de carnes llamó la atención de ABC. En ese momento había llegado pollo congelado de Brasil y la cola era muy larga. «Tome su número señora», nos indicó una clienta pensando que íbamos a comprar.

Flor Quintana, de 78 años, sentenció: el «papachip» no hay que lo «monten», ¿y cómo lo impide?, le preguntamos. «Pues protestando. Si dejamos que nos impongan la cartilla de racionamiento no habrá manera después de eliminarla».

En la cola del pollo, otra clienta llamada Rina Romero, de 55 años, profesora de inglés para adultos e hija de españoles, propuso: «Hay que armar un lío con el papachip y protestar, no podemos permitirlo. Nadie nos puede decir cuánto y lo que podemos comprar».

Sergio Hernández, de 50 años, la escuchaba y comentaba: «Para qué vamos a protestar si luego la protesta no termina en nada. Tenemos miedo incluso de protestar, nos pueden matar, pegar un tiro. Vivimos como en una guerra. Los que se preocupan son gente mayor adulta pero a los jóvenes no les importa lo que sucede en Venezuela».

Luis Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis, y cliente de Gama, comentaba en su cuenta de Twitter su rechazo a la medida de control que se quiere implementar en los estados fronterizos con el «papachip». «Marcar a la población como si fueran culpables de violaciones para que no puedan comprar tres kilos más de comida es inaceptable», escribió.