lunes, 2 de septiembre de 2013

El entierro definitivo del difunto


                                              


Hugo Chávez ha sido enterrado de nuevo.  Aunque los venezolanos  todavía no sabemos cuando murió ni donde están sus restos, lo que a fin de cuentas parece evidente es que su memoria ha sido enterrada en la mente de la mayoría de los venezolanos que una vez lo siguieron. Ya pocos hablan del difunto, pocos lo lloran, nadie parece pensar seriamente que dejó huella de estadista. Al contrario, poco a poco pero de manera inexorable aflora la certeza de su corrupción, de su cursilería, de su falta de grandeza. La imagen que conjura es la de un Mugabe o un Adi Amin pero no la de un Mandela o un Ataturk. Hoy, hasta los venezolanos menos informados saben que el país está en la ruina, se dan cuenta de que a pesar del inmenso ingreso petrolero debemos seis veces más de lo que debíamos cuando el difunto llegó al poder y hemos entregado nuestra soberanía política a Cuba y nuestra soberanía económica a China. Solo Nicolás persiste en su absurda creencia de que el difunto es ahora un pájaro y se permite enviarle a Obama una carta en su nombre que es una pieza antológica de la geocursilería, verla aquí:  http://fotos2013.cloud.noticias24.com/CARTA%20AL%20PRESIDENTE%20OBAMA.pdf . Allí Nicolás habla de Caracas, cuna del libertador Simón Bolívar y envía la carta en nombre del Comandante Hugo Chávez. *

Como hemos llegado hasta aquí? Como nos ha sucedido esto? se pregunta el país. Les aseguro que no fué mala suerte, ni intervención de la CIA. Fué ineptitud y corrupción por parte de una pandilla ignorante y codiciosa que, llegada al poder, decidió que se iba a “desquitar” de un pasado en el cual no “les había tocado nada”, ya que en sus mentes el ingreso nacional es una piñata para que cada quien agarre lo que puede. Una pandilla que ha convertido el gobierno en una orgía de la mediocridad.

Hoy Venezuela anda en barrena, manejado por el hombrillo por el heredero del difunto, quien lo impiso como una última bofetada a la nación venezolana. Y a pesar de los esfuerzos de ese analfabeta que está en Ciliaflores  ya casi nadie se acuerda del difunto a escasos meses de su muerte. Se hacen algunos intentos de reavivar su memoria, que si un Centro de Hartos Estudios por aquí o un homenaje de UNASUR más allá o una estatua gigante en preparación, para colocarla quien sabe donde, la cual correrá la misma suerte que la de Sadam Husein. Al país miserable, sin comida en los mercados, sin divisas, sin luz eléctrica confiable, hasta sin papel tualé, ya poco le importan estos intentos de recordar un pasado que luce neandertálico y se ve como la causa de los presentes males.

Este olvido de quien fué en un momento el gran taita, el supremo distribuidor de dinero, el “líder” de las fuerzas “progresistas” del hemisferio, pareciera inexplicable, dada la inmensa magnitud de la limosna que el difunto distribuyó entre la población. Aunque ello fué politicamente beneficioso para consolidar su poder fué  inútil como solución estructural a la pobreza . Creó una ilusión de bienestar que fué lo que  la insulina es para la diabetes, una cura temporal que desaparece al no continuar administrándose día trás día. El dinero petrolero le permitió al difunto darles un pez al día a sus seguidores, sin enseñarlos a pescar. Hoy ellos se sienten más pobres y desasistidos que nunca porque ha cesado la lluvia de dinero que les permitía creer que habían salido de la pobreza, mientras que nadie se ha molestado en enseñarlos a crear riqueza. Peor aun, al no recibir ya lo que “les correspondía” se sienten tentados a obtenerlo por cualquier otra vía. De allí el aumento de la criminalidad en las calles y de la corrupción en las oficinas públicas, donde 2.3 millones de burócratas luchan por repartirse un botín cada vez más escaso.   

Como en 1998 la mesa está servida para un cambio radical. Pero este cambio todavía estaría afligido por muchas de  las lacras de los pasados 15 años, a menos que los venezolanos nos decidamos a abandonar el lema que nos ha caracterizado por demasiado tiempo: el “como quedo yo ahí”, reemplazándolo por por una actitud de verdadera solidaridad social. De no hacerlo así estaríamos simplemente creando otra futura momia.  

NOTA *

La carta a Obama es realmente de una intolerable patanería. Pretende ser un llamado a la paz pero es insultante en su intento de dar lecciones a otro presidente. Pretende ser de un estadista pero es de un bufón. Ignora que en Siria ya han fallecido más de 100.000 personas sin que el régimen venezolano dijera ni pío. Por cierto, la firma de Nicolás es tan ridícula como el texto de la carta.