miércoles, 4 de abril de 2012

La Universidad es mi segundo hogar


La Universidad de Tulsa: mi segundo hogar

Tuve la suerte de tener que salir de Venezuela a hacer mis estudios universitarios. Cuando me tocó iniciar esos estudios el Dictador Marcos Pérez Jiménez había cerrado la UCV.  Me ví obligado a salir a estudiar en los Estados Unidos. Digo que tuve suerte, no para para hablar mál de nuestras universidades venezolanas, sino para hablar bien de las universidades estadounidenses. En la época en la cual debí ausentarme, a principios de la década de los 50, estudiar en USA era lo más fácil del mundo. Recuerdo que fuí a la Embajada de ese país en Caracas y allí me atendieron de maravilla, me dieron toda la información necesaria, una lista de las universidades destacadas en lo que deseaba estudiar – Geología – y recomendaciones para tomar un curso preparatorio de ingles antes de entrar en la Universidad.

En materia de semanas logré hacer todos los arreglos:  Queens College, en Flushing, NYC, para el curso de inglés y la Universidad de Tulsa, Oklahoma, para hacer mis estudios de Geología. En la Universidad de Tulsa, Oklahoma, conocí  lo que era una Universidad libre, abierta de par en par a los jóvenes de todo el mundo, dedicada al estudio y a la vida académica, llena de teatro, música, deportes y actividades estudiantiles. En los cuatro años que permanecí allí nunca ví una huelga, nunca hubo una interrupción de clases, nunca tuve que doparme para estudiar para un exámen final, los profesores fueron mis amigos y, gracias a Diós y al ambiente que me rodeaba, pude vencer mi  gran timidez de adolescente.

Recuerdo apenas una elección presidencial, cuando Eisenhower le ganó a Adlai Stevenson, pero ese día hubo clases y los profesores y todos quienes podían votar, lo hacían y regresaban a sus clases o a su mesa de trabajo. Dentro de la Universidad no hubo campaña política.

 La Universidad estaba siempre abierta, las bibliotecas operaban hasta los fines de semana, había una orquesta sinfónica formada por los estudiantes de música, un periódico, una estación de radio y hasta una pequeña televisora. Algunos estudiantes quienes fueron mis amigos, como Rue McClanahan, irían después a Hollywood y tendrían gran éxito en la TV como una de las “Golden Girls”. Había un grupo de Venezolanos muy estudiosos: Fernando Delón, José Sahagún, José Rendón, Giovanni Rodríguez, Omar Molina Duarte, los hermanos Vivas, David Gonzalez, Eleazar Niño ( se nos escapó para irse a la escuela militar venezolana y llegó a ser General del Ejército), Manuél Romero (mi querido compañero de habitación). En Tulsa se habían graduado petroleros Venezolanos legendarios como Siro Vásquez y José Martorano. Los Venezolanos teníamos una excelente reputación en Tulsa.

Cuando me gradué de la Universidad de Tulsa, en 1955, regresé a Venezuela pero nunca olvidé a mi Alma Mater. Mientras trabajé, por años, le envié una contribución monetaria y la visitaba casi todos los años. Todavía voy con alguna frecuencia a recorrer de nuevo los predios de mi juventud, a sentarme de nuevo en el  banco donde estudiaba, a la Biblioteca McFarlin, con sus manuscritos de James Joyce, a la pequeña Fuente de Soda donde llevaba a mi novia del momento (ya desaparecidos, el local como la novia).

De mi Alma Mater recibí grandes reconocimientos: me nombraron miembro del Hall de la Fama de Ingeniería, me nombraron Ex-Alumno Distinguido y me nombraron, mucho después, “Trustee”, es decir miembro del Consejo de Albaceas de la Universidad, un gran honor, sobretodo para alguien que no tenía como darles un edificio o una suma de dinero millonaria. Me sentaba en ese Consejo al lado de ex-alumnos quienes si habían donado edificios enteros, campos deportivos, laboratorios o un millón de dólares para una cátedra. Cuando pregunté la razón por esta distinción, el Presidente de la Universidad me dijo: “Estamos premiando tu amor por nuestra institución. Eso vale todo el dinero del mundo para nosotros”.

Traigo todo esto a colación porque hoy estuve con uno de mis nietos en una Universidad de la zona de Washington DC, una de las varias universidades que él desea visitar antes de decidir a cual asistir. Ya él había visitado la Universidad de Virginia, William and Mary, George Mason y la Universidad de Richmond, Virginia. Esta que visitamos hoy es la Universidad de Maryland, a unas 15 millas de distancia de su hogar.  Aunque es una inmensa Universidad de casi 40.000 estudiantes (las prefiero de 10.000 estudiantes, como máximo), es una bella Universidad, con impresionantes centros de estudio. Tiene siete bibliotecas y cuatro millones de volumenes. Su facultad  incluye tres premios Nobel, premios “Pulitzer” y  poetas laureados. Tiene un edificio llamado “Juan Ramón Jiménez”! el autor de “Platero y yo” y el Centro de Creación Literaria de la Universidad lleva este nombre (Por qué? Tendré que averiguar esta conexión) . La Universidad ofrece 200 títulos de educación superior y entre sus ex-alumnos está Jim Hanson, el creador de los Muppets, a quien podemos ver hoy, en bronce, sentado cerca del edificio de la Unión de Estudiantes, conversando con Kermit, la rana.

La infraestructura de la Universidad de Maryland es impresionante y está maravillosamente bien mantenida. Visitamos la escuela de música y juro que me hubiera enrrolado allí con gusto, a mis 79 años, para tratar de cristalizar uno de mis proyectos: escribir un Concierto para Silbido y Orquesta.

La Universidad fue fundada por una familia hace más de cien años y comenzó muy pequeña, aunque ya cubre unas 600 hectáreas, porque ahora es del estado de Maryland. Lo que más me admira es la libertad que se respira allí. Uno entra a todas partes, sale de todas partes, todos somos bienvenidos. La joven que nos da la charla inicial nos dice: “nosotros queremos que ustedes se afilien a nuestra universidad”. Nadie es rechazado a priori. Eso sí, entrarán los mejores. La Universidad quiere que nos acerquemos a ella. Las aulas, las bibliotecas, los laboratorios, están abiertos. Habrá ayuda económica para quienes la merezcan. En los dormitorios viven jóvenes de ambos sexos sin que haya violaciones o actos criminales. Hay 300 teléfonos de emergencia colocados  en toda  el area para que se reporten problemas de cualquier índole pero la tasa de criminalidad es ínfima. Los estudiantes tienen caras de latinos, orientales, hasta estadounidenses hay, de diferentes colores de piel, una juventud bellísima que me hace suspirar por ser de nuevo jóven. Se me viene a la mente al ver esta belleza,  el poema de Antonio Arraiz: “siento ganas de beber leche, de domar un potro, de atravesar un río”.  Pero ya en este momento, varias horas después, me arden los piés y ya me puse la piyama.

Este es el modelo de Universidad que anhelo para mi Venezuela: libre, sin huelgas, con recursos, dedicada al estudio y a la búsqueda de la verdad, con premios Nobel en la Facultad, con procesos meritócraticos de selección, de puertas abiertas, sin granadas de mano o estudiantes que arrojan comida podrida a la cara de las autoridades universitarias. Esta es la Universidad que, espero, algún día tendrán los hijos de mis nietos. Para que ello suceda tendremos que llevar a cabo una verdadera revolución actitudinal, romper los paradigmas que han hecho de la Universidad Latinoamericana, por necesidad,  el ultimo reducto de la rebelión contra los dictadores ignorantes.   
Algún día, mis amigos, podremos entrar a las universidades venezolanas como en nuestro segundo hogar. Todavía hoy en día, las mejores, como la USB, la Metropolitana, la Católica, la de Carabobo, son fortalezas de resistencia política, tratando de suplir la ausencia de un pueblo que permanece ignorante  de sus deberes ciudadanos

6 comentarios:

Anónimo dijo...

JUAN Ramón Jiménez.

Gustavo Coronel dijo...

Claro!!! Gracias, Dr. Alzheimer.

samuel messulam dijo...

gustavo.....me he transportado a tulsa leyendo tu articulo con mucha nostalgia,apoyo todos tus deseos por la nueva universidad de nuestro pais.....un abrazo,feliz semana santa.....sam

Gustavo Coronel dijo...

Gracias, Sam! Un gran placer de oirte. Espero que estés bien, junto a los tuyos. T.U está más bella que nunca. Con menos de 5000 estudiantes tiene todavía un profesor por cada 10-11 estudiantes y un fondo para inversiones de más de mil millones de dólares, producto de donaciones de sus ex-alumnos ( muchos de ellos petroleros de USA, quienes se han hecho millonarios en esa actividad).

Eva Martorano dijo...

Que buen articulo, lo transporta a uno a Tulsa y su bella universidad. Pero para mi tiene especial significado el recuerdo y homenaje que hace a mi papá, José Martorano. Muy conmovida y agradecida por ello.

Con mucho afecto, Eva Martorano de Ledezma

Anónimo dijo...

Y CORONEL PASO POR LA UNIVERSIDAD?
JG