martes, 1 de julio de 2014

Un recuerdo para el gran Ovidio Suárez

Ovidio, a la derecha, con su amigo de siempre, Vladimir Gamboa

Ovidio Suárez fué un geólogo de naturaleza alegre y optimista, de fácil risa, que siempre nos hizo sentir bien a su lado. Dejé de verlo cuando me ausenté de Venezuela y, por la foto de arriba, comprendo que su enfermedad lo había afectado mucho. Ayer me enteré de su fallecimiento y he querido recordarlo hoy.
La Shell de Venezuela, luego Maraven, fué una empresa pionera en varios sentidos. Estructuró una gerencia de comercialización internacional cuando esta actividad estaba reservada  a las oficinas centrales de las empresas foráneas. Estableció la planificación por escenarios en una etapa muy temprana en el desarrollo de ese método. Envió a sus gerentes a California a ser entrenados para enfrentar sin temores los conflictos internos en la organización, en lugar de barrerlos debajo de la alfombra ( Desarrollo Organizacional). Estructuró un grupo de Petrofísica manejado por venezolanos, acividad muy especilizada que había estado por bastante tiempo en manos de personal extranjero.
Cuando estuve en Lagunillas como ingeniero de operaciones recuerdo al petrofísico como la persona que esperaba el helicóptero que venía del Lago con los registros eléctricos del pozo recién perforado y dictaminaba, al verlos, si existía una sección de rocas que pudiese contener hidrocarburos, recomendando o el abandono del pozo o pruebas de producción a los niveles promisores. Esta era y es una tarea de altísima responsabilidad, comparable a la del anatomo- patólogo que decide, mientras el paciente está en la mesa de operaciones, si el tejido que examina está libre o no de cáncer.
Shell desarrolló este grupo usando como líder a Miguél Fraíno, un taciturno e introvertido profesional venezolano, con quien mantuve una estrecha amistad desde la Universidad de Tulsa. A  este  grupo se uniría luego Enrique Hung, un joven ingeniero de Maracibo, hermano del pintor y , algo después, Ovidio Suárez.
Ovidio fué miembro de un grupo de geólogos más jovenes, entre quienes se encontraban Vladimir Gamboa, Aura Neuman, José Matos y otros,  quienes trabajaron conmigo en Shell-Maraven y con quienes desarrollé una excelente amistad, a pesar de la diferencia de edades.
Ovidio estaba poseído de una gran alegría de la vida, siempre animoso, siempre optimista. Dejó su huella de gran gremialista en la Sociedad de Geólogos y como puente efectivo entre los geólogos y los ingenieros de petróleo, quienes también lo apreciaban como uno de ellos.

Lo recordaremos siempre con gran afecto, al gran Ovidio.  
 


7 comentarios:

Alitas Allie dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alitas Allie dijo...

Que cosas, no?

Un gran país con todos esos recursos humanos y naturales. El cual fue y sigue siendo tan inmensamente rico, tan inagotablemente generoso, del cual han salido tan grandes profesionales desde todas las carreras,{sin menospreciar a ninguna} sobre todo, en el campo de medicina e ingeniería, como también destacados deportistas etc.

Que nos paso? Que fue de todo eso? Cual seria la "maldita bacteria" que nos ha contaminado?
O será que Dios tiró la toalla con nosotros?

Como dice ese popular refrán criollo que con cierta nostalgia siempre repetimos hasta el cansancio:

"Uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde"

Anónimo dijo...

Gracias por el recuerdo de Ovidio, quien fué una fuente de inspiración en mi tiempo de petrfísico en Intevep. Lamento su fallecimiento, pero me alegró recordarlo.
Raúl.

Vladimir Gamboa González dijo...

Ovidio fue un gran personaje, de un inmenso corazón a pesar de su baja estatura. Un gran guía y maestro sumamente dedicado a su gran pasión, la geología y el petróleo. Dio lo mejor de sí a todo lo que se proponía y lo motivaba de alguna manera; La industria petrolera, la UCV y sus seres queridos tuvimos la dicha de vernos siempre beneficiados por su generosidad, amabilidad y atención.

Simpático, de buen humor y responsable, siempre tuvo una sonrisa que brindar. Cauteloso, siempre midió el potencial impacto de cualquier acción, cualidad que lo ayudaba a tomar decisiones muy acertadas, a ganar amistades y vencer dificultades. Muy sociable, le gustaba conocer a las personas, conversar y saber a qué se dedicaban.

Tuve la suerte de crecer cerca de él, de llamarlo Tío y Padrino aunque no lo fuera y de siempre recibir su bendición. Para Papá, Ovidio fue como un hermano, desde jóvenes cultivaron una amistad verdaderamente envidiable, sólo comparada con lo inseparables que eran Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, aunque a ellos (por lo menos a mi papá) esa comparación no les hiciera mucha gracia.

Hay familia que a uno le toca por sangre y otra que uno decide acercar y adoptar, Ovidio adoptó a muchos a lo largo de su vida. Hoy, a pesar del inmenso dolor que invade mi corazón en estos momentos, estoy inmensamente agradecido de esa fuerte amistad que unió tanto a los Suárez y a los Gamboa, que me brindó la oportunidad de compartir tanto con él hasta sentir a sus hijas como mis primas y a Daisy, su esposa, como mi tía.

Nos queda a los que vinimos después una enorme responsabilidad, ser un canal para que las nuevas generaciones experimenten la esencia de lo que fue éste gran personaje a través de nosotros. Evocando sus recuerdos con humildad yace la clave para conseguir esto con éxito. Por los momentos, debemos empezar mostrando solo un poco del valor y coraje que él mantuvo durante todos estos años peleando con su fuerte enfermedad.

Gracias vida por darnos todos esos buenos ratos con el Ciudadano,
Viviremos para transmitir todo lo bueno que nos dio.

Vladimir Gamboa González

Maria Alexandra Suarez dijo...

Soy una de las hijas de Ovidio Suàrez y debo agradecer a Gustavo Coronel por compartir este relato de una faceta que no conocì del todo de mi amado papà. Èl no hablaba de trabajo en casa, asì que es un regalo leer historias como estas.
Mi papà era un ser sumamente sencillo y amable, siempre predicando el buen ejemplo, generoso, excelente padre, amigo y abuelo. Buen conversador, social, extrovertido. A veces, cuando estàbamos en un ascensor, lo observaba còmo entablaba conversaciones amenas con cualquiera, desde una joven madre con un bebè en brazos, hasta un anciano en silla de ruedas. Poquìsimas veces estaba de mal humor, siempre tenìa una sonrisa que me iluminaba la vida. Hasta en sus ùltimos dìas nos dio ese regalo.
Fue optimista hasta casi el final. No querìa tirar la toalla así tan fàcil. Ese era mi papà.
El vacìo que siento es infinito. Pero doy gracias a la vida por haber sido su hija y poder ser testigo de testimonios como èste que escribe el Sr. Coronel, pues son un tesoro invaluable del legado que dejò mi papà a lo largo de sus 73 años de vida.
De nuevo, gracias...

Marìa Alexandra Suàrez

Tribilindiaz dijo...

El Señor Ovidio, o como quien dijera, mi otro papá, fue ciertamente un gran señor. Que bonito ver la cantidad de vidas que afectó para bien. Esa es, sin duda alguna, la marca de un ser inolvidable. Hasta luego Sr. Ovidio, nos vemos en el cielo.

Gustavo Coronel dijo...

Me alegra ver comentarios de Maria Alexandra, hija de Ovidio y de Vladimir, hijo de Vladimir, a quien siempre he querido mucho.
Un saludo para ambos y para Vladimir padre
Gustavo