domingo, 11 de mayo de 2014

En el día de la Madre

En Los Teques hay una escuelita que lleva su nombre

Hace 42 años que falleció mi madre. No pude llegar a tiempo para verla viva, porque yo estaba muy lejos de Venezuela cuando ello ocurrió. Su muerte fué predecible porque, a los 72 años, se obstinaba en bañar a  mi padre inválido, cargándolo como a un niño. Le dió un infarto.
En Los Teques, donde vivimos por largos años, mi mamá fué una lideresa social. Por más de 30 años  gerenció y mantuvo a fuerza de pedir dinero a todo el mundo un Instituto llamado Hogar Escuela Infantil “Consuelo Marturet”, el nombre de su mejor aliada en este proyecto. Por ese instituto pasaron entre 6-8000  niños, quienes recibieron alimentación, educación y mucho cariño.  A veces, cuando pienso que estos niños se convirtieron en ciudadanos útiles, en padres y madres y abuelos, aprecio que el impacto de su iniciativa llegó  a muchos miles de venezolanos. Ello ilustra el poder de las iniciativas sociales individuales. Ello me llevó muchos años después a fundar una organización para promover la Calidad de Vida en Venezuela, la cual manejé por diez años y en la cual dimos educación ciudadana a miles de niños y creamos un programa anti-corrupción. Fué una manera de imitar el esfuerzo de mi madre y de rendirle homenaje.
Hay un evento protagonizado por mi madre que tuvo un impacto decisivo en mi vida. Tendría yo unos 7 u 8 años cuando iba con ella por una calle de Los Teques y nos encontramos con mi maestra. Conversaron y mi maestra le dijo a mi mamá: “Por cierto, Filo (Filomena), debo decirte que Gustavo no fué a clase el viernes pasado. Creo que se jubiló”. En efecto, como cosa rara, me había escapado a pescar sardinas en un riachuelo de Los Teques.  Mi mama le respondió: “Josefina, creo que te equivocas. Mi hijo nunca haría algo incorrecto”. Y seguimos nuestro camino.
No sé si lo que dijo mi mama fué lo que ha debido decir, o si ello hubiera funcionado con cualquiera otra persona. Pero el efecto en mí fué definitivo. Me marcó para toda la vida.  Fué como  si me hubiera puesto en la sien, con un hierro candente, el sello de la honestidad. Aun cuando después hubiera sentido las peores tentaciones, lo cual realmente no fué nunca el caso, no hubiera ya podido desviarme del camino recto.  Siento que toda mi vida ha sido un tributo contínuo a mi madre por su acto supremo de confianza.  
Aunque poco tierna mi madre siempre me hizo saber que me quería. Cuando me ausenté del hogar y del país, a los 17 años, para ir  estudiar a la Universidad de Tulsa, en Oklahoma, me despidió como si fuera a la esquina. Sin embargo nuestra vecina me dijo después que se había ido a llorar a la azotea de la casa, para que nadie la viera.
Ayer mi esposa y yo compramos unos delicados tulipanes blancos. Hoy están en la plenitud de su belleza y, al verlos, recuerdo lo que dijo mi madre: “Mi hijo nunca haría algo incorrecto”.

 Gracias por tu confianza, mi querida Filo.  

7 comentarios:

Chapulin.NoticieroDigital dijo...

Conmovedor.

Luis Rincones dijo...

Hermoso Testimonio de amor maternal y de hijo.

Luis

Luis Rincones dijo...

Hermoso Testimonio de amor maternal y de hijo.

Luis

Vikingo Venezolano dijo...

que bueno esta esto... y que digno.

Alitas Allie dijo...

Feliz Dia de la Madre para TODAS!!!

arturo gaviria dijo...

Bellísimo

Anónimo dijo...

Hacia tiempo que no leia algo que me provocara nublar de lagrimas mis ojos. Gracias por estas lineas.