jueves, 13 de septiembre de 2012

1999-2012: una caricatura de presidente


 

 El juramento de lealtad a la constitución le fue tomado por el presidente de la Corte Suprema. Le fue presentada una Biblia, la cual besó y depositó con reverencia en una silla. Luego, se inclinó profundamente ante el público, si, ante el público.

Crónica sobre la inauguración del presidente Andrew Jackson.

Por qué un presidente se inclina profundamente ante el pueblo?  Para expresar su condición de servidor de la nación. Un presidente no pretende que la nación le sirva a él. Todo lo contrario, él debe servirle a la nación.

Y que es la nación? La nación es la suma total de sus habitantes, de sus recursos, de su historia y de su cultura. En el caso de Venezuela la nación es la suma de los 30 millones de habitantes que tiene el país, más sus recursos naturales renovables o no-renovables, sus finanzas, sus industrias y sus empresas, más su historia desde la época de la colonia hasta nuestros días, más nuestro diverso bagaje cultural, donde coexisten todos los colores, todas las religiones, todas las filosofías de la vida, bajo un manto comun de fraternidad, atados por el hilo de la identidad nacional.

Un presidente tiene el deber de respetar y consolidar el sentido de nación. Para hacerlo se comporta como servidor público, considerando a todos los habitantes del país con iguales derechos y exigiéndole los mismos deberes ciudadanos. Protege y administra con celo los recursos de la nación, evitando  desperdicio y mala utilización, cuidando sus finanzas, promoviendo  industrias y empresas. Debe ser el albacea de nuestra historia, protegiéndola contra las deformaciones y  manteniendo intacta la veneración del pueblo por nuestros héroes civiles y militares. Debe ser un digno exponente de nuestra cultura, esa cultura venezolana basada en la cordialidad, la alegría de la vida, la solidaridad, sencillez  y el respeto, cualidades que tantas loas han merecido de la gente que nos visitaba en el pasado.

Solamente cuando un presidente se comporta de esa manera es merecedor (a) de esa designación. Solo en ese caso puede decirse de él o ella que le han dado a su cargo la dignidad, la majestad presidencial, que es esencial componente de una verdadera presidencia. Esta cualidad inmaterial pero fundamental en un presidente no siempre ha estado presente en quienes han ocupado Miraflores por los últimos 70 años. He visto esa cualidad en Isaías Medina Angarita (el primero que recuerdo), en Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafaél Caldera (I), Carlos Andrés Pérez (I), no en todo momento y Luis Herrera Campins, en breves momentos. Esa majestad presidencial practicamente desapareció de la escena política venezolana después de ellos.   

Pero nadie, al menos en los últimos 70 años de mi memoria, había llegado a representar la total antitesis de la majestad presidencial como lo ha hecho quien ha ocupado  Miraflores por los últimos catorce años. Allí llegó por votación popular, pero desconoció la constitución a las primeras de cambio. Desde ese primer momento indigno ese hombre ha sido la negación de lo que un presidente debe ser. Considera como enemigos y apátridas a la mitad de la población del país. Ha despilfarrado nuestros recursos, regalándolos a países extranjeros por motivos ideológicos y personales. Ha deformado descaradamente nuestra historia. Se ha burlado de nuestra cultura, restringiéndola a las parciales y no siempre genuinas manifestaciones de sus seguidores.

Pero, por sobre todo, ha personificado una grotesca caricatura de su cargo compuesta, por partes iguales, de bufonería y patanería. Su lenguaje coprolálico, su machismo, sus discursos cargados de odio, sus regalos a los amigos, insultantes para nuestro pueblo, y sus actos de indigna melosidad con tiranos y ladrones del planeta, configuran una especie de retrato andante de Dorian Gray, una fotografía del Sr. Hyde, un salto atrás hacia los peores exponentes de la montonera inculta que manejó Venezuela por una buena parte del Siglo XIX.

Flaco servicio le ha hecho este hombre al proceso de fortalecimiento de nuestra identidad y dignidad nacionales. Sus seguidores andan sueltos por las calles pintando paredes, insultando, agrediendo, como verdaderos salvajes en una Ciudad Gótica tropical donde la vida, la propiedad y la civilización se encuentran en constante e inminente peligro.

La bofetada que este analfabeta funcional le ha dado a la nación venezolana debe ser respondida, si es que deseamos regresar a transitar los caminos de la dignidad.