domingo, 27 de diciembre de 2015

Minas Musicales



Uno puede pasar la vida explotando minas musicales de diferentes compositores: Rachmaninov, Brahms, Rimsky Korsakov y sus cuatro colegas de la Kuchka. Algunas minas son casi inexhaustibles, como la de Tchaikovsky. Otras son más pequeñas pero de una rara y sublime belleza, como la de Elgar. Lo maravilloso es que uno puede cambiar de una a otra, según se lo dicte su modo del momento. Así decimos: Es tiempo para Elgar, o para Wagner o para Gershwin.
Uno de los adelantos que han hecho posible el fácil acceso a esta diversidad de minas musicales es YOUTUBE. Uno pone allí: Evencio Castellanos, Arthur Honegger o Gabriel Fauré y aparece la mina respectiva. Son yacimientos melódicos de gran riqueza, como las minas de esmeraldas, de diamantes y de turquesas. Y cada descubrimiento puede ser espectacular.
Yo tengo algunos años explotando la mina de Erich Korngold, un compositor austríaco quien emigró a los Estados Unidos y se convirtió, de músico clásico, en compositor de música para películas. Excepto que, al hacerlo, siguió siendo clásico, tanto por la estructura de sus partituras como por la belleza infinita de sus melodías. Pocos como Korngold han podido combinar el vigor con la ternura, la marcialidad con la elegancia, la alegría con la nostalgia. No trataré de recomendarles nada en especial porque cada quien busca su camino. Pero yo comencé con el “Sea Hawk”, el Halcón del Mar y, luego,  seguí explotando esa extraordinaria cantera: “Servidumbre Humana”; “La Vida privada de Isabel y Essex”: “Kings Row”;  “Anthony Adverse”; “La Ninfa Constante”. Y sigue… sigue. Melodías maravillosas. Korngold era un mago de la melodía. Y, sobre esa mina de música para las películas pudo superponer  su extraordinariamente bello concierto para violín y orquesta, les recomiendo sobre todo la interpretación de Hillary Hahn, quien es casi tan bella como el concierto.  
La mina de Korngold nos ha llevado a otras minas espectaculares de Hollywood: Víctor Young y su “’Shane”;  Alfred Newman, Miklos Rozsa, Dmitri Tiomkin, Jerome Moross y su música para “The Big Country” ;  “The Magnificent Seven” de Elmer Bernstein.  
Sería necesario vivir eternamente para poder disfrutarlo todo. Yo no tengo apuro.
No digan que no se los dije

1 comentario:

Anónimo dijo...

John Barry...sencillamente grandioso