domingo, 1 de febrero de 2015

Recordando a Alberto Quirós Corradi


Maracaibo, Lagunillas, 1959

Fui amigo de Alberto por casi 60 años, tiempo suficiente para saber qué clase de persona era. En esos años compartimos muchos momentos agradables y algunos no tan agradables, frente a los cuales Alberto siempre mantuvo una gran serenidad y ecuanimidad.
Algunas anécdotas simpáticas que recuerdo:

El presidente de Shell ofrecía un cóctel de bienvenida a los nuevos empleados, una ocasión para ir conociéndolos y para dejarse conocer. En uno de esos cocteles Alberto, presidente de Shell Venezuela, se dirigió a un joven para saludarlo y este le dijo que era de Maracaibo y venía para el Departamento de Exploración. El joven le preguntó a Alberto: “Miraá… vos jugáis softball”.  Y Alberto le respondió: “Caramba, no. Nunca he sido muy bueno en ese deporte”.
Y el joven le dijo, con bastante firmeza: “Miráa, si no jugáis softball, como queréis progresar en esta compañía”?
En otra ocasión Alberto me invitó a almorzar en un restaurant caraqueño y lo encontré sentado en una mesa para cuatro. Le pregunté: “Quien más viene”? . Y me dijo: “el ñato Carrillo”. Y yo le dije: “Y el cuarto puesto”?  A lo cual Alberto me respondió: “No hay cuarto. El ñato come a dos carrillos”. 
Un día tuvimos una fiesta en Maraven, para la cual se adornó el gran salón de la empresa, en Chuao, con papeles de colores subidos y otros guilindrajos multicolores. Cuando llegó Guillermo Rodríguez Eraso, observó el empapelado con aire crítico y Alberto, sintiendo el silencioso reproche, le dijo: “Bueno, Guillermo. Sabes que siempre se permite un 20% de cursilería”. Y Guillermo le respondió: “Si. Alberto. Pero estás abusando”.
Otro día el presidente de PDVSA, Rafael Alfonzo Ravard, fue a visitar a Cardón y a Amuay, en compañía de todos los presidentes de filiales. Yo acababa de ser nombrado Gerente General de Cardón. En la visita pudieron ver a una refinería de Amuay bruñida, impecable y una refinería de Cardón, si bien operando satisfactoriamente,  un tanto descuidada en su aspecto. Cuando regresó a Caracas, Alberto me llamó y me dijo: “vengo herido de muerte con los comentarios en el avión y las comparaciones entre las dos refinerías. Que podemos hacer”? . Yo ya había hecho unos planes en este sentido y le dije: “denme tres millones de bolívares y pongo la refinería a valer”. Y sí lo hicimos: al final del programa de mantenimiento y embellecimiento Cardón nunca antes había lucido tan bien e invitamos a los presidentes y al general Alfonzo de nuevo. No se trataba de su funcionamiento, el cual era excelente, sino de su aspecto estético. Y, parece mentira, el aspecto estético tiene que ver con el funcionamiento, pues ese año la refinería tuvo uno de los más altos rendimientos de su historia”.
En el Sur del Lago de Maracaibo perforamos un pozo profundo, buscando petróleo en el Eoceno. Lamentablemente las arenas estaban petrolíferas estaban ausentes, aunque nuestro pronóstico geológico sobre la estructura probó ser correcto. En la reunión con la junta directiva di mi informe: “el pozo fue un éxito geológico pero, lamentablemente, resultó seco”. Y Alberto me respondió: ‘Lo que quieres decir es que la operación fue muy exitosa pero se te murió el paciente” Y agregó una exclamación no apta para menores.
Alberto, Ramón Monzant y yo íbamos con frecuencia al Nuevo Circo, al boxeo. Un noche, al llegar a nuestros asientos, los encontramos ocupados por el morocho Hernández y una joven acompañante. Yo le dije al Morocho ; “ Creo que hay una equivocación. Estos puestos son nuestros”. El morocho se me quedó mirando en silencio y, al cabo de unos segundos, se paró y se fueron a otro sitio. Al sentarme, vi que Alberto había desaparecido. Al minuto llegó con un entrenador amigo y me dijo: “lo fui a buscar cuando te vi tratando de sacar del asiento al morocho,, porque es especialista en suturar heridas”.
Otro día fuimos a Maracay a ver pelear a Betulio con Gutty Espadas, el mexicano. En el hotel Maracay, estábamos tomando unos whiskies antes de la pelea y Rafael Tudela y yo comenzamos a “hacer guantes” sin guantes y nos fuimos enardeciendo poco a poco hasta llegar a caernos a golpes en serio. Alberto tomó una cubeta de hielo y la usó como gong para finalizar el round, antes de que corriera la sangre.
En Churuguara Alberto y yo fuimos a dar una charla sobre la industria petrolera, en los días del gran debate sobre la nacionalización. El sitio estaba lleno de gente. Yo comencé a hablar de los aportes financieros que la industria le había dado al país y dije”: El país ha recibido unos $40.000 millones durante los últimos xx años”.  Y súbitamente se paró un borrachito que estaba en la audiencia y me preguntó en altísima voz: “Y…. cuanto me toca a míiiii?”. Esta abrupta intervención me dejó totalmente paralizado por unos segundos. De repente, oí que Alberto decía, desde su asiento: “A usted le tocan siete mil quinientos veinticuatro bolívares”. Tras lo cual, el borrachito dijo: “Muchas gracias!!”.   Y se sentó.
Una noche Alberto y Rafael Tudela fueron a cenar con unos miembros de la nobleza española, en un castillo imponente cercano a Madrid. Durante la cena, Rafael dejó escapar un eructo involuntario, tras lo cual se quedó observando fijamente a Alberto. Al final de la cena, la condesa se despidió de Rafael diciéndole: “Espero que nos visite de nuevo muy pronto, Don Rafael”. Y dirigiéndose a Alberto le dijo secamente : “Adiós, señor”.
En una ocasión, saliendo de La Carlota rumbo a Cardón, el avión Grunman turbohélice de Maraven perdió una rueda. Íbamos Alberto, Rafael Pardo, el abogado de la empresa y dos otros miembros de la Directiva. Alberto quería seguir así hasta cardón, a la reunión que nos esperaba pero el piloto nos dijo que él iba a Maiquetía, donde tendrían espuma para la pista y servicios de salvamento mucho mejores. YO vi uno de los otros pasajeros leyendo un periódico…. Al revés. El abogado sacó una foto de su hijita y me decía: “Figúrese Dr. Solo tiene cinco años y se puede quedar sin padre”. Cuando íbamos a aterrizar en Maiquetía de emergencia, Alberto nos dijo: “Cxxx… ya Carlitos (Castillo) debe estar recibiendo felicitaciones por ser el nuevo presidente”. El aterrizaje sobre una sola rueda fue perfecto y la espuma sobre la pista se encargó d evitar un incendio cuando el avión cayó sobre el lado derecho sin la rueda.    
Alberto solía ir una vez al año a Florida, lo cual me daba la oportunidad de visitarlo. Lo vi luchar contra sus limitaciones, tratando siempre de lucir como el Alberto de siempre. Tuvimos la idea de escribir un libro sobre la industria petrolera a “a cuatro manos” y hasta hicimos el esbozo inicial pero se nos acabó el tiempo. En una de las últimas ocasiones en las cual conversamos largo y sabroso, yo le pregunté por un amigo antiguo y no recordaba su nombre. Yo decía: “Aquel que iba mucho a tu casa, chico, el que decía esto o lo otro”, tratando de recordar por asociación con otras cosas.
Y Alberto me dijo, con nostalgia: “Te acuerdas de Lagunillas, Gustavito, cuando hablábamos corrido? “.  
Claro que me acuerdo de Lagunillas, Alberto. Del maravilloso olor a Diésel que llevaré siempre en el olfato, como recuerdo de una etapa feliz de mi vida, montado en un helicóptero a medianoche volando para el Lago, fiestas con la Billo’s en el Club, pagada por los empleados; la visión de Gustavo Inciarte saliendo de la fiesta, sentado en su poltrona en la parte posterior de una camioneta, señoras con sus pieles en los cocteles con un aire acondicionado a todo dar; los muchachos como Antúnez, Krause, Corrie, hoy ya no tan muchachos; la bella Nina Pocock de traje largo de gala fumándose un tabaco durante una recepción en la casa del gerente general; Frank Rubio, quien luego sería mi jefe en Balikpapan, Indonesia; los Ferrys, el Hotel Lagunillas y los fines de semana en La Puerta.

No olvidaré nunca a Lagunillas. Ni a Alberto. Ni a quienes en la industria petrolera fueron parte de mi vida.   



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Corradi, el protagonista de tantas y tantas cosas buenas que tuvo esta historia petrolera nuestra hasta 1995, que para desgracia de este pais tan sufrido, es casi desconocida por el 95% de los venezolanos.

Porque prevalece es lo trillado, el cuentico de que Bolivar y unos cuantos matones mas, encabezados por el sanguinario Jose Tomas Boves y el hijo de mil meretrices Zamora, liberaron no se cuantas naciones y fueron representantes del sentir del pueblo y de sus reivindicaciones, cuando lo que sembraron fue una tragedia de proporciones biblicas. y lo de siempre, el cuento absurdo y repetido de los "libertadores" "liberando" para "alcanzar el fin maximo de la felicidad del pueblo" cuando lo que dejaron fue una muertamentazon y una destruccion casi total en cada guerra y traicion (fijemonos en el pobre Francisco de Miranda traicionado por Bolivar cobardemente y del otro infeliz de Piar) y aquella cantaleta aburridisima - y falsa - sembrada por los "historiadores" del regimen chavista de que Bolivar era un vergatario que para donde iba dejaba una "estela de democracia, de paz y de amor al projimo y de cosas bonitas". Lo que hizo fue pasar por las armas a cuanto ser humano le dio la gana y como bien lo dice Karl Marx: BOLIVAR FUE EL NAPOLEON DE LAS RETIRADAS. Pero tu le dices eso a los historiadores rojos de pacotilla y te marean diciendote lo que JVR decia cuando Chavez metia la pata: "eso no fue lo que quiso decir".

Esa leyenda falsisima de la historia venezolana que ensalza a unos delincuentes comprobados es lo que nos tiene jodidos como pueblo, todo venezolano nace creyendo firmemente que no le llegara a los talones a Bolivar. Que desgracia este pais tan grande y tan chiquito a la vez. Lleno de potencialidades en todo orden, solo volteen a mirar Guayana, Guarico y Zulia, pero sumido en esta tragedia que Chavez se encargo de materializar con su toque de rey midas al reves: todo lo que toco lo volvio mierda. Yo siento que volvimos a la Guerra Federal.

Mi esperanza, y la que yo creo Gustavo tu tambien tienes, es que hay mas gente mucho mas etica y mucho mejor personas - en la dimension humana de servicio al projimo, de fidelidad a los amigos y de solidaridad que cualquiera de estos desalmados rojos, y que quizas, algun dia, luego de tanto, las cosas se inviertan definitivamente. Quiero creerlo.

Yo quiero creer que hay gente mejor que estos pandilleros gansteriles, y que Venezuela va a retomar la senda.

Quiero creerlo, y Quiros es uno que me hace pensar que si es posible.

Leopoldo Aguerrevere dijo...

Gustavo

Aunque no te conozco personalmente (a pesar de que supongo que tu si me conociste a mi en algun momento de mi ninez), leer esto me retrotrae a una etapa muy feliz de mi vida: la de crecer en el pujante y fascinante ambiente petrolero de Venezuela en los 70 y 80. Vivo en NY, pero si algun dia paso por Washington, me encantaria tomarme un cafe contigo. Como minimo, para hablar chismes de mi padre...