sábado, 30 de marzo de 2013

Vennor y Vensur: la perspectiva de un vennoriense


 


Fotos satelitales tomadas de noche en la peninsula coreana muestran un segmento norte a oscuras y un segmento sur iluminado. En Corea del Norte la gente muere de hambre y hay quienes sobreviven comiéndose a sus hijos a la parrilla. A la muerte del líder hay un reemplazo automático previamente  designado por el pre-occiso. El funeral es una puesta en escena en la cual miles de hombres y mujeres gimen, lloran desesperados (as) y se arrancan los pelos. Mientras más convincente es el llanto, mejor es la posibilidad que cada magdaleno tiene de no ir a la cárcel.  Incapaz de crear empleo, el régimen se concentra en tratar de ser una potencia militar. Sus ejércitos desfilan a paso de ganso frente al líder y al grupo de generales repletos de medallas, quienes son – en realidad -  sus cancerberos.  Los norcoreanos se fugan del país cuando pueden, generalmente a través de China, país que les luce como el paraíso a quienes no tienen que comer o no se atreven a decir lo que piensan. De China generalmente pasan a Corea del Sur, donde el gobierno les da la ciudadanía inmediatamente y les garantiza empleo. Con el tiempo algunos de ellos encontrarán razones para quejarse pero las quejas serán de otro tipo, que si  la carne tiene mucha grasa o no se encontró el auto del color deseado, quejas derivadas de la afluencia y  no de la miseria.  

Corea del Norte y Corea del Sur han llegado a ser países totalmente diferentes, el uno arruinado y dictatorial, el otro rico y democrático, en materia de pocas décadas. Y esa dramática diferencia ha sido posible por la separación del páis, Corea, en dos segmentos,  después de la Guerra de los años 50,  cuando China y Estados Unidos se enfrentaron utilizando ese territorio como campo de batalla. La tragedia es que, mientras Corea del Sur implantó la filosofía de vida democrática y de libre empresa, Corea del Norte implantó el sistema autocrático y estatificado chino y lo continuó usando mucho después que la China misma se había liberalizado. Es decir, los norcoreanos resultaron ser más papistas que el Papa.

Hoy en día, para todo efecto práctico, tenemos dos Venezuelas claramente diferenciadas, aunque no exista una separación territorial como la que existe entre las dos Coreas. Hay una Vennor que sigue aferrada a su naturaleza democrática, a la libre empresa, al concepto de ciudadanos libres y capaces de labrarse su propio destino, amantes de los viajes y de la modernidad, perteneciente a la comunidad civilizada de naciones; y, hay una Vensur, aferrada a un régimen autoritario y primitivo, creyente en la total estatización de la economía, con habitantes dependientes del estado paternalista, incapaces de valerse por si mismos, quienes creen que su país es el ombligo del universo.
el títere cubano, Nicolás, cuando fue adoctrinado en la isla, en la extrema derecha
Su política exterior está basada en el  alineamiento con los países y movimiento politicos forajidos del planeta. Como en el caso de Corea del Norte y China, Vensur se ha convertido en un satellite cubano y se aferra al tipo de régimen obsoleto y brutal que ha prevalecido en aquella isla. Y lo hace  en un momento en el cual Cuba misma, a fin de sobrevivir,  ha emprendido el camino de regreso de su  pesadilla política de 60 años hacia la democracia.

la unidad física de Vennor y Vensur es como la dos hermanos siameses unidos por el estómago y contrasta, tragicamente, con el divorcio espiritual entre los dos segmentos, un divorcio amargo aderezado por el odio y el resentimiento, uno que ha llevado al  embrutecimiento y mediocrización  de ambos segmentos. Se trata de un proceso de nivelación por debajo que amenaza a rebajar a los ciudadanos de Vennor a la categoría de habitantes de Vensur, gracias a la fuerza bruta de un régimen autoritario apoyado por la fuerza armada y apoyado por grandes masas que imponen su mayoría sin respeto de la disidencia y que aspiran a seguir disfrutando de las dádivas del estado.  

Es un tanto paradójico que, ante los ojos del mundo civilizado,  la division territorial entre las dos Coreas sea motivo de rechazo, cuando esa separación le ha permitido a cada segmento establecer su propia filosofía de la vida. Al menos allá los coreanos del sur habrán terminado por decirle a los coreanos del norte: “Jódanse, pués”.  Pero en nuestro caso  los amantes de la libertad se ven obligados a vivir amuñuñados con los esclavos. Y en la democracia electoral muy sui generis que existe en el país, los esclavos votan alegremente por seguir siéndolo, obligando a los que desean la libertad a co-existir con ellos. En otras palabras, nos jodemos todos. Uno de los siameses se pudre y el otro tiene que pudrirse con él.