Mañana debo ir a cirugía y, si todo va bien, estaré con ustedes de regreso hacia fines de semana,
Gustavo
Mañana debo ir a cirugía y, si todo va bien, estaré con ustedes de regreso hacia fines de semana,
Gustavo
Podría
decirse que un evento fue el factor generador del otro. La política seguida por
Trump para el manejo de la pandemia tuvo un efecto muy negativo en la
percepción de los estadounidenses sobre sus cualidades de liderazgo. Su
estrategia principal fue la de desconocer la severidad de la pandemia y repetir
una y otra vez que estaba en camino de desaparecer. Interesado en mantener la
economía boyante, con fines electorales, insistió en que los estados
controlados por los republicanos se mantuvieran esencialmente “abiertos”, lo
cual generó numerosos casos del virus. Los Estados Unidos es hoy el país con más
casos y más muertes debido al virus. En paralelo con esta estrategia equivocada
el presidente Trump lideró una actitud de desconocimiento del protocolo recomendado
de uso de máscaras y distanciamiento social. Ni él, ni su familia ni sus inmediatos
colaboradores (excepto Pence) acataron esta directriz sanitaria. Peor aún,
Trump la combatió velada y abiertamente, al llevar a cabo grandes concentraciones
de personas que no seguían esas recomendaciones. Como resultado de este
liderazgo basado en el mal ejemplo, estos eventos fueron generaron altos
niveles de contagio y algunos colaboradores importantes murieron contagiados del
virus. El mismo Trump, su esposa, hijos y miembros de su entorno de trabajo se
contagiaron pero recibieron atención médica especial, algo que la mayoría de
los ciudadanos no podía obtener.
Esto
contribuyó en gran medida a la derrota electoral de Donald Trump. Preocupado
por la posibilidad de perder las elecciones debido a la reacción popular sobre
su conducta frente al virus, Trump comenzó a hablar activamente de un posible
fraude electoral en su contra. Dijo públicamente
que no concedería la victoria a su oponente. Su campaña fue de doble propósito,
por un lado acusar al candidato opositor de ser un títere de los comunistas y,
por el otro lado, comenzar a diseminar la especie de que se preparaba un gran
fraude electoral.
El
resultado de las elecciones le fue adverso y desencadenó el segundo evento, el
cual se ha ido agravando significativamente. Fue el desconocimiento, por parte
del presidente Trump, del triunfo electoral de Biden, llevado al extremo de
insultar y romper con los miembros de su gabinete y de su partido que
admitieron que Biden ganó legítimamente. Su postura desconocedora de los resultados lo llevó a
autorizar abogados como Giuliani, Woods y Powell para introducir múltiples demandas
de nulidad de las elecciones en diferentes estados de la Unión y ante la Corte
Suprema de Justicia. Se ha hablado de
hasta 50 demandas (he leído tres de ellas), todas con resultados rotundamente negativos.
En paralelo, su mismo Fiscal General (Attorney General) William Barr ha dicho
que las elecciones fueron limpias. El vicepresidente Pence ha dicho que no encontró
señales de fraude. Una mayoría de los congresistas de su propio partido ha dicho
que no puede objetar el triunfo de Biden. La actitud de Trump ha sido la de
romper con ellos y con todos quienes niegan que su postura es la correcta.
Su
más reciente acción fue la promover una marcha sobre el Congreso, a la cual él
prometió acompañar pero no lo hizo. Esta marcha desencadenó una acción
vandálica violatoria de las instalaciones del Congreso, algo nunca visto en la
historia del país. Como resultado de esta acción varios miembros de su gabinete
y otros funcionarios de menor nivel han renunciado, ya que responsabilizan a Trump
por este evento.
Su comportamiento ha sido objeto de acerbas
críticas. Twitter le ha cancelado su cuenta de manera permanente y FACEBOOK lo
ha hecho de manera temporal.
Su
actitud ha costado al partido republicano la pérdida de la Cámara de Representantes,
del Senado y de la presidencia, además de inducir fracturas a sus más altos
niveles.
En
una acción sin precedentes, se gesta en este momento un segundo juicio político
en su contra. Se le pidió al vicepresidente Pence que invocase la constitución,
a fin de declarar a Trump incapaz de
seguir en la presidencia pero Pence se ha negado a hacerlo.
Como
resultado de esta grave crisis de las instituciones estadounidenses el presidente
Trump se encuentra actualmente aislado políticamente, rechazado por la mayoría
de sus propios compañeros de partido y de gobierno y por grandes sectores de la
ciudadanía estadounidense.
Esta
situación de aislamiento de Trump parecería anunciar el fin de la crisis política
estadounidense pero podría no ser así. En realidad, podríamos estar asistiendo
al inicio de una gravísima crisis política y social en la nación, como resultado
de acciones que Donald Trump o sus seguidores pudieran tomar en el futuro a corto
plazo.
La
razón está a la vista. Trump recibió unos 75 millones de votos, lo cual significa
que casi la mitad de los electores aprueba de su manera de conducir la política,
su manera de pensar y de actuar. Aún después de lo que ha sucedido es posible
ver que sus partidarios no solo lo justifican sino que muchos de ellos parecen
querer ir aún más lejos en su acción contra las instituciones, de un modo que
podría denominarse insurreccional. Parecería que esta gran masa de ciudadanos
estadounidenses está actuando sobre la base de creencias, algunas legítimas, otras
no, de convicciones, resentimientos, odios raciales o sociales, en contra de lo
que perciben como una nación elitista con tendencias socialistas que arruinarían
al país. Y no es solo un movimiento de supremacistas blancos, predicadores
fanatizados y masas ignorantes, sino que abarca sectores educados de la
población. Su cemento unificador es, sorprendentemente, un grupo de teorías conspirativas
que postulan una confabulación de poderosos y multimillonarios para dominar el
mundo, gente que – según ellos - no solo
tienen ansias de dominación sino desviaciones sexuales y prácticas satánicas. De
allí que muchos de ellos, incluyendo al nuevo presidente Biden, sean acusados
de pedofilia, sin evidencia alguna. Entre los anti-Cristos identificados por el “trumpismo” se encuentran
Bill Gates y George Soros, multimillonarios quienes según los seguidores del
presidente han creado vacunas contra una pandemia
fraudulenta (no mata a nadie, dicen) que al ser inyectadas a la población la convertirían
en esclava. El movimiento “trumpista”
también acusa a sus opositores de inventar el cuento del calentamiento global para
atacar el nacionalismo y terminar con la independencia de los países. De allí
que Trump hable de una pugna entre patriotas
y globalistas.
Este
es un movimiento que tiene eco mundial, al cual se han adherido Bolsonaro en
Brasil, Erdogan en Turquía, Duterte en Filipinas y otros.
Trump
se ha convertido en un aprendiz de brujo que podría llegar – como Mickey Mouse
en “FANTASÍA”- a perder el control de
las masas que logró poner en pie de guerra. En este momento, a fin de salvarse políticamente,
declaró que desaprobaba lo sucedido en el Congreso y sus palabras lo han convertido en un traidor ante los ojos de
algunos de sus seguidores.
Sin
embargo, como Trump nunca ha sido un político sino un entusiasta vendedor de su
propia imagen, su posición en la presidencia le ha permitido crear un movimiento que tiene ya poco que ver
con el partido republicano para convertirse en un inmenso chiripero que está
adquiriendo vida propia. En este sentido está mucho más cerca del fascismo italiano,
del hitlerismo alemán y del peronismo argentino que de las corrientes políticas
de la democracia.
Por
ello, lo que está sucediendo en este momento pudiera no ser el final político de
Donald Trump sino el comienzo de una nueva etapa de su vida pública, una etapa
que traería nuevas tragedias a la sociedad estadounidense.
En esta entrevista con Alexis Ortiz menciono la necesidad de llevar a cabo un programa de larga duración de educación ciudadana en Venezuela, objeto de mi carta a Biden (ver entrega anterior en este blog) y de los escenarios futuros posibles para la Venezuela post-chavista. Solo mediante un cambio actitudinal profundo podrá Venezuela salir del foso del atraso y de la indignidad.
Verla en:
**** Spanish translation follows after the English version
Traducción al Español sigue a la versión en Inglés
MR.
JOSEPH BIDEN
Dear Mr. President Elect:
I am a Venezuelan – U.S. dual
citizen, 87 years old. I have lived 32 years of my life in this generous
country, including the last 17 years, one of the happiest periods of my life. As
millions before us, my wife and I came here searching for our American dream,
until her death last July 2020. We lived modestly, in tranquility and feeling
secure in a Virginia community. We both found our American dream living as
good, responsible, citizens, complying with our civics duties and enjoying our civic
rights. Born in Venezuela we will rest in U.S. soil.
As a Venezuelan by birth, I lived and
toiled in my native country for even longer years than in the U.S. I yearn to
see my native country overcome its present, disconsolate situation and regain
its road to a prosperous and dignified life.
I realize that you are facing an
overwhelming task of political and spiritual reconstruction in this country. It
would appear almost inconsiderate of me to be asking you for help to put
Venezuela back on her feet. However, the U.S is the country most of us Venezuelans
look to, when we need outside help. The influence the U.S. has had and still
has on Venezuelan social, economic and political life is very significant.
This is why I feel the U.S. is the
country that could lead the outside world in the task of helping Venezuela to recover
from its current nightmare.
What would
be, in my view, the best support the U.S. could give Venezuela? Financial
support immediately comes to mind and, certainly, the new government of Venezuela
will need significant financial support as soon as the current nightmare ends,
since the country is literally bankrupt. But material bankruptcy, although
tragic, is not the main Venezuelan affliction. My country of birth is also
spiritually bankrupt, having lost the correct sense of direction that once possessed
during some years of the last century. A response to this spiritual affliction
needs to be strategic and policy driven, even more so than financial. Venezuela
is also in a battle for its soul.
A fundamental task facing post-dictatorial Venezuela, and
one that will be indispensable to put the country back on track, will be the conversion of the Venezuelan
population from being extremely dependent on the state to a condition of self-starting
citizenship. Venezuela needs to become a country of citizens, possessing a
unified sense of national identity and purpose, rather than continuing in its
current path to social anomy. To do this will require, more than simple
material help, decisive support in the implementation of the right policies
that can induce collective attitudinal change among the Venezuelan population.
The first step of your support could
be the signing of a long term agreement - 30- 50 years duration- between the two countries, to work together in the structuring and implementation of a massive, permanent and
mandatory civic education program in Venezuelan schools, from the first year of
primary school to the last year of high school. This program would incorporate
proven educational techniques to develop in the Venezuelan population a firm
sense of civic responsibility, promoting the adoption of good citizenship as second
nature. Such a program would be applied to Venezuelan youth throughout
childhood and adolescence, since it has to be implemented without interruption
in order to be effective.
As a result of such a continuous
effort, massive attitudinal change can be obtained in the course of two to
three generations, transforming a critical mass of Venezuelans into citizens
sharing a collective sense of civic duty, in contrast with the dominant pretensions
of entitlement that has prevailed in the past, one that led Venezuelans to
believe that the state should provide for all their needs. This will be an
ambitious program but certainly easier to accomplish than sending a man to the
Moon and bringing him back alive. And this you did.
I realize that this program, by
itself, would not be sufficient to guarantee Venezuelan future prosperity but I
am convinced that, without such a program leading to collective attitudinal
changes, no material help would ever be sufficient to solve the Venezuelan
tragedy.
For the U.S. this program would represent a magnificent example of what Harvard’s
Joseph Nye has defined as “soft power”, a way to create much good will and to
influence positively other societies without need to resort to the hard tactics
that have created anti- U.S. resentment in
our region.
I annex to this letter a short basic description of what this project could
consist of and how it could be execute. I am copying the letter to both Mr. and
Mrs. Bill Gates, because I believe their foundation would be ideal as a private
partner to this program. I am also copying the Venezuelan government, in the
person of the Venezuelan Ambassador to the U.S., Mr. Carlos Vecchio.
With my very best wishes for your success in the coming four years,
I remain,
Sincerely yours,
Gustavo Coronel
8360 Greensboro drive #710
McLean, Virginia 22102
ANNEX.
“A Factory of Citizens”
CC. Mr. and Mrs. Bill
Gates, Bill and Melissa Gates Foundation
Mr. Carlos Vecchio, Venezuelan Ambassador to the U.S.
UNA CARTA AL PRESIDENTE ELECTO DE LOS
ESTADOS UNIDOS
SR. JOSEPH BIDEN
Apreciado Sr. presidente electo:
Soy un ciudadano
venezolano-estadounidense, de 87 años de edad. He vivido en este generoso país
por unos 32 años, en varias ocasiones, incluyendo los últimos 17 años, una de las
etapas más felices de mi vida.
Como es el caso de millones de personas
que nos precedieron mi esposa y yo llegamos aquí buscando nuestro sueño
americano, hasta su fallecimiento ocurrido en Julio de 2020. Vivimos modestamente,
en tranquilidad y sintiéndonos seguros en una comunidad de Virginia. Ambos realizamos
nuestro sueño de vivir como buenos y responsables ciudadanos, cump0liendo con nuestros
deberes y disfrutando de nuestros derechos ciudadanos. Nacid9os en Venezuela
descansaremos en tierra estadounidense.
Nacido en Venezuela viví y trabajé en mi
país natal por más años de los que he vivido aquí. Anhelo ver mi país de
nacimiento superar su actual desconsolada situación y recuperar el rumbo hacia
una vida próspera y digna.
Comprendo que usted enfrenta una tarea
agobiante de reconstrucción política y espiritual en este país. Por ello parecería desconsiderado
de mi parte pedirle ayuda a fin de poner a Venezuela nuevamente de pie. Sin
embargo, los estados Unidos es el país al cual miramos la mayoría de los
venezolanos cuando requerimos apoyo externo. La influencia de los Estados
Unidos sobre la vida política, económica y social venezolana ha sido y es
determinante.
Es por ello que los Estados Unidos es el país que puede liderar
el mundo exterior en la tarea de ayudar a Venezuela a salir de su pesadilla
actual.
Cual
sería, \en mi criterio, la mejor ayuda que los estados Unidos puede darle a
Venezuela? Se pensaría de inmediato en
apoyo financiero y, ciertamente, el nuevo gobierno de Venezuela requerirá
sustancial apoyo de este tipo tan pronto el país salga de la pesadilla actual,
ya que el país está en la ruina. Pero la
ruina material, con todo y ser trágica, no es la mayor aflicción venezolana. Mi
país natal está también en ruina espiritual y ha perdido el sentido correcto de
dirección que tuvo durante algunos años del siglo pasado. Atender esta aflicción
necesita acción estratégica y la implantación de políticas correctas, más que
dinero. Venezuela también está en plena batalla por su alma.
Una tarea fundamental que enfrentará la
Venezuela post-dictadura, la cual será indispensable para la recuperación del
país, será la conversión de la población de dependiente en el estado a la
condición de ciudadanos capaces de valerse por sí mismos y de ejercer a
plenitud su ciudadanía. Venezuela requiere convertirse en un país de ciudadanos
que posean un sentido de identidad nacional y de propósito común, abandonando
su rumbo actual hacia la anomia. Para
ello requiere, más que simple ayuda material, apoyo decisivo en la
im0plementación de las políticas correctas que habrán de inducir un cambio
colectivo de actitudes en su población.
El primer paso en este apoyo podría ser
la firma de un convenio de largo plazo – 30 a 50 años de duración – entre los
dos países para trabajar juntos en la estructuración y ejecución de un programa
masivo, permanente y mandatorio de
educación ciudadana en las escuelas venezolanas, desde el primer año de la
escuela primaria hasta el último año de la escuela secundaria. Este programa
incorporaría las técnicas educativas probadas para desarrollar en la población
venezolana una firme sentido de responsabilidad cívica, promoviendo la adopción
de buena ciudadanía como una segunda naturaleza. Sería aplicado a la juventud venezolana desde
sum primera infancia hasta el final de su adolescencia, ya que su ejecución
debe ser ininterrumpida si es que se quiere que sea efectiva.
Como resultado de este esfuerzo continuado
podrá obtenerse un radical y masivo cambio actitudinal en el curso de dos a
tres generaciones, transformando una masa crítica de venezolanos en ciudadanos
que compartan un sentido colectivo de responsabilidad por el país, en lugar de
la pretensión de esperarlo todo del estado benefactor que la ha dominado en el pasado. Este
sería un programa ambicioso pero ciertamente más fácil de lograr que enviar un hombre
a la Luna y traerlo, sano y salvo, de regreso. Y esto lo hizo ustedes lo
hicieron.
Entiendo que este programa no sería
suficiente para garantizar la futura prosperidad de Venezuela pero estoy
convencido de que, sin un programa de esta naturaleza que resulte en un cambio
actitudinal colectivo, cualquier nivel de ayuda material sería insuficiente
para resolver la tragedia venezolana.
Para los estados Unidos este programa representaría
un bello gesto, un magnífico ejemplo de lo que el profesor Joseph Nye, de Harvard,
ha definido como “Poder Blando”, una manera de crear buena voluntad y de
influenciar positivamente otras sociedades, sin necesidad de utilizar tácticas
duras que han creado resentimiento anti-estadounidense en el pasado.
Anexo a esta carta una descripción
básica del proyecto y de cómo podría llevarse a cabo. Copio esta carta al Sr.
Bill Gates y su esposa, cuya Fundación podría ser un socio privado ideal para
este proyecto. También copio al Gobierno de Venezuela, en la persona de su
embajador en USA, Sr. Carlos Vecchio
Con mis mejores deseos por su éxito en
estos próximos cuatro años,
Sinceramente,
Gustavo Coronel
ANEXO.
Fábrica de Ciudadanos
Leer
proyecto en:
http://petroleumag.com/cinco-aseveraciones-y-un-plan-de-accion/
CC.
Mr. and Mrs. Bill Gates, Bill and Melissa Gates Fundación
Mr.
Carlos Vecchio, Embajador de Venezuela
en USA.
No solo un gran pelotero sino un gran ciudadano
En
el hall de la fama del béisbol venezolano, situado en Valencia, uno puede ver
un grupo llamado: “Cuatro Gigantes, una leyenda”. Los cuatro gigantes son Alejandro “Patón” Carrasquel,
Alfonso “Chico” Carrasquel, David Concepción y Andrés Galarraga. La leyenda es
Luis Aparicio, hijo. Así los denominan con justicia por sus hazañas en el campo
de juego, pero también podrían denominarse así por su conducta intachable fuera
del campo de juego, como ciudadanos. Desde sus orígenes en 1895 hasta 1990 el béisbol
venezolano no solo ha dado algunos grandes atletas sino también grandes
ciudadanos: los muchachos que derrotaron a Cuba en 1941, eran gente humilde y
sencilla. El muchachote de Barlovento, Vidal López y Héctor, Benítez “Redondo”,
mis ídolos de niñez y adolescencia. Eran
gente sana. Ya adulto y aún, anciano, mi
día era más feliz y me sentía en el tope del mundo si Carrasquel, Concepción,
Aparicio, Galarraga o César Tovar tenían un buen día al bate o si Johan Santana
o Wilson Álvarez lanzaban un buen juego. Los latinos llegados de otros países como
Lázaro Salazar, Luis Tiant, Cocaína García, así como los peloteros de color que
venían de USA: Bob Gibson, Roy Campanela, Jim Pendleton, Don Newcombe, Quincy Trouppe,
eran afables y sencillos.
En
la década de 1990 el número de peloteros latinos en las grandes ligas se
incrementó significativamente, gracias a las escuelas de béisbol manejadas por
equipos de las grandes ligas en Venezuela, República Dominicana y otros países
del Caribe. El número de peloteros latinos en las grandes ligas representa hoy
entre el 25% y el 30% del total de peloteros activos. La mayoría ha llegado desde
República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela y más recientemente Cuba, debido a
la afluencia de jugadores que se escapan de la dictadura de aquél país. Sin
embargo, la calidad ciudadana de este contingente no es tan sólida como la de
generaciones anteriores.
Algunos
de nuestros peloteros de la era moderna se han comportado muy bien. Melvin Mora
es un gran ciudadano. Johan Santana hace mucho bien en la comunidad andina que
lo vio nacer. Miguel Cabrera y Omar Vizquel se han portado bastante bien. Sin
embargo, Miguel protagonizó un incidente de violencia doméstica en 2009 que
ameritó la presencia de la policía. En aquel momento, estaba un poco pasado de
tragos peo luego parece haber superado este incidente y no hay malas noticias
sobre su comportamiento. Omar, por su parte, a quien siempre he tenido por un
gran caballero, ha sido recientemente acusado por su esposa de violencia
doméstica, aunque esa acusación ha sido vehementemente negada por el atleta. Y
yo quisiera creerle porque su conducta me ha parecido siempre muy correcta y
porque me parece mucha coincidencia que la acusación ocurra en el momento en el
cual estaba siendo considerado como posible miembro del Museo de la Fama en
Cooperstown.
En
la última década el contingente de latinos en las grandes ligas ha mostrado conductas que han sido desproporcionadamente
censurables en relación a su número. Por ejemplo, de los 75 jugadores que han
sido suspendidos por sustancias
prohibidas desde 2000 en adelante, unos 44 son latinos. Entre los venezolanos
han estado Eliezer Alfonzo, Freddy Galvis, Juan Rincón, Rafael Betancourt, y Francisco Cervelli. Entre los peloteros de
otras nacionalidades están Robinson Canó, Rafael Palmeiro, Starling Marte,
Manny Ramírez, Melky Cabrera y hasta Bartolo Colón. Ver: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_Major_League_Baseball_players_suspended_for_performance-enhancing_drugs
En
lo que se refiere a la violencia doméstica la situación es aún peor. De los doce
jugadores suspendidos por violencia doméstica desde 2016 hasta hoy, nueve son
latinos e incluyen a los venezolanos José Torres y Odubel Herrera. Ver: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_Major_League_Baseball_players_suspended_for_domestic_violence
. Otro venezolano, Francisco Rodríguez no fue suspendido, a pesar de haber
protagonizado dos episodios de violencia doméstica, uno contra su esposa y otro
contra su suegro, a quien agredió en el mismo estadio de los Mets de Nueva
York.
PELOTEROS LATINOS TIENEN PROBLEMAS CUTURALES Y DE MANEJO
DE SÚBITA RIQUEZA
¿Cuáles serán las razones por las cuales los
peloteros latinos tienen más problemas de violencia doméstica que sus colegas
anglosajones? El lanzador cubano Aroldo Chapman nos ofrece algunas indicaciones
sobre las razones actitudinales que pueden llevar a estas situaciones. Dice
Chapman, quien fue suspendido por 30 juegos por golpear a su novia, ver: https://www.sportingnews.com/us/mlb/news/aroldis-chapman-suspension-domestic-violence-yankees-return/1kwt9xy0czmxg15b5qgmtoh1x6 :
“Como
somos extranjeros la gente nos quiere hacer daño. Es más fácil hacer daño a
quien no es de aquí que a quien si lo es. Mucha gente quiere nuestro dinero.
Nosotros tenemos que cuidarnos”. Chapman disparó varias veces en su garaje después
de tener una agria discusión con su novia. El New York Times dice que Chapman
está bajo el cuidado de dos psiquiatras especializados en violencia doméstica. La
novia dice que Chapman comenzó a estrangularla.
Por
su parte, Alexei Ramírez, también cubano, quien jugó para los Medias Blancas de
Chicago, dice que el problema es que los latinos se sienten aislados en la cultura
estadounidense, ya que los managers de los equipos no hablan español y ello los
limita y los hace sentir solos.
El
receptor venezolano Miguen Montero, quien estuvo con los cachorros de Chicago,
dice sentirse discriminado por su condición de latino.
Chapman
agrega: “Llegamos aquí sin conocer el país, nos dan mucho dinero recién
llegados de un país donde todos éramos pobres. Inmediatamente, todos nos
quieren sacar el dinero”.
La verdad es que estas razones no
parecen justificar los actos de violencia que llevan a cabo nuestros jugadores.
Con demasiada frecuencia, lo primero que hacen estos jóvenes es comprarse un
auto muy llamativo (o dos) en lugar de
comenzar por comprarse un hogar. Gerenciar la riqueza súbita es mucho más difícil
que gerenciar la pobreza y es fácil que surjan las peleas entre cónyuges o
entre hijo y padres por asuntos de dinero. Los nuevos millonarios se llenan abruptamente
de “amigos”, interesados en despojarlos de algunos dólares o de vivir la buena
vida como comparsa de los famosos. Este fenómeno es más común entre los
peloteros cubanos y los dominicanos, porque los que llegan de Venezuela o de
México generalmente tienen un poco más de experiencia de clase media, lo cual
los hace menos vulnerables.
DEBERÍA HABER UN CENTRO DE
ENTRENAMIENTO PARA ESTOS PELOTEROS
Quizás las grandes ligas debería crear un Centro de
Formación o Entrenamiento para estos recién llegados que incluyan áreas tales
como aprendizaje intenso del idioma inglés, gerencia del dinero e indicaciones
para superar el choque cultural, en fin, un pensum diseñado a la medida para facilitar
la incorporación de estos jóvenes millonarios a la nueva cultura y de cómo
evitar los problemas derivados de vivir una vida con mucho dinero, en un país
de cultura diferente, en el cual generalmente se sienten aislados y hasta
vistos como inferiores.