domingo, 12 de mayo de 2013

Cuatro reflexiones y una conclusión


Esperando comprar comida. Que verguenza de país!
 
Primera reflexión:

Objetivamente Venezuela nos luce como un país en crisis. No vivo en Venezuela pero, además de leer la prensa y los sitios virtuales venezolanos a diario,  tengo familiares y amigos quienes me hablan  de las angustias que experimentan en materia de seguridad, de alimentación y me comentan sobre los abusos del régimen que controla el poder politico. Quienes tengan más de 30 años recordarán a una Venezuela diferente. El país de hoy tiene un asfixiante control cambiario y un desabastecimiento que lleva a la gente a humillarse o a convertirse en salvajes para conseguir unos paquetes de harina PAN. Me dicen que en algunos mercados solo dejan entrar por el número de la cédula, un día cada semana,  o marcan la piel de quien compra, para asegurarse de que solo compran una ración. Me reportan que en algunos establecimientos solo le  venden  a quien se manifieste como partidario del gobierno. Lo que conozco sobre Venezuela me indica la existencia de una situación cercana a una gran explosion social. La gente está hastiada de tanta ineptitud gubernamental.
Trebilinka? No. Barquisimeto, comprando harina Pan.

Segunda reflexión:

Objetivamente, no logro comprender como un país que hace apenas dos décadas tenía aspiraciones de grandeza hoy tenga un presidente en ejercicio, ilegítimo o no, que es un analfabeta funcional, un ignorante, un patán de bajísimo nivel ético, con prontuario laboral y pasado turbio, adoctrinado en Cuba, totalmente incapaz de ejercer una posición como la que ejerce. 

Se me dirá que fue elegido para ocuparla. Y a ello solo puedo responder: si fue elegido en buena lid, por una mayoría genuina de los venezolanos, entonces me alegro de no estar allá, porque no me aguantaría vivir en una sociedad degradada y suicida. Pero si fue elegido como producto de un fraude, como parece ser el caso, entonces creo que hemos demorado mucho en (tratar de) sacarlo de alli a patadas. Me opondría, como en efecto me opongo, a cualquier intento de apaciguadores invertebrados, a lo Edgar Zambrano o Eduardo Fernández, de dialogar con un pandilla que no comparte nuestros principios y valores. Aquí no hablamos ya de Magallanes y Caracas, sino de decencia e indecencia.

 

Tercera reflexión:

Objetivamente veo que el país está en la ruina. Y eso es comprobable, no es producto de nuestra imaginación. Las reservas internacionales líquidas están al mínimo. PDVSA está endeudada al máximo, a punto de que la deuda ya casi iguala su patrimonio. La CVG está en ruinas. La inflación este año pasará del 30 por ciento. La industria está paralizada. El deficit fiscal representa un 18% del Producto Interno Bruto. La infraestructura se encuentra en deplorables condiciones de mantenimiento. Esto va más allá de un simple problema ideológico. Tenemos una pandilla de estúpidos en el poder que usan con desparpajo la técnica cubana de culpar a otros por su ineptitud. El hecho de que se importe el 70 por ciento de la comida es culpa, segun el payaso mayor, de… POLAR!  

Cuarta reflexión:

Es fácil advertir que el régimen está sumido en la mas espantosa corrupción. Cada robo es premiado con una promoción. En PDVSA, en Corpoelec, en BANDES, en los ministerios, en los cuarteles donde se protege la droga , sobre todo en Miraflores, se roban impunemente el dinero público. Miles de millones han sido entregados, en acto de traición, a Cuba  y demás países “amigos”, un dinero que era nuestro.

Conclusión:

Es necesario insurgir activamente para salvar al país. Para ello es necesario utilizar todos los medios permisibles bajo la constitución, sistematicamente violada por la pandilla que está en el poder. La constitución nos impone el deber de alzarnos contra este régimen. Nada de diálogo, nada de conciliación es posible con la  pandilla, so pena de parecernos a ellos. Conversar con Pedro Carreño y con lo que el representa es un acto de profunda corrupción que ensucia a quien lo hace, llámese como se llame.