jueves, 25 de abril de 2019

El Mentor



Hace unos días me llamó un amigo desde Houston quien me dijo: “Hablé con Xxxxxx y tu nombre salió a relucir. Me mencionó que tu habías sido su mentor”. Oír esto me emocionó porque esta persona mencionada ha hecho muchas cosas buenas y su conducta ciudadana ha sido ejemplar. Me sentí orgulloso de que me considerara su mentor, sobre todo porque tenemos muchos años sin vernos.  
Esta conversación con mi amigo de Houston me puso apenar en lo que significa ser mentor. En el diccionario busqué la palabra y leí que el Mentor es un consejero experimentado, un guía en quien alguien generalmente más joven confía para tomar decisiones en su vida. Es algo más que un maestro dictando cátedra de buen vivir en el salón de clases. Aunque puede haber algo de eso, ello no parece ser lo determinante para que se establezca una relación de este tipo entre dos personas. Por ejemplo, cuando murió mi inolvidable amigo Alberto Quirós yo dije que con frecuencia lo había considerado como una fuente de inspiración para mis propios actos, un modelo de conducta, lo había visto como mentor. Por supuesto, Alberto no fue mi único mentor, he tenido otros, como por ejemplo mis padres, dos maestros como los salesianos Isaías Ojeda y  Jorge Losch (Puyula), mi amigo de toda la vida Antonio Pasquali, Pedro Pick. Algunos, como Moisés Naim, han sido más jóvenes que yo.  A la muerte de Alberto Quirós, un grupo significativo de jóvenes brillantes de la industria petrolera venezolana lo mencionó como su mentor, lo llamaban ‘Sensei”, un término honorifico en la cultura oriental que tiene que ver con la figura del maestro.  
No maestro que enseña que 2+2 = 4 aunque la instrucción sea también necesaria y meritoria. El mentor es más que eso,  nos muestra el camino, con sus palabras o con su ejemplo.  Ser mentor no es una profesión, es una vocación.  El origen del término nos viene de La Odisea, el poema de Homero, en el cual Mentor, un noble de Ítaca y amigo de Odiseo, es dejado por este a cargo de su hijo Telémaco cuando debe irse a la guerra de Troya. Mentor asume el papel de guía, maestro, protector, guardián y padre adoptivo de Telémaco. Su tarea fue la de protegerlo, guiarlo en su carrera y, lo más importante, ser su leal amigo.  La idea es hermosa pero el resultado es aún más hermoso: quien tiene un mentor frecuentemente se convierte en mentor de otros.
Ser mentor puede ser una decisión consciente o puede ser inconsciente. En el primer caso, el mentor establece una relación con un joven a quien considera promisor y le va guiando lenta pero seguramente en el camino de su progreso profesional o personal. En el segundo caso, el mentor toma posiciones en la vida, dice algo que inspira a otros, se convierte en un ejemplo para quienes son más jóvenes, a pesar de que no tengan una relación íntima. En todo caso, el mentor generalmente posee algunas cualidades que le permiten ser objeto de atención:  cordialidad, capacidad para escuchar, demostración de genuino interés en la otra persona. Quien es “mentorizado”  generalmente tiende a  idealizar al mentor, verlo como un “gigante” de fortaleza moral. Mi primer nieto me dijo una vez que  había visto una película sobre un hombre que pasa largas semanas solo en un bote en mitad del océano y sobrevive por su capacidad para perseverar y  encontrar respuestas a sus problemas. Me dijo: “me recordé de ti”.  Un buen consejo para los mentores, dicen W. Brad Johnson y Charles R. Ridley en su libro““The Elements of Mentoring”,  es aceptar esa idealización de buen grado, no considerarla adulación sino un deseo sincero de imitación.
La regla de oro es que el mentor nunca debe traicionar la confianza que sus alumnos han depositado en él. Cuando se rompe esta relación de confianza ello representa una tragedia casi irreversible.
Ser un mentor es iniciar una larga y maravillosa cadena de bellos gestos, de ejemplos imitables, de dignas fuentes de inspiración. Genera un círculo virtuoso  tal como un interés compuesto de naturaleza espiritual, el cual lleva a la riqueza interior.


viernes, 19 de abril de 2019

VENEZUELA: DIÁLOGO, NEGOCIACIÓN O RECHAZO FRONTAL




Por puro azar, más bien por serendipia, adquirí esta semana en una de las pocas librerías que aún existen en Washington DC, un breve y estupendo volumen llamado: “Los Tres Lenguajes de la Política”, de un politólogo estadounidense, del Instituto CATO, llamado Arnold Kling. Lo compré por el título, el cual me pareció atractivo y porque costaba $10 dólares, precio que está dentro de los límites del presupuesto que me impuesto para libros y vinos.
Lo considero un gran hallazgo y me ha hecho reflexionar sobre la manera para salir de esta pesadilla. Aunque lo leído no altera mi posición sobre la solución negociada para Venezuela que algunos propugna si me ayuda a tratar de moderar mi postura contra quienes difieren de mi opinión. He estado cometiendo el error, innecesario, de  descalificarlos por pensar diferente. El libro de Kling me hace ver que mi postura puede ser menos agresiva sin que, por ello, deba cambiar.  Por ello, me haré el propósito de ahora en adelante de ser mucho más reflexivo al tratar de juzgar las motivaciones de quienes difieren de mi opinión.
En su libro sobre el comportamiento político en los Estados Unidos Kling dice que los ciudadanos se han ido nucleando alrededor de tres tribus, las cuales utilizan su talento no para cooperar entre ellas sino para prevalecer sobre las otras.  Define las tres tribus de la siguiente manera: la Tribu de los Conservadores, la tribu de los Progresistas y la tribu de los Libertarios. Las tres coaliciones afirman que son moralmente superiores a la otra, aunque,  por supuesto, no todas pueden estar en lo cierto. El autor agrega que le gustaría ver discusiones políticas conducidas con menos animosidad tribal y con mucho más respeto mutuo y más deseo de deliberar constructivamente. Menciona, como ejemplo de lo que desearía ver, la actitud de un Jurado, grupo que es capaz de deliberar de manera objetiva para tratar de llegar a un objetivo común, el veredicto.   
Pongo esto de Objetivo Común en relieve porque  regresaré a este concepto que creo fundamental para el caso Venezolano. El ensayo de Kling continúa definiendo lo que llama los tres ejes de los lenguajes tribales, los cuales establecen su manera  en base a  dicotomías. Los progresistas hablan de OPRIMIDOS VS OPRESORES. Los Conservadores hablan de BARBARIE VS CIVILIZACIÓN. Los Libertarios hablan de LIBERTAD VS COACCIÓN. El autor da ejemplos de cómo cada problema mayor que nos aflige a nivel nacional o mundial puede verse en términos de esos tres ejes.
Un ejemplo de lo que dice es el relacionado con el conflicto entre Palestina e Israel. Para los Progresistas el problema es que Israel, el opresor, es culpable del sufrimiento Palestino, un pueblo oprimido. Por lo tanto, apoyan a Palestina. Para los Conservadores, Israel es aliada de los Estados Unidos en defensa de la civilización y de sus valores básicos contra el nihilismo bárbaro. Para los Libertarios el problema tiene que ver con un conflicto entre la corrupción del gobierno  palestino y el militarismo israelí.   El autor advierte que estos tres ejes no son absolutos y que el asunto es más complejo de lo que sugiere esta simplificación.
 Quienes abrazan un eje dominante hacen pocos intentos de aprender el lenguaje de los otros. Enfatizan la asociación con quienes piensan como ellos, leen a, y hablan con, quienes piensan como ellos. Filtran los argumentos que no encajan en su eje ideológico y hasta presumen – en su intento de prevalecer sobre los otros a toda costa -  que las intenciones de quienes no piensan como ellos son de menor estatura moral que las propias. El autor define esta posición como una de pensamiento rápido – Fast Political Thinking – para anteponerla a lo que él llama Pensamiento deliberado, cuidadoso, mediante el cual se hacen esfuerzos para tratar de ver lo que puede haber de cierto y de valioso en la posición ajena. En especial me siento aludido por esta sección del libro, ya que – en efecto – he llegado a dudar de las buenas intenciones de quienes difieren de mi posición sobre el caso venezolano. Y esto puede ser, en algunos casos, no en todos, una postura injusta.  
¿Cómo aplicar estos hallazgos de Kling al caso venezolano? El advierte en su libro que lo que dice es solo aplicable a los Estados Unidos, no a otros países o culturas políticas. Pero me parece que su definición de tribus y lenguajes es perfectamente aplicable al caso venezolano. Según este marco conceptual existirían en Venezuela dos tribus políticas, algo que – por lo demás -  es bastante evidente: el Lenguaje del Grupo que se autodefine como Conservador, Derechista y el Lenguaje del Grupo  que se autodefine como  Progresista, Izquierdista. Y sus ejes dominantes pueden definirse de igual manera que en USA: civilización vs barbarie en el caso del lenguaje Conservador y oprimidos vs opresores en el caso del lenguaje Progresista.
Desde este punto de vista, es perfectamente posible decir que los Conservadores/Derechistas han visto y ven al gobierno venezolano de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro como un régimen dictatorial, cruel, represivo e ineficiente. Lo ven como representante de la barbarie y desearían remplazarlo por un gobierno civilizado. Quienes así piensan ven a Estados Unidos, Europa y los países democráticos de América Latina como aliados.  
Por su lado, los Progresistas/Izquierdistas vieron al gobierno de Chávez y ven al gobierno de Maduro como defensor de los oprimidos, de los pobres,  frente a los opresores, integrados por el empresariado y las élites sociales, apoyadas y utilizadas por  países imperialistas como los Estados Unidos. El gobierno no es ineficiente sino que ha estado bajo ataque de los países capitalistas. El gobierno no es represivo sino que se defiende de los ataques del imperio y sus cómplices venezolanos. El gobierno no es dictatorial sino que  traduce los deseos del pueblo, de los desposeídos. Ven a países como Rusia, China, Cuba, Siria y Nicaragua como aliados
Es necesario hacer la salvedad de que muchos Progresistas/Izquierdistas no apoyan a Maduro, porque consideran que ya no representa la casa de los oprimidos, aunque siguen apoyando a los Castro en Cuba y a Ortega en Nicaragua como expresiones genuinas de la lucha contra la opresión.  
Lo que nos pide  el autor del libro que comentamos es que cada grupo trate de comprender el lenguaje del otro.  Cita a Stephen Covey (Los Siete Hábitos de las Personas muy Efectivas) al decir: primero tratemos de comprender a la otra parte y luego tratemos de que la otra parte nos comprenda a nosotros.
Confieso que el libro me ha obligado a reflexionar sobre el caso venezolano y si es verdaderamente posible y deseable un entendimiento entre las dos tribus venezolanas. Después de haberlo pensado con más deliberación, tratando de evitar los prejuicios y las trampas ideológicas contra las cuales nos advierte Kling, aun creo que tal entendimiento es imposible/indeseable. Regreso aquí al punto fundamental que, en mi opinión,  imposibilita estos dos grupos para dialogar y entenderse con posibilidad de éxito: Entre los dos grupos no hay objetivos compartidos.
Creo que las dos tribus venezolanas estarían de acuerdo en que en Venezuela los opresores deben dejar de oprimir a sus víctimas. Ese podría ser un objeto compartido. El problema es que  cada grupo define a los opresores y a los oprimidos de manera diferente. Para los Conservadores/Derechistas el régimen es el opresor y la población es la oprimida. Para los Progresistas/Izquierdista el opresor es el capitalismo imperialista y el oprimido es el venezolano pobre e indefenso. Cada uno de los dos grupos se considera representante de la civilización en contra de la barbarie. Cada posible tópico a ser objeto de diálogo y entendimiento estará  matizado con igual intensidad.
Ello imposibilita un diálogo, el cual presupone la existencia de objetivos comunes. En Venezuela lo único que podría existir entre ambos grupos venezolanos es una negociación, pero no un diálogo. Algo similar a lo que existió entre los estadounidenses y los vietnamitas para terminar con la Guerra de Vietnam. Pero aquello fue una negociación entre una parte claramente victoriosa y una parte derrotada. No existían entre aquellos dos bandos objetivos compartidos de buenas intenciones, de deseos de libertad, democracia y de bienestar para todos. Aquello fue una reunión de ganar-perder.
En Venezuela la visión del  QUE no es común a los dos bandos, por lo tanto no puede existir un diálogo sobre el COMO.  En Venezuela habría que negociar entre las partes, en  una atmósfera de ganar-perder. En esa negociación entre que me das y que te doy ambos grupos tendrían que pagar altos precios, uno de salida, otro de entrada: El régimen de Maduro tendría que entregar el poder y los mayores responsables de la actuación del gobierno tendrían que ser enjuiciados. El gobierno de Guaidó podría acceder al poder pero tendría que incorporar algunas figuras del anterior régimen al nuevo gobierno de transición y se perdonaría a mucha de la gente responsable por la tragedia venezolana.
Al no existir una base común posible para el diálogo, es posible ver que el significado de una negociación sería, simplemente, la de martillar los términos de un arreglo en el cual ambas partes tendrían que ceder algo sustantivo. Las preguntas que se hacen en torno a una negociación son básicamente dos: (1), ¿Cuál sería el impacto sobre la Venezuela futura de concederle al régimen saliente garantías y perdones? Y, (2), ¿Es estratégicamente deseable para el gobierno de Guaidó ir a una negociación en este momento? La primera pregunta tiene una importancia espiritual fundamental, porque muchos venezolanos verían con asco una negociación en base a la cual el régimen culpable se va “tranquilamente” del poder, sin ser enjuiciado, sin que el dinero mal habido pueda ser recuperado, una negociación en la cual las víctimas no obtengan una retribución moral y material. Una negociación de este tipo no contribuiría positivamente a crear una sociedad venezolana futura más decidida a defender la verdad, la honestidad y la justicia. La segunda pregunta es solamente estratégica, sin componente ético. Tendría que ver con cuando es el mejor momento para que se lleve a cabo una Negociación entre las partes. Creo que este no es ese momento. El régimen de Maduro está significativamente debilitado y la acción combinada de la población protestataria y de las sanciones internacionales lo acerca a un punto de implosión. Como en el ajedrez, Maduro ha perdido caballos, alfiles, al menos una torre y la mayoría de sus peones y está bajo jaque frecuente. ¿Para qué correr el riesgo de aceptar unas tablas en las cuales Maduro retendría privilegios y ventajas que son moralmente inaceptables y le permitiría un futuro regreso al poder?  Hay que pesar cuidadosamente cual es la vía que le da a Venezuela, la nación, la mejor oportunidad de ser, de nuevo, una nación respetable y respetada: ¿el rechazo firme frente al régimen o la transacción y la entrega parcial de principios que son fundamentales para la dignidad colectiva?  

domingo, 14 de abril de 2019

Cuatro sub-generaciones destruidas por Chávez y Maduro





Aunque una generación es de 20 años puede decirse que el paso de estas dos últimas décadas  no ha afectado  a los venezolanos de diferentes edades de igual forma. Creo que es deseable comenzar a hablar del impacto que la etapa Chávez/Maduro ha tenido sobre cuatro grupos etarios de venezolanos, a saber: quienes nacieron en 1999 y hoy tienen 20 años; quienes tenían 20 años en 1999 y hoy están en los 40 años; quienes tenían 40 años en 1999 y hoy están en los 60 años y quienes tenían 60 años en 1999 y hoy están en los 80 años. El impacto  directo de la narco- satrapía de Chávez y Maduro sobre cada uno de estos grupos cronológicos y el impacto combinado sobre la Nación han sido devastadores. Creo que una cuidadosa evaluación de este impacto combinado deberá ser objeto de un detallado estudio de sociólogos y antropólogos e intuyo que el resultado comprobaría que ese impacto combinado es mucho más trágico de lo que se supone.
QUIENES NACIERON EN 1999 Y HOY TIENEN 20 AÑOS
El grueso de los venezolanos quienes hoy tienen 20 años llegaron  a la edad adulta sin haber nunca vivido en democracia. Cuando fueron capaces de entender en qué tipo de país estaban viviendo ya habían sido adoctrinados para pensar que Hugo Chávez era  la suma  de Simón Bolívar con Fidel Castro, el líder supremo a quien todo el pueblo debía adorar y tratar de imitar. Si pertenecían a una familia pobre, que son los más, oían hablar de Barrio Adentro y de cómo allí podían recibir medicinas gratis,  veían que sus padres recibían subsidios directos y comida barata en mercados del Estado o hasta regalada vía PDVAL. En  las escuelas estos niños coloreaban imágenes de Chávez, quien – según decían los “maestros chavistas” -  estaba terminando lo que el primer Libertador había dejado inconcluso. Veían al segundo libertador en la televisión gritando “Exprópiese”, a fin de que los bienes de los ricos fuesen a parar a manos del pueblo y lo escuchaban decir “Ser rico es malo”. Aprendían de él que las cabezas de los escuálidos debían ser freídas en aceite. Si estos niños y jóvenes eran de clase media sufrían en carne propia el progresivo antagonismo del régimen, un resentimiento en su contra que fue sembrado por Chávez primero, luego exacerbado por Maduro. Por ello muchas de esas familias de clase media se fueron al exilio, en búsqueda de una digna manera de vivir.  Si eran miembros de la clase rica, muchos de ellos crecieron viendo como sus padres prostituyeron sus principios para hacer más dinero o, si eran honestos, tuvieron que irse al exterior o, si se quedaron en Venezuela debieron en gran medida guardar silencio frente a la barbarie, para evitar represalias.  
Debido al adoctrinamiento experimentado por muchos de estos jóvenes, ellos no representan la nueva generación que la Venezuela democrática requiere. Muchos de ellos han crecido acostumbrados a recibir dádivas del estado o a hacer lo necesario para tener dinero en el bolsillo para enriquecerse, tal como vieron actuar a sus padres. Afortunadamente una apreciable porción de esos niños y jóvenes fueron protegidos en su hogar y en la escuela y han mantenido intacta la tradición democrática de sus padres y abuelos. Son los integrantes de los cuadros estudiantiles que se han levantado en contra del régimen y han sufrido heroicamente sus crueles represiones. Ellos formarán la base de una mejor Venezuela futura. ¿Cuántos son? No es posible saberlo pero sí parece claro que representan una minoría de la población de esa edad (la masa no estudiantil o sin ocupación es mayor), por lo cual tendrán que cargar con el peso muerto de una significativa población parásita e ignorante de sus deberes ciudadanos.
QUIENES TENÍAN 20 AÑOS Y HOY TIENEN 40 AÑOS.
Cuando Chávez llegó al poder este grupo estaba listo para entrar a la universidad o al mercado de trabajo. Quienes entraron a la universidad experimentaron las frecuentes interrupciones de la actividad universitaria y la  caída en la calidad de la educación, así como la restricción de sus oportunidades de estudio superior, por lo cual muchos tuvieron que irse a estudiar al exterior.  De nuevo, la mayoría no pudo hacerlo y, quienes se quedaron y no pudieron ir a las universidades más prestigiosas, debieron ir a las nuevas universidades llamadas bolivarianas o a los institutos universitarios creados a toda prisa por el régimen, instituciones que han producido una clase de pseudo-profesionales mediocres. Quienes fueron a trabajar vivieron una primera década de gran bonanza económica, debida a los ingresos petroleros, pero luego una década de contracción económica que terminó con el sueño de muchos de lograr la consolidación de su situación económica, lo que si había sido posible para sus padres durante esta etapa de sus vidas. En lugar de progresar de clase trabajadora a clase media o de clase media a clase alta, estos venezolanos debieron aceptar una declinación en su capacidad de generar ingresos y, como resultado, su empobrecimiento y un bajón en la escala social. La excepción a esta tendencia fueron los llamados bolichicos, una minoría de “niños bien”, de familias ya adineradas, quienes se encargaron de asaltar al erario público junto con sus cómplices del régimen y hoy viven derrochando dinero en Europa o USA, donde tienen mansiones millonarias. Esta minoría de super- ladrones está plenamente identificada y muchos de sus integrantes irán a parar a las cárceles estadounidenses o europeas
QUIENES TENÍAN 40 AÑOS Y HOY TIENEN 60 AÑOS
Quizás este es el grupo que ha tomado, en mayor proporción, el camino al auto-exilio. Estos son los años de mayor productividad para el individuo. Mientras los honestos de este grupo sufrieron grandes privaciones los ladrones se llenaron los bolsillos en complicidad con los civiles y militares corruptos del régimen. Muchos de los honestos optaron por irse del país y, lamentablemente, muchos de ellos nunca regresarán. Es probablemente en este grupo  que el país por construir ha sufrido su mayor pérdida permanente de talento y de buenos ciudadanos. Muchos de sus miembros han perdido la confianza en los lideres políticos tradicionales, pues los han visto plegarse al régimen, unos, y guardar sumiso silencio, otros. Hoy en día estos venezolanos están dispersos por todo el mundo, añoran a su país, sí, pero ya poseen la madurez necesaria para sentirse ciudadanos del mundo.
QUIENES TENÍAN 60 AÑOS Y HOY TIENEN 80 AÑOS
Pertenezco a este grupo, inclusive soy un tanto mayor, ya que salí de Venezuela a los 70 años y hoy tengo casi 86 años. No he regresado pero, en muchos sentidos, nunca me he ausentado.  He vivido y vivo directamente esta experiencia. Soy de los más afortunados porque mis hijos ya estaban en USA y ellos fueron quienes hicieron posible no solo nuestra salida de Venezuela sino la obtención de nuestra residencia y posterior ciudadanía. Durante nuestra estadía fuera de Venezuela ellos han sido nuestro principal apoyo en todos los órdenes. Pero soy parte de una minoría porque el grueso de quienes hoy están en esta etapa de sus vidas viven en la Venezuela de Chávez/Maduro y quienes tienen pensiones las han visto disolverse como la sal en el agua, están imposibilitados de viajar y han visto descender dramáticamente su calidad de vida en una etapa en la cual todos los seres humanos aspiran a tener una vejez tranquila y libre de las angustias de la pobreza. Profesionales quienes estaban acostumbrados a un alto  nivel de vida se encuentran hoy empobrecidos. No solo nos hemos empobrecido económicamente sino espiritualmente porque tenemos conciencia de que dejaremos un país en caos y que  nuestra capacidad de hacer aportes para revertir el desastre ha decrecido sustancialmente. La inmensa mayoría solo puede ser espectadora pasiva del desastre venezolano. Ha sido triste para nuestro grupo haber nacido en una Venezuela amable y cordial, actuado en democracia, pero tener que abandonarla hecha pedazos, en manos de criminales, narcotraficantes, mitómanos y analfabetas.  
UNA SUMA TRÁGICA Y EL SÍNDROME DEL TUERTO ANDRADE
Cuando se agregan los impactos negativos que los dos grandes bandidos Chávez y Maduro y su pandilla cívico-militar han tenido sobre estos grupos etarios podemos advertir que lo que pensábamos era una sola tragedia no es uniforme sino que, en muchos sentidos, se potencia por las múltiples formas de agresión que la población venezolana en sus diferentes etapas cronológicas ha tenido que soportar. El efecto combinado de esta tragedia sobre la Venezuela futura será muy grande y retardará el surgimiento de una nueva Venezuela porque, en muchos aspectos, habrá que empezar desde cero o desde el subsuelo económico y espiritual. Más que nunca será necesario un liderazgo honesto, sacrificado e inspirador, programas masivos de educación ciudadana, políticas de estado que abran el país al mundo civilizado y la estructuración de nuevas actitudes colectivas que impidan el regreso de la horrible pesadilla del crimen, del narcotráfico y de la ignorancia en plan de gobierno.
El punto de partida para una nueva Venezuela tendrá que ser el más rotundo rechazo a esta marabunta criminal del chavismo/madurismo y la aplicación de la más severa justicia a quienes arruinaron material y espiritualmente al país. Darles amnistías, perdones, vías de salida y hasta ventajas electorales como pretenden algunos compatriotas sería barrer la basura debajo de la  alfombra y pretender que el país está limpio de la podredumbre. Ello condenaría  al país a permanecer indefinidamente en la mediocridad.
No permitamos que nos derrote lo que podríamos llamar el Síndrome del Tuerto Andrade, quien se roba mil millones de dólares, delata a sus cómplices, las autoridades le quitan $950 millones pero le dejan algunos millones y algunos caballos para que pase una vejez tranquila después que salga de la cárcel.

viernes, 12 de abril de 2019

La tesis de Michael Penfold es equivocada



En Noviembre del año pasado, en este blog, ver: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2018/11/comer-sapos-es-incompatible-con-nuestra.html comentábamos un artículo de Michael Penfold titulado: “Sobre la naturaleza del conflicto político venezolano” en el cual Penfold, después de haber hecho una certera descripción de la tragedia venezolana, terminaba pidiendo una negociación con el chavismo, en la cual se le diera a este grupo plenas garantías políticas y judiciales. Postulaba Penfold que sería necesario “comernos varios sapos: justicia transicional, sobrerrepresentación de las minorías, transferencias fiscales aseguradas y amnistías de todo tipo”. Y terminaba diciendo: “Es más que evidente que la negociación [en esos términos de comer sapos] es inevitable”.
En aquel momento respondí a ese artículo diciendo: Comer sapos, nunca, si es que Venezuela desea recuperar algún día su dignidad. El país está hoy destruido material y espiritualmente. Su redención futura incluye como componente fundamental, indispensable,  la recuperación de la dignidad ciudadana. Y la dignidad ciudadana de los venezolanos jamás podrá ser recuperada si comemos sapos, es decir, si dejamos de aplicar debidamente la justicia, si otorgamos amnistías  a los narcos, ladrones y asesinos del sistema chavista-madurista, si permitimos a los criminales irse impunes. De igual manera es preciso rechazar de plano las negociaciones, no importa quien las pida, así sea el Papa, así sea la Unión Europea o el difuso y desprestigiado Grupo de Boston.  Negociar con esos desalmados que han arruinado al país llevará a la prostitución y abandono de principios y valores que son sagrados”.
Hoy Penfold escribe un nuevo artículo en el cual, después de hacer otra certera descripción de la tragedia venezolana, insiste en sus planteamientos anteriores. No tenemos dudas de dos cosas: una, que Penfold desea sinceramente ver el final de esa tragedia venezolana y, dos, que el camino que predica es equivocado.
 En este nuevo artículo titulado: “Venezuela y la Transición, un destino incierto” , ver: https://elpais.com/internacional/2019/04/10/america/1554907887_034522.html, Penfold nos dice: “Es un gran error caer en la trampa de la exigencia del tiempo (si no es rápido no funciona) y aceptar más bien que las rutas para lograr la transición pueden ser muy variadas… el proceso tiene ineludiblemente que incorporar a los principales factores internos de un sistema que es inherentemente inercial y resistente”.
Y agrega:Aún no existe en el caso venezolano una oferta pública que sea altamente atractiva para todos los actores relevantes que sostienen a la coalición dominante en el poder, incluyendo a los militares, que los induzca a aceptar los beneficios de un cambio político. Esa oferta pública, que debe ser el principal trabajo político de la Asamblea Nacional, tiene que cubrir una oferta institucional en lo militar (la amnistía es insuficiente), en lo transicional (no solo jurídico sino sobre todo en lo político para que sea lo suficientemente inclusivo y que impida que haya una cacería de brujas) y también electoral (que blinde la ruta comicial y le garantice espacios a los chavistas para que no sean barridos”.
En mi opinión este párrafo de Penfold representa, no ya una estrategia válida y compatible con la dignidad de las víctimas del chavismo, sino una entrega. Su redacción nos causa malestar. Después de 20 años de represión, de humillación, de soportar abusos, de ser confiscados, apresados, torturados y asesinados, las víctimas del chavismo – dice Penfold- simplemente no han logrado hacerles una oferta al chavismo lo suficientemente atractiva para que dejen de arruinarnos. ¡Una oferta! Es decir, no basta con la tragedia ya sufrida por el país. Es más que eso, el país parece haber sido incapaz de haberle hecho a la pandilla de criminales en el poder una oferta lo suficientemente “atractiva” para que salgan caminando tranquilamente de Miraflores tranquilos a fin de que podamos volver a ser felices.
Penfold agrega que esa oferta debe ser lo suficientemente buena ya que los militares tienen muchos beneficios actualmente, los cuales no van a entregar. Dice: “los militares van a actuar corporativamente pues controlan el sector petrolero, minero y alimentario además de todo el comercio ilegal. Sus rentas pueden fácilmente representar más del 10% del PIB. Es ilusorio pensar que los militares simplemente se van a quebrar internamente a través de un golpe de estado para favorecer a la oposición o inmolarse por la revolución sin proteger primero colegiadamente sus intereses”. En otras palabras, debemos pagar una vacuna lo suficientemente grande para que nos liberen, sin garantías de que no volverían al cabo de una breve pausa.
Antes de seguir adelante deseo decir que tengo mucho respeto por Michael Penfold. Es un excelente politólogo, quien ha escrito una serie de análisis sobre las posibles soluciones para Venezuela y ha llegado a la fría y desapasionada conclusión de que lo que propone arriba es la única vía posible para llegar a elecciones libres y transparentes. Deseo dejar claro que no combato a la persona, combato su  opinión.
Y lo hago por dos razones principales: una, porque es una vía meramente utilitaria, estratégica, desprovista del ingrediente ético que debe ser inseparable de la aplicación de la justicia, de la defensa de principios y valores colectivos sagrados. Desde Aristóteles para acá los filósofos morales han mantenido que el buen ejercicio de la política no puede ser moralmente neutral  sino promover activamente la creación de buenos ciudadanos. La Polis, decía Aristóteles, debe dedicarse a la promoción de lo bueno. De otra manera una asociación política sería solo una alianza de intereses particulares y una ley solamente un convenio, en lugar de ser una regla del buen vivir. La búsqueda de soluciones pragmáticas, con toda y su buena intención, sacrifica importantes aspectos de dignidad y de derechos humanos que son fundamentales para una sociedad. Cuando se promueve una solución que los ponga a un lado, aunque cuando tal solución nos permitiera ganar la batalla, estaríamos perdiendo la guerra. Esto me lleva a la segunda de mis razones para diferir de Penfold. Una vez que se haga la “oferta” lo suficientemente “buena” para ser aceptada por la pandilla criminal y los militares sean perdonados y su inviolabilidad garantizada; una vez que los líderes del chavismo, quienes han arruinado al país material y espiritualmente, hayan logrado salir del poder con garantías de ser tratados como el resto de los ciudadanos quienes han sido sus víctimas, en ese momento, estaríamos invitándolos – con nuestra actitud complaciente -  a regresar después de algún tiempo al poder, puesto que estaremos aceptando de manera implícita que el crimen cometido por ellos fue una estrategia exitosa. Estaremos  abandonando las enseñanzas de nuestros padres que nos hablaban de luchar contra la injusticia, contra la maldad. Tendríamos que aceptar que aquello de que el “crimen no paga” era un cuento de camino. Si quienes han tenido una vida éticamente bien vivida tienen que ir a sentarse en una mesa, secretamente como recomienda Penfold, con quienes han tenido una vida mal vivida para reconocerles su inmunidad  e iguales garantías ciudadanas a las de quienes siempre han sido honestos, ello representaría una rotunda derrota moral, un reconocimiento de que el pillo es el triunfador y hasta debe ser objeto de imitación para “tener éxito en la vida”. Esa sería la peor lección de ciudadanía que los venezolanos honestos podrían darle al país y la garantía de que, en pocos años, surgiría otro analfabeta acomplejado que pudiera repetir la pesadilla chavista.
Penfold termina su nuevo artículo diciendo: “la transición [en Venezuela] no es posible decretarla, sino que es necesario acordarla políticamente a través de mecanismos de negociación que muy probablemente sean secretos. Cualquier otra opción, que no sea concertar políticamente un cambio radical del modelo existente, es condenar al país a la profundización de un mayor caos económico y social, lo cual va a conllevar a repercusiones migratorias aún más grandes en el resto de América Latina. Las distintas fuerzas del país, por más que desconfíen el uno del otro, no tienen ninguna otra posibilidad sino comenzar a cooperar para producir un escenario de este tipo. Tan solo de esta manera, Venezuela puede llegar a superar la miseria y la oscuridad en la que se encuentra tristemente sumergida. La transición está cerca pero requiere de mucha astucia y olfato político para ser construida”.
Para Penfold el triunfo pasaría por la rendición. Según entiendo su planteamiento hay que darle a la pandilla el mismo reconocimiento ciudadano que se la da a sus víctimas, hay que cooperar con el enemigo si es que se quiere resolver el problema venezolano. Y hay que hacerlo secretamente, a fin de que el grueso del país victimizado no sepa lo que se está entregando. Solamente de esta manera, argumenta Penfold, podremos superar la miseria y la oscuridad. Yo creo, al contrario, que esa negociación, esa entrega de banderas y principios, esa rendición de los honestos a los bandidos, ese abandono de la justicia,  solo traerá más oscuridad, más vergüenza colectiva, degradación social y resentimientos y venganzas, sentimientos negativos que se incrustarán en el alma de los venezolanos por generaciones por venir e impedirán la aparición de un país nuevo, digno, que pueda verse en el espejo con orgullo.  

miércoles, 10 de abril de 2019

Un perfil de José Giacopini hecho por Ken Wetherell



José Giacopini Zárraga

En 2013 visité a Kenneth Wetherell en su casa situada en Dorchester, una bella aldea cercana a Oxford, ver: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2013/09/40-years-later-visiting-ken-wetherell.html.  Fue la última vez que nos vimos, ya que mi querido amigo murió meses después. Pasé todo el día con él, caminando por las calles de la aldea, visitando la bella capilla de la aldea y conversando sobre Venezuela. Buena parte de ese tiempo fue utilizado por Ken para hablarme de algunos de nuestros amigos comunes. En especial, sobre José Giacopini Zárraga. Me confesó que, a su partida de Venezuela, había escrito un obituario de José pensando que no viviría mucho más tiempo,  pero, en efecto, José vivió unos 25 años más, hasta los 90 años (1915-2005). Las notas que siguen son parte de ese obituario que nunca tuvo ocasión de publicarse.
                              José Antonio Giacopini Zárraga
 José, o Giaco, como lo llamaban sus amigos, nació en Caracas en 1915 en el seno de una familia bien. Se graduó de abogado pero nunca ejerció la profesión. Sus contactos familiares le abrirían muchas puertas. A los 24 años fue secretario de la presidencia de Venezuela y me dijo que, en una ocasión, había manejado al país por varios días,  casi solo, durante una transición. A los 26 años fue nombrado Gobernador del Territorio Amazonas y es todavía recordado allá por haber importado los primeros tractores.
En su juventud José llevó la vida un tanto disipada de la Caracas de clase alta. Nunca perteneció a un partido político. Su rama paternal era muy republicana y su rama materna muy apegada a la autoridad, por lo cual desarrolló una habilidad para mantenerse entre esos dos campos. Llegó a ser visto como alguien independiente, discreto, respetado, confiable. Podía hablar con grupos extremos y conciliarlos. Se convirtió en un consejero preferido por políticos, empresarios y militares.
José sabía cómo reparar orgullos ofendidos y con quien hablar para resolver conflictos. Siempre estaba en estrecho contacto con la gente en el poder, con quienes creían estar en el poder y con quienes deseaban estar en el poder. Se convirtió en un diplomático universal, conocido por todos en todo el país, los poderosos y los humildes. En una ocasión viaje con él al estado Apure y aterrizamos en un pequeño poblado para reabastecernos de gasolina. A los pocos minutos llegaron los habitantes a saludar a su amigo José. De mí ni siquiera se ocuparon.
José carecía de malicia. Siempre simpatizaba y le daba la razón a su interlocutor, quien era tratado con extrema, casi exagerada, cortesía, no importaba su rango social. En la década de 1940 comenzó su carrera con Shell en Relaciones Públicas, era lo lógico. Siempre mantuvo una excelente relación con el dictador Pérez Jiménez y hasta fue parte de su último gabinete, por breves días antes de su caída. No sabía decir que no. José continuó en Shell, como confidente, negociador y consejero de sus presidentes. Como Ejecutivo José no tenía la menor habilidad pero siempre fue un extraordinario conciliador. Nunca escribió un Memo. En su escritorio conservaba una foto de Jacqueline Kennedy. No importaba el tema tratado, José siempre figuraba como protagonista y nos narraba anécdotas relacionadas con el tema donde él había jugado un papel importante, lo cual – además -  era cierto. Era invitado a innumerables eventos sociales, en los cuales tomaba solo agua con unas gotas de amargo de angostura el llamado cóctel Giacopini Especial. En cada evento permanecía unos 30 minutos pero hablaba con todo el mundo, quienes recordaban al día siguiente que José les había dedicado mucha atención. Tenía algunos chistes listos para cada ocasión.
Aquí, interrumpo yo, Gustavo, para recordar uno de esos chistes que ofreció a un grupo en el cual me encontraba:
 Un señor desarrolló una fuerte dispepsia y el médico le recomendó que volviese a tomar leche materna, para lo cual contrató una nodriza, muy joven y bella. Cuando el paciente comenzó a “alimentarse” la joven se fue poniendo cada vez más excitada. El paciente se le quedó mirando y le preguntó: ¿“Podría usted hacerme un favor”? Y la joven le respondió, ruborosa: “Pídame lo que usted quiera”. A lo cual el paciente respondió: ¿“Me podría buscar unas galletitas”? 
Tenía otro que involucraba una yegua y unas monjas que considero no apto para figurar aquí.
Continuó Ken diciendo: “Cuando la nacionalización tomó lugar, José se convirtió en el asesor político y consejero del general Rafael Alfonzo Ravard, cargo que conservó desde 1976 hasta 1993. La última vez que lo vi, en Agosto 1993 fuimos a almorzar y durante el almuerzo fue objeto de muchos saludos por parte de todos los comensales en el restaurant. Cuando le comenté sobre su popularidad me dijo que se debía a que “cuando visitaba el zoológico nunca hablaba mal de los caimanes”.
José era muy eficiente y efectivo, sin tener poder, riqueza o influencias significativas. No era un gran organizador ni un gran comunicador de ideas. Quizás su gran cualidad fue la amistad, sencilla y sincera. Como resultado, no importaba el favor que él pudiera pedirle a alguien, ya sea desagradable o complicado, siempre obtenía una respuesta favorable. Todo el mundo se desvivía por complacerlo.
José fue un genio de la amistad.
    Hasta aquí el perfil de José que me pintó Ken Wetherell. Ken, muy inglés, tenía una cordialidad y sencillez especial. Fue muy religioso y amó mucho a Venezuela y a Colombia. Escribió una Historia de Cartagena, la cual no he podido conseguir. Cuando lo visité en Dorchester tenía ya un Parkinson avanzado. Fuimos a tomar el té y nos sentamos el uno frente al otro. Yo comencé a tomar mi té y, de repente, vi que él no tomaba y comprendí la razón. Tomé su taza y se la acerqué sus labios, una y otra vez, hasta que ambos – conversando - tomamos nuestro té. Todo fluyó con perfecta naturalidad entre quien había sido el poderoso presidente de Shell Venezuela y quien había sido, alguna vez,  uno de sus jóvenes empleados.
La vida nos había igualado en la amistad.

martes, 9 de abril de 2019

Seis reflexiones de un geólogo sobre la Constitución



Pido excusas de antemano a quienes piensen – con alguna razón – que un geólogo no tiene por qué estar reflexionando sobre la constitución, de la misma manera que un constitucionalista no debería estar hablando de metamorfismo y tectónica de placas. Sin embargo, en mi descargo, pienso que todo ciudadano, geólogo o no, tiene el derecho y el deber de reflexionar sobre la Constitución.
Se dirá, para qué reflexionar sobre la Constitución si, al fin y al cabo, los gobiernos que Venezuela ha tenido durante este siglo no la han respetado, sino violado una y otra vez? En efecto, el gobierno autocrático y abusador de Hugo Chávez, ya fallecido, convocó ilegalmente una Constituyente, hizo redactar una Constitución a la medida de sus deseos y le hizo modificaciones no consultadas ni siquiera con sus propios constituyentistas, previas a su publicación. Fue un íncubo que nació violado desde el principio. Hoy, una nueva e ilegítima Constituyente, repleta de aduladores y zombis, se propone una nueva Constitución. A la Constitución de Chávez seguiría la Constitución de Maduro.

                                          PRIMERA REFLEXIÓN
Mi primera reflexión es que una Constitución no se escribe o modifica para atornillar a un soldado resentido y acomplejado en el poder, tal como fue el caso de la Constitución de 1999. Tampoco puede ser otra que la sustituya con el fin de atornillar a un chofer de autobús en el poder. Una Constitución se aprueba para que dure cien o más años,  no una década. El hecho de que Venezuela haya tenido ya 26 Constituciones en 200 años sugiere que ni han sido bien pensadas ni mucho menos  respetadas por la Nación.
La Constitución no es un juguete de bárbaros. En particular, la manera como la Constitución de 1999 fue elaborada y  modificada extensamente en pequeño comité, refleja la mediocridad y la debilidad moral de quienes la elaboraron.

                                         SEGUNDA REFLEXIÓN
¿A quién, en su sano juicio, se le ocurre escribir una Constitución de 350 artículos? La Constitución de 1999 no es una guía básica para la Nación, es una detallada receta de cocina en la cual se listan ingredientes que no se encuentran o que no existen, debido a lo cual es una receta  imposible de ser ejecutada.  Por ejemplo, los artículos 76,78, 80-89, 99-101, 104, 108, 110-111, 117, son de imposible cumplimiento, ya que ni existen los recursos  que serían necesarios para hacerlos cumplir  ni existe el tipo de gobierno que podría esforzarse en cumplirlos. La Constitución de 1999 ha sido una gran mentira en manos de la pandilla de narcos y ladrones del chavismo pero, más allá de esto, es un documento prescriptivo en exceso, el cual nunca podrá ser cumplido por gobierno alguno. Una Constitución no debe ser una chaqueta de fuerza que se auto-imponga la nación sino una guía general, de amplia naturaleza filosófica, sobre el tipo de Nación que se desea ser.  Por ejemplo, el  artículo 87 de la Constitución de 1999 reza: Toda persona tiene derecho al trabajo y el deber de trabajar. El Estado garantizará la adopción de las medidas necesarias a los fines de que toda persona pueda obtener ocupación productiva, que le proporcione una existencia digna y decorosa y le garantice el pleno ejercicio de este derecho”. ¿Cómo puede consagrarse constitucionalmente una obligación del Estado que resulta imposible de cumplir?  Eso es demagogia,  populismo barato. La Constitución pierde majestad y credibilidad cuando contiene disposiciones claramente imposibles de cumplir.

                                            TERCERA REFLEXIÓN
Una Constitución debe contener misión y objetivos nacionales, no estrategias, las cuales son inevitablemente cambiantes. Al hacerlo así, el legislador convierte lo que debe ser un una carta magna en un simple  plan, el cual podrá requerir revisiones, excepto que al tener rango constitucional, tales revisiones se tornan complejas o imposibles. Consideremos el artículo 303 de la Constitución de 1999: Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, S.A., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando las de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas y cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Petróleos de Venezuela, S.A”.  En este artículo se consagra constitucionalmente una estrategia, la cual  - en opinión de muchos venezolanos  - no tiene por qué poseer la inamovilidad que le confiere su inclusión en la Constitución. Más aún,  el artículo consagra constitucionalmente la identidad entre la empresa petrolera y el Estado venezolano, lo cual hace a Venezuela vulnerable de ser demandada por actores que quieran, en principio, ir contra la empresa.  

                                        CUARTA REFLEXIÓN
La proliferación de Constituciones  que hemos tenido, sus exuberantes dimensiones y niveles de detalle, así como el manifiesto desdén mostrado por muchos de nuestros  gobiernos en obedecerlas,  nos hace pensar que tenemos un  problema profundo, no de leyes o constituciones sino de actitudes colectivas. Nuestros  líderes han llegado a pensar que la validez de una Constitución se mide en kilogramos de peso, no en calidad de su contenido.

                                          QUINTA REFLEXIÓN
Aunque parezca paradójico, ya que hemos estado criticando la proliferación de constituciones, pienso necesario que la Venezuela que logre despertar de su pesadilla del socialismo del siglo XXI eventualmente estructure una nueva Constitución. La actual es de una intolerable mediocridad prescriptiva, de continua invitación a su desconocimiento y siempre estará saturada de la fetidez moral de quienes la elaboraron. Si esto llegara a hacerse algún día, no faltarán modelos de constitución que puedan estudiarse, a fin de elaborar una que no sea un monumento a la vanidad y a la cursilería, como es la Constitución de Chávez de 1999, sino un instrumento noble, breve y flexible, que no meta a la Nación en un chaleco de fuerza como es el caso actual. 
                                 
                                             SEXTA REFLEXIÓN
Si se pudiera simbolizar la constitución deseada con la morfología física y espiritual del legislador, diríamos que Venezuela necesita una Constitución  a lo Andrés Eloy Blanco, magro y puro de intenciones, no a lo Herman Escarrá, mofletudo y avieso.   

domingo, 7 de abril de 2019

Una despedida para Ramón Espinasa





Ayer 6 de Abril fue el cumpleaños de Ramón Espinasa, valioso miembro del equipo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo, miembro de la facultad de la Universidad de Georgetown,  venezolano de impecable conducta ciudadana y de un gran espíritu de servicio.  
Fue un tibio día de primavera, lleno de sol, con los delicados cerezos blancos en plena floración. La capilla de la Universidad de Georgetown se vio colmada de quienes fueron a una misa en su honor, una ocasión para recordarlo y para testimoniarle afecto a su memoria.  La belleza del día fue la apropiada para reflejar la calidad espiritual de la persona a quien sus numerosos amigos fueron a despedir.
Fue una misa de una sencilla belleza, con una música que nos recordó a todos al terruño. El sacerdote nos dijo que se sentía entre nosotros el espíritu de Ramón Espinasa.
Yo lo sentí así.