DIARIO DE VIERNES
MI ABUELO RAFAEL EN LOS TEQUES: NUEVA BOTICA Y ESPOSA
El Encanto, circa 1900
Leopoldo de Jesús García Maldonado no fue el primer habitante de Los Teques que conoció mi abuelo Rafael, pero si resultó ser uno de los más importantes, como veremos más adelante. Rafael era boticario y Leopoldo de Jesús era médico, por lo cual hicieron rápidamente buenas migas. Leopoldo había llegado a Los Teques en 1897, a los 30 años, con su esposa Manuela Maldonado Sarmiento, a punto de dar a luz. Era médico semi rural e itinerante, es decir, se quedaba en cada sitio algunos años y luego seguía su camino. En cada sitio donde llegaba le nacía un hijo o dos, llegando a contar once. Eventualmente en 1914 llegó a San José de Guaribe, llevando a cabo sus actividades en la zona de Guanape, Valle de Guanape y Clarines, hasta que regresó a Caracas, donde falleció.
Su primer
hijo nació en Los Teques el mismo año de su llegada y fue llamado Leopoldo, seguido
rápidamente por un segundo hijo llamado Manuel (Manolo), quien sería un
humorista, gran colaborador de El Morrocoy Azul. Leopoldo llegaría a ser un
destacado sanitarista venezolano, rector de la Universidad Central de
Venezuela, y motor principal de la cadena de hospitales que se construyó en
Venezuela durante la etapa 1940-1960, gracias a su condición de director de hospitales
en el país. Leopoldo de Jesús se quedó en Los Teques hasta 1900, año en el cual
siguió camino a La Victoria, donde nació su primera hija, llamada Filomena. La amistad
de Rafael con Leopoldo de Jesús fue importante, al menos para quien esto
escribe, porque años después, en 1932, el hijo mayor de Rafael – Jesús María -
se casó con la hija mayor de Leopoldo de Jesús, Filomena, y de esa unión nací
yo, en 1933.
La amistad de Rafael y Leopoldo los llevó a hacer excursiones
juntos a diferentes sitios cercanos. La primera fue a El Encanto, sitio que era
muy concurrido no solo por los tequeños sino por los caraqueños, incluyendo
lideres políticos importantes y algunos intelectuales agrupados en torno a la
revista EL COJO ILUSTRADO. Se dirigieron a la estación del ferrocarril, la cual
quedaba cerca del parque Knoop, ya creado, pero aún no inaugurado oficialmente,
en lo que es hoy la Avenida Bermúdez. La estación era muy amplia, de un largo corredor
abierto, con bancos a lo largo de la pared, de techo a dos aguas, de tipo muy
alpino. Tenía dos romanas para pesar mercancías y un gran reloj que pudiera
haber estado en la estación de Adelboden, en la Bernesse Oberland suiza. En la
pared de la estación se podía leer el reglamento para los pasajeros, con estipulaciones
como estas:
·
No
se dará pasaje a personas que sufran enfermedades contagiosas ni a quienes
sufran de enfermedades o aflicciones que puedan ser causa de desagrado o
molestia a los otros pasajeros.
·
Se
prohíbe el transporte de objetos o mercancías que tengan mal olor, de perros u
otros animales, o fumar en los coches cuando haya señoras en ellos
·
No
se aceptan borrachos, ni el uso de palabras indecorosas o, (esto es invento mío)
pasajeros que hablen mal del gobierno.
El Encanto era un paraje de gran frescura, siempre
en una agradable penumbra debido a la densa vegetación, su topografía de montaña
cruzada por riachuelos que fueron fuente de inspiración para muchos poemas malos
y para muchas declaraciones de amor.
Los amigos caminaban mucho por el pueblo, conociendo
a sus habitantes, quienes eran clientes o pacientes en potencia. Los Teques era
un pueblo en tres segmentos, el llamado El Pueblo, una zona Intermedia llamada
El Guarataro y una zona más elevada llamada El Llano de Miquilen. En El Pueblo
se asentaban los poderes públicos, mientras que El Llano era una zona más comercial, con numerosas tiendas y algunos hoteles y
restaurantes, dada su cercanía al parque Knoop. El cementerio se encontraba en
el Pueblo, al final de una calle muy empinada de corte andino (Los Teques, realmente
estaba en la cadena de montañas de la serranía de la Costa, la continuación de
los Andes que comenzaban en la Tierra del Fuego chileno y terminaban en
Trinidad. En cierta manera Los Teques era un pueblo andino).
Contiguo a la entrada al cementerio se podía ver una
pequeña tienda de víveres llamada LA ULTIMA JORNADA, el cual suministraba aguardiente,
berro, zamurito y anís a quienes llegaban exhaustos de haber subido la empinada
cuesta con el occiso al hombro, algo que termino en la década de 1940, cuando
se inauguró un servicio de carro fúnebre, una sencilla camioneta que transportaba
al occiso, con música más bien alegre, incluyendo guarachas. Ese servicio fue bautizado
por Aquiles Nazoa como la MUERTOROLA.
Mi abuelo Rafael adquirió la Botica CAMPOSANO, de
gran prestigio en el pueblo por la bondad del dueño original, Pedro Tobias
Camposano, quien recorría el pueblo repartiendo medicinas, muchas veces gratis,
a los habitantes que las requerían. Esa botica estaba en una casa situada en
una de las cuadras más importantes del pueblo, al lado de lo que sería la Casa
de Gobierno (no se si ya lo era). En ese vecindario Rafael conoció a un señor, por
demás muy apreciado, a quien llamaban en voz baja el gran maestro del
rascabucheo, uno de los habitantes más famosos del pueblo debido a su impecable
técnica en el arte del rascabucheo. Su campo de acción eran los bailes que se celebraban
con bastante frecuencia en Los Teques. El no entraba a la casa, sino que se colocaba
en una de las ventanas de la casa, donde se reunía un grupo que veía hacia adentro,
dedicándose a ver a los bailarines para evaluarlos, con comentarios que iban de
lo más positivo hasta lo más denigratorio. El maestro del arte del rascabucheo
se colocaba en el grupo, con sus brazos cruzados y ya muchos observadores sabían
a qué iba. Parado inmóvil, hierático, se iba moviendo imperceptiblemente más y más
cerca de la presa femenina elegida, hasta que hacía contacto. Si la mujer se movía
o se volteaba a mirarlo, regresaba a su posición original, para recomenzar de
nuevo su cuidadosa aproximación hacia la misma u otra seleccionada. Si lograba establecer
un contacto sin protestas ponía en práctica una técnica que fue bautizada en el
pueblo como la de la Mano Muerta, la cual consistía en dejar caer la
mano de manera inocente en la mano o brazo de la víctima, para hacerle un
comentario cualquiera a fin de disimular su verdadero propósito. Era como un
viajero que llegaba a Manila, seguía viaje a Cabo Codera y, si podía,
llegaba a Tetuan. Su mano muerta era, realmente, una mano vivísima.
Debido a la presencia en Los Teques de muchos
temporadistas de clase alta y de alta figuración política, muchos de quienes hicieron
casas famosas en el pueblo, el teléfono hizo temprana aparición, en 1891,
contando inicialmente con 48 suscriptores. Ello, dicen los cronistas, estimulo
mucho el crecimiento del comercio. Ese año se inauguraron seis nuevas casas de víveres,
once botiquines, un nuevo hotel llamado Hotel Caracas y se encontraban en construcción
unas 33 nuevas casas. Había un boom estimulado por la presencia de gente importante
del gobierno, desde el presidente Andueza Palacios hasta ministros. En ese
mismo año se creó la banda municipal, iniciando las famosas retretas de Los Teques,
las cuales disfrute en mi adolescencia, en la década de 1940, cuando tuve mi
primera novia al calor del bolero DOS ALMAS (que en el mundo había unido Dios,
etc. etc.).
La luz del pueblo era de faroles, lámparas de
kerosene o de carburo y los tequeños tendrían que esperar hasta 1917, cuando se
inauguró el alumbrado eléctrico, gracias una empresa pomposamente llamada THE
LOS TEQUES ELECTRIC COMPANY, cuyo gerente inicial fue Vicente Campaña.
Una vez adquirida la Botica por el abuelo Rafael, con
su buena casa anexa, pudo ir a buscar a su primogénito Jesús María a Nirgua,
quien tenía unos cuatro años, hijo de su matrimonio con la Sra. Ana Ortega, de
una familia de origen canario, como mi abuelo, de quien Rafael se encontraba separado,
por razones que desconozco. En Los Teques conoció a una joven de la localidad,
pequeña y dulce, llamada Fortuna, quien fue su segunda esposa y con quien tuvo
cinco otros hijos, mis tíos Francisco, Esteban, José Rafael, Teresa y Ana. Tuve
por ambos lados, 16 tíos y unos 30 o 35
primos, mayoritariamente izquierdistas por el lado materno, bastante conservadores
por el lado paterno, todos muy queridos por mí, casi todos bendecidos por un
gran sentido del humor.
Mi abuelo Rafael manejó la Botica Camposano desde
principios del siglo, por unos 33 años, hasta su muerte, acaecida en 1933,
meses antes de mi nacimiento. No es que
yo sea pavoso, pero en ese año de mi nacimiento también falleció mi abuelo
Leopoldo de Jesús.
Nací en Catia, donde se encontraban mis padres escondidos,
huyendo de las garras de Gómez. Eventualmente, a los pocos meses mis padres
pudieron trasladarse a Los Teques, el sitio donde sería muy feliz.
UNA VENEZUELA SAQUEADA, HUMILLADA Y PERSEGUIDA
ENCUENTRA EN EL DEPORTE UNA RAZON PARA EL ORGULLO Y LA AUTOESTIMA
Sights and sounds from World Baseball Classic final game | Watch
Durante lo que va de siglo XXI los venezolanos no hemos
tenido muchas oportunidades o razones para sentirnos felices. Hemos sido
saqueados, aprisionados, torturados, perseguidos, humillados, no solo por la
pandilla criminal del chavismo/madurismo sino por lideres de gobiernos que como
el de los Estados Unidos solían ser hospitalarios y cordiales con quienes
llegaban a sus fronteras en búsqueda de mejores condiciones de vida. En los
Estados Unidos, los venezolanos hemos sido expuestos por el gobierno de turno a
las humillaciones y ataques más violentos y, hasta el gesto positivo de haber
eliminado a Nicolas Maduro de la ilegal presidencia que ejercía, ha sido
ensuciado posteriormente por la inmoral cohabitación con un corrupto y opresor
sistema chavista/madurista que aún está intacto en el país y hasta disfruta de
la entusiasta aceptación del presidente Trump.
Ciertamente los venezolanos nos hemos sentido
empequeñecidos ante la agresividad y la lástima que despertábamos en todo el
planeta, debido a la caída de una nación que había pasado del despegue hacia el
primer mundo a ser un narcoestado forajido, ante la indiferencia del mundo y la
impotencia de sus propios ciudadanos.
El martes por la noche sucedió algo que nos ha hecho
sentir de nuevo orgullosos de nuestro gentilicio, que nos ha dado renovadas
esperanzas de que en los corazones y fibras de los venezolanos aún se
encuentran suficientes ingredientes positivos como el empeño, la perseverancia
y la dedicación que el país va a requerir de todos sus habitantes para lograr
retornar al nivel de comunidad civilizada y crear una sociedad organizada y
dedicada al bien común.
¿Qué fue lo que sucedió? una victoria venezolana en el deporte. Algo que
parecería satisfactorio, pero no suficiente para representar un evento de
primera importancia para el alma venezolana. Sin embargo, esta victoria si ha ejercido
un impacto inmenso sobre el alma venezolana, por la manera como se ha efectuado
y por la calidad de los contrincantes que ha logrado que el equipo venezolano
ha logrado superar.
En mi caso particular esta es la emoción más grande
que Venezuela me ha proporcionado en materia deportiva en los últimos 85 años.
La última vez que la sentí fue cuando tenía 8 años, oyendo a Abelardo Raid
transmitir por la radio la victoria venezolana en béisbol ante Cuba en 1941,
que le dio el campeonato mundial amateur en este deporte. Ese fue un evento
que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía enciende nuestra emoción. Aunque
luego tendríamos ocasiones similares de júbilo, como la medalla de oro en boxeo
olímpico obtenida por morochito Rodríguez, nunca experimentamos el mismo nivel
de emoción hasta el martes por la noche, cuando Venezuela derroto a USA 3x2,
para titularse campeón mundial de beisbol, en un torneo que logro mantener el
interés en buena parte del planeta.
Lo que distingue esta victoria de logros positivos
anteriores menos impactantes ha sido ver a los venezolanos jugando como equipo
y no me refiero solamente a los atletas en el campo sino también a los
venezolanos presentes en las tribunas y a quienes estábamos lejos del estadio,
pero con el alma y el corazón pendientes de lo que estaba sucediendo. Todos los
venezolanos, así como los habitantes de la región latinoamericana fuimos
miembros del equipo esa noche, lo cual le confiere un valor simbólico que va
mucho más allá del evento deportivo como tal, para representar una victoria del
alma del país, una victoria de la pasión por la bandera, de tesón ante los
obstáculos, de labor colectiva versus mesianismos individuales. A lo largo del
torneo apareció radiante la cara, por largo tiempo mantenida en una avergonzada
penumbra, de la Venezuela digna, valiente, decente y respetuosa con los
adversarios.
Venezuela tenia, es cierto, una nómina de excelentes
jugadores, pero no la mejor en el papel. El equipo de los Estados Unidos tenía
al líder jonronero de las grandes ligas, Carl Raleigh, apenas como un jugador
suplente, lo cual nos da una idea de la calidad y profundidad de ese equipo.
Para quienes hemos visto béisbol durante toda nuestra vida, pocas veces hemos contemplado
una alineación tan impresionante. Lo mismo podríamos decir del equipo de Japón
y, sobre todo, del equipo de la república Dominicana, en el cual el jugador
cinco estrellas Julio Rodríguez era el octavo bateador en la alineación. Lo que
Venezuela tuvo durante todo el torneo fue el deseo firme, inalterable,
determinado de vencer, de predominar sobre el adversario y sobre las
adversidades, siempre en total apego a las reglas del juego, demostrando que esa pasión por hacerlo bien
generalmente conduce a la victoria, algo que los venezolanos hemos perdido de
vista como nación por muchos años.
El valor de la victoria venezolana en este torneo
que acaba de terminar ha sido eminentemente didáctico. Ha demostrado ante la
propia nación que el coraje y la determinación conducen a la victoria e,
igualmente importante, le ha mostrado al mundo que Venezuela es una nación de
corazón , de pasión y de coraje, destruida materialmente por una pandilla
aberrante, la cual, aun mas trágicamente prostituyo el alma de millones de
compatriotas, quienes pensaron que la pandilla en el poder tenía el poder de
enriquecernos a todos sin que nadie tuviera que trabajar, que todo lo necesario
era ser fiel al caudillo ignorante y vulgar que esta hoy momificado en el
cuartel de la montaña y, luego, al semi analfabeta chofer de autobús.
Venezuela le está diciendo con su conducta
deportiva, de manera poderosamente elocuente al gobierno de los Estados Unidos,
que los venezolanos somos mayoritariamente buena gente, gente empeñosa y
deseosa de salir adelante, que se cometió una grave injusticia con los 600.000 inmigrantes venezolanos al
eliminar su posibilidad de ponerse a derecho en el país, al ser objeto de la
amenaza de deportación masiva Por
demasiado tiempo y con demasiado énfasis los venezolanos han sido rechazados en
el país del norte, definidos como criminales, violadores, asesinos, por el jefe
del estado. Hoy ese presidente nos felicita, pero dice que la victoria es
debida a la protección que él le ha concedido a Venezuela. Ignora que el alma
no se improvisa en unos cuantos meses y que nuestra alma llena de pasión
constructora siempre ha estado presente en nuestra Venezuela, aunque asfixiado
por tanto poder maléfico y tanta ignorancia y cobardía de su liderazgo.
Que el mundo lo sepa y nosotros aprendamos la
lección de nuestros beisbolistas para encontrar el camino de la verdadera
grandeza, sin relumbrón, sin arrogancia, sin el síndrome del ta barato dame
dos, sin pretensiones de superioridad, pero firmes en nuestra determinación de
ser de nuevo, lo antes posible, una comunidad respetada y digna entre las
naciones del planeta.
UN RECUERDO PARA CESAR PRATO
https://www.youtube.com/watch?v=_pXM0MO2JGg&list=RD_pXM0MO2JGg&start_radio=1
Esta es una de las composiciones del inolvidable
amigo y compañero de trabajo en Shell, Cesar Prato. Una bella canción sobre un
pueblo andino que podría aplicarse también a Los Teques, con sus empinadas
calles.
LA EMPRESA PETROLERA CHEVRON HA SIDO UNA ESTRECHA ALIADA DE LA DICTADURA
CHAVISTA/MADURISTA. SU EXPRESIDENTE EN VENEZUELA ERA INFORMANTE DE LA CIA Y
ACTUA HOY CONTRA LA DEMOCRACIA VENEZOLANA.
En los últimos ocho años he publicado en mi
blog y en otras publicaciones venezolanas escritos de advertencia y hasta de
denuncia sobre la manera como la empresa petrolera CHEVRON se ha conducido en
Venezuela. Después de un periodo de varios años (entre 2009 y 2011) en los
cuales defendí a Chevron en Ecuador por observar que había sido víctima de
corrupción política y judicial que la puso en peligro de tener que pagar miles
de millones de dólares en un juicio amañado, algo que hice por convicción, sin
contacto alguno con la empresa ( vi posteriormente que su conducta en Venezuela
era la antítesis de lo que había sido en Ecuador. De victima en Ecuador había
pasado a ser victimaria en Venezuela. Por ello comencé a escribir sobre esta
conducta poco ética de la empresa en Venezuela, contrastándola con lo que había
advertido en Ecuador. Ver:
https://morfema.press/opinion/invito-a-la-verdadera-chevron-a-ponerse-de-pie-por-gustavo-coronel/
https://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2018/04/chevron-esta-cosechando-lo-que-sembro.html
https://energiesnet.com/espanol/chevron-barriles-de-sangre/
Estos artículos fueron seguidos de un
planteamiento critico más severo, incluyendo una carta abierta los accionistas
de la empresa, detallando lo que consideraba una violación del código de ética
de la empresa en el caso venezolano y la conducta reprochable del presidente en
la etapa chavista, el Sr. Ali Moshiri.
Ver este trabajo aquí:
https://petroleumag.com/chevron-le-reponde-a-coronel/
Ahora veo que el Wall Street Journal ha publicado un
largo y detallado escrito sobre el Sr. Ali Moshiri y sus relaciones de
informante a la CIA mientras estaba en Venezuela, así como de sus aportes al
gobierno de Trump en los cuales recomendaba mantener a María Corina Machado
fuera del poder en Venezuela y favorecer a Delcy Rodríguez, recomendaciones que
Trump ha acogido positivamente, transformando lo que debería ser una transición
rápida hacia la democracia en Venezuela en un vulgar vasallaje político y
financiero.
Ver el trabajo del WSJ aquí (requieren suscripción o
registro):
En este trabajo del WSJ se describe como el Sr. Ali Moshiri, ya no en representación de Chevron, recomendó al gobierno de Donald Trump seleccionar a Delcy Rodríguez como encargada de la dirección del país y desechar a María Corina Machado, la líder indiscutible de la inmensa mayoría de los venezolanos. Al mismo tiempo, el WSJ revelo que el Sr. Moshiri había sido un informante de la CIA, cuando era representante de Chevron en Venezuela. En esa época el Sr. Moshiri, inicio la colaboración estrecha de esta empresa con la dictadura chavista, colaboración que ha sido importante para la consolidación de la pandilla criminal chavista/madurista en el poder.
Estas revelaciones del WSJ confirman lo que he
venido diciendo en los últimos años sobre la conducta de Chevron en el país,
una conducta divorciada de su propio código de ética corporativa, tal y como se
lo hice ver a la empresa en carta que puede leerse en el enlace arriba.
La alianza entre el chavismo-madurismo y el gobierno de Donald Trump ha aceptado esta macabra asociación de Chevron con la pandilla chavista y mantiene a Chevron como su empresa petrolera bandera en Venezuela, lo cual es un acto de complicidad con el régimen que todavía hoy está en el poder. A la luz de estas alianzas contaminadas por el deseo de hacer dinero a expensas de la ética y de anteponer intereses comerciales a la estabilización democrática de Venezuela es inevitable pensar que lo que existe hoy en Venezuela es una conspiración de intereses extraños al verdadero interés venezolano y, por lo tanto, deben ser denunciados y no aceptados pasivamente por la ciudadanía venezolana, si es que queremos ver al país en camino verdadero hacia su democracia y su libertad.
Al morir Chavez el Sr. Moshiri estableció, según dice el WSJ, una buena amistad con Delcy Rodríguez, la cual está sus dando frutos hoy
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