viernes, 3 de diciembre de 2021

USA, UNA NACIÓN INVADIDA POR EL MIEDO Y LA IDEOLOGÍA/ also in English

Please see English version below this one: THE U.S. IN THE GRIP OF FEAR AND IDEOLOGY

Se me escapa mi sueño americano. Aunque muchas de las razones que nos trajeron a Marianela y a mí a este gran país hace 20 años aún existen, por ejemplo la posibilidad de ser un buen ciudadano activo y la cordialidad imperante de los vecinos en las pequeñas comunidades, la verdad es que la calidad de la vida ciudadana se ha ido deteriorando desde hace algún tiempo, hasta llegar a exhibir algunas de las características que nos obligaron a salir de Venezuela.

Uno de los signos más notorios es el miedo, las dudas que han echado raíces en el alma de un pueblo que solía tener total confianza en su naturaleza excepcional, lo cual los llevaba a ser abiertos y cándidos en sus relaciones interpersonales. Hoy los demócratas tienen miedo de los republicanos, los republicanos tienen miedo de los demócratas y las mayorías de independientes tienen miedo de los miembros de ambos partidos. Un país en el cual predominaba la pluralidad cultural, basada en la coexistencia pacífica y civilizada entre miembros de culturas y etnias diferentes, bajo la sombrilla unificadora de un fuerte sentido de identidad nacional se ha ido transformando en un país multicultural, en el cual diferentes culturas y etnias permanecen en sus departamentos estancos, desconfiando las unas de las otras. Los negros desconfían de los blancos, los blancos de los negros y ambos desconfían de los latinos, todos los aspectos de la vida se han polarizado. Los demócratas favorecen el aborto, usan máscaras y se vacunan, contra el COVID, ven a CNN en la TV, creen en el cambio climático y llaman a Trump el autor de LA GRAN MENTIRA. Los republicanos rechazan el aborto, se resisten a usar máscaras, no se vacunan, ven a Fox News o NEWSMAX en la TV y piensan en Biden como el autor EL GRAN ROBO. Los grandes segmentos de la población pretenden vivir cada uno en un país hecho para ellos, con sus propias leyes y reglas, generalmente incompatibles. Las áreas donde los dos grupos convergen asemejan los puntos de contacto entre placas tectónicas, generadoras de terremotos y volcanes sociales. Los blancos asfixian, disparan o arrollan a los negros con sus autos y los negros se sienten obligados a agruparse en organizaciones que con frecuencia también echan mano de la violencia. Las armas proliferan, inclusive en manos de adolescentes inoculados con el resentimiento, y muchos piensan que la Constitución no solo les garantiza su derecho a portarlas sino a usarlas contra los “enemigos”.  

Los demócratas que se auto denominan  “progresistas” exigen educación universitaria gratuita, a pesar de que la experiencia de otros países ha mostrado que no hay educación más costosa que la educación “gratis”, al disminuir su calidad  mientras se acrecienta el gasto deficitario en el país. O firman cartas motivadas por ideologías rígidas y ciegas, como la recientemente firmada por siete miembros demócratas del Congreso en la cual se pide la libertad del abogado Steven Donziger, el autor de un gran fraude judicial en Ecuador mediante el soborno a jueces y expertos, y se le denomina  un abogado “amado”.   

Si usted es un conservador “patriota” abogará por mantener a USA aislada del resto del mundo y creerá que la globalización es un fraude montado por George Soros, Bill Gates y el World Economic Forum, para tomar el control de la humanidad.

En su libro a ser publicado próximamente, “La Revancha del Poder”, Moisés Naím advierte que el planeta está invadido por autócratas que utilizan lo que él llama “las tres P”: Populismo, Polarización y la Pos verdad. En los Estados Unido ya hemos visto estas tres P en acción en os últimos años. Quienes vivimos en la Venezuela de Hugo Chávez podemos reconocer muchas de sus manifestaciones en los Estados Unidos. Lo que “no podía suceder aquí, está sucediendo”.

Yo recuerdo que mi querida esposa fallecida me preguntaba, cuando planificábamos nuestra salida de Venezuela: “Que haremos si lo mismo comienza a suceder en Estados Unidos”? Yo reía y le decía: " Podemos irnos a Australia”. Y más seriamente, le agregaba: “Esto que vemos en Venezuela no puede suceder en USA, país donde existen efectivos controles y balances de poder. Cuando USA se resfría el resto del mundo tiene pulmonía”.  

Quien sabe, a lo mejor fui muy optimista. Yo deseo sinceramente que USA no contraiga pulmonía. Aún tengo confianza en el esencial sentido común de los estadounidenses para resolver sus problemas en una atmósfera racional y bi - partisana. Todavía mantengo mi sueño americano, aunque ya esté vestido con un ropaje más modesto.  

                      THE U.S.: IN THE GRIP OF FEAR AND IDEOLOGY

Where is my American dream going? Although many of the reasons that brought my wife and I to the U.S. some 20 years ago still exist, such as the possibility of being an active, good citizen and the cordiality of neighbors which prevails in the small communities, the truth is that the country has been going “south” for some time now, to the point that it now shows some of the features that made us leave our native country, Venezuela. One is the most serious signs is fear, that doubt in themselves that has taken hold of a people who used to be so confident of their exceptionalism, therefore so trusting and open to others. Today, democrats fear republicans, republicans fear democrats and the large mass of independents fear both political parties, showing extreme distrust and, even, resentment for each other.  What used to be a country characterized by plural culturalism, blessed with peaceful coexistence among different cultures, which merged into an unifying “melting pot”, has been transformed in a country of multiculturalism, in which different cultures and ethnic groups exist in parallel silos, each one distrusting and not mixing with the other. Blacks distrust whites and whites distrust blacks, all aspects of life have become polarized. If you are for abortion you vote democrat, use a mask, watch CNN, believe in climate change and consider Trump the author of the Big Lie. If you are a republican you reject abortion, refuse to be vaccinated against COVID, watch Newsmax or Fox News and identify Biden as a senile man and the author of the Big Steal. Even worse, the two large segments of America pretend to live in a country of their own, having their own laws. In the fragile areas of contact, resembling tectonic plates, social earthquakes and volcanoes are generated. Whites kill blacks by shooting them or running over them in their cars, blacks get together and demand guarantees by adopting extreme political attitudes, often entertaining equally violent ideologies. Guns are in millions of hands, increasingly utilized under the pretext of the need for self - defense, as stated in the constitution.

If you are a progressive democrat, whatever progressive means, you will ask for free college education, although free college education in other countries has turned out to be most expensive, since it decreases quality while increasing government deficit spending. Or, you sign a letter driven by blind, rigid ideology, like congress member Ocasio Cortez and her progressive democrat colleagues just did, asking for the freedom of “beloved” lawyer Steven Donziger, who committed large scale fraud in Ecuador by bribing the judge, buying the experts to write what he wanted and deceived the real environmentalists by posing as one.

On the other hand, if you are a patriotic conservative, whatever patriotic means, you live by the motto “Make America great again”, even if this means geopolitical isolation, and you believe that globalization is a fraud nurtured by greedy billionaires like Soros and Gates and by the World Economic Forum to take control of humanity.    

As Moises Naím describes in his forthcoming book “The Revenge of Power” (see advanced reviews in Amazon), global political leadership is being overrun by autocrats who make good use of what he calls the three “P’s”: Populism, Polarization and Post-truth. In the U.S. we have already been witness to all three in varying amounts, particularly polarization and the phenomenon of the fake news, the attempt to replace reality with a perverse distortion of the truth. Whoever lived in the Venezuela of Hugo Chavez or lives in the nightmarish Maduro’s Venezuela can recognize many of its manifestations in the U.S. ,  where “things like that could never happen”, but are happening.

I remember my dear deceased wife and me discussing our move from Venezuela to the U.S. in 2003.  She asked me: “What will we do if the same things start to happen in the U.S.?” I laughed and said: “We can move to Australia”. But more seriously, I added: “These things we see in Venezuela will never happen in the U.S. where there are effective political and civic checks and balances. When the U.S. gets a cold the rest of the world already has pneumonia”.

Well, I now suspect I might have been too optimistic.  I sincerely hope that the U.S. does not catch pneumonia. I still have faith in the essential common sense of Americans to solve their problems in an atmosphere of rationality and bipartisanship. I still believe in the American Dream, even it is now wrapped in coarser clothes. 


viernes, 26 de noviembre de 2021

LOS GRANDES ASUNTOS DEL SIGLO XXI VENEZOLANO




Transcurrida una quinta parte del siglo XXI son ya aparentes los  grandes asuntos venezolanos a resolver. Esta mañana, tomé un pedazo de papel y escribí los siguientes: 

LA CALIDAD CIUDADANA

El primero que se me vino a la mente, puesto que ya ha llegado a ser casi una obsesión para mí, es el gran tema de nuestra calidad ciudadana. Qué tipo de venezolano necesita nuestra nación para tener una posibilidad de sobrevivir en buena forma como país civilizado, miembro de una comunidad de naciones con ideales, no de grandeza sino de bienestar, no de potencia sino de sociedad de buenos ciudadanos, no nueva rica sino de modestos y decentes niveles de calidad de vida para todos.  Creo necesario comenzar por decir que la Venezuela del siglo XXI presenta un bajo nivel de calidad ciudadana. Al decir esto, agrego que no niego que en Venezuela  haya venezolanos de alta calidad ciudadana. Lo que estoy diciendo es que no tenemos una masa crítica de buenos ciudadanos activos. Para dar un grueso ejemplo cuantitativo, puedo decir que, de los 30 millones de habitantes de Venezuela, solo unos 7-8 millones exhiben una alta calidad ciudadana. El resto de la población está esencialmente integrada por dos variedades: los buenos ciudadanos pasivos, aquellos que no son malos pero no son activamente buenos y, por lo tanto, no contribuyen efectivamente al progreso de la sociedad, representando un peso muerto que debe ser cargado por los ciudadanos de alta calidad y los malos ciudadanos, aquellos que destruyen lo que otros construyen y saquean a la nación para su beneficio personal.  

Este grave problema equivale a tener un edificio sin bases, condenado al derrumbe. La solución toma tiempo, unas dos generaciones, consiste en una política de estado que implante y mantenga, independientemente de los ciclos de alternancia política, un programa nacional de educación ciudadana para los venezolanos de 5 a 18 años, es decir, durante la primaria y la secundaria, un programa centrado en la enseñanza de los  grandes valores ciudadanos y personales Ello no solo es enteramente posible sino esencial, a fin de sacar a Venezuela de su foso actual de ignorancia, negligencia y miseria. Estoy escribiendo un documento sobre este gran asunto para presentarlo/dejarlo a quienes tendrán a su cargo el gobierno de la Venezuela futura.

LIDERAZGO

Íntimamente emparentado con el tema anterior se nos presenta el gran asunto del liderazgo, el cual es más amplio que el de puramente político e incluye todos los aspectos de la vida nacional. Ninguna sociedad puede  progresar si no posee un cuadro de buenos líderes en todos los aspectos de su vida social, política y económica.

Los líderes nacen del seno de la sociedad y se nutre de los valores que mueven esa sociedad. Una sociedad sin ciudadanía de calidad difícilmente  podrá producir líderes de calidad. Aunque nuestro país algún liderazgo de calidad su número ha estado por debajo de las exigencias de su tarea fundamental de guiar a los ciudadanos por el camino de la democracia, de la libertad y del bien común. La progresiva mediocridad de nuestro liderazgo político comenzó en la década de los 80 y se fue acentuando hasta llegar al desastre del siglo XXI protagonizado por Hugo Chávez y Nicolás Maduro, etapa en la cual no solo el liderazgo político sino el social y el económico se ha venido dolorosamente a menos. Hoy tenemos un cuadro nacional caracterizado por tres estratos de liderazgo: un estrato abiertamente criminal representado por quienes han asumido el poder político-militar desde inicios del siglo XXI ; un segundo estrato de líderes moralmente invertebrados, quienes han llegado a un estado de  coexistencia pacífica con el estrato criminal, a fin de salvar lo salvable o de obtener migajas de poder,  y un tercer estrato de líderes dignos, aferrados a la defensa de los valores éticos propios del verdadero liderazgo, por lo cual han tenido que pagar un alto precio en términos de inseguridad personal.

La Venezuela del siglo XXI tendrá que generar un grupo de líderes extraordinarios quienes aspiren a ser estadistas y nobles visionarios, no caciques tribales, para terminar con la pesadilla actual y enrumbar a Venezuela hacia una posición digna en el concierto de las naciones. Este grupo deberá salir de la reserva de líderes honestos e irreductibles que aún tenemos, quienes deberán promover la ejecución de un proceso largo y perseverante de transformación actitudinal en la sociedad venezolana, catalizado por un programa de educación ciudadana como el que hemos  mencionado arriba.  

QUE HACER CON EL PETRÓLEO

El tercer gran asunto que debemos enfrentar es qué hacer con el petróleo. Una actitud nacional caracterizada por el peso de la  inercia y por los complejos heredados de una visión deformada de soberanía nos ha llevado a pensar que “el petróleo siempre deberá estar bajo el total control del estado”, chaqueta de fuerza insertada en la exageradamente prescriptiva constitución chavista de 1991. Esto ha sido un mantra que nació con la generación del 28, hoy negado por la experiencia desastrosa de los últimos años  y por las tendencias mundiales desfavorables que se perfilan para el uso del petróleo en el futuro. Ello nos obliga a archivar complejos, mitos y leyendas y utilizar el petróleo como una herramienta más en el proceso de reconstrucción de Venezuela, no como el gran protagonista del futuro. Hace muchos años Diego B. Urbaneja hablaba de la educación y la salud como los verdaderos sectores estratégicos del país. Tenía razón. Ni el petróleo, ni las líneas aéreas ni los bancos o los hoteles deben estar en manos del gobierno, ni es necesario que lo estén para que contribuyan eficientemente al bienestar de la Nación. El petróleo puede seguir ayudando a nuestra reconstrucción durante la ventana de oportunidad que todavía se le abre a los combustibles fósiles venezolanos. Las reservas remanentes de petróleo liviano y mediano de las cuencas de Maracaibo y Oriente nos permitirán mantener una industria petrolera de unos 2,5 millones de barriles diarios por los próximos 30- 50 años, manejada por el sector privado bajo las regulaciones y supervisión de una agencia venezolana de los hidrocarburos manejada por el Estado. Ni un centavo de los dineros de la Nación deberá ser invertido en la industria petrolera venezolana del futuro. Este es un tema de la mayor gravedad para Venezuela y requerirá una nueva manera de entender lo que es la verdadera soberanía.

 

EL CUIDADO DE NUESTRO TERRITORIO/EL ESEQUIBO

El cuidado de nuestro territorio, es decir, el mantenimiento de nuestra integridad territorial, de nuestros bosques, ríos, valles agrícolas y nuestra fauna y flora se presenta como tarea  inaplazable para la Venezuela de este siglo, sumido en un caos ecológico.  El desastre ambiental  que existe al sur del Orinoco, la muerte de nuestros lagos de Maracaibo y de Valencia, la polución extrema de nuestros ríos, la suciedad de nuestras playas, el descuido estético y hasta higiénico de  nuestras ciudades, universidades y edificios del Estado, los primitivos  sistemas de recolección y almacenamiento de basura en ciudades y pueblos, todo ello configura un crimen ambiental que deberá enviar los responsables civiles y militares a la cárcel. Venezuela es un país de ambiente profundamente degradado, cuya magnitud ha sido tratada con indiferencia tanto por el régimen como por mucha de la sociedad civil, con excepción de grupos ambientalistas como SOS Orinoco, de valiente actuación.  Esta negligencia criminal en el cuido que se le debe a nuestro territorio contrasta con el fervor patriótico que nos anima en el caso de la disputa territorial con Guyana. Con todo el respeto que se merece el reclamo de derechos que se consideran válidos, es preciso tomar en cuenta que la realidad geopolítica existente hace muy difícil, cero que imposible, una total reivindicación de tal reclamo. Pienso que en esa disputa Venezuela pudiera adoptar una posición de alto contenido ético, la cual pueda ser una lección para la humanidad. Debería, quizás, proponer un plan para convertir parte del territorio disputado en un gran Parque Transnacional,  de ecología protegida, a ser desarrollado para el bien común. Una actitud de este tipo estaría en línea con las tendencias supra territoriales que se requieren para salvaguardar el planeta. La manera como hemos tratado lo que ya tenemos no nos da mucha autoridad moral para pretender más territorio. Por cierto, lo que aquí digo fue propuesto a principios de este siglo por el gran venezolano que fue Francisco Kerdel Vegas. Yo llegué independientemente a esa misma conclusión y me reconfortó verlo sugerido por él.  

LAS FUERZAS ARMADAS

Cuando hablo de las fuerzas armadas venezolanas, institución que tiene más de 2000 generales, cantidad digna de figurar en el libro de Guinness junto con la mujer de las uñas más largas del planeta, y que agrupa unos 300.000 efectivos, incluyendo una milicia de irregulares de muy pobre aspecto marcial,  debo hacer un esfuerzo consciente para controlar mi indignación. Hablando en frío no vacilo en decir que las fuerzas armadas venezolanas representan un horrible cáncer para nuestra sociedad. Son una aflicción letal de la peor especie ulcerosa y ofensiva. Digo letal porque es imposible esperar que las células cancerosas se autodestruyan.

Dueñas de las armas, en posesión de la fuerza bruta, con un liderazgo carente de dignidad y sentido de grandeza, las fuerzas armadas venezolanas han invertido totalmente el sentido de su misión y de sus deberes. Al cuidado debido del territorio han opuesto la expoliación de nuestras riquezas minerales. Al resguardo del territorio han opuesto el ejercicio del contrabando. Al cuidado de nuestros ciudadanos han opuesto la represión, la tortura y el abuso de poder. A su deber de garantizar nuestro bienestar han participado en esquemas de extorsión en la distribución de alimentos, mediante los cuales han obligado a los venezolanos a arrodillarse frente al régimen. Al uso de las armas para nuestra protección oponen el uso de las armas para someternos y  amedrentarnos con pomposos desfiles militares en los cuales sus generales lucen medallas de bazar, no ganadas en batalla sino en la adulación palaciega. Frente a su suprema misión de proteger y honrar nuestra constitución se han dedicado a defender y garantizar la permanencia en el poder de una pandilla de gánsteres, lavadores de dinero, narcotraficantes y populistas de la peor especie, quienes manejan un estado forajido y una cleptocracia internacional.  

Este es un asunto que nos mantiene en el más profundo atraso y debe resolverse en la Venezuela del siglo XXI. No es posible esperar que la  institución se suicide y no es realista esperar que la sociedad civil pueda eliminarla mediante un instrumento constitucional y pacífico como sería un referendo aceptado pacíficamente por la institución. Una posibilidad de hacerla desaparecer como factor de poder en Venezuela parecería ser mediante un proceso perseverante de cuidadosa disminución en su tamaño y poder, hasta llevarla a la dimensión de una Guardia territorial. Quizás entonces podríamos decir que nos hemos liberado del cáncer que representan los hombres armados que han servido para mantener a dictadores y autócratas populistas en el poder durante una porción importante de nuestra historia.

Hay muchos otros asuntos que merecen nuestra atención y que deberán resolverse si es que Venezuela desea sobrevivir como país civilizado e independiente. Es hasta posible que en un futuro el país se fusione políticamente con otros países de la región para constituir una nueva Nación, a fin de lograr sinergias que le permitan mantenerse viable en un planeta que parece estar destinado a globalizarse como medida racional de supervivencia. Pero ello quizás sería un asunto para el siglo XXII.     

O quizás no.    


lunes, 22 de noviembre de 2021

A LETTER TO WILSON CENTER: THEIR REPORT ON VENEZUELA



Dear Wilson Center:

I saw your recent video on “Democratization in Venezuela: Thoughts on a new Path”, and  later read the report authored by Michael Penfold, supported and approved by an impressive array of political scientists and educators from Venezuela, the U.S. and Europe *

 I congratulate the Center for this important work on what should be done in Venezuela, a country that not only should be awakened from its current social and political nightmare but should also recover its sense of national dignity, almost completely eroded away by twenty years of humiliations at the hands of a corrupt and stupefying regime. I would like to comment on this important work, as follows (I present the main points made in your report in italics, followed by my comments):  

My first, general comment, about the report is that its thrust is excessively pragmatic, what could be defined as consequentialist. Although this emphasis on results is perfectly respectable, it does not consider an alternative deontological approach, as in Kant’s categorical imperative, which states that we should guide our actions not by potential outcomes but by universal ethical principles, no matter what the outcome might be. I find that the ethical aspect of the Venezuelan tragedy has been almost neglected by political scientists and politicians.  I consider this Kantian perspective essential for a long term, lasting solution to the Venezuelan tragedy, one that attends not only to the social body but also to the national soul.

1.     The report, you say, “departs from a fundamental premise: that Venezuela’s dire and destructive impasse cannot be resolved until both the Venezuelan government, led since 2013 by Nicolás Maduro, and the opposition interim government established in 2019 under Juan Guaidó, recognize that their strategies have failed to solve key practical problems faced daily by Venezuela’s impoverished population, and that each lacks enduring public support to chart a credible path forward”.

In this paragraph the report assumes both sides to be morally equivalent. It claims that both Maduro and Guaidó have failed to solve the “practical” problems faced by the suffering Venezuelans and, therefore, each lacks public support. In other words it defines both groups as “illegitimate” in the eyes of the nation. In my view this is wrong politically, socially and morally. The Maduro regime has failed to solve the problems of Venezuelans for the simple reason that they have been in the business of creating problems, not solving them. Their regime is one of oppression and impoverishment while Guaido’s government, constitutionally more authentic, lacks the material resources or authority to do the job.  

2.     Such a major premise of the report leads to the assertion that “A negotiated accord, reinforcing democratic norms and institutions and promoting cooperation across political divisions, is in the interest of those who have supported the chavista movement, those who have opposed it, and the rest of Venezuelans

Again, this would acceptable if all considerations were only pragmatic, concerning immediate results, but this is not the case. Consider the long term. When victims sit at the table with the kidnappers they lose much, if not all, of their moral authority to treat with similar problems in the future. They accept that “crime pays” and this will send an ominous message to future generations, while fueling the temptations of future autocrats. These autocrats will know that if they persevere in their cruelty and absolute exercise of authority, the people will end up by sitting with them at the table and making concessions that will allow them to escape the full application of justice.

 

3.      The report “explores paths to commit to concrete steps aimed at peaceful coexistence, etc.”

The report makes a point to explore steps aimed at peaceful coexistence. For those citizens who have grown up to believe in the victory of the good, who have been told at home and in school that they should never break bread with gangsters or tolerate crime, this objective sounds hard to swallow, especially if recommended by an such an illustrious group. 

4.     The report states that: “the Chavez movement widely distributed the benefits of the large increase in oil prices”. 

Although this statement is a secondary issue in the report it cannot go unchallenged. Chavez did not distribute widely the benefits of the large increase in oil prices. Chavez took advantage of the windfall in oil income to establish a gigantic operation of distribution of food, cash and even automobiles and housing handouts among the poorer sectors of the population and the members of the armed forces, in exchange for demands of political loyalty. None of this windfall went to the middle class and much less was dedicated to structural education, infrastructure or health programs. Chavez gave a fish a day, but never tried to teach how to fish. When the oil windfall ended, the poor ended up poorer than ever before.  

5.     “Venezuela’s exit from its current tragic situation will require massive institutional rebuilding, which can only emerge from some type of political agreement, which hopefully might yet surface from the negotiations initiated in Mexico City and subsequently suspended”

If we follow the pragmatic line of reasoning the Mexico negotiations make sense. When ethical considerations come into play it becomes evident that these negotiations are between kidnappers and hostages, not between two groups of the same moral quality. Maduro has a prize of $15 million on his head, offered by the U.S., which also happens to be one of the countries promoting the negotiations, a paradox. In Maduro’s Venezuela dozens of Venezuelans are in prison, subject to mental and/or physical torture. International organizations are formally investigating Maduro for genocide or lesser crimes. Shaking hands with them in Mexico is magic realism.

6.     Among the steps to be taken the report mentions: (a), the Mexico negotiations should include the discussion on constitutional reforms that reduce presidential powers and grant greater financial autonomy to regional and local governments. The reforms must reduce the stakes of holding power and the costs of being in the opposition. These constitutional reforms should also include eliminating indefinite reelection, which would allow an honorable exit for Maduro in 2024 and a renewal of chavismo. Finally, reforms to the electoral system need to be introduced; (b), Regarding the armed forces,  the opposition ought to develop a solid proposal that not only improves its credibility with the military but also clearly communicates the legitimate participatory role of military institutions in the democratization process. (c), regarding transitional justice, “Venezuela cannot stop the documenting, investigating, verifying, or prosecuting of all these cases. No form of amnesty can encourage “forgetfulness.” Instead, it can create a framework for transitional justice that considers the national legal framework and international treaties that include Venezuela, but that still makes the political process viable. (d), the lifting of sanctions: “Considering the complexity of this situation, if the United States and the opposition decide to gradually lift economic sanctions, they should also be prepared to respond to demands for concessions in other areas valued by the Maduro regime, such as the lifting of individual sanctions, relocating the US Embassy from Bogotá to Caracas, and recognizing Maduro as president from the moment of the final agreement until 2024”.

This group of recommendations, if followed, will result – for all practical purposes – in the survival of Maduro’s regime for at least the next two years and would provide this gang of gangsters with a patina of legitimacy that violates all our instincts of decency.

Dear Wilson Center:

 I know these recommendations, supported by notable scholars, are offered with the best of intentions and could conceivably get some short term results that alleviate the daily suffering of many Venezuelans. However, the price to be paid by coexisting with these criminals, in terms of lost dignity and violation of basic moral principles will be too high.

To judge by what we know of the recent “elections” in Venezuela a results oriented strategies might not really work. Abstaining was of the order of 60%, which clearly indicates that the people of Venezuela equally reject the corrupt regime and the cooperating opposition. Maduro is now saying that the Mexico negotiations will not be renewed until the criminal Alex Saab is freed by the U.S.  Clearly, this is a man who cannot be trusted.

 I favor a clear and decisive stance of non- violent or, if need be, violent public dissidence and resistance against the chavista/Maduro horror, whatever the consequences. I know this is the harder road to follow but I have the conviction is the only one that can keep Venezuela as a viable society, one in which deontological, principle oriented action should be given more weight than the pragmatic.

 

Sincerely,

Gustavo Coronel

 

               * Members of the Group supporting the Wilson Center report:  

Cynthia Arnson Woodrow Wilson International Center for Scholars* Javier Corrales Dwight W. Morrow 1895 Professor and Chair of Political Science, Amherst College* Bram Ebus Consultant, International Crisis Group* Phil Gunson Andes Project Senior Analyst, International Crisis Group* Maryhen Jiménez Postdoctoral Research Associate, School for Global and Area Studies, University of Oxford* Miriam Kornblith Senior Director for Latin America and the Caribbean, National Endowment for Democracy* Margarita López Maya Former Professor, Center for Development Studies, Universidad Central de Venezuela* Abraham F. Lowenthal Professor Emeritus, University of Southern California and founding Director, Latin American Program, Woodrow Wilson International Center for Scholars* Jennifer McCoy Professor of Political Science, Georgia State University* Keith Mines Director, Latin America Program, United States Institute of Peace* Francisco J. Monaldi Director, Latin America Energy Program, Center for Energy Studies, Rice University* Asdrúbal Oliveros Director of and Partner, Ecoanalítica* Joy Olson International Consultant*, Michael A. Penfold Abraham F. Lowenthal Public Policy Fellow, Wilson Center, and Professor, Instituto de Estudios Superiores de Administración* John Polga-Hecimovich Associate Professor of Political Science, U.S. Naval Academy* David Smilde Charles A. and Leo M. Favrot Professor of Human Relations, Tulane University, and Senior Fellow, Washington Office on Latin America* Guillermo Tell Aveledo Professor of Politics, Universidad Metropolitana (UNIMET)* Harold Trinkunas Deputy Director and Senior Research Scholar, Center for International Security and Cooperation, Freeman Spogli Institute for International Studies, Stanford University* Leonardo Vera Professor of Macroeconomics, Universidad Central de Venezuela* José Virtuoso, S.J. Rector, Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)* Verónica Zubillaga Professor of Social Sciences, Universidad Simón Bolívar* Advisor to the Working Group Paul J. Angelo Fellow for Latin America Studies, Council on Foreign Relations*


miércoles, 17 de noviembre de 2021

Un tsunami de amistad

 

                                                                      JoenSo, DevianArt

Por una buena parte de sus 88 años mi buen amigo se dedicó a la lucha  por obtener su lugar en la sociedad.  Trabajó muy duro, lo cual en ocasiones lo llevó a relegar a la familia a un segundo plano. En esos momentos  lo racionalizaba pensando que lo hacía para garantizar  la seguridad  económica de su  esposa y de sus hijos, proveerlos de lo esencial material.

Aunque ello era parcialmente cierto, lo que si también era cierto es que debido a esa lucha, cuyo campo de batalla estaba fuera de casa, mi amigo  llegaba al hogar, quizás satisfecho de sus progresos, pero sin energía para ser padre. Sus hijos, 10, 9, 6, lo esperaban pacientemente hasta altas horas de la noche, a fin de enseñarle sus hermosos dibujos y sus tareas escolares satisfactoriamente cumplidas. Y él los atendía, cruzaba algunas breves palabras con ellos y les daba una palmadita de aliento, lo cual era insuficiente para llenar las amplias alforjas emocionales  de sus niños. Después de un breve diálogo con ellos los despedía de su lado, un poco como el niño que regresa los soldaditos de plomo a la caja después de jugar con ellos.

Afortunadamente mi amigo se había casado con una mujer de gran nobleza, quien paciente y silenciosamente rellenó el vacío que el padre, más exitoso en el mundo externo que en el plano doméstico, no llenaba. Ella debió ser madre, “padre”, electricista y plomero.

Con el transcurso del tiempo advertí un cambio en mi amigo. Se fue convirtiendo en mejor padre y logró ver el día en el cual, de manera milagrosa, sus hijos se convirtieron en sus compañeros, en sus amigos. Eso sí, no antes de decirle que, como padre, en ciertas etapas fundamentales de sus vidas, él no había estado enteramente allí.

La  vida de mi amigo ha sido lo sufrientemente larga para hacer importantes y  necesarias correcciones. Hoy en día, gracias al ejemplo perseverante de quien fue su esposa, su relación con los hijos es cálida, extraordinaria. Ellos han pasado a desempeñar el papel de padres y madres de su ancianidad. Como en la novela de Pio Baroja, mi amigo transita por el camino de perfección, objetivo inalcanzable pero digno de ser la meta, ese anhelo por llegar a la casa luminosa situada en la colina.  

En ese camino mi amigo anda del brazo, apoyado, guiado, sostenido por los amigos. Ya no está en batalla, ahora anda tendiendo puentes. Y el resultado de tender puentes ha sido mágico.  Aunque aún quiebra lanzas en la defensa de sus valores y principios, en ocasiones con pugnacidad, el énfasis en su vida se ha trasladado al disfrute de la amistad. Ello le ha dado una vejez llena de sosiego en la cual procura ser útil, dar en lo posible, mostrar gratitud al recibir, descubrir el encanto de compartir con amigos con quienes puede bajar la guardia sin temor a ser mal interpretado, ejercer la empatía a plenitud.

Me dice que está admirado de la intensidad del afecto que recibe, lo describe como un verdadero tsunami de amistad. En el ejercicio de esa amistad mi amigo ha tenido la suerte de encontrar buena parte del sentido de su vida.    



lunes, 1 de noviembre de 2021

Los sucesos del 6 de Enero de 2021 y la demanda del ex-presidente Trump

 



LA POBLADA DE ENERO 6, 2021, CONTRA EL CONGRESO DE USA Y LA DEMANDA DEL EX-PRESIDENTE TRUMP

En este momento cursa ante los tribunales del Distrito de Columbia una demanda del ex-presidente de USA, Donald Trump, contra el Comité del Congreso de los Estados Unidos que investiga los sucesos del 6 de Enero de 2021 que provocaron muertos, heridos y la suspensión temporal del proceso de contaje de los votos sobre la elección presidencial que resultó en la victoria de Joseph Biden. Como parte de la investigación iniciada por el Comité del Congreso se le pidió a los Archivos Nacionales de los Estados Unidos información recibida, o generada por la Oficina Ejecutiva del ex-presidente Trump y del ex-vicepresidente Pence relacionada con los hechos ocurridos, incluyendo cualquier posible intento del ex-presidente Trump de cambiar los resultados de la elección. 

Parte de la información pedida por el Comité Investigador está amparada por el llamado Privilegio Ejecutivo, el cual en circunstancias normales mantendría confidencial esa información hasta por cinco años a partir de la partida del presidente. Hasta la presidencia de Richard Nixon, en efecto, todos los documentos emanados de la presidencia eran considerados como la propiedad personal del presidente de turno, quien podía invocar el privilegio ejecutivo para mantenerlos confidenciales por el período arriba mencionado.   Sin embargo, a raíz del intento de Richard Nixon de quemar grabaciones relacionadas con el caso Watergate, el Congreso pasó un acta llamada PRA, Presidential Records Act, firmada por el entonces presidente Gerald Ford, en base a la cual los documentos de la presidencia pasaron a manos de los Archivos Nacionales para su preservación y control. Aunque la tradición histórica aún permite a los ex-presidentes ejercer alguna medida de Privilegio Ejecutivo, esta autoridad se encuentra - por decisión de la Corte Suprema -  sobrepasada por el presidente de turno y por el Congreso. Por ello, el presidente Biden ha decidido que los documentos pedidos por el Comité del Congreso a los Archivos de la Nación le sean entregados, lo cual ha causado la demanda del ex-presidente Trump. La Corte Suprema, en una decisión relacionada con el caso Nixon,  dictaminó en su momento que el privilegio ejecutivo a ser ejercido por un ex-presidente es, en el mejor de los casos, de naturaleza marginal, la cual puede ser negada ("overruled")  por el presidente de turno, quien es considerado como el representante legalmente válido del poder ejecutivo. 

La jurisprudencia existente tiende, por lo tanto, a favorecer la autoridad del presidente en ejercicio por sobre la versión de privilegio ejecutivo que aún posee el ex-presidente Trump, por lo cual su demanda muy probablemente no tendrá éxito.  

Lo más importante es que la demanda introducida por el ex-presidente Trump tiene un profundo sentido político. Es un intento de evitar que ciertos documentos lleguen a manos del Comité Investigador, por lo cual es difícil pensar que ello no se deba a su naturaleza incriminatoria. Igual sentido posee la orden dada por el ex-presidente a ex-colaboradores como Steve Bannon de no obedecer la orden de comparecencia ante el Comité Investigador como testigos.  Bannon ha desafiado la orden y se expone a ir a la cárcel por desacato, decisión que sugiere que sus declaraciones serían comprometedoras de la pasada administración Trump.

Los sucesos del 6 de Enero de 2021 en el Congreso de los Estados Unidos fueron de una gravedad sin precedentes. La Plataforma que había sido instalada en la puerta del Congreso para la inauguración presidencial fue destruida. Los rebeldes entraron al Congreso, rompiendo obras de arte y equipos de diversa índole, las oficinas de los congresantes fueron saqueadas y los miembros del congreso tuvieron que ser rescatados por las autoridades porque sus vidas corrían peligro. El evento produjo muertos y heridos, por lo cual ha sido catalogado como criminal. 

LA TRANSPARENCIA DEBE PREVALECER

El comité investigador del Congreso está formado  por siete miembros del partido Demócrata y dos miembros del partido Republicano. Originalmente estaba diseñado para ser integrado por cinco miembros de cada partido, pero  el partido Republicano retiró sus miembros después del veto a uno de ellos por parte de la líder de la mayoría, Nancy Pelosi. Los dos miembros republicanos que aceptaron su presencia en el Comité han manifestado públicamente su desacuerdo con el ex-presidente Trump y votaron por su enjuiciamiento. Sin embargo, la mayoría de los congresantes republicanos continua alineado con el ex-presidente Trump.

LA DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE SE HA DEBILITADO POR CAUSA DE ESTOS ACTOS VANDÁLICOS

Esta será una investigación de fundamental importancia, cuyos resultados tendrán un profundo impacto sobre la política estadounidense y podrán generar enjuiciamientos criminales para miembros de la turba que atacó el congreso y para los ex-funcionarios de la pasada administración que puedan haber estado implicados en un intento de subvertir los resultados de las elecciones presidenciales. Es de hacer notar que, todavía hoy, el ex-presidente y sus seguidores siguen hablando de fraude electoral, sembrando dudas sobre la legitimidad de los procesos electorales del país. Esta postura debilitará cualquier proceso electoral futuro en USA.

Esto sucede con frecuencia en las llamadas repúblicas bananeras pero es la primera vez que ocurre en USA con la intensidad y duración que le ha dado el ex-presidente Trump. La confianza, pilar fundamental de la democracia estadounidense, se ha visto seriamente atacada. Esto solo sería positivo si tales acusaciones tuvieran sustento, pero el fracaso de todos los intentos legales, hasta llegar a la Corte Suprema, y de todos los recuentos pedidos (ver lo ocurrido en Arizona) para cambiar los resultados nos dicen que ello es mentira. Por esto, mantener tal postura como estrategia política se ha convertido en un acto lesivo para la estabilidad política de los Estados Unidos, la cual tendrá consecuencias hoy imprevisibles para quienes la promueven. 

miércoles, 27 de octubre de 2021

CARTA A UN JOVEN AMIGO QUE PIENSA EN EMIGRAR

 

 


Querido amigo:

 Me has pedido que te envíe mi opinión sobre tus intenciones de emigrar. Creo que ya puedo hablarte con conocimiento de causa, ya que hace años tomé  la determinación sobre la cual deliberas hoy.

 

Este mes se cumplen 18 años de mi salida de Venezuela.  En mi caso se trata de una salida sin retorno, dada la situación que prevalece en el país, mi avanzada edad y el haber perdido a mi esposa hace un año, a cuyo lado deseo descansar.

Deseo comenzar esta carta con una  afirmación positiva: La ausencia física no es realmente trágica si uno se lleva a su país en el corazón. La memoria no es idéntica a la nostalgia. La memoria nos permite vivir en la patria a voluntad. La ausencia nos permite idealizar el país que dejamos, haciendo posible borrar parcialmente de nuestra mente las horribles verrugas morales y las llagas físicas del país en el cual debe vivir el venezolano de hoy. Nuestros compatriotas viven hoy en una Venezuela que yo no reconozco, pues la que siempre existirá es la que vive en mí.    

Hace 18 años dejé mi hogar en una zona rural de Venezuela, donde vivía rodeado de árboles frutales y majestuosos araguaneyes. Mis últimos recuerdos antes de partir son los de la vaca de mi vecino comiéndose mis matas de cayenas. Lo único que lamento es haberme ido sin aplicar la justa retribución de comerme la vaca.

Nuestra casa en la zona de Barrera, estado Carabobo, había sido construida con ayuda de la gente del lugar, pequeño pueblo donde no había cine, no había biblioteca pública, no había teléfonos pero, eso sí, tenía unas siete bodegas donde abundaban la cerveza y el aguardiente. La gente del lugar era buena pero lo esperaba todo del gobierno.  

Hoy estoy trasplantado al estado de Virginia, un extenso estado de USA con un acentuado sabor rural. Vivir aquí me ha despojado de la carga espiritual que tenía en Carabobo, obligado a vivir en una sociedad abrumada por la humillación. Disfruto hoy en Virginia de lo que Aquiles Nazoa llamaba “Las cosas más sencillas”, la posibilidad de ir descubriendo el encanto de lo cotidiano. 

Si tuviese que resumir esta vida que hemos llevado en Virginia en una sola palabra diría que es “predecible”. Ello ha constituido la clave de mi bienestar. En Venezuela la palabra clave que regía nuestra vida era “el azar”, ese no saber qué iba a sucedernos, si regresaríamos a casa vivos, aun cuando nuestra salida fuese solo al mercado, al consultorio médico o al cine. Ya en 2003, cuando salimos de Venezuela, se acentuaba la escasez en las  bodegas del área, entre Carabobo y Cojedes, las cuales apenas exhibían lánguidas lechugas y plátanos negruzcos de aspecto desesperanzado. En cada esquina era inevitable ver un afiche del gran defensor de los pobres, el paracaidista que nos traería la felicidad instantánea. Hoy en día, por supuesto, ya sabemos lo que nos trajo.

El primer bono de mi vida fuera de Venezuela estuvo representado por la cálida acogida que tuvimos. Aun cuando los Estados Unidos ya no era el mismo país de gente ingenua y abierta que conocí en mis años de estudiante universitario, continuaba y continúa siendo un país repleto de gente cordial y generosa. Nos sentimos aceptados por nuevos amigos, vecinos y colegas. Al llegar, tuve la suerte de conseguir, a mis 70 años,  trabajo remunerado,  gracias a un generoso amigo venezolano. Luego, otros amigos hicieron posible que pudiera hacer traducciones, artículos pagados, una que otra consultoría, lo que llamamos en Venezuela, matar tigritos. Y mucho de ese trabajo lo podía hacer sin quitarme la piyama.

Cuando presenté, en 2004, mi primera declaración de impuestos en USA experimenté la maravillosa sensación de recibir un re-embolso del gobierno. En esos años comencé a ser invitado a dar charlas sobre Venezuela y sobre la región latinoamericana en diversas ciudades por toda la geografía estadounidense. En algunas ocasiones, hasta me pagaban honorarios, aunque confieso que hubiera pagado por hacerlo.

 

                                                      

 

                                                    Paisajes

 

Mi segundo bono fue el paisaje.  Nuestra Venezuela es un hermoso país, con el Caroní encontrándose con el Orinoco, con el vuelo súbito de miles de loros multicolores para quien pasa en helicóptero cerca de un tepui,  las extraordinarias  puestas de sol en Juan Griego o la hermosa visión de las poblaciones andinas. Sin embargo, el paisaje venezolano rural y urbano ha sido brutalmente intervenido por el hombre. Nuestros jardines están frecuentemente invadidos por la maleza, la basura se acumula en las calles, las paredes están pintoreteadas y llenas de propaganda política.


Cuando llegué aquí me asomaba por la ventana y veía las calles cuidadas, los árboles y flores bien tratados, advertía un gran  respeto por la naturaleza y por la comunidad. Ello ha intensificado mi amor por el paisaje y ha promovido mis deseos de participar activamente en tareas de mejoramiento del sitio donde vivo. Quien vive rodeado de limpieza contribuye a la limpieza. La presión del ambiente modela nuestra propia actitud, para bien o para mal.

 

                                         ¿Por qué emigramos?

  
Hoy en día, la gente emigra por las razones más diversas, millones de seres humanos están en movimiento en todo el planeta, en masivas oleadas que asemejan las grandes migraciones de los Caribú en Alaska o de los antílopes en el Serengueti, al norte de Tanzania. Lo que domina esos movimientos es la necesidad primaria de los seres vivos de sobrevivir en buena forma. Emigrar no significa falta de amor, o de patriotismo, o carencia de sentimientos. Al contrario, no hay nada como la ausencia para incrementar el amor por el terruño. Nuestra Venezuela, país en el cual nunca había existido emigración, ya no es una excepción a ese gigantesco movimiento humano que se desplaza  desde áreas inhóspitas a áreas que ofrecen mejor calidad de vida.

Es lógico emigrar. En nuestro país existe un régimen político que es la vergüenza del universo y que ninguna persona digna debería aguantar sumisamente, un régimen que viola los valores de millones de venezolanos que anhelan vivir en libertad. Por ello, cada venezolano que puede emigrar considera seriamente la posibilidad de hacerlo.

Cada quien emigra por razones diferentes pero todos tenemos el denominador común de realizarnos plenamente como seres humanos. Mi sueño individual siempre ha sido ser un Buen Ciudadano. Por bastantes años pude lograrlo en Venezuela, durante la etapa democrática, pero ello se convirtió progresivamente en una misión imposible. Pagar impuestos y mis facturas de los servicios públicos, obedecer las leyes y regulaciones de tránsito, cooperar con los vecinos para mejorar la comunidad, vivir civilizadamente y en paz, todo ello se me fue haciendo cada vez más difícil.

Un día de 2002 fui a pagar mi factura de luz en Tocuyito y fue imposible por el caos administrativo que imperaba en esas oficinas. Perdí la paciencia y amenacé con prenderle fuego a la oficina, para lo cual me hubieran sobrado entusiastas colaboradores. De inmediato la Gerente de Eleoccidente me dijo, aterrada: “Págueme lo que usted quiera, pero no me queme la oficina”.

Ese día supe que tenía que irme del país porque me estaba convirtiendo en un salvaje, como única manera de sobrevivir en aquella jungla de corrupción e ineptitud. Mi sueño de buena ciudadanía no podía realizarse allá.


 Tengo 18 años sin ver una cucaracha

 

Mi liberación de las cucarachas no es, por supuesto, la razón fundamental de mi felicidad, pero ayuda. Salgo a caminar por la mañana sin tener que usar un bastón para defenderme de los perros del vecino y sin temor a enfrentarme con posibles asaltantes. Los pájaros que encuentro en el camino no vuelan despavoridos, ya que están acostumbrados a que nadie les haga daño. Regreso a casa a bañarme y… el agua fluye de la ducha. He olvidado lo que es un apagón.  Las  transacciones ordinarias que debe hacer un ciudadano están signadas por la confianza. En Venezuela tuve una cuenta en el mismo banco  por más de 30 años y cada vez que debía hacer una transacción que no fuera rutinaria tenía que probar, una y otra vez, que no era un malhechor. 

En Virginia, a pesar de ser una zona relativamente  costosa debido a su cercanía a Washington DC, la ciudad capital del país, es posible vivir modestamente y disfrutar, al mismo tiempo, de un razonable nivel de calidad de vida. Tener dinero es importante pero la sociedad – en tiempos normales -  ofrece disfrute a bajo costo: conciertos, paseos en bellos parques, eventos culturales, centros de reflexión (Think Tanks), el libre tránsito por bellas carreteras en la inmensidad del país, con hoteles y restaurantes de precios módicos. Cada pequeña ciudad o pueblo tiene sus festividades y su personalidad propia y el turismo interno es rico en ofertas.

En USA un plomero, un agricultor o un ingeniero tienen similar acceso a las cosas básicas de la vida: un auto, una educación para los hijos, un hogar, viajar. Por supuesto, el auto frecuentemente no es el mismo pero todos nos transportan de A hasta B sin problemas.  Ser propietario de una vivienda es relativamente fácil si se tiene un trabajo fijo, gracias al acceso al crédito bancario y a las bajas tasas de interés. La inflación es baja. Cuando llegué hace 18 años el kilo de papas costaba más o menos lo que cuesta hoy en día y siempre hay papas chiquitas, grandes, amarillas, blancas, rojas, una variedad que causaría vértigo a un recién llegado de Tocuyito.

 

Hay que estar preparado para trabajar duro, sin quejarse

 

En USA hay que trabajar duro, de manera un tanto estoica y comenzar a ahorrar para el futuro. He encontrado a latinoamericanos  con años de permanencia en el país quienes  me hablan de lo “mal que se vive aquí” y de su gran deseo de “regresar a sus países”. Sin embargo, no lo hacen, por lo cual pienso que es parte de una actitud un tanto teatral, o  de inconformidad crónica ante la vida, no importa donde se encuentren. Lo cierto es que aun en medio de la crisis inducida por la pandemia, es posible trabajar. Tengo un nieto que se acaba de graduar de una prestigiosa universidad y, debido a la crisis del virus, no ha podido encontrar un empleo al nivel de sus credenciales académicas. Pero, mientras tanto, gana un dinero decente cargando cajas en una empresa industrial y tiene promesas de empleos acordes con su especialidad tan pronto la pandemia se controle.

Recomendaciones de un emigrante ya “veterano”.

Basadas en mi experiencia personal estas serían mis recomendaciones:

1.      Piensa bien sobre tu decisión pero no temas tomarla y, al tomarla, no veas hacia atrás

Goethe decía que cuando uno toma una decisión todo comienza a actuar a nuestro favor. El gran enemigo de nuestra decisión es la inercia, esa tendencia humana muy natural a seguir viviendo en el día a día. La inercia nos puede llevar a lo que Aquiles Nazoa llamaba “seguir dándole vueltas a la noria”.  Aquiles agregaba que esa actitud resignada puede ganarnos un obituario tal como: “Ha muerto el Secretario del Juez Municipal”.  

Al tomar la decisión veremos que siempre habrá gente dispuesta a ayudarnos.

 

2.      Aprovechemos el cambio de ambiente para cambiar nuestra personalidad

Fui un adolescente muy tímido. En Los Teques mis amigos se burlaban de mi aspecto desgarbado. Cuando me fui a estudiar a Tulsa, Oklahoma, donde nadie me conocía, me decidí a cambiar de tímido a extrovertido. El resultado fue mágico. Hasta me eligieron Maestro de Ceremonias del Show de la Universidad, en el cual eché chistes en “Spanglish”, canté y bailé. Podemos beneficiarnos de salir de nuestro ambiente tradicional en el cual ya hemos adquirido una personalidad, para cambiar lo que deseamos cambiar de ella. Podemos reinventarnos. Nadie nos conoce, podemos ser en el nuevo ambiente quien deseábamos ser.  

3.      Seleccionemos el sitio donde queremos vivir, tomando en cuenta nuestras inclinaciones naturales,  ancestro, idioma y facilidad de adaptación

En mi caso nunca tuve dudas de que USA era el país donde quería vivir. Hablaba el idioma, me gustaba la gente, la manera de vivir. Reconozco que USA puede ser difícil para quien no hable inglés y que ello requiere de un proceso de aprendizaje que puede ser duro. Un emigrante venezolano de ancestro mediterráneo se sentirá naturalmente inclinado hacia Italia o España, países ambos maravillosos. Quien busque minimizar el  choque cultural puede ir a Perú o Chile, dos países que disfrutan de un nivel de desarrollo muy atractivo. Costa Rica es simplemente extraordinaria y allí quieren mucho a los venezolanos. Colombia, por supuesto, está muy cerca y se parece tanto a nosotros o nosotros a ellos.

Yo sentí una atracción especial por USA porque me gustan las estaciones muy marcadas: primavera, verano, otoño e invierno. Parecería que se vive mucho más, al poder dividir el año en cuatro segmentos  en los cuales uno se viste, hace y hasta come de manera diferente. Es como vivir cuatro mini-años en uno.

4.      Lleguemos a trabajar en el nuevo país en lo que sea, sin complejos.  

Cuando llegué a USA, en 2003, traté de entrar a trabajar en una tienda inmensa  llamada “Total Wine”, como consultor de vinos. Sin embargo, cometí el error de citar en mi C.V. que había estudiado en Tulsa, Harvard, Johns Hopkins y me desecharon por tener credenciales en exceso de los requerimientos de la posición.

Después encontré sitios más acordes con mi experiencia. Lo que es admirable es que a mi edad todavía encontré trabajo. Quien quiere trabajar en USA algo encuentra. Todo trabajo dignifica. Todavía hoy, a mis 88 años, alguien me ofrece una que otra tarea remunerada.

5.      Entremos de inmediato a formar parte de la comunidad. 

Es perfectamente natural continuar apegado sentimentalmente  al terruño, pero sin desconocer la necesidad de incorporarnos activamente a la  nueva comunidad. Hay compatriotas que viven años en otro país “sin salir” de Venezuela. Ello no es aconsejable, porque buena parte de la experiencia de emigrar  tiene que ver con ampliar las fronteras de nuestro mundo intelectual y espiritual y convertirnos en buenos ciudadanos en el país que nos recibe.

6.      Combinemos lo bueno nuestro con lo bueno del país que nos recibe 

No debemos pensar que Venezuela es el ombligo del universo y que somos tan chéveres que no necesitamos incorporar otras costumbres a nuestra manera de ser. Es mucho lo que podemos aprender de otras culturas, tanto en los hábitos cotidianos como en la manera de ver la vida. La vida universitaria en USA, por ejemplo, es rica en experiencias formativas para el joven. Se vive en la universidad, se respira el ambiente universitario, es posible dedicarse a aprender sin conflictos que nos distraigan. Las tradiciones de otros países que no sean el nuestro son hermosas, el grado de civismo puede ser aleccionador, algunas comidas pueden llegar a gustarnos tanto como las nuestras. No solo de arepas vive el hombre. Quien emigra tiene la maravillosa oportunidad de disfrutar de las buenas cosas y cualidades humanas existentes en las dos sociedades, la que deja y la que lo recibe. La transculturización no es negativa. Al contrario, vivir en otras países no solo nos libera del patrioterismo sino que nos hace más genuinamente  patriotas.

7.      Trabajemos por nuestro país desde afuera

Quien piense que el emigrante pierde la capacidad y, por lo tanto, el derecho a participar en los asuntos de su país de origen, se equivoca. En Venezuela yo iba a las marchas, uno entre miles, protestaba frente al CNE, me reunía con amigos para discutir los asuntos candentes, escribía artículos sobre la situación venezolana. Desde que vivo en USA no puedo ir a marchar, pero he viajado por todo este país dando charlas sobre la situación venezolana y escribo profusamente sobre nuestros asuntos. Gracias a la existencia de numerosos institutos de estudios latinoamericanos y universidades, puedo participar en foros, congresos y reuniones e influir sobre la opinión pública y/o las autoridades del país donde vivo. Protesto frente a la OEA y frente a la embajada del régimen.  Ya tenemos nuestras propias embajadas ante la OEA y ante la Casa Blanca.  Hago hoy la misma bulla de rechazo al chavismo o hasta más bulla que la que hacía en Venezuela. Estoy libre de la distracción que representa tener que sobrevivir de manera precaria en el ambiente viciado de mi patria.

8.      Tratemos de desarrollar un espíritu y una visión  universal

Desde Achaguas hasta Ulán Bator el ser humano es el mismo, quizás no en el sesgo de sus ojos pero si en la naturaleza de sus sueños, anhelos y esperanzas. Nadie en este planeta debe ser visto por nosotros como un “extranjero” ni debemos sentirnos extranjeros en sitio alguno de este planeta. Siempre encontraremos la misma cualidad humana, no importa donde vivamos y con quien hablemos. La misma identidad subyace al pobre y al rico al amarillo y al blanco. Nunca olvidemos que somos, en esencia, ciudadanos del mundo. Llegará un día en que podamos decir, al llegar a Marte o al Manojo de Mircea: “Venimos de La Tierra”. No diremos: “Venimos de Caracas o de Roma”.

El concepto de diáspora como equivalente a pérdida se debilita cada vez más, porque no somos extranjeros dentro de nuestro planeta Tierra, ese hermoso pequeño planeta azul perdido en la inmensidad del Cosmos. De un extremo a otro de ese planeta azul estamos en casa.