DIARIO DE VIERNES
CUANDO MI ABUELO RAFAEL LLEGO A LOS TEQUES
Nota: Muchos de los detalles que narro aquí son
imaginados porque tengo muy pocos datos sobre la vida de mi abuelo paterno,
Rafael. Lo esencial es verdadero
En esos años Nirgua era parte del estado Carabobo.
Fue más tarde que pasó a ser territorio de Yaracuy.
A su tercer día de viaje, cuando Rafael
se aproximaba a Pozo de Rosas el sol había ya caído y la neblina penetraba en
la montaña. Decidió descansar allí y completar su camino al día siguiente, reconfortado
por el tibio sol de la mañana.
Rafael llevaba sus enseres a lomo
de unas cuatro mulas negras y relucientes, compradas en Tucacas, en una
hacienda que criaba mulas para la exportación. Eran animales de un metro y
medio de alto, de unos 260 kilos y cada una podía cargar entre 70 y 100 kilos.
Los hacendados de Tucacas las criaban y las exportaban hacia las islas del mar
caribe, Estados Unidos y hasta Europa, sobre todo Francia, para lo cual
mantenían relaciones comerciales con judíos sefarditas de Curazao, quienes
poseían excelentes redes comerciales en el norte.
Había vendido sus tierras en Carabobo para ir a vivir a Los Teques, donde tenía palabreada la compra de una de las tres boticas del pueblo. Rafael conocía el negocio de las boticas. No era boticario de estudios pues esos estudios apenas se iniciaron en Venezuela en la primera década del siglo XXI, cuando ya era un veterano en esas lides. En esos años apenas existían en el estado Carabobo unas veinte boticas, la mitad en Valencia, la otra mitad desperdigadas por el resto del estado. Estos establecimientos eran casi equivalentes a los que hoy se llamaría un centro de salud, ya que el boticario desempeñaba múltiples papeles de médico, químico y hasta de consejero spiritual. Recetaba, aconsejaba, regañaba o amonestaba.
El boticario era generalmente una de las figuras importantes del pueblo, junto con el cura y el jefe civil. Sus asistentes, y esto es lo que Rafael aparentemente había sido en su juventud en la botica de Nirgua, aprendían al verlo en acción y poco a poco iban ganando un rango parecido al del jefe, ganando fama con sus recetas y recomendaciones. Las medicinas “patentadas”, es decir, aquellas manufacturadas por empresas del sector químico y farmacéutico, eran pocas todavía y era el boticario y su asistente quienes no solo ponían inyecciones, sino que elaboraban los “remedios” que ellos recetaban, usualmente mixturas que eran poco más que menjurjes, afortunadamente inofensivos pues sus ingredientes eran esencialmente zumos de frutas y tinturas vegetales diversas. Mientras estuvo en Nirgua Rafael iba con alguna frecuencia a Valencia a visitar la Botica El Aguila de Temístocles López o la llamada “Lourdes” de Panchito Feo, donde sus dueños le enseñaban a elaborar recetas estipuladas por los médicos o ideadas por ellos mismos con ingredientes inofensivos.
Además del boticario y uno o dos
asistentes, las boticas podían incluir a un joven “repartidor”, un joven con
bicicleta, algunos de quienes eventualmente llegarían a ser asistentes o hasta
dueños de su botica.
La actividad principal de las
boticas se centraba en la elaboración de recetas o las llamadas fórmulas magistrales,
recetas formuladas por médicos para cada paciente. Las recetas más frecuentes
eran despachadas en forma de jarabes, píldoras, elixires, tónicos, polvos para
la piel, reconstituyentes y pomadas. Cada boticario se jactaba de tener fórmulas
especiales que dispensaba con variado éxito, basado en la confianza que podían
despertar entre los clientes y sus resultados reales o imaginarios.
Hacia fines del siglo ya
Venezuela disfrutaba de algunos de los avances de la farmacología, ciencia
nacida en Europa y en lento tránsito hacia la America española. Aparecieron
pioneros europeos con nombres que se harían famosos, como Eduard Sandoz y Charles Pfizer, pioneros que fueron
remplazando las recetas individuales por formulaciones que podían ser dadas a múltiples
pacientes. Hacia 1885, en el gobierno de Guzman Blanco, se decretó una disposición
que obligaba a cada medicamento a ser registrado previo a su venta al público, Durante
los primeros veinte años de vigencia de esta disposición solo unos 60 productos
se registraron.
Rafael aprendió bien las tareas
de la botica y en su trabajo en Nirgua era quien recibía al inspector que
llegaba a verificar si el funcionamiento de la botica cumplía con los requisitos
legales y científicos, ya que de tal revisión dependía la licencia oficial.
Ello le dio una amplia visión de la actividad y la confianza necesaria para adquirir
su propio establecimiento.
Al llegar a Pozo de Rosas fue
directo a la posada del lugar, cuyo dueño era un inmigrante alemán, llegado a
la zona pocos meses atrás de la cercana Colonia Tovar. Un Grupo de unos 90
colonos había llegado a la Colonia Tovar alrededor de 1850 y fue varias décadas
después que una media docena de familias
decidieron mudarse a una nueva localidad, estableciéndose en la zona de El
Jarillo y Pozo de Rosas. Una de ellas era la familia dueña de la posada donde Rafael
decidió parar a descansar.
Era una casa grande de paredes
blancas y techo de tejas rojas, característica de la zona. Había sido una
oficina recolectora de café, pero las familias habían decidido remplazar ese
cultivo por el de la cebolla. Algún tiempo después vendría otro remplazo, el
durazno, un fruto que ha sido para la zona su principal producto hasta nuestros
días.
La posada tenía cuatro
habitaciones alrededor de un patio lleno de helechos y orquídeas. La habitación
dada a Rafael estaba inmaculadamente limpia, con una cama más bien pequeña,
pero con una cobija muy buena, necesaria para las noches que eran frías. Esa
noche durmió con los pies colgando fuera de la cama.
“Menos mal que decidió quedarse
esta noche aquí”, le dijo a Rafael el dueño. “Por ese camino siempre anda el
negrito sin cabeza y de colmillos pelados que ronda Las Ruinas”. “O, Pablo Mejías,
y su burrito, siempre buscando a la novia que se le fue con otro”.
Al día siguiente, muy temprano,
Rafael se desayunó en la posada, con yuca frita, huevos y unos chorizos típicos
del lugar, producto de una tradición culinaria de la selva negra llegada al
lugar con los colonos. Se despidió de la familia y partió, respirando el suave
aroma de los duraznos en flor que abundaban a la orilla del camino.
A media mañana estaba en San
Pedro y poco tiempo después entro a Los Teques por la calle Guaicaipuro. Allí
viviría el resto de su vida, allí crecerían mi padre y sus otros cinco hijos y
yo iría a vivir allí, a pocos meses de haber nacido en Catia.
Aunque llegado de Carabobo mi
abuelo Rafael se sembró en Los Teques, en la Botica Camposano, comprada a
Tobias Camposano, la cual manejó hasta su muerte, luego manejada por mi padre
por otros 25 años. Yo pasé mucha de mi niñez en esa botica, entre medicinas y
tertulias de clientes y todavía hoy me fascina entrar a una droguería de las
antiguas, con sus bellos potes de cerámica portando nombres en latín: Syrupus,
Pulvis, Tinctura, Unguentum, Radix, Nux Vomica, Aloe, Gentiane.
Hice jarabes inofensivos para
estimular el apetito, llevé medicinas a domicilio, dormía en la botica las noches
de turno. En 1940 escuchaba los análisis que hacia el zapatero del pueblo,
Chicho Conzogno sobre la segunda guerra mundial, en especial sobre las
victorias de los aliados en el norte de África y en 1941 escuché desde allí por
la radio a Abelardo Raidi narrando el juego que le dio la victoria a Venezuela
contra Cuba, en el campeonato mundial de beisbol amateur celebrado en La
Habana.
Soy geólogo, pero una parte de mi
corazón es de boticario.
ESTUDIO PRELIMINAR SOBRE LA DIASPORA
VENEZOLANA
UN INTERESANTE ANALISIS DE LA DIASPORA VENEZOLANA
CONDUCIDO POR EL EQUIPO QUE LIDERA TOMAS PAEZ. VER:
El estudio revela algunas características de esa diáspora
que podrían sorprender a muchos. En efecto:
· A diferencia de lo que algunos piensan lo niveles de
integración al país huésped que señalan los encuestados es muy alto. Un 57% se
manifiesta totalmente integrado y un 32 % parcialmente integrado. Solo un 11%
se dicen medianamente o nada integrados.
· Un 51% está trabajando a tiempo completo. Un 13%
adicional trabaja a medio tiempo y un 12% tiene carácter de retirados o jubilados.
Solo un 10% dice estar buscando trabajo
· Un 58% envía dinero a sus familiares en Venezuela,
un 40% no lo hace
· Un 74% ha roto sus vínculos laborales o de proyectos
con Venezuela
· Solo un 12% dice estar listo para regresar en el
corto plazo, mientras que un 20% dice que prefiere permanecer fuera de
Venezuela y un 44% dice preferir regresar solamente si mejoran las condiciones
en el país
· ¿Cuáles son las condiciones que tendrían que ser satisfechas
para el regreso? Seguridad, estabilidad económica, calidad de servicios… todos mencionados
por un 80% de los encuestados
Lo necesario es
hacer de Venezuela una nación digna, decente y con un sincero sentido de su importancia
geopolítica.
https://www.youtube.com/watch?v=SCm9O2KNEX4
QUINTO PRELUDIO PARA
PIANO, RACHMANINOV
https://www.youtube.com/watch?v=SCm9O2KNEX4
*** Una sensata advertencia de Evan Ellis sobre la actitud hegemónica depredadora del actual gobierno estadounidense
Toda
mi vida he creído que la política debe ir de mano con la ética y que no es
posible ser un buen ciudadano si se abandonan los principios y valores
universales que deben regir la conducta humana, principios sintetizados en los
diez mandamientos, los cuales son comunes a todas las religiones y forman parte
indivisible de la filosofía moral. Esto debería
ser obvio y de incuestionado ejercicio, pero sorprendentemente se enfrenta hoy
con la realpolitik, es decir, la toma de decisiones políticas en base a
consideraciones de poder, ilustrado por el dicho de Tucídides: “El poderoso
hace lo que puede, el débil sufre lo que debe”.
Esta manera es la que predomina hoy en el gobierno de los Estados Unidos
y, asombrosamente, tiene adeptos.
El
destacado politólogo Evan Ellis hace una sensata advertencia sobre esta postura.
He tenido una larga amistad con Evan desde hace al menos20 años, etapa en la
cual he visto crecer su prestigio de analista político, especialmente dedicado
al estudio de America Latina y de las principales influencias geopolíticas que actúan
sobre la región, especialmente China y los Estados Unidos.
Con
relación a la actual postura geopolítica de los Estados Unidos Evan Ellis
escribe lo siguiente, leerlo completo en: https://legadoalasamericas.org/valor-estrategico-de-ser-los-buenos/ :
“
Hoy en día, el enfoque «América Primero» de la Administración Trump abraza sin
disculpas la búsqueda de su interés nacional por parte de Estados Unidos, a
veces incluyendo el uso de coerción económica y militar abierta. La
política actual no abandona, pero posiblemente minimiza los compromisos
estadounidenses con instituciones internacionales heredadas y marcos legales,
así como la financiación para iniciativas en las que Estados Unidos buscó
mejorar la salud, la educación, el desarrollo, las instituciones, la democracia
y la protección de las personas, cuando dichos programas no benefician
inmediatamente a las empresas estadounidenses ni a su posición estratégica…. me
preocupa profundamente que la búsqueda sin disculpas de Estados Unidos por su
propio interés, apoyada por una coacción e intervención económica y militar
abierta, afecte a los cálculos y comportamientos de la región a largo plazo, de
formas significativamente adversas a los intereses estadounidenses”.
Se
preocupa Ellis por la manera como los Estados Unidos ha abandonado una postura
integradora y cooperativa en materia geopolítica para abrazar un interés casi
exclusivo por sus propios intereses, legítimos o no, postura frecuentemente
apoyada por la fuerza militar y económica.
Esta
es una observación que comparto plenamente con Ellis, quien agrega:
Como
planteó célebremente el filósofo político italiano Niccolò Maquiavel, la
cuestión central del realismo: «¿es mejor ser temido o amado?» Nunca esa
cuestión filosófica ha sido más importante que en el momento presente.
Para
Evan Ellis la postura deseable para los Estados Unidos es la de ser amada más
que temida. Esa ha sido, según Ellis, la “marca” que ha distinguido al país
durante una buena parte de su historia. Sin embargo, su postura actual la lleva
a ser temida y, como resultado, a ser rechazada. Así lo expresa:
“Coerción y sus efectos a largo plazo. La nueva postura estadounidense
hacia América Latina incluye aranceles significativos, sanciones y amenazas a
las mismas, interdicciones letales contra barcos antidrogas, acción militar
para capturar al líder de facto vinculado criminalmente a Venezuela y amenazas
indirectas de intervenir en Panamá, Groenlandia, Colombia y México, entre
otros. Dicha coerción militar y económica puede funcionar a corto plazo,
dado que Estados Unidos tiene un poder desproporcionado y los coaccionados
generalmente carecen de alternativas. Sin embargo, este pensamiento a
corto plazo ignora que los actos de coacción, con el tiempo, invariablemente
hacen que la víctima reaccione
Para
Ellis, esta postura de los Estados Unidos, además de ser éticamente indeseable,
la hace perder sus ventajas estratégicas en la competencia con China. Dice:
“Es
difícil exagerar hasta qué punto Estados Unidos cede innecesariamente sus
principales ventajas estratégicas en la competencia con la RPC, cuando abraza
sin complejos el transaccionalismo y la coacción, eliminando programas
relativamente económicos que hacen el bien, dejando sin trabajo a algunos de
sus defensores más leales de la región que dependían de esos contratos para su
sustento…”.
Para
Evan Ellis es imperative proteger la marca de los estados Unidos, una marca
basada en la confianza. Termina su análisis haciendo una advertencia:
“Una advertencia estratégica. Por último, proteger la valiosa
marca estadounidense estratégicamente valiosa también exige vigilancia sobre lo
que EE. UU. dice y hace, incluidas sus amenazas implícitas y explícitas.
Requiere garantizar que las acciones de Estados Unidos estén estructuradas en
principios compartidos, incluyendo el avance de la democracia, la protección
del individuo y el respeto al Estado de derecho, en torno a los cuales quienes
comparten esos valores puedan unirse…”.
EL PETROLEO VIENE DE LA LUNA
https://www.elnacional.com/2026/02/el-petroleo-viene-de-la-luna-2/
Nota: Este escrito de Ibsen Martínez fue publicado
en 2024. Él y yo estábamos planificando escribir una novela sobre petróleo en
Venezuela a cuatro manos, algo que no tuvo tiempo de cristalizar.
“Gustavo Coronel
es autor, además, de una muy documentada (y desconsoladora) historia de la
nacionalización petrolera (Lexington Books, en inglés), aparecida en 1983.
Quizá sea esta uno de sus mejores libros (¡ha escrito muchos!). Como tantos
otros hitos de nuestra moderna historiografía, es un título poco frecuentado,
para mal de muchos”
IBSEN MARTÍNEZ
“Los geólogos
petroleros son, en realidad, ocultistas”, afirma uno de ellos, el tejano Rick
Bass, en un libro extraño y memorable, Oíl Notes (Southern Methodist
University Press, 1995). “Son gente –dice Bass– que Son gente –dice Bass– que
puede hablar durante horas de cosas y movimientos que ocurren en el seno del
planeta y que nadie, salvo ellos, puede ver”.
Uno de esos
prodigios de la geognosia es don Gustavo Coronel, el geólogo petrolero
venezolano que ya en 1955 recolectaba calizas en nuestros Andes. Es el autor
de El petróleo viene de La Luna (2010), el libro cuyo título usurpa
mi columna de hoy.
Coronel cumplió
ya sus noventa siendo una de las voces del ámbito público más respetadas por
los venezolanos de varias generaciones y de toda condición. Sus columnas de
asunto político que publica en El Nacional pueden resultar
apasionadas y, para mi gusto, en ocasiones demasiado moralistas, pero nunca
inoportunas ni zafias. El petróleo viene de La Luna, recoge sus vivencias y
observaciones, no siempre exclusivamente geológicas o corporativas, de mucho
más de medio siglo durante el cual Coronel llegó a ser figura insoslayable de
la industria petrolera no solo venezolana sino global. En él cuenta las
andanzas –entre ellas, algunas galantes– de una vida como geólogo petrolero de
piqueta, brújula y bloc de notas, primero, y luego como gerente de empresas
petroleras, entre 1948, trabajando para concesionarias transnacionales y,
luego, a partir de 1976, como uno de los grandes capitanes de la estatal
Petróleos de Venezuela (Pdvsa) hasta 1998, justo al comenzar la “era Chávez”.
Mis capítulos predilectos, por la intensidad de lo que narran y la acuidad del
juicio político del autor, transcurren en Indonesia antes y durante las
masacres que, entre 1965 y 1966, cobraron la vida de, al menos, medio millón de
personas, muchas de ellas miembros locales del Partido Comunista Indonesio o de
la minoría de origen chino. Gustavo Coronel es autor, además, de una muy
documentada (y desconsoladora) historia de la nacionalización petrolera
(Lexington Books, en inglés), aparecida en 1983. Quizá sea esta uno de sus
mejores libros (¡ha escrito muchos!). Como tantos otros hitos de nuestra
moderna historiografía, es un título poco frecuentado, para mal de muchos.
Volviendo a Indonesia, la violencia antioccidental de aquellos días de
descolonización se cebó en los extranjeros de origen europeo, mayormente
holandeses y británicos. El porte a la vez distinguido, mestizo y cosmopolita
de Coronel hizo de él un personaje digno de una novela de Eric Ambler y le
permitió, al frente de instalaciones refinadoras de la Royal Dutch-Shell,
peligrosamente asediadas por la insurgencia comunista, interceder con gran
presencia de ánimo para salvar muchas vidas y la suya propia. Hablo de la dura
transición que entronizó en Indonesia al dictador Suharto. Pero ¿por qué eso de
La Luna? La primera vez que, hace ya más de treinta años, leí el título en un
manuscrito –trabajaba yo en una editorial caraqueña que, al cabo,
inexplicablemente rechazó editarlo–, pensé que se trataba de un libro sobre
cosmogonías indígenas precolombinas. Ya por aquel entonces me pareció un texto
singular y absorbente: el relato que él quiso novelado de su vida como
petrolero. Mucho tiempo después, descubrí que el doctor Coronel había optado
por la auto publicación y es así como he podido volver a leerlo y disfrutarlo.
Lo ofrece gratuitamente a quien quiera descargarlo de su blog, Las armas
de Coronel. Llegado aquí, será mejor cederle la palabra, tomada de una breve
crónica sobre cómo se le ocurrió un título tan desconcertante para sus
memorias: “En la sierra de Perijá, esa fila de montañas que marca la frontera
entre Venezuela y Colombia, tierra de tapires y jaguares, hogar de Yucpas y
Baris venezolanos y de Irokos colombianos, fluye una quebrada llamada La Luna.
Y en esa quebrada abundan afloramientos de rocas de edad cretácica superior, la
época en que las amonitas eran las reinas de los mares. Esas rocas han sido
designadas por los geólogos como propias de la formación La Luna”. La Luna
es, pues, la localidad tipo de esa formación, el lugar donde esa secuencia de
rocas fue estudiada en detalle por primera vez y donde se nos muestra más
radiante y completa. Allí, en un ambiente insuficientemente oxigenado, hace ya
75 millones de años, comenzaron a acumularse sedimentos orgánicos que
lentamente se transformaron en hidrocarburos. Es la llamada roca madre que,
según calcula coronel, ha producido hasta hoy, solo en la cuenca sedimentaria
de Maracaibo, unos 40.000 millones de barriles de petróleo. Desde chico he
encontrado poderosamente evocativo el lenguaje de los geólogos que traté en el
medio petrolero en que trabajó mi padre. Es algo que notas, por ejemplo, en los
libros del barón de Humboldt, vulcanólogo, esteta y escritor de gran virtud.
Sigmund Freud admite haberse apropiado, sin vacilar, de conceptos claramente
geológicos como “buzamiento” y “afloración” para referirse con tino a lo que
desciende o emerge del inconsciente. Esa intuición del lenguaje resplandece en
la prosa de Coronel. Es así como los geólogos tienden a prescindir a menudo de
convenciones geopolíticas y prefieren hablar de “comarcas”, de “provincias”
subterránea muchísimo más vastas que los territorios enmarcados en los mapas. Y
es también por eso que les resulta por completo natural y apropiado que
las cuencas colombianas del valle del Magdalena, de los llanos colombianos o
del Putumayo, al mostrarse litológicamente afines a las rocas halladas en la
sierra de Perijá, sean referidas como de la formación La Luna. La formación
Vaca Muerta, en la Argentina, por citar otro ejemplo, muestra rocas de “rostro”
similar a los de La Luna. Sus reservas se estiman hoy en 22.000 millones de
barriles”. Comenta Coronel en el artículo ya citado cómo el filósofo Orlando
Cabrales, experto petrolero colombiano, hizo notar hace algún tiempo que los
geólogos de la YPF (la estatal argentina) juzgan el yacimiento de Vaca Muerta
asimilable a la formación La Luna. En Guyana, al oriente de las bocas del
Orinoco, en un bloque aguas adentro del Atlántico, la formación llamada “del
río Canje” exhibe naturaleza y edad semejantes a las de La Luna. Países
hermanos, pues, distantes entre sí y de diverso régimen legal, se extienden
sobre un mismo inagotable manto subterráneo de riqueza común que nos viene de
La Luna. Es en la superficie donde la avidez de las trasnacionales, tanto como
la incuria “redistributiva” de los populismos corruptos, se han conjugado
perversamente durante más de un siglo para hacer realidad el mito del rey
Midas, degradando el ambiente y sumiendo en la miseria a millones de
latinoamericanos.
Publicado en El
Nacional, 16 de junio, 2024
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