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miércoles, 27 de octubre de 2021

CARTA A UN JOVEN AMIGO QUE PIENSA EN EMIGRAR

 

 


Querido amigo:

 Me has pedido que te envíe mi opinión sobre tus intenciones de emigrar. Creo que ya puedo hablarte con conocimiento de causa, ya que hace años tomé  la determinación sobre la cual deliberas hoy.

 

Este mes se cumplen 18 años de mi salida de Venezuela.  En mi caso se trata de una salida sin retorno, dada la situación que prevalece en el país, mi avanzada edad y el haber perdido a mi esposa hace un año, a cuyo lado deseo descansar.

Deseo comenzar esta carta con una  afirmación positiva: La ausencia física no es realmente trágica si uno se lleva a su país en el corazón. La memoria no es idéntica a la nostalgia. La memoria nos permite vivir en la patria a voluntad. La ausencia nos permite idealizar el país que dejamos, haciendo posible borrar parcialmente de nuestra mente las horribles verrugas morales y las llagas físicas del país en el cual debe vivir el venezolano de hoy. Nuestros compatriotas viven hoy en una Venezuela que yo no reconozco, pues la que siempre existirá es la que vive en mí.    

Hace 18 años dejé mi hogar en una zona rural de Venezuela, donde vivía rodeado de árboles frutales y majestuosos araguaneyes. Mis últimos recuerdos antes de partir son los de la vaca de mi vecino comiéndose mis matas de cayenas. Lo único que lamento es haberme ido sin aplicar la justa retribución de comerme la vaca.

Nuestra casa en la zona de Barrera, estado Carabobo, había sido construida con ayuda de la gente del lugar, pequeño pueblo donde no había cine, no había biblioteca pública, no había teléfonos pero, eso sí, tenía unas siete bodegas donde abundaban la cerveza y el aguardiente. La gente del lugar era buena pero lo esperaba todo del gobierno.  

Hoy estoy trasplantado al estado de Virginia, un extenso estado de USA con un acentuado sabor rural. Vivir aquí me ha despojado de la carga espiritual que tenía en Carabobo, obligado a vivir en una sociedad abrumada por la humillación. Disfruto hoy en Virginia de lo que Aquiles Nazoa llamaba “Las cosas más sencillas”, la posibilidad de ir descubriendo el encanto de lo cotidiano. 

Si tuviese que resumir esta vida que hemos llevado en Virginia en una sola palabra diría que es “predecible”. Ello ha constituido la clave de mi bienestar. En Venezuela la palabra clave que regía nuestra vida era “el azar”, ese no saber qué iba a sucedernos, si regresaríamos a casa vivos, aun cuando nuestra salida fuese solo al mercado, al consultorio médico o al cine. Ya en 2003, cuando salimos de Venezuela, se acentuaba la escasez en las  bodegas del área, entre Carabobo y Cojedes, las cuales apenas exhibían lánguidas lechugas y plátanos negruzcos de aspecto desesperanzado. En cada esquina era inevitable ver un afiche del gran defensor de los pobres, el paracaidista que nos traería la felicidad instantánea. Hoy en día, por supuesto, ya sabemos lo que nos trajo.

El primer bono de mi vida fuera de Venezuela estuvo representado por la cálida acogida que tuvimos. Aun cuando los Estados Unidos ya no era el mismo país de gente ingenua y abierta que conocí en mis años de estudiante universitario, continuaba y continúa siendo un país repleto de gente cordial y generosa. Nos sentimos aceptados por nuevos amigos, vecinos y colegas. Al llegar, tuve la suerte de conseguir, a mis 70 años,  trabajo remunerado,  gracias a un generoso amigo venezolano. Luego, otros amigos hicieron posible que pudiera hacer traducciones, artículos pagados, una que otra consultoría, lo que llamamos en Venezuela, matar tigritos. Y mucho de ese trabajo lo podía hacer sin quitarme la piyama.

Cuando presenté, en 2004, mi primera declaración de impuestos en USA experimenté la maravillosa sensación de recibir un re-embolso del gobierno. En esos años comencé a ser invitado a dar charlas sobre Venezuela y sobre la región latinoamericana en diversas ciudades por toda la geografía estadounidense. En algunas ocasiones, hasta me pagaban honorarios, aunque confieso que hubiera pagado por hacerlo.

 

                                                      

 

                                                    Paisajes

 

Mi segundo bono fue el paisaje.  Nuestra Venezuela es un hermoso país, con el Caroní encontrándose con el Orinoco, con el vuelo súbito de miles de loros multicolores para quien pasa en helicóptero cerca de un tepui,  las extraordinarias  puestas de sol en Juan Griego o la hermosa visión de las poblaciones andinas. Sin embargo, el paisaje venezolano rural y urbano ha sido brutalmente intervenido por el hombre. Nuestros jardines están frecuentemente invadidos por la maleza, la basura se acumula en las calles, las paredes están pintoreteadas y llenas de propaganda política.


Cuando llegué aquí me asomaba por la ventana y veía las calles cuidadas, los árboles y flores bien tratados, advertía un gran  respeto por la naturaleza y por la comunidad. Ello ha intensificado mi amor por el paisaje y ha promovido mis deseos de participar activamente en tareas de mejoramiento del sitio donde vivo. Quien vive rodeado de limpieza contribuye a la limpieza. La presión del ambiente modela nuestra propia actitud, para bien o para mal.

 

                                         ¿Por qué emigramos?

  
Hoy en día, la gente emigra por las razones más diversas, millones de seres humanos están en movimiento en todo el planeta, en masivas oleadas que asemejan las grandes migraciones de los Caribú en Alaska o de los antílopes en el Serengueti, al norte de Tanzania. Lo que domina esos movimientos es la necesidad primaria de los seres vivos de sobrevivir en buena forma. Emigrar no significa falta de amor, o de patriotismo, o carencia de sentimientos. Al contrario, no hay nada como la ausencia para incrementar el amor por el terruño. Nuestra Venezuela, país en el cual nunca había existido emigración, ya no es una excepción a ese gigantesco movimiento humano que se desplaza  desde áreas inhóspitas a áreas que ofrecen mejor calidad de vida.

Es lógico emigrar. En nuestro país existe un régimen político que es la vergüenza del universo y que ninguna persona digna debería aguantar sumisamente, un régimen que viola los valores de millones de venezolanos que anhelan vivir en libertad. Por ello, cada venezolano que puede emigrar considera seriamente la posibilidad de hacerlo.

Cada quien emigra por razones diferentes pero todos tenemos el denominador común de realizarnos plenamente como seres humanos. Mi sueño individual siempre ha sido ser un Buen Ciudadano. Por bastantes años pude lograrlo en Venezuela, durante la etapa democrática, pero ello se convirtió progresivamente en una misión imposible. Pagar impuestos y mis facturas de los servicios públicos, obedecer las leyes y regulaciones de tránsito, cooperar con los vecinos para mejorar la comunidad, vivir civilizadamente y en paz, todo ello se me fue haciendo cada vez más difícil.

Un día de 2002 fui a pagar mi factura de luz en Tocuyito y fue imposible por el caos administrativo que imperaba en esas oficinas. Perdí la paciencia y amenacé con prenderle fuego a la oficina, para lo cual me hubieran sobrado entusiastas colaboradores. De inmediato la Gerente de Eleoccidente me dijo, aterrada: “Págueme lo que usted quiera, pero no me queme la oficina”.

Ese día supe que tenía que irme del país porque me estaba convirtiendo en un salvaje, como única manera de sobrevivir en aquella jungla de corrupción e ineptitud. Mi sueño de buena ciudadanía no podía realizarse allá.


 Tengo 18 años sin ver una cucaracha

 

Mi liberación de las cucarachas no es, por supuesto, la razón fundamental de mi felicidad, pero ayuda. Salgo a caminar por la mañana sin tener que usar un bastón para defenderme de los perros del vecino y sin temor a enfrentarme con posibles asaltantes. Los pájaros que encuentro en el camino no vuelan despavoridos, ya que están acostumbrados a que nadie les haga daño. Regreso a casa a bañarme y… el agua fluye de la ducha. He olvidado lo que es un apagón.  Las  transacciones ordinarias que debe hacer un ciudadano están signadas por la confianza. En Venezuela tuve una cuenta en el mismo banco  por más de 30 años y cada vez que debía hacer una transacción que no fuera rutinaria tenía que probar, una y otra vez, que no era un malhechor. 

En Virginia, a pesar de ser una zona relativamente  costosa debido a su cercanía a Washington DC, la ciudad capital del país, es posible vivir modestamente y disfrutar, al mismo tiempo, de un razonable nivel de calidad de vida. Tener dinero es importante pero la sociedad – en tiempos normales -  ofrece disfrute a bajo costo: conciertos, paseos en bellos parques, eventos culturales, centros de reflexión (Think Tanks), el libre tránsito por bellas carreteras en la inmensidad del país, con hoteles y restaurantes de precios módicos. Cada pequeña ciudad o pueblo tiene sus festividades y su personalidad propia y el turismo interno es rico en ofertas.

En USA un plomero, un agricultor o un ingeniero tienen similar acceso a las cosas básicas de la vida: un auto, una educación para los hijos, un hogar, viajar. Por supuesto, el auto frecuentemente no es el mismo pero todos nos transportan de A hasta B sin problemas.  Ser propietario de una vivienda es relativamente fácil si se tiene un trabajo fijo, gracias al acceso al crédito bancario y a las bajas tasas de interés. La inflación es baja. Cuando llegué hace 18 años el kilo de papas costaba más o menos lo que cuesta hoy en día y siempre hay papas chiquitas, grandes, amarillas, blancas, rojas, una variedad que causaría vértigo a un recién llegado de Tocuyito.

 

Hay que estar preparado para trabajar duro, sin quejarse

 

En USA hay que trabajar duro, de manera un tanto estoica y comenzar a ahorrar para el futuro. He encontrado a latinoamericanos  con años de permanencia en el país quienes  me hablan de lo “mal que se vive aquí” y de su gran deseo de “regresar a sus países”. Sin embargo, no lo hacen, por lo cual pienso que es parte de una actitud un tanto teatral, o  de inconformidad crónica ante la vida, no importa donde se encuentren. Lo cierto es que aun en medio de la crisis inducida por la pandemia, es posible trabajar. Tengo un nieto que se acaba de graduar de una prestigiosa universidad y, debido a la crisis del virus, no ha podido encontrar un empleo al nivel de sus credenciales académicas. Pero, mientras tanto, gana un dinero decente cargando cajas en una empresa industrial y tiene promesas de empleos acordes con su especialidad tan pronto la pandemia se controle.

Recomendaciones de un emigrante ya “veterano”.

Basadas en mi experiencia personal estas serían mis recomendaciones:

1.      Piensa bien sobre tu decisión pero no temas tomarla y, al tomarla, no veas hacia atrás

Goethe decía que cuando uno toma una decisión todo comienza a actuar a nuestro favor. El gran enemigo de nuestra decisión es la inercia, esa tendencia humana muy natural a seguir viviendo en el día a día. La inercia nos puede llevar a lo que Aquiles Nazoa llamaba “seguir dándole vueltas a la noria”.  Aquiles agregaba que esa actitud resignada puede ganarnos un obituario tal como: “Ha muerto el Secretario del Juez Municipal”.  

Al tomar la decisión veremos que siempre habrá gente dispuesta a ayudarnos.

 

2.      Aprovechemos el cambio de ambiente para cambiar nuestra personalidad

Fui un adolescente muy tímido. En Los Teques mis amigos se burlaban de mi aspecto desgarbado. Cuando me fui a estudiar a Tulsa, Oklahoma, donde nadie me conocía, me decidí a cambiar de tímido a extrovertido. El resultado fue mágico. Hasta me eligieron Maestro de Ceremonias del Show de la Universidad, en el cual eché chistes en “Spanglish”, canté y bailé. Podemos beneficiarnos de salir de nuestro ambiente tradicional en el cual ya hemos adquirido una personalidad, para cambiar lo que deseamos cambiar de ella. Podemos reinventarnos. Nadie nos conoce, podemos ser en el nuevo ambiente quien deseábamos ser.  

3.      Seleccionemos el sitio donde queremos vivir, tomando en cuenta nuestras inclinaciones naturales,  ancestro, idioma y facilidad de adaptación

En mi caso nunca tuve dudas de que USA era el país donde quería vivir. Hablaba el idioma, me gustaba la gente, la manera de vivir. Reconozco que USA puede ser difícil para quien no hable inglés y que ello requiere de un proceso de aprendizaje que puede ser duro. Un emigrante venezolano de ancestro mediterráneo se sentirá naturalmente inclinado hacia Italia o España, países ambos maravillosos. Quien busque minimizar el  choque cultural puede ir a Perú o Chile, dos países que disfrutan de un nivel de desarrollo muy atractivo. Costa Rica es simplemente extraordinaria y allí quieren mucho a los venezolanos. Colombia, por supuesto, está muy cerca y se parece tanto a nosotros o nosotros a ellos.

Yo sentí una atracción especial por USA porque me gustan las estaciones muy marcadas: primavera, verano, otoño e invierno. Parecería que se vive mucho más, al poder dividir el año en cuatro segmentos  en los cuales uno se viste, hace y hasta come de manera diferente. Es como vivir cuatro mini-años en uno.

4.      Lleguemos a trabajar en el nuevo país en lo que sea, sin complejos.  

Cuando llegué a USA, en 2003, traté de entrar a trabajar en una tienda inmensa  llamada “Total Wine”, como consultor de vinos. Sin embargo, cometí el error de citar en mi C.V. que había estudiado en Tulsa, Harvard, Johns Hopkins y me desecharon por tener credenciales en exceso de los requerimientos de la posición.

Después encontré sitios más acordes con mi experiencia. Lo que es admirable es que a mi edad todavía encontré trabajo. Quien quiere trabajar en USA algo encuentra. Todo trabajo dignifica. Todavía hoy, a mis 88 años, alguien me ofrece una que otra tarea remunerada.

5.      Entremos de inmediato a formar parte de la comunidad. 

Es perfectamente natural continuar apegado sentimentalmente  al terruño, pero sin desconocer la necesidad de incorporarnos activamente a la  nueva comunidad. Hay compatriotas que viven años en otro país “sin salir” de Venezuela. Ello no es aconsejable, porque buena parte de la experiencia de emigrar  tiene que ver con ampliar las fronteras de nuestro mundo intelectual y espiritual y convertirnos en buenos ciudadanos en el país que nos recibe.

6.      Combinemos lo bueno nuestro con lo bueno del país que nos recibe 

No debemos pensar que Venezuela es el ombligo del universo y que somos tan chéveres que no necesitamos incorporar otras costumbres a nuestra manera de ser. Es mucho lo que podemos aprender de otras culturas, tanto en los hábitos cotidianos como en la manera de ver la vida. La vida universitaria en USA, por ejemplo, es rica en experiencias formativas para el joven. Se vive en la universidad, se respira el ambiente universitario, es posible dedicarse a aprender sin conflictos que nos distraigan. Las tradiciones de otros países que no sean el nuestro son hermosas, el grado de civismo puede ser aleccionador, algunas comidas pueden llegar a gustarnos tanto como las nuestras. No solo de arepas vive el hombre. Quien emigra tiene la maravillosa oportunidad de disfrutar de las buenas cosas y cualidades humanas existentes en las dos sociedades, la que deja y la que lo recibe. La transculturización no es negativa. Al contrario, vivir en otras países no solo nos libera del patrioterismo sino que nos hace más genuinamente  patriotas.

7.      Trabajemos por nuestro país desde afuera

Quien piense que el emigrante pierde la capacidad y, por lo tanto, el derecho a participar en los asuntos de su país de origen, se equivoca. En Venezuela yo iba a las marchas, uno entre miles, protestaba frente al CNE, me reunía con amigos para discutir los asuntos candentes, escribía artículos sobre la situación venezolana. Desde que vivo en USA no puedo ir a marchar, pero he viajado por todo este país dando charlas sobre la situación venezolana y escribo profusamente sobre nuestros asuntos. Gracias a la existencia de numerosos institutos de estudios latinoamericanos y universidades, puedo participar en foros, congresos y reuniones e influir sobre la opinión pública y/o las autoridades del país donde vivo. Protesto frente a la OEA y frente a la embajada del régimen.  Ya tenemos nuestras propias embajadas ante la OEA y ante la Casa Blanca.  Hago hoy la misma bulla de rechazo al chavismo o hasta más bulla que la que hacía en Venezuela. Estoy libre de la distracción que representa tener que sobrevivir de manera precaria en el ambiente viciado de mi patria.

8.      Tratemos de desarrollar un espíritu y una visión  universal

Desde Achaguas hasta Ulán Bator el ser humano es el mismo, quizás no en el sesgo de sus ojos pero si en la naturaleza de sus sueños, anhelos y esperanzas. Nadie en este planeta debe ser visto por nosotros como un “extranjero” ni debemos sentirnos extranjeros en sitio alguno de este planeta. Siempre encontraremos la misma cualidad humana, no importa donde vivamos y con quien hablemos. La misma identidad subyace al pobre y al rico al amarillo y al blanco. Nunca olvidemos que somos, en esencia, ciudadanos del mundo. Llegará un día en que podamos decir, al llegar a Marte o al Manojo de Mircea: “Venimos de La Tierra”. No diremos: “Venimos de Caracas o de Roma”.

El concepto de diáspora como equivalente a pérdida se debilita cada vez más, porque no somos extranjeros dentro de nuestro planeta Tierra, ese hermoso pequeño planeta azul perdido en la inmensidad del Cosmos. De un extremo a otro de ese planeta azul estamos en casa.    


sábado, 23 de octubre de 2021

Podremos seguirnos llamando Homo sapiens? El cambio climático y el Covid 19 nos hacen dudar

 


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EL  CAMBIO CLIMÁTICO Y EL COVID 19  PONEN A PRUEBA LA VALIDEZ DE NUESTRO NOMBRE: HOMO SAPIENS

El nombre que nos hemos dado, Homo sapiens, fue acuñado por Carolus Linneus en 1758 para definirnos como una especie del género Homo, la única aún en existencia, ya que las demás – Neandertal, Habilis, Erectus -  están extintas. El nombre quiere decir Humano Sabio, para diferenciarnos de aquellos homínidos cuyo desarrollo cerebral no les permitía el habla, imaginar el futuro y tantas otras cualidades que distinguen a nuestra especie. Y lo que el Homo sapiens ha logrado es maravilloso en muchos sentidos: la música, la pintura, la literatura, la tecnología, una cierta capacidad de controlar el ambiente, los viajes extraterrestres.

Estas maravillas han llevado a una mayoría de la especie a pensar que somos la especie zoológica creada a imagen y semejanza de Dios, que tenemos un alma inmortal que irá a compartir un sitio bienaventurado con el Creador como premio a nuestra buena conducta durante nuestra vida terrenal. Esa creencia ha dado origen a las religiones, las cuales han existido en una u otra forma, casi desde la aparición del Homo sapiens sobre la superficie del planeta, hace unos 350.000 años.

Quienes vivimos en esta etapa de la historia del Homo sapiens estamos asistiendo a la incubación de una crisis inmensa que amenaza con  destruir mucha de la vida animal y vegetal del planeta que nos sirve de único refugio. Se trata de un proceso de calentamiento global de la Tierra que ha ocurrido en otras épocas geológicas y, que cada vez que ocurre, ha terminado con muchas de las especies animales y vegetales predominantes en la época, aunque millones de años después la fauna y la flora hayan podido regenerarse, aunque con especies nuevas. Esta nueva crisis inducida por el calentamiento del planeta podría terminar con la desaparición de numerosas especies vivas hoy, incluyendo el Homo sapiens, parea probablemente dar paso a nuevas especies en un futuro geológico que se mide en millones de años. Por eso científicos como Stephen Hawkins, d\fallecido hace unos años, pronosticaba que el Homo sapiens tendría unos 100 años de tiempo para resolver esta crisis so pena de desaparecer. Él hablaba de la necesidad de viajar a otros cuerpos del sistema solar, un escape de la Tierra.

El Homo sapiens está profundamente preocupado por esta situación, lo cual es lógico, ya que puede anticipar el futuro, lo cual no lo pudieron hacer ni los dinosaurios, ni numerosas especies animales y vegetales  que desaparecieron de la faz del planeta, misericordiosamente sin darse cuenta de lo que les estaba sucediendo.

Pero el Homo sapiens si sabe lo que le está ocurriendo al planeta y, además, sus científicos piensan que lo que está sucediendo esta vez está motorizado en n0buena parte por sus mismas actividades. Es decir, piensan que el Homo sapiens se ha convertido, por obra de su manera de vivir en el planeta, en un agente de destrucción  del ambiente con rango geológico. El culpable de esta nueva etapa de calentamiento global es, dicen estos científicos, el uso masivo de combustibles fósiles en los últimos 200 años, a partir de lo que sido llamado por los historiadores la revolución Industrial.  

Sin embargo, esta creencia de mucho del cuerpo científico del Homo sapiens no es unánime. Hay quienes argumentan que, dado que este fenómeno se ha visto antes en diferentes etapas geológicas, esto que estamos viendo hoy no tiene nada que ver con el Homo sapiens o con su uso de los combustibles fósiles. Piensan que se ha creado una crisis artificial – hay quienes hablan de un gran fraude mundial -  debido a maniobras de grupos de humanos que desean hacer dinero o controlar el poder global. No pueden negar lo que está a la vista pero lo consideran como un proceso natural e inevitable. Como resultado de esta creencia han establecido una resistencia apreciable a eliminar el consumo de los combustibles fósiles, carbón y petróleo, que muchos consideran los máximos culpables. Además, a nivel de muchos países, escudándose detrás de la creencia de que cada país es soberano en su territorio y puede disponer de tal territorio como bien le parezca, se lleva a cabo un proceso intenso de deforestación de grandes territorios verdes del planeta para beneficio de los habitantes de ese país, proceso que lleva ya muchos años andando y que ha contribuido significativamente a la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.

La actitud de ambos grupos frente al fenómeno es notablemente diferente. El grupo de Homo sapiens que no cree que el uso de combustibles fósiles es la razón del calentamiento global opinan que la solución – si es que ello se puede llamar así – consiste en mitigar el impacto de ese calentamiento sobre la naturaleza, adaptándose a ;los cambios que se consideran esencialmente inevitables. Si se inundan las zonas costeras, mudarse hacia regiones más altas, cambiar hábitos alimenticios que serán afectados, acostumbrarse a vivir en ambientas más calurosos (hay gente contenta por la desaparición de glaciares y zonas de intenso frio), en fin toda una serie de medidas que permitan paliar el efecto del calentamiento y sobrevivir en razonable buena forma. Quienes si creen que la acción del ser humano tiene mucho que ver con lo que sucede promueven un cambio radical de utilización de la energía, promoviendo el uso de energías menos generadoras de contaminación y el fin de la era de los combustibles fósiles, lo cual encuentra mucha oposición por parte de un mundo industrial  basado en ese uso.

Estamos pues asistiendo a una confrontación entre dos posiciones totalmente antagónicas, pugna de cuyo resultado dependerá posiblemente nuestra capacidad de sobrevivir como especie, al menos como Homo sapiens.

La crisis del planeta ya ha ido más allá de la crisis ambiental para convertirse en una crisis filosófica/ideológica que está poniendo a prueba la legitimidad misma del nombre de nuestra especie. ¿Somos realmente sabios?

LA MÁSCARA Y LA VACUNA

Casi todo lo que sucede en nuestro planeta se está convirtiendo en aspecto de esa crisis filosófica/ideológica. Veamos lo que sucede con el inmenso problema de la pandemia del corona virus, la cual ha matado ya a unas 5 millones de personas en el mundo, mientras existen unas 245 millones de personas contagiadas para esta fecha de Octubre 2021. Esta pandemia ha causado una revolución en la manera como vivimos, desde que comenzó hace casi dos años. Ha causado pérdidas enormes, está reconfigurando todos nuestros hábitos de vida. Hasta ahora la abrumadora mayoría de los científicos, basados en resultados, nos dicen que es necesario hacer esencialmente dos cosas para controlar la propagación del virus y su eventual control. Una es usar máscaras en sitios públicos, otra vacunarse. Pudiera pensarse que la actitud del Homo sapiens debería ser al acatar de manera entusiasta estas dos directrices esenciales. Pero eso no es exactamente lo que está sucediendo. En un país clave como  los Estados Unidos y en otros países del planeta han surgido grupos importantes que se niegan a usar la máscara y a vacunarse. Al negarse se convierten automáticamente en potenciales agentes transmisores de la enfermedad. Para negarse citan razones religiosas o de libertad individual que consideran vulneradas con cualquier imposición a usar máscaras o de vacunarse. Quoen alega una razón religiosa o de libertad individual aspira a que esa razón sea aceptada y que le permita seguir actuando en sociedad y en su trabajo. Pero eso no es posible.

 Parece existir una tercera razón para negarse a seguir los dos mandatos citados sobre el control del virus, la cual podría ser – asombrosamente – la razón más poderosa de todas. Se niegan, no porque piensen que usar la máscara es inefectivo o porque la vacuna no funciona  sino porque están en rebeldía contra quienes abogan por esas medidas, a quienes perciben como sus adversarios ideológicos, con quienes no pueden estar de acuerdo.

Por ello, siempre estarán en contra de cualquiera [postura de ese otro grupo. Si mañana ese otro grupo decidiera que la vacuna no es ya necesaria, el grupo hoy disidente probablemente comenzaría a vacunarse en actitud de rebeldía contra tal mandato.  Quizás este fenómeno es el que más ilustra la fragilidad del término Homo sapiens para nuestra especie. Más que sabia la especie se está mostrando visceral, terca, pequeña, mezquina, “infantil”. Autores de ciencia ficción famosos como Sir Arthur Clark han hablado de esa naturaleza infantil del Homo sapiens para ilustrar la dimensión de nuestro desarrollo imperfecto, el cual todavía nos hace rehenes de nuestras emociones, leer “El Fin de nuestra niñez” de Arthur Clarke o ver “The day the Earth stood still”, película de 1951 .  

Para quienes tenemos 88 años de edad el futuro no nos concierne en lo personal pero somos parte de la especie y nos duele enormemente el terrible peligro que se cierne sobre quienes se ven como hechos a imagen y semejanza del Creador. Nos duele que no seamos capaces de vivir a la altura de esa posible identidad.

miércoles, 20 de octubre de 2021

EL CRIMEN ESPECÍFICO POR EL CUAL ESTÁ PRESO ALEX SAAB



Las apasionadas apariciones de funcionarios del régimen chavista en defensa de Alex Saab insisten en que el hoy preso ciudadano colombiano es un diplomático venezolano, un filántropo a quien Venezuela le debe agradecimiento por su labor en pro de los pobres. En reciente evento en Caracas hemos visto a la joven Sra. de Saab leer un documento en el cual se describe la prisión de Saab en Cabo Verde y su extradición a USA como hechos violatorios de los más elementales derechos humanos. Ella ha hablado de torturas físicas y psicológicas y toda clase de abusos en contra de su esposo, ver:  https://www.youtube.com/watch?v=o_3GzWrUZ4U

¿Será posible que el Sr. Saab sea un filántropo, tal como lo dice el Sr. Maduro, ver: https://www.youtube.com/watch?v=mrrZKl8SrLo?  ¿Será posible que los esposos Saab  sean inocentes víctimas de los abusos de los Estados Unidos?

Me he tomado el trabajo de leer la acusación formal que hizo el gobierno de los Estados Unidos contra el Sr. Alex Saab y varios de sus cómplices en 2019, acusación específica sobre uno de sus actos definidos como criminales. Ver: https://www.justice.gov/opa/pr/colombian-businessman-charged-money-laundering-extradited-united-states-cabo-verde.  

 En esa acusación no se mencionan sus relaciones con Maduro, su actividad de testaferro de la familia Maduro, la cual si se conoce a través de la prensa internacional y de las sanciones por parte del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, ver: https://home.treasury.gov/system/files/136/2019-07-25-Venezuela-Alex-Saab-Network-SPANISH-TRANSLATION.pdf

 La acusación de la fiscalía general del sur del Estado de Florida se refiere exclusivamente a los actos de soborno llevados a cabo por Alex Saab  y sus cómplices colombianos y venezolanos para llevar a cabo importaciones fantasmas a Venezuela. Estas actividades fueron llevadas a cabo en confabulación con funcionarios de PDVSA y de otras agencias del estado venezolano, actos criminales  que le reportaron a Saab la suma de U.S. $350.041.500

 Trescientos cincuenta millones, cuarenta y un mil quinientos dólares.

Debido a este acto criminal en contra de la nación venezolana el acusado Alex Saab y sus cómplices deberán entregar de regreso a las autoridades las sumas siguientes, muchas de las cuales ya han sido rescatadas por las autoridades de los estados Unidos.

(i)           a sum of approximately $350,041,500.00 in U.S. currency, which represents the amount of funds involved in the violations of Title 18, United States Code, Section 1956 alleged in this Indictment, and which may be sought as a forfeiture money judgment; (ii) approximately $3,225,593.90 in U.S. currency seized on or about August 20, 2018; (iii) approximately $30,000.00 in U.S. currency seized on or about August 21, 2018; (iv) approximately $3,313,757.69 in U.S. currency seized on or about September 24,2018; (v) approximately $3,138,844.70 in U.S. currency seized on or about November 5, 2018; and (vi) approximately $2,942,501.37 in U.S. currency seized on or about February 13, 2019.

En vista de este documento del gobierno de los Estados Unidos es evidente que estamos frente a un caso de crimen internacional y, por lo consiguiente,  todo el andamiaje “diplomático” construido por la pandilla de Maduro para vestir a Saab con falsos ropajes de enviado especial venezolano es falso. Más aún, Maduro se convierte en activo cómplice de Saab, al tratar de presentarlo internacionalmente como lo que no es,  a fin de evitar su extradición a USA. Y ello lo hace reo de la justicia internacional. Ya tenía $15 millones sobre su cabeza.

Y que de la joven señora Saab? Resulta que está activamente investigada por las autoridades italianas por lavado de dinero, ver:   https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-58968228. A pesar de ser una vendedora de ropa en 2019 vivía en un apartamento alquilado mensualmente por 5.800 euros y poseía un vehículo Range Rover Evoque valorado en más de 50.000 euros, según reportó el diario Corriere della Sera. Pero lo que más desconcertaba a las autoridades italianas era un apartamento vinculado a la joven modelo en vía Condotti 9, una de las calles más exclusivas de Roma. Esa propiedad era valorada en 4,9 millones de euros, según consignan medios italianos.

En su país natal Italia, las autoridades le incautaron a la señora que se pinta como víctima  activos por cerca de 10 millones de euros, incluida la suntuosa propiedad en la vía Condotti 9 de Roma y algunas valiosas obras de arte del artista pop Edward Spitz.

 

ESTAMOS ENFRENTADOS CON UNA PANDILLA DE CRIMINALES

¿Como conciliar esta situación de franca criminalidad a los más altos niveles del régimen de Maduro con su pretensión de negociar con una oposición victimizada por 20 años por los abusos de estos criminales? Su retiro de la mesa de negociación en México como respuesta a la extradición de Saab es una clara declaración de culpabilidad. A Maduro, como representante de la mafia latinoamericana, no le importa en absoluto el país, solo aspira a permanecer en el poder o, en el peor de los casos,  a salir con alto grado de impunidad de Miraflores, gracias a una negociación con la gente a quien ha humillado por años, gente que ha colocado el pragmatismo político sobre los principios y confundido  la hermandad con la conchupancia.

En Venezuela hay que alzarse, rebelarse, rescatar la dignidad. Hay que resistir, desobedecer, rechazar, refirmar la condición venezolana frente a esta miserable pandilla. Desde adentro y desde afuera del país,  crear un tsunami de protestas que termine con esta pesadilla. Yo estoy a la orden como soldado.  

 

viernes, 15 de octubre de 2021

DUNES: UN RECUERDO PARA JUAN CARLOS BAEZ





En el año 2001, cuando ya había decidido salir de Venezuela al ver llegar los años de oscurantismo y sufrimiento que Hugo Chávez traería consigo, recibí una llamada del dueño del Hotel Dunes, pidiéndome que lo ayudara por un año en tratar de mejorar la situación de su hotel, situado en Pedro González, Isla de Margarita. Dunes era un bello hotel, manejado en aquel momento por la empresa Barceló pero, según el dueño, en un proceso de declinación debido  a la negligencia de la empresa encargada.

Yo no tenía experiencia alguna en hotelería, excepto como cliente y desconocía la complejidad de manejar un hotel. DUNES era aún más complejo puesto que era no solo un hotel sino que operaba bajo la modalidad de Tiempo Compartido y tenía centenares de miembros, propietarios de semanas, que exigían mejoras en el servicio.

Casi nunca he podido decir que no a los pedidos de ayuda y tampoco lo hice esta vez. Accedí a ir a Margarita y allí estuve dos años, los cuales fueron una experiencia extraordinaria,  de grandes altibajos, enriquecedora y aleccionadora, la cual me proporcionó una transición entre la salida de Venezuela y la llegada a USA, viviendo en una isla venezolana que tenía características de ser un país diferente al de la tierra firme.  

La idea era ir acompañado de un gerente general, quien atendiera los aspectos operacionales del día a día mientras yo prestaría especial atención a la relación con los miembros del Tiempo Compartido. Teníamos un candidato ya seleccionado, quien – a último momento – cambió de idea, por lo cual fue necesario buscar su remplazo. El dueño del hotel encontró a Juan Carlos Báez, a quien yo no conocía. Al hablar con él, un joven lleno de entusiasmo y con excelentes credenciales, hicimos buenas migas.

Juan Carlos y yo llegamos a DUNES, en Margarita, a representar al dueño de un hotel muy grande, de unas 300 habitaciones repartidas en unidades tipo villas contiguas, rodeadas de jardines, un diseño muy agradable, con un sector nuevo menos desarrollado pero, en general, un sitio muy atractivo, con una playa de más de un kilómetros de largo y una duna coronada por un bello faro, el cual le daba al complejo su logo, su sitio reconocible internacionalmente.

Lo que encontramos en DUNES fue un reto muy complejo. No solamente los clientes del hotel se mostraban insatisfechos por la calidad del agua en las cañerías, por la humedad en algunas de las habitaciones, por las deficiencias en el servicio eléctrico (no era la culpa del hotel), en fin por un hotel que no se correspondía con su clasificación cinco estrellas. Los miembros del Tiempo Compartido también se quejaban de los problemas que tenían en reservar sus semanas preferidas, generados por la acumulación de peticiones durante determinadas épocas del año de máxima demanda.

La empresa que manejaba el hotel solo tenía un empleado propio, el gerente del hotel, pero aún este empleado había sido contratado en Margarita, ni siquiera era un gerente de escuela Barceló. Encontramos gradualmente que el compromiso de la empresa con el hotel era bajo y que no representaba los mejores intereses del dueño. Día a día Juan Carlos fue asumiendo las funciones del gerente general del Hotel y yo me encargué de las relaciones con los dueños de Tiempo Compartido. Finalmente, despedimos a Barceló,  fuimos demandados por ellos  y terminamos pagándoles la suma que ya les habíamos ofrecido para que se fueran.

Pero lo importante en esta verdadera aventura de Margarita fue el comportamiento y la actitud de Juan Carlos Báez.  Desde el primer día Juan Carlos se echó el hotel al hombro. Decir esto es fácil pero no refleja la complejidad de la tarea. Era tener que ver con los proveedores de comida y de alcohol, con la luz eléctrica, con la calidad del agua que tenía problemas relacionados con la corrosión de las tuberías, con los huéspedes y sus quejas, con el personal que limpiaba las habitaciones, con los bares, con el night-club donde se desarrollaban peleas frecuentes, con los intentos de extorsión de los funcionarios públicos, con la presión de otros hoteles de la zona, con las exigencias de las empresas que traían clientes al hotel desde Alemania, Inglaterra, Canadá o Colombia.

Juan Carlos parecía estar en todas partes al mismo tiempo. Hablaba, convencía, aliviaba, prometía, sonreía, se angustiaba en silencio, viajaba en busca de clientes, le pagaba al carnicero y no al verdulero, hasta la semana siguiente, que era lo contrario. Y siempre con una sonrisa.

El hotel mejoró significativamente durante los primeros meses. Los huéspedes escribían satisfechos porque habíamos decidido ser “agresivamente amables”. Si veíamos que en el desayuno un cliente pedía algo, alguien (hasta yo) salíamos de inmediato a buscarlo en los establecimientos cercanos. Desde la llegada del huésped a la recepción lo rodeábamos de atenciones y cordialidad.

Yo salí de DUNES en 2003, para venirme a USA y no he regresado jamás a mi querido país. Perdí un poco la pista de Juan Carlos y DUNES pero supe que Juan Carlos lo había comprado al dueño. No sé cómo lo hizo o que transacción se llevó a cabo. Pero si creo que ese hotel DUNES no podía haber estado en mejores manos que en las manos de Juan Carlos Báez, desde el primer día en el cual llegamos allá hasta que lo adquirió.

Ese hotel era él.

Me enteré hace unas semanas que Juan Carlos había fallecido, aún joven. Yo, que fui testigo de sus titánicos esfuerzos por mantener el hotel DUNES a flote,  que conozco a su esposa y a sus hijos a quienes recuerdo de pequeños, que fui testigo de primera mano de su dedicación  total a la tarea de salvar el hotel que finalmente fue suyo, digo que su labor fue heroica. Y pienso que su dedicación al hotel, su labor de increíble intensidad durante esos años en los cuales la suerte de DUNES estuvo en la balanza, contribuyeron a su muerte temprana. Siempre me preocupó su salud, tanta era la intensidad de sus esfuerzos.

Querido Juan Carlos: siempre te recordaré, insigne trabajador, noble amigo.

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

EL DIÁLOGO CON EL CHAVISMO ES UNA RENDICIÓN, PARTE II





Las investigaciones del Instituto para la Ética Global, https://www.global-ethic.org/global-ethic-institute/ , recogidas en el libro de Rushworth M. Kidder: “How Good People make tough choices”, muestran que existen cuatro dilemas fundamentales que influyen en nuestra actitud ética. Esos dilemas son:

·      La Verdad vs. la Lealtad

·      Lo Individual vs. Lo Colectivo

·      Lo de Corto Plazo vs. Lo de Largo Plazo

·      La Justicia vs. La Misericordia

 El diálogo con el chavismo que la oposición venezolana insiste en mantener, fuertemente presionada por los países que la apoyan, puede ser analizado en base a esos cuatro dilemas.

Antes de hacerlo es preciso apuntar que los intereses de los países que apoyan a la oposición venezolana y la presionan al diálogo coinciden solo parcialmente con los intereses supremos de la nación venezolana. Para esos países, terminar con el conflicto con un arreglo imperfecto es más importante que limpiar de raíz el  problema venezolano de fondo, ya que la caótica situación imperante en Venezuela lesiona los aspectos políticos y comerciales entre esos países y Venezuela. Para el mundo externo no es tan fundamental erradicar el régimen venezolano actual sino llegar a un nivel adecuado de estabilidad política y social que haga posible su pronta reentrada geopolítica y comercial  al país, lo cual puede obtenerse si se establece alguna modalidad de equilibrio negociado  de poderes. Por ello, el análisis de los dilemas éticos relacionados con la solución estructural del problema venezolano es algo fundamental para nosotros los venezolanos, pero no tanto para los países que apoyan a la oposición.   

Veamos los cuatro dilemas y por qué ellos influyen sobre la capacidad del venezolano de salir de la pesadilla o, al contrario, de seguirla viviendo aunque  de manera atenuada.  Pienso en esto como el  dilema entre barrer la basura para que se la lleve el aseo urbano o simplemente colocarla debajo de la alfombra.   

LA VERDAD VS. LA LEALTAD

En esencia este dilema tiene que ver con el conflicto existente entre la verdad, la integridad y la honestidad vs. aquellos compromisos y  relaciones tribales, de familia o de amistades que nos llevan a cultivar un falso concepto de solidaridad. En Venezuela nos hemos acostumbrado a ser “amigos”, a pensar que el gentilicio venezolano es un sello de automática aceptación en el mundo, que todos nos quieren (ya sabemos que no es así)  y que el sentimiento de hermandad es más poderoso que las consideraciones morales. Los ministros del interior llamaban por teléfono a los enemigos del gobierno (pero amigos suyos),  para avisarles que los iban a ir a buscar y que debían, por lo tanto, escabullirse.  La historia venezolana más reciente está llena de ejemplos que ilustran como el hecho de ser “todos venezolanos” ha inhibido la acción de la justicia. El más costoso fue el sobreseimiento del juicio a Higo Chávez, el criminal líder del golpe militar sangriento de 1992. Quienes presionaron por el perdón a Chávez y a sus cómplices no fueron sus cómplices ideológicos, como hubiera sido lógico esperar. Hasta Fidel Castro condenó, en su momento, el atentado. Quienes presionaron para que Chávez y compinches quedaran en libertad y hasta recibieran empleos del gobierno fueron los demócratas que habían sido las víctimas del golpe, quienes posiblemente pensaron que su magnanimidad les confería una cierta aureola de grandeza. Después vendrían múltiples ejemplos de complicidad cobarde, como la juramentación de Chávez ante una constitución “moribunda”, la aceptación silenciosa de la eliminación del Congreso y del sistema judicial y la manera arrogante y arbitraria como se le permitió a Chávez de imponer su  constitución. Esto fue posible por la actitud de quienes pensaban estar actuando en sintonía con sus hermanos venezolanos, cuando en realidad estaban faltando a sus deberes cívicos. La mayoría de quienes prefirieron callar la verdad en aras de una lealtad mal entendida fueron posteriormente arrasados de la escena pública por el dictador.

Hoy en día asistimos a un segundo o tercer acto en el cual buena parte del liderazgo oposicionista prefiere negociar con criminales responsables por la tragedia venezolana. Esto ha sucedido antes en nuestra historia  y está sucediendo de nuevo. Ya vendrán los lamentos y las excusas, todas demasiado tarde.  

 

LO INDIVIDUAL VS. LO COLECTIVO

Enfrentados con el deterioro permanente y progresivo de su bienestar social, económico y político una buena parte del liderazgo puede verse obligado  a pensar en mejorar la calidad de su vida. Para ello pensará necesario transarse con quienes ostentan el poder, a pesar de que reconozcan que la conducta que han exhibido sea totalmente censurable. Racionalizarán su actitud diciendo que lo hacen a fin de mejorar las actuales condiciones de vida de la mayoría de la población pero, en su fuero interno, deben saber que ceder en los principios solo resultará en una consolidación del poder del régimen y que lo que se obtendrá serán  dádivas, migajas, que estarán lejos de resolver el problema estructural, el cual solo se podría resolver con la extirpación de raíz del sistema perverso que se ha adueñado del país. Estarán pensando en sí mismos, no en la población que dicen representar.

EL CORTO PLAZO VS. EL LARGO PLAZO

El diálogo parecería apuntar a resolver una situación de corto plazo, a satisfacer necesidades genuinas e inmediatas del pueblo venezolano. Más comida, más medicinas, mejor tratamiento para los presos o, si todo marcha muy bien para la oposición, la liberación de buena parte de los presos políticos, así como la flexibilización de los controles asfixiantes para viajar y para sus transacciones financieras a los que están sometidos los venezolanos. Todo ello configura un objetivo valioso. Pero me temo que cada concesión que pueda obtenerse de la pandilla de criminales tendrá que venir a expensas de una concesión indebida a la pandilla, ya sea garantía de impunidad penal, permanencia en el poder, reconocimiento político que le permita optar al poder de nuevo, protección para los criminales y sus  familias. Cada conquista justa tendrá que comprarse con un “amelcochamiento” de la noción de  justicia. El beneficio de corto plazo estará orientado a  lograr mejorías básicas para la población, pero ello vendrá  al precio de la erosión moral derivada de concesiones indebidas hechas a los criminales, lo cual tenderá a convertir la sociedad venezolana en una sociedad mediocre y sumisa en el largo plazo.

¿Por qué? Porque, ¿con qué autoridad moral podremos exigir castigo mañana a quienes hagan lo mismo que hacen hoy los pandilleros con quienes nos hemos transado?  

LA JUSTICIA VS. LA MISERICORDIA

Quienes abogan por una transacción con los criminales nos dicen que el pueblo venezolano no es dado a la venganza. Para ellos la aplicación de justicia puede parecer como cruel. Dicen: ¿Por qué castigaremos a unos y no a otros? ¿Por qué no le damos un lugar bajo el sol? ¿Es que no vale más la compasión y la misericordia que el deseo de persecución que nos mantiene en lucha con nuestros hermanos? Ese mensaje sorprendente existe a todos los niveles de la sociedad venezolana de hoy, tal como existen quienes niegan que la tierra es redonda o que las máscaras son un atentado contra nuestra libertad y no un sistema de prevención del contagio del virus. Existe a pesar de que los crímenes de la pandilla chavista han sido de colosales magnitudes materiales en la economía, la infraestructura física y los sistemas de producción agrícola e industrial y morales y espirituales tales como la captura indebida de los nombres de nuestros  héroes militares y civiles  como Bolívar, Sucre, Robinson (Simón Rodríguez) o Aquiles Nazoa para validar sus asaltos a la ética venezolana, o como el uso de alimentos como dádivas para quienes se arrodillen ante ellos o como la entrega de nuestra soberanía en manos de los tutores cubanos.

Frente a esa magnitud de crímenes no creo decente hablar de reconciliación y pienso que es obsceno definir el clamor de justicia como un deseo de venganza.

La postura que apoyamos en torno al diálogo y las posibles transacciones de la oposición venezolana con el régimen chavista encuentra su fundamento, salvando las distancias y con la debida humildad,  en la posición de Martín Lutero al colocar sus tesis religiosas en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517: “Aquí me planto, no puedo hacer otra cosa”. Es una posición deontológica, basada en lo que se piensa es un deber, no importa cual sea la consecuencia.

Esta es una posición a la cual todo líder y toda la gente “pequeña” puede aspirar. El martirio de Franklin Brito nos enseñó el significado del coraje moral. Los jóvenes y mujeres presos  y los presos políticos del chavismo fallecidos o asesinados en prisión  por el régimen tuvieron coraje moral. Quienes han caminado con sus pequeños hijos, sin abrigo o dinero, desde Caracas hasta Bogotá, La Paz o Buenos Aires en busca de la libertad lo han mostrado. María Corina Machado exhibe ese férreo apego a sus principios. Quienes han preferido dar la batalla desde adentro la tienen, así como la tienen quienes han salido de Venezuela para no verla de nuevo hasta que esté libre de la plaga chavista, a pesar de que ello signifique no verla nunca más.