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sábado, 3 de noviembre de 2018

Comer sapos es incompatible con nuestra redención moral



***La pérdida de la dignidad es aún peor  que la ruina material

En un largo y bien escrito análisis sobre la situación política venezolana, ver: https://prodavinci.com/sobre-la-naturaleza-del-conflicto-politico-venezolano/  Michael Penfold dice, entre otras cosas lo siguiente: “El segundo escenario de esa misma negociación implica la reinstitucionalización completa del país a cambio de amplias garantías políticas y judiciales para el chavismo…  Este intercambio pasa por comernos varios sapos: justicia transicional, sobrerrepresentación de las minorías, transferencias fiscales aseguradas y amnistías de todo tipo”. 
Y, casi al final de su análisis agrega:
Es más que evidente que la negociación es inevitable. Lo difícil es explorar la forma de condicionar lo incondicional”.
Estas son consideraciones sorprendentes, sobre todo porque en gran parte de ese mismo análisis Penfold asevera que el diálogo, la negociación, es inmoral y ha sido, hasta ahora, desastrosa para Venezuela. Dice Penfold:
“Es indudable que en Venezuela existen muy buenas razones para pensar de antemano que cualquier nuevo intento de negociación es una pésima idea. Las experiencias previas con dichos procesos terminaron más bien por desprestigiar a los partidos políticos que de buena voluntad decidieron participar en ellos, hundió en la desesperanza a la población que avaló la idea de buscar acercamientos, y también condenó al escepticismo a la misma comunidad internacional que los ha promovido. En el pasado, el Gobierno ha utilizado muy hábilmente a la negociación como una táctica para ganar más tiempo en su esfuerzo por posponer la entrega del poder y dividir al liderazgo opositor. 
Y agrega: ¿Para qué insistir en este tipo de alternativas? La pregunta no es retórica. Esto es exactamente lo que argumentan aquellos que nos recuerdan que cualquier negociación en Venezuela no sólo es inmoral, sino estructuralmente imposible.
Sin embargo, Penfold comienza a argumentar a favor de una negociación cuando dice:
Hasta ahora todos estos supuestos no han producido los resultados esperados: el chavismo ha logrado atrincherarse con cierto éxito. La ruptura final no se ha producido —lo cual no quiere decir que pueda ocurrir más adelante—. Los militares parecieran mantenerse leales o han sido efectivamente purgados. La amenaza internacional tampoco termina siendo ni suficiente, ni perfectamente creíble”.
Y agrega:
“Quienes dicen que en el país no hace falta una negociación tienden a subestimar la posibilidad de que la nefasta situación actual se siga extendiendo en el tiempo.. ….la posibilidad de que ambos grupos puedan construir una salida sin una negociación, por la vía del dominio, de la implosión o de un colapso, es algo que luce cada vez menos probable.
En base a estas consideraciones Penfold avanza un escenario de negociación, al decir:
“El segundo escenario de esa misma negociación implica la reinstitucionalización completa del país a cambio de amplias garantías políticas y judiciales para el chavismo. Este acuerdo conllevaría ineludiblemente a un cambio político. De ahí que insistir en aumentar los costos asociados a las amenazas internacionales es insuficiente sin dar claras señales de estar dispuesto a ser igualmente creíbles a la hora de otorgar ciertas concesiones. Este intercambio pasa por comernos varios sapos: justicia transicional, sobrerrepresentación de las minorías, transferencias fiscales aseguradas y amnistías de todo tipo. Bajo esta perspectiva, la negociación no sería tratada como una simple transacción comicial, sino como un mecanismo para consensuar un conjunto de instituciones constitucionales, judiciales y electorales que garanticen a ambas partes que perder la presidencia no se convierta en un drama, que ejercer el poder no sea un burdo botín y que pasar a la oposición no implique andar desnudo o preso”.  
Y termina diciendo:
Es más que evidente que la negociación es inevitable. Lo difícil es explorar la forma de condicionar lo incondicional”.
Hemos creído deseable referirnos a este escrito porque consideramos a Michael Penfold como uno de los más lúcidos y objetivos analistas políticos que tiene Venezuela. Por ello su planteamiento no debe pasar por debajo de la mesa. Es un planteamiento que refuerza, sin que ese sea su intención, la tendencia colaboracionista de un sector de lo que fuera la MUD, hoy desintegrado y con señales de haber elegido la coexistencia pacífica con el narco-régimen de Nicolás Maduro, líderes como Rosales, Falcón, Timoteo Zambrano, Ramos Allup, hasta el mismo Capriles, grupo cuyo mensaje se ha hecho menos y menos frontal y más acomodaticio con el régimen.
En particular dos párrafos en el análisis de Penfold deben ser cuestionados a fondo por quienes desean ver a Venezuela como país, libre, digno y democrático. Uno, el que dice: “Este intercambio pasa por comernos varios sapos: justicia transicional, sobrerrepresentación de las minorías, transferencias fiscales aseguradas y amnistías de todo tipo”. El otro: “Es más que evidente que la negociación es inevitable”.
Comer sapos, nunca, si es que Venezuela desea recuperar algún día su dignidad. El país está hoy destruido material y espiritualmente. Su redención futura incluye como componente fundamental, indispensable,  la recuperación de la dignidad ciudadana. Y la dignidad ciudadana de los venezolanos jamás podrá ser recuperada si comemos sapos, es decir, si dejamos de aplicar debidamente la justicia, si otorgamos amnistías  a los narcos, ladrones y asesinos del sistema chavista-madurista, si permitimos a los criminales irse impunes. De igual manera es preciso rechazar de plano las negociaciones, no importa quien las pida, así sea el Papa, así sea la Unión Europea o el difuso y desprestigiado Grupo de Boston.  Negociar con esos desalmados que han arruinado al país llevará a la prostitución y abandono de principios y valores que son sagrados.
Estamos asistiendo al derrumbe, a la implosión del narco-régimen, gracias a la presión internacional y a pesar de la parálisis de una buena parte del grupo opositor. Un masivo desconocimiento del régimen por parte del mundo civilizado debe terminar con su salida del poder. Negociar con ellos, comer sapos, es impensable. No le hagamos caso a quienes lo recomiendan, así estén animados de las mejores intenciones.

4 comentarios:

Sledge dijo...

"Estamos asistiendo al derrumbe, a la implosión del narco-régimen, gracias a la presión internacional y a pesar de la parálisis de una buena parte del grupo opositor. Un masivo desconocimiento del régimen por parte del mundo civilizado debe terminar con su salida del poder. Negociar con ellos, comer sapos, es impensable. No le hagamos caso a quienes lo recomiendan, así estén animados de las mejores intenciones."

No vale! Estas dictaduras criminals del tercer mundo se suelen perpetuar en el poder decada tras decada. Seguiremos diciendo lo mismo en la cuarta decada de Chavismo?

Ninguna critica verbal o diplomatica, ni "desconocimiento del mundo civilizado" tumba a esos ladrones del poder! La unica ayuda que serviria seria una intervencione militar. Cuando comprenderemos eso?

Por supuesto que no se puede negociar nada ni hablar con esos bandidos. Pero a ellos que les importa? Tienen a China, Rusia y otros aliados para seguir robando. Se nos olvida que Cuba ya va hacia 70 años de tirania y represion, y ahora casi todos los paises del mundo comen sapos con ellos? Los reconocen y los abrazan. Me temo que ese es el futuro de Cubazuela, ya que nadie quiere salvar y liberar a nuestro pais militarmente.

En cuanto a "comer sapos", la idea no es tan repugnante a nivel culinario. Las Ancas de Rana son una delicia en los mejores restaurantes de Europa..

Anónimo dijo...

Lo que hay es una cuerda de sivergüenzas esperando; unos irse de rositas, como dicen los españoles, léase impunes y con la ñapa de ser "oposición" y de en un tiempo volver al poder; los otros, los repugnantes colaboracionistas, echarle tierra a su complucidad y su corrupción y entrarle a saco al erario público, para seguir la guachafita.
Sin remedio, como el bolero de Los Panchos

Anónimo dijo...

Sabe qué es triste? No solo que hay una "oposición" colaboracionista sino que en la otra, la que parece auténtica, lo que reina es la dispersión, el personalismo y el protagonismo y no pueden o no quieren ponerse de acuerdo. Y no voy a mencionar nombres porque la lista es larga. Gente bien intencionada hasta prueba en contrario, muchos fuera, menos dentro del país, pero cuya atomización indica lo mal que estamos.

Sledge dijo...

La raiz de la tragedia en Venezuela, y de Latino-America tiene dos patas:

1/ Falta de educacion del "pueblo". Gran ignorancia popular.
2/ Falta de leyes efectivas.

Esa vaina no es tan complicada: educa al "pueblo", y aplica las leyes de comportamiento.

Ahora, en el caso de Cleptozuela, eso tardaria varias decadas.