DIARIO DE VIERNES
En esta entrega:
Carta a Marco Rubio. El Plan Educativo de María
Corina Machado. La Catedral Sumergida, Claude Debussy. Educación para la Vida en el Liceo San José de
Los Teques. Una visita a Marianela.
CARTA A MARCO RUBIO
McLean, Virginia
Mayo 14, 2026
Sr.
Marco Rubio
Secretario de Estado
Estados Unidos de Norteamérica
Respetable Sr. Rubio:
Le dirijo
esta carta por considerar que usted es el miembro del equipo de la presidencia
actual que mejor sabrá valorar la cuestión que vengo a plantear, tanto por la
razonable conducta que ha tenido en su delicada posición actual, como por su
ancestro cultural, afín al de los habitantes de los países latinoamericanos. Como
el funcionario encargado de las relaciones de los Estados Unidos con los países
del mundo, usted es también el más indicado para recibir esta misiva.
Hablo de
la relación actual de los Estados Unidos con Venezuela y lo hago desde mi condición
de ciudadano de ambos países, venezolano por nacimiento (1933) y estadounidense
por naturalización (2011). Considero un doble deber ciudadano expresarle mi
opinión sobre la manera como tal situación se desarrolla.
Sr. Rubio: la actitud del presidente Donald Trump en relación
con Venezuela representa un grave insulto para los venezolanos y una fuente de
desprestigio para los Estados Unidos, país que, en buena parte, ha basado su
liderazgo mundial en la adhesión a principios y valores que promueven y defienden
la democracia, la libertad y la dignidad de los pueblos. Al expresar públicamente
su intención de apropiarse de Venezuela para convertirla en un estado de la unión
estadounidense, el presidente Trump viola los principios más elementales de respeto
que un jefe de estado debe tener por la independencia de otro estado y, al
mismo tiempo, ofende a su propio país, al violar abiertamente los principios de
filosofía política y de ética ciudadana en los cuales los Estados Unidos ha
basado su excepcionalidad.
No solo
ofende el presidente Trump a Venezuela y a su propio país, sino que está
equivocado desde el punto de vista de la llamada realpolitik. A diferencia abismal
de lo que el declara, el pueblo venezolano no aprueba la manera inmoral en la
cual su gobierno ha decidido adoptar a una pandilla criminal como “aliada estratégica”.
A diferencia de lo que dice, el pueblo venezolano no está bailando alegre en
las calles, con los bolsillos llenos de dinero petrolero suministrado por la acción
benefactora estadounidense. El 89.7% de los consultados en reciente y confiable
encuesta (MEGANALISIS) rechazan esta alianza contra natura entre una sangrienta
dictadura y la nación que dice ser la líder mundial de la democracia. Los métodos
represivos, el miedo, la miseria, la muerte y el encarcelamiento de opositores
siguen su curso y, cada día que pasa, ello es aceptado y hasta elogiado por los
representantes del gobierno de los Estados Unidos.
Lo
particularmente trágico de esta situación es que la estrategia que sigue el gobierno
estadounidense, justificada en nombre de sus mejores intereses aunque ello vaya
a generar más sufrimiento al pueblo venezolano, ni siquiera encaja en la
realidad. Esta estrategia de tutelaje, llevado a cabo a semejanza de lo que un adulto
ejerce sobre un hijo menor e incapaz, no dará los frutos que el gobierno
estadounidense desea, frutos que hubieran podido obtenerse de manera genuina
mediante la instalación pronta en Venezuela de un gobierno limpio, democrático
y legitimo. Porque la Venezuela que se veía venir era claramente pro
estadounidense, sin necesidad de coerción, de adopciones forzadas o de alianzas
macabras con ladrones y asesinos.
Sr.
Rubio: su gobierno tiene cerrada esa vía, al negar a los genuinos
representantes de la voluntad popular venezolana su lugar debido en el proceso
de recuperación del país. Hoy el gobierno de los Estados Unidos se encuentra cuestionado
por la mayoría de los venezolanos y por una buena parte de su propio pueblo,
debido a la manera arbitraria e insensible como ha manejado y continúa
manejando cada día su relación con Venezuela. Se lo dice alguien quien ha
vivido largos años en ambos países, quien ama ambos pueblos y no tiene
ambiciones de ninguna especie, solamente animado del deseo de cumplir con un
doble deber de ciudadano venezolano y estadounidense.
No le
envidio su posición, Sr. Rubio, por estar sujeta a tensiones entre las exigencias
de su carrera política y la fuerte voz interior de su conciencia ciudadana. Sin
embargo, es usted quien está en posición ideal para hablar, aun a riesgo
personal, en nombre de nuestros pueblos
Sinceramente,
Gustavo
R. Coronel
EL PLAN DE MARIA CORINA MACHADO PARA LA EDUCACION
VENEZOLANA: UNA RESPETUOSA SUGERENCIA
Recientemente María Corina Machado presento en Harvard un resumen de su
plan para la educación venezolana, una vez que se ausente definitivamente del
poder la pandilla criminal que hoy maneja el país. Este plan se estructura, nos
dice MCM, en cuatro componentes principales, los cuales estarán diseñados para
convertir al país en un “laboratorio de recuperación”. Son:
1. Recuperación a corto plazo: «Todos a Aprender»
El objetivo de
los 100 días: reabrir cinco mil escuelas en los primeros 100 días de una
Venezuela libre.
Transparencia:
una lista pública y en tiempo real de las escuelas y el estado de sus
reparaciones para garantizar la rendición de cuentas ante los ciudadanos.
Pedagogía
moderna: implementación de tutorías basadas en la evidencia, incluyendo
tutorías intensivas e instrucción personalizada con apoyo de la inteligencia
artificial (IA).
2. Nutrición
universal
El mandato es
alimentar a los niños hambrientos como un requisito previo para el aprendizaje.
Alcance: la
fase inicial se centra en 1,5 millones de niños en situación de alto riesgo,
ampliándose hasta alcanzar una cobertura universal.
Presupuesto:
estimado entre 450 y 500 millones de dólares en los primeros 100 días y 2.500
millones de dólares en tres años.
3.
Restauración de la profesión docente
Trayectoria
salarial: un compromiso con una recuperación gradual pero real de los salarios
hasta un «nivel digno».
Profesionalización:
los aumentos salariales estarán vinculados a la certificación, la tutoría y los
resultados.
Formación del
profesorado: reconstrucción de los programas de formación inicial del
profesorado en las universidades.
4. El sistema
de bonos (elección familiar)
El mecanismo:
un sistema de financiación por alumno en el que los fondos se destinan a la
escuela elegida por la familia (pública, privada, religiosa o gestionada por la
comunidad).
La «defensa
inmunológica»: al descentralizar la financiación y permitir el pluralismo, el
sistema se vuelve más difícil de «capturar» o utilizar con fines de
adoctrinamiento por parte de cualquier futuro gobierno autoritario.
El papel del
Estado: el Estado pasa de ser un «monopolista» a convertirse en garante y
regulador, asegurando la calidad y la transparencia en todos los tipos de
escuelas.
Reiteramos la bienvenida a estos planes y reafirmamos nuestro total
apoyo. La educación, como decía Diego Bautista Urbaneja en los tiempos de
nuestro proyecto político FACTOR DEMOCRATICO, es una de las industrias
verdaderamente básicas y estratégicas de la nación.
UNA SUGERENCIA
Al coincidir con estos objetivos observamos que ellos se refieren a la
porción “dura” del proceso educativo, es decir, a las condiciones materiales de
financiamiento de la educación, de los salarios y tratamiento del profesorado,
de la condición y suficiencia de las aulas educativas y de la atención que debe
recibir la salud de los niños y jóvenes a ser educados. Todo ello es esencial
atender y forma parte integral del proceso de recuperación del venezolano. lo
que pudiéramos llamara el cuerpo del proceso educativo, las condiciones
materiales y de salud financiera y personal de los protagonistas del proceso,
los maestros y los alumnos.
Respetuosamente sugeriría que se agregara una sección al plan para
mencionar lo que pudiéramos llamar el alma de la educación, no el cómo hacerlo,
que está muy bien dicho, sino el contenido del proceso educativo, el “que
educar”. Pienso que ello
sería fundamental, puesto que la educación en Venezuela ha sido históricamente
vista, aun por los mejores educadores, como educación para
el trabajo, colocando en un
plano muy subordinado la educación en valores, en la
construcción de buenos ciudadanos. El reconocimiento explícito de este componente debería agregarse al
plan de MCM, ya que forma parte del alma de la educación necesaria para nuestro
país.
El fracaso político y social venezolano ha ocurrido a pesar de la
riqueza material de la nación y ello se ha debido al abandono del énfasis
necesario en la formación de buenos ciudadanos. En las evaluaciones de calidad
de vida de los países del planeta es fácil advertir que la mayor calidad de
vida está atada estrechamente a la calidad ciudadana de sus habitantes y que la
riqueza material no es el factor determinante. Mas aun, la abundancia puede ser
el factor determinante en el fracaso del país, como en cierta forma ha sido
nuestro caso venezolano, llamado también la maldición del
recurso, por nuestra recordada Terry Karl,
de brillante carrera académica en Harvard y Stanford.
Atender la formación ciudadana, en valores y conducta, en la Venezuela
del futuro será una de las industrias más básicas y estratégicas que pueda
tener nuestra nación, si deseamos escapar del fracaso.
LA CATEDRAL SUMERGIDA, CLAUDE DEBUSSY
https://www.youtube.com/watch?v=4YO5Rn87ZuA&list=RD4YO5Rn87ZuA&start_radio=1
EDUCACION
PARA LA VIDA EN EL LICEO SAN JOSE,
LOS TEQUES, 1945-1949
Mi educación de escuela primaria me llevó por
tres escuelas diferentes en Los Teques: la “ José María Sifontes”, liderada por la Sra. María Teresa Nezer,
donde mi maestra favorita fue la “ Negra”
Decanio, de quien me enamoré; ; la “ José de Jesús Arocha” donde el maestro era el Bachiller García, a
quien me encontraría años después en Nueva York, y la escuela del famoso
profesor José Antonio Rodríguez López, asistido por su hija Alicia (funcionaba
en la muy pequeña casa de ellos en El
Guarataro). Fuero años felices, cada etapa marcada por influencias de diferente
signo. Con la “Negra” Decanio establecí una relación caracterizada por el amor,
del niño por su maestra, de la maestra por uno de sus alumnos favoritos. La
etapa con el Bachiller García fue de instrucción en los campos “duros” de las
matemáticas, la geografía y la historia. La etapa con el profesor Rodríguez
López, creo recordar, fue de acentuada educación ciudadana.
Al terminar mi educación primaria, en 1945, no tuve
que buscar mucho para iniciar mis estudios de secundaria, porque en Los Teques
funcionaba uno de los mejores liceos de Venezuela, el cual era manejado por los
padres salesianos desde 1935. Mi mamá me llevó a donde el Padre
Isaías Ojeda, quien era el director del Liceo San José, y le dijo, con una
brusquedad un tanto excesiva: “Padre Ojeda, aquí le traigo a Gustavo para que
me lo eduquen, pero no para que me lo vayan a convertir. Nada de misas, por
favor”. El Padre Ojeda sonrió con cierta resignación y respondió: “No se
preocupe Doña Filo (mi mamá se llamaba Filomena), así lo haremos”.
Durante los cuatro maravillosos años que asistí al Liceo
nadie trató de “convertirme”. En realidad, difícilmente podía ser convertido
puesto que yo no profesaba religión alguna. Los salesianos me trataron con el
mismo cariño y dedicación que daban a todos sus alumnos. Los sábados, por
elección propia, iba a la capilla con los otros alumnos y cantaba. Todavía me
acuerdo del Tantum Ergo Sacramentum, compuesto por Santo Tomás de Aquino y de
varios otros cantos que me gustaban mucho. Cantaba:
Tantum Ergo Sacramentum
Veneremur cernui
Et antiqum documentum
Novo cedat ritui
En la capilla, a mi lado, resonaba la voz de trueno de
Ángel, el “Gordo” Pineda. Pineda era de Maracaibo y su papá era el dueño de la
fábrica de hielo El Toro. Me aseguraba que el hielo que ellos hacían era más
frío que cualquiera otro. Pineda jugaba fútbol descalzo y “chutaba” durísimo,
llegando hasta a romper balones. Pero nada como César Díaz, quien era el
goleador estrella de la época, a pesar de los esfuerzos del arquero Juan Roger,
el pollón, por parar sus cañonazos.
Durante estos cuatro años el Padre Ojeda realizó el
milagro de hacerme creer que yo era su alumno favorito, algo que todos los
egresados de ese Liceo sintieron íntimamente. Ese era el milagro del amor que
estos hombres tenían por cada uno de sus alumnos y el empeño que dedicaban a
todos por igual.
El Liceo era como una micro Venezuela, con alumnos
venidos de todas partes del país: Oriente, Occidente, Andes, Guayana,
Maracaibo. Como yo vivía en Los Teques era alumno “externo”, miembro
de una minoría, ya que la mayoría estaban allí internos. Aun cuando no lo
conocí allí, me crucé al entrar con Pedro León Zapata, el
humorista, quien salía a estudiar en otra ciudad del país. Arturo
Uslar Pietri se había graduado de bachiller allí, cuando el liceo era todavía
propiedad de José de Jesús Arocha. En 1934 el Dr. Arocha enfermó y les pidió a
los salesianos, a quienes admiraba, que le compraran el liceo, a fin de que
pudiese mantener su calidad. En 1935 se concretó la venta, asumiendo los
salesianos una deuda que tenía el instituto con Saverio Russo, el padre de
Pedro Russo, quien era uno de los pocos ricos de Los Teques, dinero hecho
esencialmente en el ramo de los bienes raíces.
Al ingresar al primer año de bachillerato entré a formar
parte de los “pequeños”, ya que quienes estaba en tercer y cuarto años eran
llamados los “grandes”. Una diferencia de dos o tres años era significativa en
la adolescencia. Entre los “grandes” estaban o acababan de estar allí Román
Chalbaud, Armando Segnini y Renny Otolina.
De mis compañeros cuando era “pequeño” recuerdo a los
hermanos Melo y a los Vargas, de Valle La Pascua, a los hermanos González Barreat de La Victoria
(David sería un gran amigo por mucho tiempo, hasta su muerte), a Joaquín Parra
Alfonzo, a un joven Dao, de Puerto Cabello, a los hermanos Segnini, a un
Amundarain del Oriente, a un jovencito de apellido Plathy y un grandulón de
apellido Puertas y otro llamado Enrique Acevedo Berti, de Valencia. Una
vez al pasar a tercer y cuarto años, llegué a ser “grande”, y en cuarto año de
bachillerato formé una inseparable amistad con mi inolvidable amigo Antonio
Pasquali, la cual duraría toda la vida, hasta su fallecimiento. Entre los
“pequeños” de esa época estaban Carlos Alberto Moros y José Luis Bonnemaison,
quienes luego serian magníficos rectores universitarios.
Por muchos años regresé al Liceo, a caminar
lentamente por sus corredores y ver las fotos de cada año, respirar el mismo
aire de mí adolescencia y constatar cómo nuevas oleadas de jóvenes parecidos a
nosotros ahora corrían y gritaban, igual que ayer.
La historia del Liceo San José es la historia de los
maravillosos salesianos, cuya obra en Venezuela ha sido gigantesca en dimensión
y en calidad. Los primeros salesianos llegaron a Venezuela de Italia y España
en 1894, invitados por el presidente Joaquín Crespo. Primero se instalaron en
Valencia y luego fueron extendiéndose por todo el país. Esos pioneros debieron
enfrentar las mayores privaciones. En 1904, cuando el Padre Albera
llegó a visitar a quienes estaban trabajando en San Rafael del Mojan, estado
Zulia, se impresionó tanto de la pobreza en la cual vivían que exclamó: “¡Pobres
hijos míos!, a qué lugar habéis venido. Yo sufro por vosotros y lo haré
presente a Don Rúa y a los otros Superiores muy pronto, cuando me encuentre con
ellos. Éste es el lugar más triste y pobre de todos los Colegios que he
visitado; de todas nuestras Casas del Continente, ésta es la más necesitada y
la más reducida, y la que más profundamente me ha impresionado, la que amerita
inmediata atención de los Superiores. Yo los bendigo de corazón”.
El 18 de febrero de 1935 llegó a Venezuela el Padre
Antonio Candela, de nacionalidad francesa y consejero General de la
Congregación para las Escuelas Profesionales, de Artes y Oficios y Agrícolas.
El P. Antonio Candela fue quien impartió la orden de comprar el Liceo San José
de Los Teques.
En aquel momento el Liceo San José era la continuación
del proyecto del Dr. Arocha, el cual había comenzado en Tinaquillo, luego
llevado a Valencia y a Caracas. Posteriormente, el Dr. Arocha compró unas
hectáreas de terreno en Los Teques, sembró pinos y eucaliptos y se llevó el
liceo para allá. Para su traslado y edificaciones debió endeudarse con Saverio
Russo por la cantidad de Bs. 100.000. Russo le dio garantías a los salesianos
de que no trataría de exigir el pago de esa deuda de inmediato, a fin de facilitar
la transacción. Según nos dice Merino en su libro sobre los salesianos en
Venezuela, ver: https://salesianoscooperadoresvalera.files.wordpress.com/2017/04/los-salesianos-en-venezuela-libro-de-merino-i.pdf: “Se
preparó un contrato que se firmó en el mes de septiembre de 1935. El costo
total fue de Bs. 138.000 que se pagarían de esta forma: Bs. 28.000 a la firma
del contrato; Bs. 10.000 se pagarían en cuotas mensuales, de Bs. 500, sin
intereses. Además, había que pagar Bs. 100.000,00 al Sr. Saverio Russo, debido
a la hipoteca que poseía sobre la propiedad. El Director de la Casa de Valencia
(Padre Isaías Ojeda) aportó Bs.10.037; el P. Inspector recogió Bs. 9.000,00 y
el papá del Padre Ojeda, el Señor Tomás Ojeda, prestó sin intereses otros Bs.
8.963. Por la escritura se pagaron Bs. 1.000 y 550 por gastos
accesorios. El Padre Ojeda, eminente educador, dinámico, de gran
espíritu de sacrificio, mentalidad renovadora, fue el hombre designado para
poner en marcha la difícil empresa. Y allí, ininterrumpidamente, dirigiendo,
guiando, educando se mantuvo desde 1935 hasta 1959. Sin lugar a duda, decir
Liceo San José de Los Teques es decir Padre Ojeda, no se concibe el uno sin el
otro”.
Cuando llegué al Liceo San José uno de los primeros
salesianos que conocí fue Rosalio Castillo Lara, quien luego sería eminente
Cardenal venezolano, de brillante carrera en el Vaticano y, después de su
retiro, un baluarte de la protesta en contra del dictador Hugo Chávez. Rosalio
aún no se había ordenado, aunque estaba próximo a hacerlo. Mientras tanto
jugaba fútbol con nosotros. Un día moderó un debate sobre la salvación eterna
entre nosotros, los alumnos “pequeños”. En ese debate yo mantuve que el hombre no
se salvaba por la fe tanto como por sus obras, postura que produjo un fuerte
rechazo entre los demás participantes. Para reforzar mi argumento cité, con
cierta pedantería, al mismo Jesús, quien había dicho: “En la casa de mi
padre hay muchas puertas”. El moderador Rosalio defendió mi derecho a
pensar así y, al final del debate, se me acercó y me dio una pequeña medalla de
Don Bosco, la cual aún llevo en mi cartera, 74 años después.
Además del Padre Ojeda, quien era el director y
generalmente estaba muy ocupado en sus tareas administrativas (aunque nos daba
clases de Historia, Geografía Universal y Filosofía), los sacerdotes con
quienes tuve más contacto en aquellos años fueron González, Díaz, Simonchelli,
Vollmer y, sobre todo, el insigne, admirable, inolvidable Jorge Losch, Puyula.
Puyula, como lo llamábamos, había nacido en Alemania en
1903 y llegó a Venezuela en 1928. Fue ordenado como sacerdote en Caracas en
1934. En 1938 se incorporó al Liceo San José de Los Teques, y allí permaneció
durante 45 años, donde falleció en 1983. El padre Jorge tenía una personalidad
carismática, una sonrisa fácil y una voz de barítono que se oía a distancia. Al
vernos llegar nos saludaba con un “Oh Señor”. Era poco místico. Enseñaba las
ciencias “duras”, la biología, la física y la geología. Recuerdo haberlo oído
decir, sin que ello sonara a blasfemia, que la teoría bíblica de la creación
era como un cuento para hacerla más comprensible a las mayorías. Él hablaba ya
del “Big Bang”, sin darle ese nombre. Y, realmente, ¿qué es el “Big Bang” sino
una creación instantánea, como la que nos dice la Biblia?
Puyula tuvo una época viajando a Caracas varias veces a
la semana a estudiar en el Instituto Pedagógico, para graduarse como profesor,
para cumplir con las leyes venezolanas. Se iba en autobús por la carretera
vieja. Una vez un pasajero comenzó a decir en voz alta que viajar con curas era
pavoso, que si esto o lo otro. En una curva, el Padre Jorge mandó a parar el
autobús y sacó al tipo del autobús, dejándolo en plena carretera. Era un hombre
de pequeña estatura, pero de gran fuerza física, no se andaba con
rodeos. Cuando me gradué de geólogo e iba de visita al Liceo, el
Padre Jorge hablaba conmigo en el idioma de los geólogos, de fallas de
corrimiento, geosinclinales, amonitas y globigerinas. Está enterrado en el
cementerio de Los Teques, adonde fui a visitar su tumba y las de mis
antepasados y tíos, quienes allí reposan.
Las clases en el liceo se hacían en kioscos rodeados de
pinos que tenían un olor delicioso, sobre todo cuando estaban húmedos. El
terreno era inclinado por lo que el kiosco inferior era para el primer año y el
kiosco más alto era el del cuarto año, se iba “subiendo” hacia la graduación. En
sus clases de historia o geografía el Padre Ojeda llevaba ocasionalmente una
fruta, una lechosa o una piña, para darla a quien contestara correctamente
todas las preguntas. En ese forcejeo por el trofeo mi contrincante más fuerte
era Leonardo Montiel Ortega, muy inteligente y combativo. Él y yo nunca nos
llevamos bien él, siempre fuimos rivales, hasta después en la política, pero
nunca llegamos a pelear abiertamente. Años después, en 1974, hice una
presentación a Carlos Andrés Pérez sobre la nacionalización, en presencia de su
gabinete y de líderes políticos de diversos partidos. Al finalizar Leonardo
preguntó, con sorna, quien la había traducido, porque parecía haber
sido elaborada en inglés. Yo le respondí: “busca alguien que te la
explique” Aquellas eran suaves escaramuzas, comparado con lo que vemos
hoy en día.
Isaías Ojeda nació en Valencia (Venezuela), el 28 de
febrero de 1899. El 14 de agosto de 1927, en el Santuario de María Auxiliadora
de Caracas, recibió su ordenación Sacerdotal de manos del Nuncio Apostólico,
Mons. Fernando Cento. Dedicó su vida al Liceo San José y a la educación de
centenares, miles de venezolanos, quienes luego, en su inmensa mayoría,
formarían familias dignas. Su influencia sobre la sociedad venezolana fue muy
significativa. Generalmente no apreciamos la inmensa fuerza multiplicadora de la
educación. Por cada individuo que oyó su palabra y se hizo un
ciudadano responsable la sociedad venezolana generó múltiples familias dignas,
como un inmenso árbol que va echando nuevas ramas y se abre frondoso.
El padre Ojeda fue víctima del Alzheimer o algo parecido.
Nos encontrábamos en la calle y me abrazaba y me preguntaba mi
nombre. Y, cuando yo le decía que era Gustavo Coronel, siempre
agregaba: “Gustavo! ¿Porque no estudiaste filosofía?”. Y, posiblemente, Isaías tenía razón, pero fui
un cobarde porque los filósofos en Venezuela no tenían mucha demanda. Pensé que
la geología estaba bastante más cerca de la filosofía que de las ciencias
exactas y me podía dar mejores ingresos.
Isaías Ojeda murió a los 88 años en 1987, viviendo 60
años como insigne educador.
Querido Liceo San José de Los Teques. Te recuerdo oloroso a pinos
húmedos por la lluvia, con tu cancha de fútbol inclinada para que un equipo
bajara y otro subiera. Casi oigo todavía el vozarrón de Puyula, el Tantum Ergo
de los sábados en la capilla, casi huelo el aroma de la piña ganada en dura lid
a Leonardo Montiel Ortega y aun puedo cantar el Tantum Ergo.
Años hermosos, tormenta perfecta de felicidad.,
rostros frescos, gritos y carreras, el padre Simoncelli con la sotana levantada
pateando el balón. Al recordarlos no
siento nostalgia sino la fuerza avasallante de la alegría.
UNA VISITA A MARIANELA
There’s
some corner of a foreign field,
That
is forever England
1914
Rupert Brooke
Poema sobre el soldado
enterrado en suelo extranjero
Nuestro sitio está en la
esquina superior derecha.
El domingo pasado, día de las madres, fui con mi hija Corina a visitar
a Marianela, mi querida esposa, cuyas cenizas reposan en el Fairfax Memorial
Park, en 9900 Braddock Rd., Fairfax, Virginia. En ese hermoso sitio, rodeado de
árboles y flores, lleno de una profunda sensación de paz, está Marianela. Y
allí estaré yo también.
Cada vez que voy allí pienso en el poema de Brooke que cito arriba y
lo hago nuestro: Hay un rincón de suelo extranjero/que será Venezuela para
siempre
Si. Será un poco Maracaibo, un poco Los Teques, Caracas y Valencia,
los sitios donde pasamos tantos años felices.
Reposar fuera de nuestra patria no fue planificado así. Habíamos
construido nuestra casa en una zona rural de Carabobo, cercana a Valencia, al
lado del pueblo de Barrera, determinados a probar que vivir en el campo no
tenía por qué ser sinónimo de abandono y desesperanza. Teníamos casi una
hectárea de terreno, un suelo poco fértil, pero sembramos allí unos 600 árboles
frutales diversos, hasta cotoperies, lo cual demuestra que nuestro plan era de
largo plazo. Hicimos una bonita casa, al lado de un pequeño riachuelo que tenía
agua durante todo el año, lleno de peces y hasta pequeñas babas. Me convertí
por varios años en presidente de la asociación de parceleros del lugar.
Estábamos construyendo nuestro caluroso Shangri La cuando llegó Chavez al
poder. Si hubiese ganado Salas Romer las elecciones, nosotros todavía
estuviéramos allí, vivos o no.
No me tomó mucho tiempo comprender que Venezuela iría al desastre,
aunque debo confesar que nunca imagine la magnitud de ese desastre. En 2003 el
hermanito de Chavez, Adan, trató de quitarnos nuestras casas, desde la
presidencia del INTI, organismo de tierras del chavismo. En la zona abundaban
los atracos y agresiones contra quienes tenían algo. Yo me salvé de ser
atracado, porque mi apellido Coronel infundía respeto en una Venezuela donde
los militares no protegen sino infunden temor.
Nos vinimos a USA, país que nos ha recibido generosamente y donde he
podido ser un buen ciudadano, algo que se había hecho imposible en mi patria.
Por 17 años Marianela y yo fuimos felices en Virginia, donde ella
ahora reposa. Una noche de 2020 se ausentó, calladamente, dulcemente, como ella
siempre me dijo que quería irse cuando llegara el momento. Su ausencia física
ha sido muy dura para quienes la amamos, pero la siento vivir dentro de mí, con
fuerza, ya que he internalizado muchas de sus cualidades y adoptado muchos de
sus hábitos de buen vivir, entre ellos la manera decidida como hacia lo que
había que hacer, sin estar vacilando, acometiendo de frente y sin dilación las
tareas y los deberes. Todos los días hablo con ella y le doy las gracias por
tantos años de felicidad a su lado.
Al pensar en ella se me viene a la mente el poema de Walt Whitman
donde él decía “contener multitudes”. Marianela, como tantas magnificas mujeres
de nuestro país, fue multitudes: hija ejemplar, esposa noble, madre, mi amiga y
compañera, con quien compartí mucho de los mejores momentos en la vida.
En Virginia hay un rincón que siempre será Maracaibo, Los Teques…
Como geólogo, desconozco fronteras y me consuela pensar en la Tierra
como nuestra morada. Miles de millones la han habitado antes y hoy son parte de
ella.
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