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miércoles, 3 de marzo de 2021

La nave espacial PERSEVERANCE: Tras las huellas de Ray Bradbury

 



Ray Bradbury, escritor estadounidense fallecido en 2012, a los 92 años, escribió cuentos y novelas de fantasía, de horror Y ciencia ficción, con una prosa frecuentemente poética como en “El Vino del Estío” (Dandelion Wine)  y Las Crónicas Marcianas (The Martian Chronicles). Dio muchas entrevistas, incluyendo una en 1962 a PLAYBOY, la revista de Hugh Heffner. En esa entrevista dijo algo que nunca se me ha olvidado. Cuando le preguntaron por el astrofísico Carl Sagan y dijo: “Mi problema con Carl Sagan es que ya tiene algún tiempo tratando de ser Carl Sagan. Y Norman Mailer también cree que es Norman Mailer. Uno no debe andar por allí diciendo quien es. Uno es lo que uno hace. Es nuestro trabajo lo que nos identifica”.  

También recuerdo uno de sus cuentos cortos donde un hombre camina por la playa y ve a otro hombre fornido, calvo, ya entrado en años, haciendo trazos sobre la arena,: Caballos, mujeres, cosas maravillosas. Regresa al hotel y va a cenar con la esposa. De repente, se le humedecen los ojos y la esposa le pregunta: ¿“Que te pasa”?  Y responde: “Es que la marea está subiendo”.

Un bello homenaje a Picasso.

Tantas cosas dijo Bradbury: “La vida es como un par de interiores. Hay que cambiarla cada día”. O, “La alegría es el agradecimiento que le damos a Dios por vivir ”. O, “Si te resistes a llorar nunca podrás vivir plenamente”.

Se definió a sí mismo como un escritor de fantasías, no ciencia ficción. Decía: “la ciencia ficción te lleva al borde del abismo pero es la fantasía la que te da el empujón”.

Su libro más cautivante, Las Crónicas Marcianas, es fantasía. Es una colección de cuentos, viñetas, episodios, que no pretenden crear un planeta o una raza realmente exótica. El viajero llega y encuentra el entorno familiar, demasiado familiar. En La Tercera expedición (escribo de memoria) el Capitán John Black y su grupo de expedicionarios desembarcan en un sitio que les recuerda el pueblo de su infancia. Y quienes los reciben son sus abuelos, padres, hermanos, queridos amigos ya fallecidos. Bradbury hace de esta expedición a Marte un ejercicio de la más dulce nostalgia. Hasta que llega la noche y los Marcianos, quienes se han transformado en los familiares y amigos de los visitantes , recobran su identidad original y los eliminan.

En “El picnic del millón de años” los hijos del terrícola le piden insistentemente que los lleve a  conocer a los marcianos. Un día los lleva al cuerpo de agua cercano y les pide acercarse. Cuando los niños se acercan se ven reflejados en el espejo de agua y el padre les dice: “Conozcan a los marcianos”.

Este cuento me sirvió para mis charlas anti-corrupción, en las cuales frecuentemente me preguntaban quienes serían los líderes de la lucha. Yo les echaba ese cuento. Ustedes – les decía – serán los líderes, no hay otros.

En su escrito sobre el Sentido de la Vida Carlos Alberto Montaner, ver: http://www.elblogdemontaner.com/el-sentido-de-la-vida/  nos dice que el sentido de la vida bien pusiera ser el de llevar la vida hacia los confines del universo. Este si es el campo de la ciencia ficción, en el cual Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Jack Vance (también en Fantasía) y otros grandes maestros, han marcado un hermoso camino.

No tengo dudas de que el hombre viajará algún día a las estrellas. Y el día que llegue la primera expedición a Marte no me extrañaría que esos primeros viajeros encontraran, en lo que pudo haber sido la plaza principal de la ciudad,  una estatua de Ray Bradbury.  


6 comentarios:

Anónimo dijo...

También dijo que no entendía a veces a la gente que no usaba la mejor computadora que se ha inventado, una
que no Necesitaba estar conectada a una red eléctrica y se podía caer sin romperse. Y que al abrirse de inmediato daba la información.

El libro.


Anónimo dijo...

Después de la Royal KMM, Bradbury compró máquinas eléctricas –quizá recordando el toque de eternidad que le otorgó Mr. Eléctrico–, entre las cuales se encontraban una IBM Selectric 1 de 1961 y una IBM Wheelwriter 1500 de 1984. En estas máquinas no solo escribió libros como Cementerio para lunáticos y Matemos todos a Constance, sino que hizo guiones para capítulos de televisión de Alfred Hitchcock presenta e incluso tuvo una serie de 59 episodios con su propio nombre: Ray Bradbury’s theatre. Jamás compró un computador. Hasta sus últimos días Bradbury criticó la tecnología avanzada de computadores, celulares e internet, al tiempo que defendía las bibliotecas, los libros y las bicicletas como las mejores formas de interactuar con el mundo. En medio de un contexto cada vez más interconectado por medio de redes eléctricas, lo análogo funcionaba para Bradbury como un espacio en el cual la magia aún era posible. Sus historias, más que puestas en escena sobre el futuro, son un lugar de nostalgia y defensa por una posibilidad de mitos contemporáneos: “La ciencia y las máquinas pueden anularse mutuamente o ser reemplazadas. El mito, visto en espejos, imposible rozarlo siquiera, permanece. Si no es inmortal, prácticamente lo parece”, escribe en la introducción a Crónicas marcianas.

Anónimo dijo...

Varias compañías se entrevistaron con Bradbury para poner sus libros en la red. Les respondió que no volvieran a ponerse en contacto hasta que fueran capaces de reproducir mediante internet una buena portada, un buen papel y (atentos a la última condición) el olor de un libro. Bradbury insistía en que a la lectura de ordenador le faltaba calidad, que la sensación final era como leer un manuscrito, y nadie quiere leer manuscritos. La gente quiere leer libros, y los libros huelen bien y tienen una apariencia fascinante. En las precisiones de Bradbury puede encontrarse el desafío al que hoy nos enfrentamos: el libro puede desaparecer, aunque su información no lo haga; es decir, tendremos más datos disponibles que nunca, pero lo difícil a partir de ahora va a ser (ya lo está siendo) mantener el deseo de leer. Así sucede con los e-books y esos cientos de clásicos que traen pregrabados cuando uno los compra: tienes mil libros en la memoria del aparato pero ningún deseo de leerlos.

Anónimo dijo...

Los libros están en la cúspide de los afectos de Bradbury, como autor y, en especial, como lector. Un cariño que nació al haberse autoeducado en las bibliotecas públicas de Los Angeles, cuando la pobreza le cerró el camino a la universidad.

David Warner dijo...
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Freddy Riera dijo...

Excelente artículo. Los pensamientos de Ray Bradbury son geniales.