miércoles, 21 de noviembre de 2012

Orden de comparecencia de los gerentes de Petróleos de Venezuela ante el país


                                            
 
 
   Dirección General de la Venezuela Democrática

                                     Expediente PDVSA # 00001-U

En base a lo establecido por la constitución de la República de Venezuela, en todo lo concerniente a la transparencia y honestidad que debe privar en la conducta de los funcionarios públicos, servidores del pueblo y no de autócrata alguno, esta Dirección General procede a ordenar, como en efecto ordena, la comparecencia ante la autoridad competente de los empleados y ex-empleados de Petróleos de Venezuela quienes se mencionan a continuación, a fin de que respondan debidamente por los atropellos, pérdidas, incendios inexplicados, errores garrafales, derrames múltiples, contrataciones indebidas, patronazgos inmorales, gabarras hundidas, taladros chimbos, préstamos ilegales con pago de petróleo a futuro, destino de los dineros derivados de tales préstamos, utilización de los recursos de la empresa para fines políicos-partidistas, uso de aviones  de la empresa no ya para colitas sino para transporte de vedettes, ex-presidentes corruptos y actores de cine parasitarios y otros delitos y corruptelas a ser especificados por el Fiscal Acusador durante la audiencia:

Ciudadanos Rafaél Ramirez Carreño, Ali Rodriguez Araque, Héctor Ciavaldini, Luis Vierma, Asdrúbal Chávez, Eulogio del Pino, Ricardo Coronado, Víctor Aular, Jesús Luongo, Orlando Chacín, Ower Manrique, Nicolás Maduro, Jorge Giordani, Wills Rangel y Ramón Torres.

Esta comparecencia se regirá por las siguientes reglas:

1.      La comparecencia de los ciudadanos arriba mencionados no implica necesariamente culpabilidad. No todos los comparecientes tienen necesariamente el mismo nivel de responsabilidad sobre los hechos imputados.  Por el contrario, la comparecencia les permitirá el total derecho a la defensa, lo cual es esencial en un estado democrático. Por lo tanto, podrán hacer uso del tiempo  que consideren necesario para su defensa, estimado pero ciertamente no limitado a una hora por imputado.

2.      La sesión será abierta al público sin limitación alguna. La verdad solo debe ventilarse al aire libre, no a puertas cerradas. El libre acceso tendrá la sola limitación de la capacidad del local y los asistentes podrán entrar y salir con entera libertad, en caso de tener que hacer sus necesidades o fumarse un cigarrillo.

3.      Los medios tendrán total acceso a la sesion o sesiones, las cuales podrán ser libremente televisadas. Petróleos de Venezuela no debe tener secreto alguno para el país.

4.      El acto de comparecencia  durará el tiempo que sea necesario para que todos los imputados puedn ejercer su derecho a la defensa y podrá ser objeto de dos o más sesiones, si ello fuese necesario. No se trata de un juicio sumario sino de establecer la verdad.

5.      Los imputados podrán vestir parcial o enteramente de color rojo, si así lo desean.

6.      De todo lo que ocurra en la audiencia o audiencias se hará una transcripción completa para la información de todos los venezolanos, no solamente un “resúmen” que podría ser selectivo y violatorio de los derechos de los imputados.

 Cúmplase,

                Coordinador de la Dirección General de la Venezuela Democrática:

                                                                    Arturo Picón Iragorry

Venezuela: 13 años viviendo con un cadáver

Viviendo y durmiendo con un cadáver llamado revolución


Desde 1999 Venezuela vive y duerme con un cadáver arbitraria y erroneamente identificado como revolución. Este cadáver político es personificado por un paracaidista inculto, sin preparación alguna para las tareas de gobierno, llamado Hugo Chávez Frías. Su llegada al poder hizo posible la transformación de  un mandato normal en un proceso grotesco al cual se le llamó revolución, en burda imitación de lo hecho por  Fidel Castro en Cuba hace más de medio siglo.

Después de todos estos años de progresiva  putrefacción el cadáver – misericordiosamente -  se ha  apergaminado,  como le sucedió a la madre de Norman Bates, el protagonista de “Psycho”. Ya son pocos, Chávez y su escaso entorno íntimo, quienes siguen hablando de la “revolución” como si estuviese viva. El proceso politico venezolano existente consiste en primitivas acciones de  sobrevivencia en el poder, no importan ya las maneras de hacerlo ni el impacto que las decisiones que se toman puedan tener sobre el futuro de la nación. Es un proceso hasta ahora exitoso en su objetivo de poder, debido a la naturaleza poco ilustrada e indiferente de amplios sectores de nuestra sociedad y a la habilidad del paracaidista para mezclar una política de dádivas con promesas populistas, con la coacción y hasta ingredientes pseudo-religiosos que explotan la superstición de nuestro pueblo.

Lo que fué bautizado como una revolución se reduce a un caudillaje al estilo del siglo XIX, eso sí, con grandes cantidades de dinero petrolero. Como resultado de esa orgía de dinero  y de la total carencia de transparencia, Venezuela es hoy en un centro de corrupción y de inmoral desenfreno como no se había visto nunca antes en nuestro hemisferio.

Lo que motiva esta reflexión no es tanto hablar del cadaver llamado revolución, pués ese ya tiene algun tiempo en una silla de ruedas, acumulando el polvo de la indiferencia o hasta el desdén de quienes viven con el. Nuestro motivo de reflexión es la gente, nosotros los venezolanos,  quienes hemos consentido  en vivir y dormir con este cadáver en descomposición por largos años. Independientemente de las razones que hayamos tenido para consentir en esta perversión  el resultado sobre la psiquis colectiva es  el mismo:  a través de ese contacto, la sociedad venezolana ha adquirido  el hedor de la muerte y de la putrefacción, un fétor que tardará mucho tiempo en desaparecer, aun años después que la momia que lo causa haya sido enterrada.

La sociedad venezolana está impregnada del fétor de la muerte moral.   

Esta etapa de trece años podrá, inclusive, extenderse un tanto más. Digamos que puede llegar a ser de 15-20 años. A pesar de su horror podría ser considerada como historicamente breve. Pudiera pensarse, por lo tanto, que una vez superada, la sociedad venezolana estaría en capacidad de reanudar con rapidez una vida normal. Eso, lamentablemente, no es así. Un ser humano sometido a una experiencia aterradora, a un proceso de degradación física y espiritual, tarda mucho tiempo en recuperarse, aun después que haya cesado la causa directa de su degradación. En el caso de la sociedad venezolana el efecto es similar, quizás peor. Y lo será porque tenemos que ir a buscar  la causa de nuestra degradación social en nosotros mismos. No fué una imposición la que nos llevó  hacerlo. Fué el producto de una decisión colectiva conciente – activa o pasiva -  lo que llevó a la sociedad venezolana a vivir y dormir con un cadáver putrefacto por estos largos años. Aun quienes se opusieron a esa perversión y actuaron dignamnte  título individual no pudieron hacer, como sociedad, lo que hubiera sido necesario para impedirlo.

Esa decisión colectiva desnudó nuestra naturaleza como pueblo. Me lleva a preguntar donde quedaron aquellos sueños de grandeza de la sociedad democrática que emergió de la noche perezjimenista, aquella sociedad que tuvo líderes de prestigio continental, la que comenzó a constituir una clase media ilustrada y progresista, ayudada por el maravilloso empujón que le dió la inmigración europea de la post-guerra. La desaparición abrupta que ha experimentado esa sociedad nos hace pensar en las líneas de Keats: “Donde están los cantos de la primavera, adonde fueron?”. Pero a diferencia de Keats, quien nos recomienda: “No pienses más en ellos, tu también tienes tu música”, no logro encontrar música redentora alguna en este trágico arroz con mango que es la sociedad venezolana de hoy.

La sociedad venezolana deberá caminar por mucho tiempo con el pesado fardo de su sentido de culpa. Le pesará doblemente porque ha probado tener estrechos hombros. Algo deberá suceder en el futuro, algo que no vemos en el horizonte aún,  para que los venezolanos podamos quitarnos de encima el olor a muerte y putrefacción y podamos encaminarnos de nuevo, con la frente en alto, hacia la grandeza.

 

 

martes, 20 de noviembre de 2012

España: un gran y bello país que duda de si mismo


 
                                                                 Segunda parte de mi viaje

De Southampton a Madrid

Para ir de Southampton a Madrid hay varias alternativas, casi todas muy costosas: el tren (via París, toma un largo tiempo), un ferry y luego un tren, o un vuelo directo desde Southampton (ridiculamente costoso, algo así como $900 por persona) o un vuelo desde Londres. La alternativa más rápida y menos costosa es ir a Londres y tomar un vuelo. Hay algunos baratos, de líneas aéreas como Ryan Air, o más costosos pero de naturaleza más “regular”, de líneas como British Airways. Encontramos uno de British Airways, de precio razonable, unos $200 por persona, que salía el mismo día de nuestra llegada  desde el London City Airport, situado dentro de la ciudad.

Para llegar a este aeropuerto el auto debió atravesar todo el centro de Londres, bastante  transitado aun en domingo. Tuvimos un rápido tour visual de la ciudad, incluyendo a  Harrod’s y  Picadilly Circus.  Este London City Airport es sorprendente, más parecido, en su nivel inferior, al de Lagunillas que al de Maiquetía. De pequeño tamaño debido a su ubicación, tiene muy pocas comodidades en ese nivel inferior, donde los pasajeros deben registrarse. Las sillas son escasas y solo existen un par de cafetines de muy modesto aspecto, donde es apenas posible comer un costoso y modesto   sandwich.  Llegamos cuatro horas antes de nuestro vuelo, por lo cual tuvimos que permanecer parados durante casi dos horas, esperando poder chequear maletas. Una vez que chequeamos maletas y pasamos inmigración pudimos entrar al nivel superior, muy cómodo, con tiendas atractivas libres de impuestos y un sitio muy civilizado donde se podia tomar algo mientras esperábamos la salida.

El viaje a Madrid fué de unas dos y media horas, en un excelente Embraer 190. Este avión brasileño es uno de los más cómodos jets comerciales  pequeños que existen en el Mercado. Este se encontraba impecablemente mantenido por British Airways. Creo que éramos los únicos pasajeros no-españoles a bordo. El resto parecía ser un gran grupo de amigos regresando a casa después de un fin de semana en Londres, parejas jóvenes y todas muy  bien vestidas.

Debido a la diferencia de una hora en Madrid y al largo proceso de salida de Barajas, un aeropuerto reluciente e inmenso con un tren rápido que tomó 16 minutos en viajar de la puerta de salida del avión hasta inmigración, llegamos a nuestro hotel casi a la medianoche del Domingo.

El Hotel Gran Versalles
El primer dia, leo la prensa en el hotel antes desalir

Seleccioné este hotel por Internet, un tanto al azar, en base a precio. Por supuesto nos hubiera gustado ir al Westin Palace o al Ritz ($400 o más la noche) pero esos días ya pasaron. Debo decir que este hotel probó ser exactamente lo que requeríamos. Quizás lo de Gran es una hipérbole pero definitivamente es un sitio agradable, muy limpio, con un staff muy atento, situado tan bien como sería de desear para quienes les gusta caminar. A la tasa diaria de 76 euros, al menos en este época, no dudo en definirlo como de una excelente relación costo-beneficio.  Situado en la tranquila calle Covarrubias tiene , a una cuadra,  la estación de metro de Alonso Martínez, desde la cual uno puede ir a los cuatro puntos cardinales de Madrid o a las dos estaciones de ferrocarril, Atocha o Chamartin. Pero la estación no fue necesaria. La usaríamos un par de veces. Nosotros caminamos por Madrid y nos pareció hber visitado (mapa en mano) casi todos los rincones de la maravillosa ciudad.

Que fuímos a buscar a España?

A España, a Segovia, a Madrid fuímos (no necesariamente en ese orden de prioridades) a :  (1), re-encontrarnos con nuestros orígenes, (2), disfrutar de una de las ciudades más bellas del mundo, (3), inter-actuar libremente, en nuestro idioma, con una cultura milenaria, (4), comer jamón, (5), tomar vinos blancos del Albariño y tintos de las varias regiones de España, (6) visitar Segovia, la ciudad de donde parentemente salieron los Coronel que llegaron a Montalbán/Bejuma/Nirgua, en Carabobo y Yaracuy, la rama de mi padre,  (7), Ver la Alhambra, (8), ir a una zarzuela, (9), ir a un tablao flamenco, (10), comernos una buena paella, (11), ver Iglesias, museos, monumentos, calles pequeñas y balcones, (12), visitar el salon de armas y la farmacia del Palacio Real con su colección de frascos y tarros medicinales, (13), sentarnos a comer tapas y tomar vino en las viejas tabernas de Madrid, (14), comprarnos algo bonito y barato, (15), cualquiera otra cosa. En esencia fuímos a ser españoles por diez días, vivir como españoles y tratar de sentirnos españoles.

De estos puntos, fallamos en solo dos: no vimos ni la Alhambra ni una zarzuela, por problemas de logística. De Madrid a Granada, asombrosamente, solo hay dos trenes diarios y ambos estaban llenos cuando podíamos ir. El bus toma cinco horas y el tiempo estaba muy feo para tomar carretera. Por su parte la temporada de zarzuelas comenzaba, como suele suceder (ley de Parkinson #4), la semana después de nuestra salida.

El primer día en Madrid.
Taberna del Abuelo

No pretendo darles un informe round por round, día por día, de nuestra estadía en España. Pero si pienso que es buena idea darle unas primeras impresiones, las cuales comenzaron desde que despertamos el primer día en la bella ciudad. Lo primero que hicimos fue prender el televisor. Varias cosas nos llamaron de inmediato la atención: una, la calidad de la televisión española, tanto tecnicamente como en su programación, es bastante alta, en algunos aspectos superior a la estadounidense;  las presentadoras de las noticias en la televisión tenían cuatro características resaltantes:  eran todas bellísimas, estaban muy bien ataviadas, todas parecen llamarse Ana y todas se pintan el pelo. Esta última, francamente, me pareció de importancia muy secundaria. En tercer lugar, los temas principales de discusión en los medios eran tres: Las elecciones en los Estados Unidos, la crisis económica y política en España, especialmente elproceso de desalojo que afecta a muchos propietarios de viviendas y una tragedia en el Madrid Arena, en la cual habían muerto tres jóvenes por haberse producido una estampida al venderse mucho más entradas que las podia aguantar el local. Nos sorprendió el grado de interés que existía en España sobre el resultado de las elecciones en USA, tanto interés como el que podría existir en Kalamazoo. En los restaurantes, en los sitios públicos oiríamos a los españoles hablar de eso más que de cualquiera otra cosa, al menos durante los primeros días de nuestra estadía allá.
en el viejo Madrid

Formulé mi primera hipótesis sociológica sobre España así: Para ser genuinamente español es preciso interesarse por la política estadounidense.

Primera salida del hotel

Al salir del hotel desembocamos en la calle de Sagasta y cruzamos hacia la calle Hortaleza, una calle de modestos establecimientos, la cual lleva directamente a la Gran Vía, a unos 800 metros de distancia. Para sentirse plenamente en Madrid es necesario llegar cuanto antes a la Gran Vía. Esta avenida es a Madrid un poco lo que la Séptima avenida es a Nueva York, no la más chic pero si una de las más bulliciosas, donde es posible tomarle el pulso a la ciudad. Caminamos por la Gran Via hasta la esquina de Santo Domingo y allí cruzamos a la izquierda por la calle de Veneras, hasta llegar al monasterio de las Descalzas Reales, nuestro primer objetivo para visitar, seleccionado al azar mientras tomábamos café. Llegamos a la bella puerta de madera, anticipando el placer de encontrarnos con un pedazo de historia de España y allí pudimos leer un cartelito que decía: CERRADO LOS LUNES. Bueno, un pequeño inconveniente, pero siempre podríamos regresar otro día. Pués bien, nunca pudimos entrar! O estaba lloviendo o estaba lleno el tour o no era la hora o era dia de fiesta o había huelga general. Total: no vimos a las descalzas reales.
Con Garcia Lorca

Tomamos la Calle de la Misericordia y llegamos por allí a El Corte Inglés. En realidad, no importa para donde uno vaya en Madrid se encuentra inevitablemente con El Corte Inglés. Ya que no pudimos ver el monasterio entramos a curiosear en ese establecimiento gigantesco, tan importante para la vida española. De allí desembocamos en la Puerta del Sol, el centro de España, el kilómetro cero desde donde parten todos los caminos, un tanto venido a menos en su aspecto general. Allí tomamos la Calle Mayor, hacia el oeste, la cual lleva a la Plaza Mayor. Visitamos la Plaza Mayor y continuamos por esa calle, llegando rapidamente a uno de los sitios más hermosos en su estilo que hayamos visto jamás: el Mercado de San Miguél. Soy un ferviente admirador de los mercados, los cuales me producen un gran sensación de bienestar. Son sitios donde las riquezas de la naturaleza estan a la vista: las frutas, las flores, los alimentos de todo tipo. Un mercado es un símbolo de riqueza y abundancia. En un pequeño cubículo de ese mercado nos paramos a tomarnos una copa de un exquisito amontillado de barril (me acordé del cuento de Edgar Allan Poe), de 2,5 euros  y a comernos unas deliciosas aceitunas, gratis. Este mercado se convirtió de inmediato en uno de nuestros sitios favoritos y pudimos regresar al amontillado y las aceitunas con alguna frecuencia.  

Mercado de San Miguel
Bajando por la calle de La Pasa llegamos a un pequeño rincón llamado Plaza del Conde de Miranda, donde se encuentra el antiguo monasterio de Las Carboneras. Asumimos que el nombre era derivado de nuestro Francisco aunque no lo he verificado. En ese momento experimenté el pleno impacto de la rica historia de esta ciudad maravillosa. Estaba ante un Madrid de hace 400 años ya que el monasterio fué fundado en 1601. Toda esa zona central de Madrid está hecha de una arquitectura estratificada, en la cual se super-imponen varios reinados y varias épocas históricas.

Las Tabernas de Madrid
En "El Bocaíto"
En El Mesón de Cándido, en Segovia

En la Taberna de Antonio Sánchez

Habíamos decidido no comer en restaurantes sino en tabernas, sitios en los cuales es posible picar mientras se disfruta de una copa de vino,  sin estar sometidos a un menu rígido. Había anotado varias que parecían ser las más atractivas: Carmencita, en la Calle La Libertad; La Bola, en la calle del mismo nombre; La Casa del Abuelo y La Taberna Del Corazón, en Nuñez de Arce y la Taberna de Antonio Sánchez, por la zona de Tirso de Molina. De esas tabernas dos ya no lo son. La Taberna de Carmencita desapareció a la muerte de su dueña, victima de rencillas familiares, segun nos contó uno de los mesoneros de “El Bocaíto”, situado en la misma calle. Y la Taberna de La Bola ya no es una taberna sino un restaurante. Cuando entramos allí para “picar”, el encargado nos dijo, con frialdad y nariz levantada: “Aquí no hay tapas desde 1895, señor”.  A lo cual solo pude balbucear mis excusas por haber cometido un error de 120 años.

Para compensar,  la Casa del Abuelo y la Taberna del Corazón, situadas en la calle Nuñez de Arce, son extremadamente agradables. A la casa del Abuelo fuimos dos veces, una para los callos, otra para el cocido madrileño. Los callos fueron excepcionales, pero aun no entendemos cual es el misterio y la fama del cocido. Resultó ser una combinación de una sopita de fideos con algunas verduras, un trozo de morcilla y garbanzos, el cual desluciría frente a un hervido de gallina o un sancocho cruzado.  En la Taberna del Corazón disfrutamos de una sopa de ajo excepcionalmente buena. De regular calidad gastronómica nos resultó la muy antigua Taberna de Antonio Sánchez (fundada en 1830) , en la calle Mesón de Paredes,  la cual tiene mucho ambiente y lleva el nombre del buen torero madrileño que toreó  en el Nuevo Circo de Caracas  en los años 20.

Los Museos y las Iglesias.

Madrid es toda un museo abierto, llena de historia en cada calle, en cada monumento, en cada iglesia. Yo  tengo problems en los museos cerrados, me canso mucho de estar de pié, caminando a un ritmo lento, pasando de cuadro en cuadro, de obra en obra. A los 15 minutos estoy exhausto y las sillas no abundan. Por eso prefiero ir a ver cosas muy puntuales: Guernica en el Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Thyssen Bornemisza, en donde me deleité con los flamencos y donde encontramos una extraordinaria exposición de Gaugin y al Palacio Real, donde había una pequeña muestra de Goya (Goyas un tanto decepcionantes pero, quien soy yo para decir tal cosa? ). 

Las Iglesias son numerosas y riquísimas en objetos de arte, algunas oscuras pero con tesoros apreciables, otras opulentas. Visitamos, entre otras, la Basílica Pontificia de San Miguel, la de San Andrés, San Pedro el Viejo y La Colegiata de San Isidro.   

Día trás día en Madrid

Todos los días salíamos en una dirección diferente, para cubrir un sector nuevo de la ciudad. Hacia el este, por la calle Génova se llega a la Plaza de Colón y allí uno puede continuar para llegar a la muy chic Calle de Serrano o torcer al sur, por el Paseo de Recoletos, atravesando la Plaza de Cibeles para llegar al bellísimo Paseo del Prado y a los grandes museos de Madrid: El Prado, Thyssen y Reina Sofía. El segundo día lo dedicamos a visitar el Museo Thyssen Bornemisza y de allí tomamos hacia el oeste por la Carrera de San Jerónimo. Al frente del museo está el hotel Westin Palace, el cual posee uno de los restaurantes más bellos de Madrid, en el cual es posible tomar “brunch”, al “módico” precio de 80 euros por persona.
El bellísimo comedor del Westin Palace
Por San Jerónimo regresamos al sector antiguo de la ciudad, a tiempo para almorzar en una de las tabernas.

Al día siguiente fuímos hacia el norte, por la calle de Almagro, hasta la Glorieta de Rubén Darío y luego, por el Paseo de Eduardo Dato, a la Plaza de Chamberí, continuando por la calle de Luchana hasta la Glorieta de Bilbao y de allí, serpenteando por estrechas calles hasta la calle de San Bernardo para ir a tomarnos nuestro amontillado en el Mercado de San Miguel.  

A Segovia
Frente al acueducto romano

Pasamos un día inolvidable en Segovia. Nos fuímos a la estación de Chamartín, una bella edificación, muy pulcra y moderna, que avergonzaría a Penn Station de Nueva York, la cual es demasiado grande y está muy maltratada. Esta experiencia de viajar a Segovia en RENFE, la red nacional de ferrocarriles de España,  fue maravillosa. El tren es bellísimo, nuevo, moderno, muy veloz. En poco más de 35 minutos estábamos llegando a la estación de Segovia, a una velocidad promedio de unos 230 kilómetros por hora. A diferencia de los trenes regulares estadounidenses este tren tiene sillas asignadas por número, de manera que elimina la angustia de entrar al tren para ir a buscar rapidamente donde sentarse. 

Fuí a buscar mis raíces en Segovia. De allí parecen haber salido mis remotos antepasados. Hasta había una casa en la ciudad, cerca de la Plaza Mayor, llamada Casa de Los Coronel. Quizás por ello todo acerca de Segovia me produjo una fuerte sensación de “déjà vu”. La Casa de los Coronel ya no existe como  tal, ya que es mejor conocida como la Casa de Abraham Senior y aloja hoy el Centro Didáctico de la Judería. Abraham Seneor ( Senior ,1410-1493), llamado “el ultimo de los rabinos”, es una figura histórica de primera importancia en Segovia y España. Fué el tesorero de los reyes católicos, aportó dinero para los viajes de Colón y, en su momento, decidió convertirse al catolicimo para no tener que  salir de España (aunque todos los indicios sugieren que siguió fiel a su religion). El 15 de Junio de 1492 Senior, quien ya tenía unos 81 años y una fortuna estimada en unos seis millones de maravedís, fue bautizado con el apellido Coronel, teniendo como padrinos a Fernando e Isabél. A su muerte, la gran casa de Senior fue dividida  y su hijo Iñigo Coronel se convirtió en el propietario de una parte, lo cual, probablemente,  explica la mención que encontré sobre la Casa de los Coronel. Un hija de Iñigo, María Coronel, se casó con Juan Bravo, uno de los héroes de Segovia por haber liderado una insurgencia contra la corona. Hoy en día la estatua de Juan Bravo se encuentra frente a la catedral.
En la puerta de la casa de Abraham Senior, o de los Coronel, ahora el Centro Didáctico de la Judería en Segovia


Interior de la casa de Abraham Senior

Pasamos el dia caminando por Segovia, por la ciudad amurallada, patrimonio de la humanidad,  dominada por el acueducto, la catedral y el Alcázar, visitando la fascinante judería, la catedral, fría y un tanto sombría pero llena de tesoros artísticos y sus calles pobladas de gente joven. El día era esplendoroso y, desde la relativa altura de la ciudad disfrutamos de la vista de los campos de Segovia con la sierra de Guadarrama al fondo. Almorzamos en el Mesón de Cándido, cuyo dueño probó ser extremadamente afable y accedió a fotografiarse con nosotros.

Al final de la tarde regresamos a Madrid. Me sentí muy emocionado por esta visita a lugares que considero como parte de mis raíces.

En días posteriores nos dedicamos a visitar todos los rincones restantes de Madrid. Caminamos por la bella Calle de Serrano, con su tiendas lujosas, solo para ver y hasta conseguimos algunas pequeñas cosas de muy buen gusto a precios razonables. Fuímos a ver flamenco, al palacio real, a la ópera, regresamos con frecuencia al Mercado de San Miguél y, por una larga semana vivimos la vida cotidiana del español. Y eso sí, siempre regada con vinos de Albariño,  Ribera del Duero o Verdejo. Y muchas aceitunas de todos los tamaños y todos los colores.
Bella frutería cerca de la Calle de Serrano

Notas aisladas

Le dedicamos una larga tarde a almorzar una inmensa paella a la Valenciana, en la Barraca, situada en la Calle La Reina y a digerirla caminando por La Chueca, donde hay un gran número de tiendas de zapatos  (Calle Augusto Figueroa) y visitar otro Mercado, el de San Antón. Vimos pocas librerías pero pude entrar en dos muy buenas. Las ediciones de libros que se venden en España son bellísimas, pero los precios son altos. Compré un libro de tapa blanda que me costó 21 euros, casi 30 dólares (“El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, de Jonás Jonasson).  

Hay un sitio en Madrid donde no entraré más nunca: el Café Gijón, en el Paseo de Recoletos. Allí nos cobraron 52 euros, casi setenta dólares, por un desayuno para dos personas consistente en un plato de huevos revueltos, dos cafés para cada uno y dos  trozos de pan. Ni loco regreso allí! Fué la única experiencia desagradable que tuvimos en nuestra estadía en Madrid. Le pido a mis 184.887 seguidores que no vayan a ese sitio.  

Madrid: la grandeza de España bajo ataque

Así como en Segovia, en Madrid se respira y se constata en cada momento la grandeza de España: avenidas, paseos,  parques, monumentos,  soberbias fachadas, extraordinarios balcones, las pequeñas y grandes plazas, Madrid es un inmenso deleite visual. Representa la grandeza de un país de gran diversidad cultural, de extraordinaria gente. Caminando por Madrid pudimos admirar la belleza de las mujeres, la prestancia de los hombres y sus elegantes vestimenta, lo cual se facilita en el otoño. “No he visto todavía un solo par de zapatos que no sea bello”, me decía mi esposa, aunque mi mirada tenía otras prioridades.  Además, la gente es cordial, solícita con el visitante, orgullosa de mostrar lo que tiene. Esta es la sensación francamente predominante que obtuvimos en nuestra visita.

Pero, cuidado! Encontramos señales preocupantes de una progresiva enfermedad del alma, de una duda colectiva del español sobre su grandeza y sobre su capacidad de seguir siéndolo, una duda que tiende a erosionar el balance aun francamente positivo que percibimos en el país.

Cuales son algunas de estas señales preocupantes?
Pidiendo el regreso de Franco!!

1.      Los grafittis, las pintas, el abuso de la pintura,  lo cual afea y hasta pone en peligro de muerte la belleza de significativos sectores de la ciudad. Vimos en Madrid  un proceso que podríamos definir como macro-vandálico. Es un proceso suicida si admitimos que, al afear la ciudad, el habitante atenta contra si mismo, contra su calidad de vida. Muchas paredes están pintorreteadas más allá de lo imaginable, las taquillas externas de muchos bancos  asfixiadas en pintura, pequeños pero numerosos afiches del general Franco, a quien se le pide que “regrese”, llamados a la violencia y a la guerra civil. Quienes hacen esto? A quienes vi haciéndolo fue a jóvenes, aparentemente los llamados NI-NI (ni estudian ni trabajan)  y a algunos manifestantes el dia de la huelga general, el pasado 14 de este mes.   
Bancos vandalizados durante la huelga general del 14/11
 

2.      Existe una depresión colectiva causada por la situación económica. Hay un alto nivel de desempleo, mucha gente ha perdido sus viviendas o está en peligro de perderlas y la prensa y la televisión hablan incesantemente de este problema que ya llega a ser agobiante.

3.      Esta depresión colectiva alimenta la duda en los españoles sobre la capacidad del país de salir adelante. El modo general es de rechazo a los politicos y a los bancos. A los politicos, ya sean de un signo o del otro, se les considera insensibles, vividores y corruptos. A los bancos se les achaca la mayor responsabilidad de la pobre situación económica. Rajoy y Rubalcaba, los líderes de los dos grandes partidos politicos, son vistos como la cara y el sello de una misma moneda de incompetencia. Durante las horas de la tragedia del Madrid Arena, la cual ha indignado a los españoles por lo que revela de negligencia del Ayuntamiento, corrupción de los vigilantes del local  y mala fé empresarial, la alcaldesa Ana Botella se había ido para un “spa” en Lisboa!  

4.      El estado de ánimo negativo de los españoles se concentra en el rechazo a las medidas de austeridad que implanta el gobierno. Dicen que esas medidas solo acogotan a los más pobres pero no tocan a los ricos. Es un tema muy difícil de evaluar para un visitante. Sin embargo, este es un sentimiento que trasciende a España, que se extiende por toda Europa y, me temo, que adquiere  características de una pandemia. La gente tiene una tendencia a desear que la solución de los problemas colectivos sea a costa de los demás, no de ellos. Tiende a pensar que si se le exige un sacrificio es a ellos solos y no a los demás. Por lo tanto, se resisten. No confían en que la repartición del sacrificio es equitativa. Hay una crisis de confianza.

5.      Este estado de ánimo puede estar llevando a muchos españoles a pensar que el país ya no es lo que era, a dudar de su capacidad de acometer tareas de grandeza. De nuevo, es una sensación que comparten muchos pueblos del mundo hoy en día. Hablen con un argentino, con un venezolano, un griego o hasta con un estadounidense y advertirán similares tonos de desaliento.

Con los españoles con quienes conversé, en una taberna, en el hotel, en el taxi o en la calle, les dije con mucho fervor que debían sentirse muy orgullosos de su país, que me sentía admirado de mucho de lo que veía en España. Y lo dije sinceramente. LLevo nueve años fuera de Venezuela, viviendo mi sueño Americano, ese sueño que presenta múltiples facetas para cada quien. He sido feliz en este gran país que es los Estados Unidos y aquí pienso terminar mis días. Pero España tiene mucho de admirable, mucho de bueno, tiene grandes bellezas y una gente bonita y emprendedora. Y creo que este momento de crisis es una oportunidad para que ese gran pueblo demuestre, una vez más, su grandeza.

Hemos regresado de España con el corazón lleno de emociones y de alegres asombros. Hemos sido españoles por diez días y nunca olvidaremos esta bella experiencia.

 

 

 

 

 

 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Un viaje al corazón


Vista lateral del barco

Parte I: De Brooklyn a Southampton en el Queen Mary 2

 Las realizaciones artísticas y utilitarias del hombre, las culturas que modelan su vida,  las características mismas de la naturaleza que lo rodea, todos esos factores modelan nuestra esencia humana. Por ello viajar contribuye tanto a la comprensión de que y quienes somos.

Acabo de terminar, junto con mi esposa, un viaje singular de 20 días, uno cuyo  verdadero destino ha sido el corazón. Nada parecido a aquellas interminables peripecias  de Richard Burton (no el explorador de Elizabeth Taylor, el primer Burton) en Arabia y Africa, sino un pequeño viaje que pudiera calificarse de rutina en el mundo de hoy, un mundo muy compacto en el cual es posible desayunar en Caracas, almorzar en Nueva York y cenar en Madrid. Sin embargo, ha tenido para mí una dimension especialmente espiritual. 

Desde el año pasado y durante los primeros meses de este año pude hacer un trabajo de investigación politológica por el cual recibí una suma de dinero que no estaba planificada en mi  “presupuesto ordinario” de ingresos . La suma era suficiente para – por ejemplo -  comprar una excelente cama nueva, algo importante a nuestra edad, o para hacer un viaje,  dos de los proyectos que teníamos algun tiempo en gestación.  Después de un profundo análisis de unos diez minutos de duración nos decidimos por el viaje.

He explicado lo que hizo posible nuestro viaje porque no creo que sea lo mismo hacer un viaje en base a una posición de significativa afluencia económica  que hacer un viaje gracias a ingresos inesperados, lo que en el mundo del petróleo llaman un “windfall”. En el primer caso viajar puede tornarse frecuentemente en una experiencia de rutina. En el segundo caso tiene el potencial de llegar a ser una experiencia única.    

Hemos regresado de nuestro viaje a descansar en nuestra antigua cama pero, eso sí, muy enriquecidos por la experiencia. El primer segmento estuvo constituído por un cruce del Atlántico , desde Brooklyn hasta Southampton, Inglaterra,  en el “Queen Mary 2” y la segunda mitad, por una visita a fondo de una de las ciudades  más bellas y pintorescas del mundo, Madrid. Fueron, realmente, dos viajes en uno, dadas las características muy diferentes de ambos segmentos. No pretendo darles una muy detallada descripción de ambos viajes sino algunas impresiones generales, acompañadas de reflexiones sobre lo que ha significado para mí, tanto en términos puramente antropológicos como espirituales (realmente no es posible saber donde termina lo uno y donde comienza lo otro).

La fecha de salida de nuestro viaje trasatlántico coincidió con la inminente llegada a Nueva York del huracán SANDY, lo cual le dió a su inicio la fisonomía de una mini- aventura. Podríamos viajar a NYC? Pudimos hacerlo en el tren, el cual se paralizaría horas después. Habíamos comprado nuestros  tickets con bastante anticipación, por lo cual pagamos solo  $49 por cada uno. En 3 horas y media estábamos en NYC y fuímos de la estación Penn Station a Brooklyn en taxi, una media hora adicional. La zona del terminal de Brooklyn donde se encontraba anclado el Queen Mary 2 me impresionó por su fealdad y descuido y ofrecía un gran contraste con el imponente perfil del barco que íbamos a abordar.  La intensidad del viento se había incrementado y la ciudad esperaba la llegada de SANDY en materia de horas. El taxi nos dejó en las puertas del terminal y el personal de Cunard se encargó de nuestras dos maletas. Las veríamos de nuevo dos horas después en nuestro camarote.
En la cubierta superior esperamos la salida
 
La primera experiencia agradable que tuvimos fue la facilidad en pasar del terminal al barco.  Llegamos temprano como a la una de la tarde. El personal de inmigración estampó nuestros pasaportes y nos tomaron una foto individual (para posible identificación de los cuerpos? ). El personal de CUNARD nos asignó una tarjeta electrónica a cada uno, la cual serviría para hacer cualquier compra o gasto, ya que dentro del barco no se maneja efectivo (excepto en el Casino). Todo el procedimiento tomaría no más de unos 30 minutos, a pesar de la larga fila de pasajeros que ya había llegado.  Caminamos por una larga planchada que daba dos o tres vueltas vueltas y de repente….. nos encontramos dentro  del Queen Mary 2, ya fuera de los Estados Unidos.

Fué la salida de un país menos traumática que he experimentado jamás. Pensé yo en ese momento, al ver la fila del personal, de uniforme impecable, dándonos un sonriente bienvenida : “Quien iba a imaginar que el hijo de Jesús María estaría algun dia a bordo del Queen Mary 2? ”. Cuanto me hubiera gustado que ellos estuvieran  allí con nosotros. En alguna forma lo estaban, si es verdad que cada ser humano representa la suma de sus antepasados y que la ontogenia recapitula, de alguna manera mágica, la filogenia. Quizás algun día yo pueda viajar a las estrellas con alguno de mis descendientes.  

En el Queen Mary 2.
Ensayando una emergencia

 Nuestro resumen de viaje (Travel Summary)  incluía el número de nuestra mesa en el segundo turno del comedor Britannia (8:30 p.m.) y el número de  nuestro camarote, tipo C1, estándar, en la cubierta 5. Nosotros habíamos tomado unos ocho a diez cruceros, incluyendo uno memorable en un bellísimo buque buque de Crystal por Alaska, pero nunca habíamos visto una dimension como esta del Queen Mary 2.  Descripciones del barco abundan en la web, por lo cual no intentaré hacerlo aquí. Solamente mencionaré la impresion de gran tamaño, pulcritud, el agradable olor de los recintos  y la elegante sencillez que impera en aquel edificio de doce pisos . El Queen Mary 2 es el segundo barco más grande en existencia. Al llegar al nivel 5, en búsqueda de nuestro camarote, entramos por el lado de la popa, mientras que el camarote estaba cerca de la proa.  Ante nosotros se extendió un pasillo de longitud aparentemente infinita, “toda horizontes como la esperanza”, diría Gallegos. Eventualmente aprenderíamos a entrar a la cubierta 5 por el sector A, el más cercano a nuestro camarote, a fin de evitarnos una innecesaria caminata por el area de camarotes. Por otra parte, caminar es parte integral de viajar en este inmenso barco. El restaurant Britannia, donde cenaríamos, está en el nivel 2, más cerca de la popa. El King’s Court, para desayunos y comida tipo buffet en el nivel 7. El teatro, el casino, el planetarium, la sala de bailes Queen’s Room, las tiendas, la cubierta para caminar, la biblioteca, el salón Comodoro, los sitios más frecuentados, están repartidos en los diferentes niveles del buque. Hay ascensores que llevan a todos los niveles, por supuesto, pero decidimos caminar arriba y abajo por las amplias escaleras y este caminar se convirtió en parte integral y muy agradable de la experiencia.  

Al entrar al barco se nos dijo que el almuerzo estaba disponible en la cubierta 7, en el llamado King’s Court. Era tipo buffet, con muchas ofertas de comida caliente, ensaladas, frutas, jugos diversos, café, panes variados. Nos sentamos en una mesa pegada a una ventana, con una vista a la Estatua de la Libertad, la cual se veía asombrosamente pequeña y vulnerable contra un cielo gris que presagiaba la pronta llegada de SANDY. Por el sistema de comunicaciones el capitán nos informó que zarparíamos a las 5 p.m. porque  no consideraba prudente permanecer en el puerto un minuto más, en vista de la situación del tiempo. Como a las 4 y media vímos a un gran barco contiguo al nuestro soltar amarras y zarpar.

Después de almorzar fuímos a nuestro  camarote, el cual probó ser excelente. Más que un ojo de buey tenía una ventana de moderado tamaño, muy anti-claustrofóbica,  desde la cual uno podia ver el mar. Tenía una mesita de trabajo, televisión con varios canales, algunos en vivo, otros de difusión de información sobre el barco y el viaje,  un sofá, dos camas “twin” que pueden o no unirse, un closet bien organizado y una sala de baño más grande de la que hubiésemos esperado. En la mesa había una media botella de champaña POL ROGER, non-vintage (la preferida de Winston Churchill) , muy fría, con una tarjeta de bienvenida del capitán. No sé si todos los pasajeros reciben una a su llegada pero verla y tomarla nos hizo sentir especialmente apreciados. También leímos el Programa del Día: Temperatura, unos 15 grados centígrados. Vestimenta para la cena de la noche: Casual, elegante (slacks, camisa de cuello, paltó, sin corbata, nada de blue jeans o chancletas). A las 4:30 p.m. nos invitaban al nivel 8, en la proa, en el bar de la terraza, con música en vivo para amenizar la salida. En la noche, a las 7:45 p.m. habria un show de bienvenida, amenizado por la Orquesta del Teatro de la Real Corte, con los bailarines Olena y Dan y el cantante Michel Chartier. Y a  las 8:30 p.m. nos esperaban para  cenar.

A las 4:15, antes de zarpar, habría un simulacro de evacuación, cada quien con su salvavidas. A las 8 p.m. se podría ver la película “Men in Black”. Diseminados en los diferentes salones del barco ya habían unas seis opciones de música en vivo: un cuarteto para cuerdas, una arpista, dos pianistas, un baile de salsa y otros ritmos con la orquesta del Queen’s Room, un disc jockey en el night club “G32”, el cual estaría activo hasta las tres de la mañana.

A la cinco de la tarde zarpamos. El pasaje se aglomeró en cubierta, en la terraza principal, a lo largo de todo el barco, desafiando el viento que ya traía violencia y cortaba la piel. La vision de la Estatua de la Libertad diciendo adiós y el paso del barco por debajo del Puente de Brooklyn,  con su chimenea principal casi rozándolo, fueron impresionantes. La champaña Cliquot, Brut, nv, corrió libremente entre el pasaje, a pesar de su precio de $16 la copa. Al entrar en el barco habíamos decidido llevar este asunto de la champaña hasta sus últimas consecuencias financieras, para lo cual me sentía razonablemente respaldado  con el dinero proveniente de mi trabajo especial  de cuatro meses. Pagar con la tarjeta electrónica resultó psicologicamente positivo, porque uno disfruta del espejismo de no estar gastando dinero verdadero . Zarpar en el Queen Mary 2  y pasar al lado de la Estatua de la Libertad tomando Coca-Cola definitivamente no entraba en nuestros planes. After all, “we only live twice”, como decía Ian Fleming.
Iniciando el viaje
 
Al zarpar, a toda máquina, en dirección noreste, el Queen Mary 2 claramente pretendía escapar del impacto pleno de SANDY, tormenta que se acercaba desde el sur. Sus vientos se sentirían, sin embargo, en una ancha área de unos 1000 kilómetros de diámetro. Por lo tanto, se nos dijo que ya había comenzado la  repartición masiva de tabletas contra el mareo, y que se esperaba mál tiempo ese día, durante toda la noche y por buena parte del día siguiente.  En efecto, esa noche el Queen Mary enfrentó olas de hasta unos 20 metros de altura y vientos huracanados. A pesar de su maravillosa estabilidad y de no ser una mera brizna de paja en el viento, aquel gigante daba apreciables bandazos. A medianoche nos venció el sueño y dormimos “arrullados” por la tormenta. Cuando despertamos al día siguiente, bien entrada la mañana, el Queen Mary 2 navegaba por un mar muchos más tranquilo. La altura de las olas había bajado y la velocidad de la nave la  había puesto a una buena distancia de la costa. Sin embargo, los vientos eran muy fuertes y estuvo prohibida la salida a las cubiertas durante todo el día Lunes, segundo de navegación y buena parte del Martes.
En cubierta, al iniciar el viaje

Las cenas en el Comedor Britannia. La comida en general.
El  Comedor Britannia es un gran salon de dos niveles. En el nivel superior una orquesta de cuerdas toca música suave. Desde el nivel inferior se oye pero no se ve a los músicos. Pensé: “Con tal que no comiencen a tocar Más cerca de tí, Diós mío”. Es un comedor  inmenso de una austera elegancia, muy inglesa. Este es un barco inglés y su apariencia y decoración nunca nos permite olvidarlo. Compartimos una mesa para cuatro personas con una pareja más joven, muy agradable, quienes vivían en Southampton. Nos contaron que, con una semana de vacaciones disponible,  habían decidido volar de Londres a NYC, tomaron un taxi desde el aeropuerto Kennedy  hasta Brooklyn y abordaron el Queen Mary para regresar a Southampton, sin pasar ni un minuto en NYC! Luego sabríamos que hay viajeros en el Queen Mary 2 quienes van de Inglaterra a Estados Unidos o viceversa  y se regresan de inmediato, sin siquiera dignarse tocar tierra. Su idea del disfrute es estar continuamente a bordo del gigante, solazados en su actividad o inactividad preferidas.

La comida en el Britannia

Voy a decirlo de una vez. La calidad de la comida en el Comedor Britannia no es memorable. Es muy correcta, con algunos atisbos positivos, especialmente en el ramo de las carnes (Steaks, Lamb racks), patés, panes y postres pero generalmente indiferente y poco sexy en el campo de las ensaladas y acompañamientos y hasta con algunas francas decepciones en el campo de las sopas, sobre todo unas tipo gazpacho, definitivamente contra- indicadas para diabéticos. El servicio es impecable, preciso, a cargo de jóvenes Filipinos y los vinos de la casa, el Merlot y el Chardonnay de CUNARD son excelentes, a $7 la copa. Siempre se puede tomar la excelente champaña Cliquot, aunque recordemos, a $16 la copa. Los desayunos y almuerzos también pueden hacerse en el Britannia, con un menú formal o en el King’s Court donde son tipo buffet, con ensaladas, salmón ahumado, alguna comida caliente, frutas y buenos postres. En general, la comida  del Queen Mary 2 al nivel del Britannia es facilmente olvidable. Las evaluaciones que leí previamente eran muy elogiosas pero se referían a la comida de los comedores para los pasajeros en cabinas de mayor costo.

Rudimentarias observaciones antropológicas.

El Queen Mary 2 tiene dos clases de pasajeros, diferenciados por el tipo de cabinas; quienes viajan en cabinas con balcón y en suites tienen asignados comedores diferentes a los de los paajeros en cabinas estándar y, por ello, no se mezclan a la hora de la comida. Los primeros comen en el Princess Grill o en el Queens Grill o el Britannia Club. Los segundos en el Comedor Britannia. Hay un restaurant pagado llamado Todd English, abierto a ambas clases. Las dos clases  de pasajeros, llamémoslas primera y turista, solo se mezclan en el teatro y otras áras comunes . El pasajero típico que observé  en  nuestra clase estándar parecía ser casi todo Inglés, un Inglés generalmente de aspecto sencillo, de clase media-media, muchos a quienes uno esperaría ver en un juego del Manchester United contra Liverpool. Este pasaje “turista” tendía a concentrarse en el Golden Lion Pub o en el Chart Room, en los cuales existían programas diarios de preguntas y respuestas (trivia), bingos y deportes de salón como “darts”y donde se tomaba más cerveza que champaña.  La “primera”clase  se concentraba en sus salones exclusivos, o en la biblioteca y en salones como el Club Comodoro, un elegante salon en el nivel 9, en la proa, un sitio para tomar excelentes Martinis antes de la cena, así como en el Queen’s Lounge o en el Champagne Bar, en el Gran Lobby.  Aunque el Comodoro es un salon abierto a todos los pasajeros,  el grueso del pasaje estándar simplemente no aparecía por allí, quizás un tanto intimidado por su ambiente sofisticado. Nosotros nos sentímos libres de ir a  todos los sitios comunes, como miembros de una clase media venezolana que se liberó, gracias a la hoy vilipendiada democracia puntofijista,  de esta pronunciada conciencia de clases. En este sentido pudimos disfrutar de casi todo lo que la maravillosa nave ofrecía, compartir tanto el mundo de la cerveza como el mundo de la champaña.
Para ir a cenar
Con la corbata torcida
 
Particularmente interesante es la biblioteca de a bordo, de unos 8000 volúmenes, situada en la proa, en la cual uno puede sentarse a leer un buen libro frente al mar. Las escasas sillas tienen fuerte competencia y hay que madrugar para lograr una. La biblioteca tiene una librería anexa, la cual llama la atención porque  casi la mitad de sus estantes están dedicados a obras sobre dos grandes desastres de la navegación: el Titanic y el Concorde. Uno se pregunta la razón de esto. Claro, el Queen Mary 2 es un digno heredero de la tradición de la gran nave trasatlántica, llena de “glamour” y de elegancia, personificada por el Titanic en su momento. Y el Concorde fué motivo de orgullo para Inglaterra hasta el desastre sufrido en Francia. Pero esa insistencia en lo del Titanic y el Concorde se parecía demasiado a la proverbial mención de la soga en la casa del ahorcado. Algo así como exhibir la pelicula “Aeropuerto” en un largo vuelo repleto de pasajeros temerosos de viajar en avión. Debo reconocer, sin embargo, que la sensación de seguridad y estabilidad que inspira el Queen Mary 2 es total.

Vestimenta, charlas, espectáculos, música clásica, artistas.

Tres noches de la semana la vestimenta es formal,  de etiqueta, es decir, Tuxedo/Smoking o traje oscuro para los hombres y traje largo o de fiesta para las damas. Por dos noches es semi-formal:  Paltó, corbata, no jeans para hombres y traje de coctel para las damas. Las dos noches restantes es casual, elegante, sin corbata y con paltó. Esta etiqueta es estrictamente aplicada, quien salga con chancletas no es visto nunca más, posiblemente utilizado para el menu del siguiente día. Tuvimos dos bailes de etiqueta, uno llamado Royal Ascot y otro llamado Blanco y Negro. Algunos pasajeros lucían diversas condecoraciones en las noches de gala. Si lo hubiese sabido me hubiera llevado mis medallas de aplicación y de buena conducta obtenidas en el bachillerato del Liceo “San José”, de Los Teques, las únicas condecoraciones que he recibido en mi día, algo de lo cual siempre me he sentido orgulloso.
Uno de los bailes, torneo de sombreros

Durante la semana se ofrecieron varias charlas de expertos en diversos temas, dos sobre política estadounidense por el Profesor James Thurber      (hijo del humorista del mismo nombre), dos sobre los grandes musicales de Hollywood de principios del siglo XX y otra sobre Cole Porter, por  el historiador George McGhee, una sobre los limites del Cosmos por el astrónomo Mark Butterworth,  dos sobre el Concorde por el capitán de aviación Tim Orchard y otra sobre el futuro de la aviación por el ex-aviador militar Ross Priday. Vimos un show sobre las estrellas en el Planetarium.  Las películas fueron excelentes, entre ellas una de Richard Gere llamada “Arbitrage” y una bellísima version filmada de Madame Butterfly, con una soprano japonesa espectacularmente buena. En especial nos cautivó un  soberbio guitarrista clásico Inglés, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo. Este joven terminó su concierto con dos composiciones de Antonio Lauro: El Marabino y El Negrito. También nos gustó mucho un pianista de estilo un tanto rimbombante, de la escuela del fallecido Liberace. Además de estos espectáculos y shows en cada salon había casi siempre música en vivo. A lo largo del barco hay sillas y mesas con juegos tipo “Scrabble” y con rompecabezas para armar, los cuales tienen una sorprendente cantidad de adeptos entre los viejitos (definidos como todos los mayores que yo).  Hay clases de gimnasia, bridge y de tejer. Como decía Oscar Wilde, pude resistir la tentación de hacer gimnasia sentándome a leer.  

El tiempo

Solo el dia miércoles y, en parte, el Jueves,  amanecieron soleados y con una moderada temperatura  exterior. Como por arte de magia las cubiertas se llenaron de sillas con gente alineada frente al mar. Todos le sacaron provecho al breve mar primaveral mas que otoñal.
En el nivel 3, cerca de las tiendas

Internet

Hay un centro de Internet donde dan clases para usar este u otro programa. No lo usé en absoluto porque la hora cuesta unos $50 y vi que era muy lento. Desesperaría saber que uno debe pasar la mitad de su tiempo esperando que aparezca lo que uno desea. Esa desconexión con algo que se ha convertido en una adicción de nuestras vidas fué especialmente saludable. Nada sobre Venezuela por ocho días. Nada sobre nuestras peripecias como país. La televisión si traía noticias sobre el terrible impacto de SANDY en la costa este de los Estados Unidos. Llamamos a los hijos a ver como les había ido. En general, bien, con algunos daños menores a una de sus viviendas.

Un ensayo para la muerte

Siempre es una lección en humildad constatar que cuando salimos de la circulación por días o semanas el país y el mundo  siguen tan mál o tan bien como siempre. Uno realmente no cuenta. En este sentido, un viaje se convierte en algo así como un ensayo general sobre nuestra muerte. Ofrece la oportunidad de observar al mundo desde una posición externa, donde ya no somos actores. Ojalá que algunos quienes se creen indispensables se dieran cuenta de su esencial  insignificancia. Esta sensación se incrementó grandemente cuando ví el espectáculo sobre las estrellas en el planetarium. Somos pequeños habitantes de  un pequeño planeta girando alrededor de un pequeño sol, en una pequeña galaxia como hay millones y todavía hay uno que otro insecto en algun rincón del mundo que se cree predestinado, no me joroben.

LLegada a Southampton

El capitán nos dijo que llegaríamos a Southampton el domingo 4 de Noviembre a las 6:30 de la mañana y así fué. Para mí que estuvo dando algunas vueltas por allí durante la noche, a fin de cumplir con su pronóstico con absoluta precisión. Después de desayunar y de un ordenado proceso organizado por colores (marron para nosotros), desembarcamos. El viento helado y una lluvia persistente nos dieron la bienvenida.  Debo reconocer que sentí la misma alegría de desembarcar de la bella nave que la que sentí al embarcarme en ella. A diferencia de la zona de embarque en Brooklyn, Southampton nos pareció muy limpia y acogedora, llena de pequeños parques y calles muy pulcras. Había contratado un auto para ir al aeropuerto llamado London City Airport, en Londres, un viaje de dos horas largas, para tomar un vuelo de British Airways para Madrid, donde pasaríamos diez días.
Este segundo segmento del viaje será objeto de otra nota. Ya llevo 3600 palabras y tampoco es bueno abusar.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Estoy de regreso!! I am back!!



Zarpando para Europa/ Leaving for Europe (tendré algunas fotos propias, esta es de archivos)

Desde mañana los amenazo con reanudar mis crónicas, después de un maravilloso viaje de 20 días. As of tomorrow I threaten you with re-starting my entries, after a marvelous journey of 20 days,
Gustavo
Adivinen donde andaba/Guess where I was.