jueves, 8 de diciembre de 2016

La crisis venezolana no es solo material, es de valores y de carencia del sentido del ridículo


Hoy Diciembre 8, 2016 es nada menos que el Día del Amor y la Lealtad hacia Hugo Chávez, decretado por el gran conductor del país, Nicolás Maduro. Que le tengan amor y lealtad al difunto quienes se han enriquecido con los dineros de la Nación, quienes trafican  con drogas amparados por el régimen, quienes asesinan, persiguen y expropian a la gente de bien. Esos son los malos venezolanos quienes le deben lealtad y amor al líder intergaláctico.
Según acaba de denunciar Henrique Capriles, en ese lote de adoradores del difunto tendremos que incluir a algunos miembros de la MUD. Es paradójico que, mientras nosotros éramos severamente criticados  por denunciar el diálogo inmoral que se lleva a cabo actualmente, sin sugerir jamás que gente de la MUD pudiera estar vendida al régimen, haya sido Henrique Capriles, uno de los principales líderes de la oposición que si lo diga. Esta denuncia de Capriles es de la mayor gravedad y revela el pantano moral en el cual está inmersa Venezuela.
Esta denuncia de Capriles no puede pasar por debajo de la mesa. Debe ser seguida, de inmediato, por dar a conocer los nombres de la gente de la MUD vendida al régimen, porque de lo contrario, estarían en entredicho todos los miembros de esa organización, en la cual hay mucha gente honesta y de principios.  
Venezuela está chapoteando en un pantano moral que tendrá mayores efectos sobre la sociedad venezolana que los sufrimientos de tipo material. Se trata, nada menos, de un estado de destrucción de los valores como nunca habíamos visto en el país. El principio de la regeneración moral de Venezuela tendrá que ser el castigo ejemplar de los 600 mayores responsables de la destrucción nacional. En paralelo deberá iniciarse un programa sostenido de valores ciudadanos, que abarque a todo venezolano, desde el inicio de su educación primaria hasta su salida del ciclo educativo. Este programa tendrá que abarcar un par de generaciones antes de dar sus frutos. Venezuela es hoy un gentío con muchos limosneros, vividores y corruptos.  Tendrá que transformarse en un país de ciudadanos. Ese país no lo veremos nosotros pero es necesario caminar hacia allá sin pérdida de tiempo.  

¡Comencemos a barrer la basura! 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Patriotismo y nacionalismo: buenas y malas palabras


Los venezolanos somos muy propensos a hablar de patriotismo, nacionalismo y orgullo nacional. La retórica oficial de nuestras  dictaduras y democracias ha incluido estos términos en los primeros compartimientos de su bagaje idiomático. Para nuestros demócratas y dictadores el verbo nacionalizar ha sido considerado como una buena palabra. Los lemas políticos siempre pintan un destino mesiánico. Pérez Jiménez hablaba del Nuevo Ideal Nacional, Carlos Andrés Pérez de la Gran Venezuela, Hugo Chávez de Nacionalismo Bolivariano. Más allá de las palabras, sin embargo, los venezolanos debemos preguntarnos su verdadero significado. ¿Es patriotismo  amar la patria como se ama a un padre o a un hijo, o es lo que nos pide defender los intereses de sus gobernantes? El primer tipo de patriotismo es una honesta emoción que yo comparto, el segundo tipo de patriotismo es lo que el Dr. Johnson llamó el último refugio de los bribones.  Sobre este último tipo de patriotismo George Bernard Shaw decía: “Mientras el patriotismo no se termine no habrá paz en el planeta”.
  Adlai Stevenson definió el buen patriotismo como “un sentido de responsabilidad nacional”. Es el tipo de amor por el país que uno siente por la familia. En línea con esa definición de patriotismo Venezuela es mi gran familia pero no defiendo sus actos cuando ellos sean contrarios a la ética o el decoro. Prefiero actuar como lo recomendaba Andrés Eloy Blanco en uno de sus poemas: el jefe civil del pueblo llevó a la cárcel a su mejor amigo por una falta grave pero, eso sí, todos los días iba a regarle su huerto.
Las ambiciones de la Gran Venezuela de Carlos Andrés Pérez, en ejercicio de un patriotismo y nacionalismo incorrectos,  lo llevaron a despilfarrar el primer gran aluvión de ingresos petroleros que tuvo Venezuela, en la década de 1950. Las locuras de Hugo Chávez, en ejercicio suicida del patriotismo mal entendido,  lo condujeron a despilfarrar el mayor aluvión de ingresos petroleros jamás recibido por la Nación, durante los años de 2005-2012. Detrás de estas dos tragedias venezolanas existió un motor  ideológico,  la falsa creencia de que nuestra Venezuela era un “gran país”, no en términos de cordialidad y bonhomía de su gente – lo cual sería correcto – sino en términos de estar predestinado a “ser grande”, un destino de categoría universal que aguardaba a los “hijos de Bolívar”. Con esa retórica Hugo Chávez se convirtió en el hazmerreír de la región, si no del planeta y, peor aún, arruinó al país. Con su manía de nacionalizaciones, soberanía nacional, dignidad anti-imperialista, liberación de naciones y expropiaciones al sector privado para nutrir un incansable apetito de control, este ignorante, profundamente acomplejado, pretendió encarnar al segundo Bolívar, quien – le decían sus adulantes, citando a Neruda – resucitaba en América cada cien años. “Vengo a completar la obra de Bolívar”, decía incesantemente el pobre diablo.  
Gracias a sus esfuerzos la Venezuela del Siglo XXI  merece nuestra compasión pero no nuestro orgullo. Su signo fundamental es la mediocridad y la ausencia de coraje cívico. Si el gobernante es la medida de la calidad humana de un país, Venezuela, mandada por Maduro, está al nivel de los países más miserables del planeta. Decir esto no es auto-flagelación sino hablar de la realidad venezolana: no hay índice social en el cual no estemos entre los últimos o, simplemente, no seamos los últimos: inflación, salarios, criminalidad, corrupción, gobernabilidad, competitividad. Venezuela es un estado fallido.
Es hora de dejar de usar palabras infladas y adormecedoras y enfrentarnos con nuestra horrorosa realidad. Se impone una rebelión cívica que renueve radicalmente el liderazgo político y social del país, reemplazando la manada existente por ciudadanos decididos a vivir decorosamente. Esa rebelión cívica debe luchar por sacar del poder al régimen miserable, por supuesto, pero también por remplazar la oposición de opereta que está hoy al nivel del régimen fallido, ambos sentados en una mesa de diálogo inmoral. Hoy vemos que esa oposición continúa hablando con dos voces: una, ruge, la otra maúlla. Una habla duro. La otra, la que decide, anuncia una próxima reunión de la mesa para el 13 de enero. Con reuniones mensuales intrascendentes, sin sentido de urgencia, sin dignidad,  una oposición mediocre ve transcurrir los días mientras se sigue muriendo Venezuela.

Sentimos compasión pero estamos lejos de sentir orgullo.    

domingo, 4 de diciembre de 2016

Balance político, económico y social de la revolución Cubana



El mejor documento que conocemos sobre el balance económico y social de la revolución cubana, es el elaborado por el profesor de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa Lago, ver: http://www.mesa-lago.com/uploads/2/7/3/1/27312653/economic_and_social_balance_of_50_years.pdf. Cubre los años de 1958 a 2008, 50 años de dictadura de Fidel Castro en Cuba. Es un documento serio, muy bien documentado y logra, con mucha paciencia, resolver muchos de los problemas metodológicos inherentes a la comparación de indicadores en épocas diferentes y bajo regímenes políticos diferentes. Las conclusiones a las cuales llegó este estudio fueron: (a), la mayoría de los indicadores económicos de Cuba se deterioraron; (b), la mayoría de los indicadores sociales mejoraron, y (3), tanto los indicadores sociales como los económicos se deterioraron claramente en los últimos 20 años de dictadura, entre 1989 y 2008.  
El desastre económico generado por Castro
En los años inmediatamente anteriores de la revolución , en la década de 1950, Cuba se encontraba a la cabeza de América Latina en indicadores económicos y sociales importantes tales como el PIB per cápita. Baja inflación, estabilidad fiscal, alfabetización, mortalidad infantil y otros. En PIB per cápita Cuba era el tercer país de la región solamente superado por Uruguay y Venezuela. Sin embargo su industria azucarera daba señales de estancamiento y existían significativas diferencias en calidad de vida entre las zonas urbanas y rurales. Durante la revolución Castro se vio beneficiado por la ayuda esencialmente gratis de la Unión Soviética pero el colapso del mundo socialista llevó el Producto Interno Bruto cubano a bajar en un 35% entre 1989 y 1993, lo que se llamó el “Período Especial”. Algunos intentos de liberalización económica entre 1993 y 1996 fueron revertidos por Castro, en el período conocido como la “batalla de ideas”. La inmensa ayuda dada a Castro por  Hugo Chávez en el período posterior a 2003  permitió la recuperación de la economía cubana. Sin embargo, permanecen vigentes absurdas limitaciones incluyendo racionamiento, prohibición de cubanos de vender propiedades, de tener internet en sus hogares, de viajar libremente dentro de Cuba y muchas otras que aún restringen derechos humanos fundamentales, ver:   http://yusnaby.com/las-25-prohibiciones-mas-absurdas-en-cuba/ .
El informe de Mesa Lago advierte que los mecanismo de medición para el PIB y niveles de empleo  utilizados por el gobierno cubano no siguen las normas internacionales, por lo cual algunas estadísticas  económicas  suministradas por el gobierno no pueden ser considerados confiables.
El colapso económico de Cuba durante la revolución se ha llevado a cabo esencialmente en el sector agrícola y en el sector industrial. La minería ha sufrido menos, aunque tanto la producción de níquel como la petrolera han declinado desde 2003. El sector industrial no azucarero ha declinado en un 85% entre 1989 y 2006. Textiles, zapatos, fertilizantes y jabones declinaron entre un 80% y un 97%. La producción de azúcar bajó de 8 millones de toneladas en 1958 a I millón de toneladas en 2008.  La producción de Tabaco, café, carne, leche, las cabezas de ganado en pie, todo bajó durante estos 50 años.
Como se explica que los indicadores sociales cubanos se hayan mantenido positivamente a pesar de que la economía haya colapsado. Parece claro que ello fue debido a la ayuda soviética primero y luego, a la ayuda venezolana. Solamente en 2008 Cuba recibió más de $9000 millones en ayuda de Hugo Chávez, desglosados así:  $5700 millones por servicios varios (médicos, entrenadores, asesorías) , $2500 millones en subsidios petroleros  e inversiones en diversos proyectos por $1400 millones.
  Mis estimaciones apuntan a un subsidio petrolero venezolano hacia Cuba en el orden de los $40.000 millones entre 2006 y 2012, cuando murió Chávez. Durante todo el siglo XXI la dependencia económica en Venezuela por parte  de Cuba solo puede compararse con la dependencia política en Cuba por parte de Venezuela.
Indicadores Sociales positivos
El desempleo en Cuba es el menor de la región pero, advierte Mesa lago, es medido diferente a las normas internacionales, ya que incluye trabajadores parados en entrenamiento, estudiantes que trabajan parte de tiempo y trabajadores involucrados en siembras para su propio consumo. Es decir, el desempleo real está escondido. El nivel de alfabetización es muy alto. Todas las estadísticas de salud y educación son positivas. Sin embargo, después del retiro de la ayuda soviética,  Mesa Lago apunta : “La crisis afectó los niveles sanitarios… el gasto total de sanidad por habitante era 333 dólares internacionales (PPA) colocándose en el 12o lugar de la región y la mitad del promedio regional (basado en WHO 2008). Sólo la mortalidad infantil continuó su descenso durante la crisis y la relación de médicos siguió creciendo. Respecto a la última, entre 35% y 48% de los galenos (según estimados diversos) trabaja en el exterior, principalmente en Venezuela, lo que ha provocado un déficit de atención médica en la Isla. Las farmacias estatales carecen de la mayoría de las medicinas básicas que los enfermos deben comprar en las TRD. El deterioro considerable de la infraestructura de agua potable y saneamiento (en la primera, la posición cubana en la región disminuyó), explica en parte el crecimiento de la hepatitis en 33% entre 1989 y 2007 y la diarrea aguda hasta 1997; la mayor libertad sexual, el incremento de la prostitución durante la crisis y la escasez de profilácticos expone el aumento de las enfermedades venéreas (sífilis 22 veces y blenorragia 372%), y el consumo de alimentos en mal estado el ascenso de la intoxicación de alimentos en 59%. Por otra parte el SIDA creció 150% en 1989-2007 pero Cuba tiene la segunda menor incidencia de dicha enfermedad; y habido graves epidemias de dengue que no aparecen en las estadísticas oficiales. El incremento de la escarlatina en 33% y la tuberculosis en 27% son difíciles de explicar; la primera no es prevenible por vacuna pero la segunda sí y la inmunización de la población disminuyó en 65% entre 1989 y 2007.
Mesa Lago resume de la siguiente manera la situación de los indicadores sociales bajo la revolución: “La distribución final de los indicadores sociales es así: el 46% ha mejorado, el 27% se ha mantenido igual y el 27% se ha desmejorado”.
El precio pagado por los Cubanos y la inmoral idolatría de la izquierda
Lo que el Informe Mesa Lago no incluye es el precio que en términos de sufrimiento han pagado los Cubanos por este balance de la revolución Castrista.  Durante estos 60 años más de dos millones de habitantes han escapado de la isla, casi un 20% de la población, un volumen de emigración verdaderamente asombrosa si se considera que el gobierno ha restringido por años el libre movimiento de los ciudadanos. Quienes han permanecido en la isla han visto sus derechos humanos restringidos o violados. Miles de cubanos han sido asesinados por el gobierno o llevados a prisión. Miles de familias se han tenido que separar. Tres generaciones de cubanos han vivido en una isla-prisión, sin acceso a la libre información y a sus libertades más esenciales. Han sido 60 años de opresión, de dictadura. Ha valido la pena la revolución de Fidel Castro?
Las izquierdas latinoamericanas y estadounidenses parecen pensar que sí ha valido la pena. Cartas de melosa adulación a Fidel Castro han sido firmadas por nuestros intelectuales de izquierda, el régimen “socialista” venezolano es un satélite político de la Cuba Castrista, líderes de países de la región han visto a  la Habana de Fidel Castro como sitio de obligatoria visita, una especie de Meca del izquierdismo. Chávez y Maduro han entregado el dinero y la soberanía venezolana en manos de los hermanos Castro. En los Estados Unidos, decenas de profesores universitarios, desde Pomona College en California hasta American University en Maryland, alaban al régimen cubano, aunque ninguno haya mostrado intención alguna de irse a vivir allá.  Lo que es difícil de explicar es que ha podido ver la izquierda de la región en Fidel Castro para justificar esa idolatría. Y la única respuesta que he podido encontrar es que ella es un resultado del resentimiento de esta izquierda en contra de los Estados Unidos. Es una idolatría producto de la envidia y el despecho. “Amamos a Fidel porque se opuso a los Estados Unidos” parece ser el lema de la izquierda regional. Líder que deseaba hacer un gesto de independencia frente a los Estados Unidos se acercaba a Fidel Castro, olvidando la macabra naturaleza de su dictadura. Hasta demócratas como Carlos Andrés Pérez lo hicieron así. Fue la “moda” en América Latina por décadas.

El amor por Castro y su revolución pertenece al grupo de sentimientos inferiores y acomplejados que mantienen atrasada a América Latina. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

El síndrome de "Esto es el Colmo" y el diálogo apaciguador


El Síndrome de Estocolmo fue incorporado a la literatura científica a raíz del asalto a un Banco, con toma de  rehenes, que tuvo lugar en aquella ciudad en 1973. Durante el proceso judicial que siguió al asalto los rehenes se opusieron a testificar en contra de los acusados, alegando haber estado más temerosos de la policía que de los asaltantes. Muchos otros ejemplos, aún más dramáticos, siguieron a este asalto, los cuales revelaban la curiosa relación emocional que se establece entre bandidos y rehenes. Recuerdan a Patty Hearst?
Lo que tenemos hoy en Venezuela es algo que tiene cierto parecido con aquello. En este país, las víctimas del régimen que ha manejado el poder durante los últimos 17 años, no cesan de repetir: “esto es el colmo”, cada vez que el régimen les quita la luz, el agua, el dinero, la comida, las medicinas, la libertad, la posibilidad de viajar y el derecho a votar. Exclaman “esto es el colmo” cuando ven que Rafael Ramírez malgastó o permitió que se robaran $11000 millones de dinero nuestro cuando estaba en PDVSA, o cuando ven cómo los “revolucionarios” dan rumbosas fiestas donde canta Oscar De León y corre la champaña, mientras todos los venezolanos, tanto los seguidores del chavismo como las mayorías que no lo son,  pasan hambre y tienen necesidades insatisfechas.
“Esto es el colmo” dicen, cuando ven que el inepto y rastrero Nicolás Maduro se va a La Habana a pedirle instrucciones a Raúl o a enterrar a Fidel , o cuando el traidor Padrino López reafirma la lealtad de la Fuerza Armada al payaso en violación de la Constitución.  “Esto es el colmo”, exclaman, cuando ven que los sobrinos narcotraficantes de Cilia Flores portaban pasaportes diplomáticos y viajaban en jets privados, mientras los venezolanos no tienen pasaporte y no pueden viajar, aunque sea en clase turista.
Sin embargo, en relación con este síndrome de “esto es el colmo” funciona hoy un mecanismo adormecedor y apaciguador que nos llega desde Ecuador (UNASUR), Washington (Departamento de Estado)  y  Roma (Vaticano) , el cual  recomienda a los que exhiben el síndrome a  "no perder la esperanza”. Les dicen:  “Olviden las marchas, cuidado con el derramamiento de sangre, siéntense a dialogar con el régimen, como seres civilizados”.
 Ha sido difícil negarse a ese llamado de la razón, de la fe y de la civilización, sin lucir intransigentes.  Por ello, ha sido acogido por importantes líderes de nuestra oposición: Borges, Rosales, Falcón, entre otros,   quienes ven en una negociación con el régimen la posibilidad de llegar eventualmente al poder en el país, una vez que el régimen haya implosionado, como en efecto parece estar ocurriendo. El “pequeño problema” con esa implosión es que se está tomando su tiempo, mientras el régimen roba, destruye, abusa, aprisiona, exilia, confisca y se burla. Por ello, el diálogo, en el cual están involucrados algunos de estos líderes y  unos “facilitadores” insensibles al sufrimiento de la población, ha venido a ser una farsa que está costando más vidas y más sufrimiento .
Venezuela es un estado fallido bajo un régimen forajido con el cual no debería haber diálogo posible. Si ello no es reconocido por la oposición, si se insiste en un diálogo inmoral, los potenciales aliados internacionales de la oposición se quedarán sin incentivos para ayudar. Venezuela está perdiendo su última oportunidad de redención moral sentada en una mesa de negociación con el régimen forajido