lunes, 15 de marzo de 2021

Me reencuentro con un tequeño despues de 70-75 años

 


                    CONVERSACIÓN CON JOSE BALBINO LEON QUIJADA

                                       SOBRE LOS TEQUES DE 1940-1950

 

****  Un reencuentro con un amigo de mi adolescencia después de 70-75 años


 

He escrito bastante sobre Los Teques, el pueblo donde pasé mi niñez y adolescencia, años de inmenso bienestar que – he dicho – me ayudaron a abrir una cuenta de ahorros en el Gran Banco de la Felicidad, la cual me ha servido en estos años para ir haciendo retiros que me permiten compensar por las durezas con las cuales nos ha retado a los venezolanos el siglo XXI.

A medida que he ido haciendo retiros me doy cuenta de que la magnitud de lo allí depositado me alcanzará con creces hasta el día en el cual me vaya a Marte a visitar a Ray Bradbury.

Como geólogo ando siempre buscando los testimonios del pasado. Adoro las amonitas, aquellos cefalópodos del cretácico que fueron reinas de los mares hace 75 millones de años y que contribuyeron decisivamente a generar muchos de los barriles de petróleo que luego los venezolanos hemos desperdiciado. Pero, me interesan también los hechos históricos recientes, como el de aquella bella aldea de Los Teques que era como un Davos Platz venezolano. Ya los habitantes de aquella Los Teques de la década de 1940 escasean. Hace un par de años me reencontré con uno  de ellos, mi compañero de adolescencia en excursiones a El Encanto, a cuevas y lagunas, amante de la naturaleza, José Balbino León Quijada, quien salió de Los Teques (http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2021/02/la-aldea-y-los-suenos-de-universalidad.html ) para estudiar ecología en la Universidad de Burdeos, convirtiéndose posteriormente en profesor de Ecología en la Universidad de Orleans y en la Universidad de París, autor de artículos sobre el desarrollo publicados en Le Monde y fundador del Centro de estudios Ambientales en Burdeos, del cual fuera su primer director.  José Balbino fue uno de los varios jóvenes salidos de la pequeña aldea tequeña para convertirse en ciudadano universal, nacido en lo pequeño pero siempre pensando en lo grande. Después de unos 70- 75 años sin saber el uno del otro, nos hemos reencontrado virtualmente y hemos establecido un diálogo nostálgico, tan lleno de afecto como si nunca hubiésemos dejado de vernos o escucharnos.  

 

                                           NUESTRA CONVERSACIÓN

José Balbino:

 ¡Qué gran placer sentí al recibir “La Aldea y los sueños de Universalidad”!  (ver http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2021/02/la-aldea-y-los-suenos-de-universalidad.html ), Gustavo . Es una magnífica pieza literaria y un gran esfuerzo de síntesis histórica, pues con mucha facilidad vas de un lado a otro. De pronto estás en París cenando en Fouquet y luego recordando episodios y personajes de la Aldea de los Teques en plena cosecha de “gente universal”

¡Tremendo epíteto!

Quien iba a pensar, Gustavo, que de aquellos patinadores de misas de aguinaldo, excursiones al Cerro La Cruz y el Pan de Azúcar, comedores de mangos y pescadores de sardinas, saldría un Manuel Henríquez a dirigir un hospital en Alemania, un Carlos Alberto Moros a ser rector de la UCV, tú a PDVSA y tantos otros. 

 

Gustavo:

Tantos otros, como tú, como Julio Barroeta, Luis Ayesta, Carmen Mannarino, Carlos Gottbergh, Rubén Ángel Hurtado, etc.  Gente Universal es un epíteto nada injustificado porque siempre me sorprendió que en nuestro pueblito de una población que sería de unos 8-9000 habitantes a lo sumo hubiese tanta gente joven pensando en asuntos de dimensión universal: música clásica, ópera italiana, grandes novelistas europeos a lo Mann y a lo Hesse. Tanta gente de ingenio.

 

José Balbino:

Realmente es maravilloso eso de cenar en Fouquet. Creo que una vez comí allá por los años ’70, pero desde luego no fue en compañía de Arturo Rubinstein, pues ello habría potenciado mi cena. Comprendo el cuadro inolvidable en que participaste y que esos momentos se quedaron en la memoria para toda la vida. Ello me hace  me hace recordar el restaurante de Falkenhagen, cerca de las Cuatro Esquinas de Los Teques, lo recuerdo casi a la par de la Tour d’ Argent, el famoso restaurante parisino donde cada dos años iba para celebrar mi cumpleaños con mi familia. Lamentablemente la situación de nuestra vida de hoy acabó con esa tradición.

 

Gustavo:

Quise iniciar mí escrito con la referencia a los dos grandes acompañantes que tuve en “Fouquet”: Daniel Trumpy y el pianista Rubinstein, porque ambos hicieron énfasis, durante la cena, en la felicidad que habían tenido al crecer y vivir parte de sus primeros años en aldeas o pequeñas comunidades. Ello reafirmó mi creencia en la virtud de crecer en sitios pequeños, donde se establecen vínculos de solidaridad que generalmente son más difíciles de establecer en las grandes ciudades (hay excepciones, por supuesto)

 

José Balbino:

Iniciaste tu escrito con ese epigrama, el cual me hizo cambiar mi estado de ánimo y presentar un epígrafe sobre Los Teques y su cosecha de gente universal. Sin lugar a dudas tienes intuición, en su sentido lato, para expresar lo que recordamos de Los Teques, nuestra bella y acogedora aldea. ¿Serán los años lo que nos hacen valorar con profundo interés tanto la fisiografía urbana como la caracterología de “El Pueblo” y “El Llano”, de esos grupos familiares que se integraban socialmente en aquellos fabulosos espacios? La vida discurría para mi lentamente en mis años de adolescencia, enamorado de todas la quinceañeras a quienes el clima de “La Aldea” les daba a sus caras unos colores rosáceos pasteles (de poma rosa)  que me incitaban a ir al parque Knoop, a recoger unos coquitos que por antonomasia le daban nombre al parque. Esos coquitos, raspados, pulidos con Crema Brasso y hasta grabados eran joyas que me servían para ayudar mis flirteos, al obsequiárselos a mis pretendidas.  También en la Aldea y motivado por un amigo, me puse a pulir cachos de res con el mismo procedimiento y me propuse hacer de ellos una lámparas. Cuando me di cuenta de que las “bichas” esas eran bien pavosas dejé de hacer aquellos mamarrachos, aunque a mucha gente le encantaban. ¡Eran muy cursis!

 

Gustavo

Yo siempre quise pulir los coquitos como hacían otros adolescentes, pero nunca logré hacerlo. Tampoco pude patinar o andar en bicicleta. Era un niño muy torpe (y no he mejorado). Y, sobre el éxito con las muchachas, pocos hits cero carrera, afortunadamente cero error. Era muy tímido. Aunque si me enamoré de Lolita Roberts, primero, luego de Myriam ….. fueron bellos amores de adolescencia

 

José Balbino:

 En La Aldea había gente que nos proporcionaba gran distracción. Recuerdo mucho a uno de la “gente universal”, Julio Barroeta, quien decía que la estatua de Guaicaipuro –que tu recuerdas- situada en la misma plaza de su nombre, donde está su estatua en posición de empezar una carrera olímpica. Julio – muy travieso - decía que Guaicaipuro no iba a atacar a los españoles sino que estaba listo para salir corriendo.

Los variados síntomas de que vivíamos en una pequeña aldea se demostraban cuando pasábamos dos horas todos los domingos en la noche en un interminable caminar entre al altozano y la esquina que hoy llaman “El Dato”.

Íbamos al compás de las melodiosas notas de la Banda Estadal que dirigía el Maestro Adelo Alemán. De nuevo, el afilado Julio decía que la banda  “ejecutaba” la música clásica, pero que la “otra”, la popular,  si la tocaba bien Hablo de nuestra famosa “Retreta” Y seguíamos siendo aldeanos cuando nos maravillábamos al ver el hueco por donde se había escapado de la cárcel tequeña el legendario “Petróleo Crudo”, aquél mismo recinto donde el Dr. Daza, médico, supuestamente homicida de su mujer, pagaba su condena y atendía pacientes, sin ninguna vigilancia y con muchos “aciertos”, en la entrada del recinto. Tú mismo me has recordado a la Sra. Casado y su pensión, que era así como el “Hilton” de nuestro pueblo,  la pensión más tranquila, segura y limpia de la Aldea.

 

Gustavo:

Es que eso que dices era la esencia de la magia de Los Teques. Las retretas, la gente, las caminatas por las calles llenas de niebla. Y, sobre todo, el humor. No sé si era por el clima pero en Los Teques abundaba la gente de ingenio, de todas las edades. Recuerdo al Sr. Anselmi, creo que de nombre Giacomino. A Luis Ayesta, de un humor un tanto ácido pero muy  ocurrente. A Julio Barroeta, muy fino. Había un señor, no recuerdo su nombre, que inventaba palabras, que hoy serían magníficas como passwords en internet. Yo tengo una.

 

José Balbino:

Me recordaste también a la Sra. Nézer y al Padre Ojeda, dos pilares de la educación en el pueblo, acompañados del Bachiller García, quien añoraba irse a los Estados Unidos y enseñaba inglés a los alumnos de 4º grado de primaria en la Escuela Arocha. Y al Padre Díaz, “Prefecto” del Liceo San José, cargo que ejercía valientemente.

De aquella institución, el Hogar Escuela Infantil (luego nombrado “Consuelo de Marturet”), que dirigía tu mamá acompañada de unas distinguidas damas, entiendo que un egresado, Emilio, un serio muchacho, paradójicamente se convirtió en un exitoso libretista de la televisión, en un programa como La Radio Rochela. También recuerdo a otro “egresado” quien desde niño soñaba con ser policía y terminó siendo Comisario de la PTJ. Y qué decir de la Pre-Orientación, otra institución en la Aldea que impartía los estudios de la primaria completa y algunos oficios técnicos.

 

Gustavo:

Cuando llegué a Nueva York a estudiar inglés, en enero 1950, la primera persona que vi en NYC, en el aeropuerto, fue al profesor García, quien trabajaba para la Línea Aeropostal Venezolana. Me invitó a almorzar en su apartamento en Brooklyn, donde vivía con su mamá. Cuando llegué estaba bañándose y la bañera estaba en la mitad de la cocina.

Como dices,  el padre Isaías Ojeda, la Sra. Nézer, el Padre Jorge Losch (Puyula) eran personajes inolvidables. Puyula está enterrado en Los Teques, lejos de su Alemania de nacimiento.  La última vez que estuve allá, hace años, visité su tumba y le dije cuanto había influenciado mi vida, al contagiarme el amor por la geología, así como Isaías Ojeda me inyectó amor por la filosofía y la historia.

 

José Balbino:

El remanso de la Aldea sólo podía ser interrumpido por alguien que refería que en la noche de ayer había salido “un espanto” o un “muerto” en tal sitio, en un lugar lúgubre, sólo iluminado por una “bujía” de 16 vatios. Alguien podía agregar que no era “un muerto” sino la “sayona”.  Una manera muy particular de hacer que los aldeanos durmieran temprano!

¡Cómo me gustaba mi Aldea! Nada tan apasionante como contemplar aquellas

figuritas que eran como pequeñas esculturas de azúcar que hacían las Mendiri, en forma de “caballitos”, estatuillas diversas y otras formas de deliciosos caramelos. O aquel trozo de queso blanco cubierto de masa de harina de trigo, que las Báez inmortalizaron en un pasapalo que desde hace décadas no deja de estar presente en un matrimonio, un bautizo o cualquier celebración.

 ¡Cómo distinguía al Dentista Dr. Mendoza del Odontólogo Bracho! Como disfrutaba ver llegar millones de pajarillos que en su vuelo a no sé dónde descansaban uno o dos días en los árboles y líneas telefónicas antes de seguir su largo viaje. ¡A veces caían de sus puestos muertos de cansancio! No sé en qué momento pasamos del sencillo “Laboratorista” a ser el licenciado clínico microbiológico. ¡O bien pasamos del Padre López a Monseñor Pérez!

Del Padre López, huraño y cara de pocos amigos, se supo después que daba alimentos a unas cincuenta familias sin que nadie lo supiera.

 

Gustavo:

¿Recuerdas las peleas en la Vuelta del Paraíso? Las de Alejandro Arteaga con Henrique Lazo  fueron memorables. Yo tuve una muy buena con uno de los Salaverría. Y Julio Barroeta, quien me asistía en la esquina me gritaba: “Aplícale la Llave del saber”, en alusión a aquella enciclopedia de unos siete tomos que fue tan popular en la época.

 

José Balbino:

A principios de este siglo a alguien se le ocurrió “repensar” a Los Teques. Julio Barroeta, Manuel Henríquez, Carmencito Mannarino, Ildefonso Leal, mi esposa Mireya y yo, comenzamos a reunirnos los sábados por la tarde para recordar “La Aldea”, pero no funcionó. En uno de esos años un “nazi” que vivió en Los Teques se le ocurrió quemar los libros de la biblioteca estadal y otros documentos importantes para la vida pequeña y una enorme pira de libros desapareció entre las llamas …y nadie reclamo en el momento, ni tampoco después, a estos gorilas. Cuando veo que en España hay pueblos que solo poseen unos pocos habitantes y quieren mucho sus aldeas, incluso vi un reportaje donde sólo hay un habitante y luego veo a Los Teques que prácticamente explotó, debo entristecerme.  Un buen amigo mío austriaco que había vivido en Los Teques vino a visitarnos y  me dijo que aquello parecía una ciudad alemana después de los bombardeos aliados.

 

 

Gustavo:

Los Teques involucionó, al pasar de aldea a ciudad. Perdió su encanto y “El Encanto”, sus seres originales se fueron difuminando entre la creciente población. Algunos todavía estuvieron batallando por conservar su sabor se fueron muriendo uno a uno. El sabor de Los Teques se fue debilitando con el paso de los años, como el aroma del Jean Marie Farina en el pañuelo del anciano caballero.  

 

José Balbino:

Ya para terminar y por lo que a mí respecta creo que eres exagerado al darme

un valor académico que sólo tu bonhomía puede impulsar. Gracias, Gustavo, mil gracias más por hacerme sentir importante en la vida de la Aldea, al lado de gente tan valiosa como tú consideras. Por último, quiero que sepas que le enviado una copia de tu correo a la profesora Alba Lía Barrios, una excelente y muy apreciada amiga de Carmencita Mannarino, pues sabrá apreciar tu referencia a Carmencita. Un fuerte abrazo y mis mejores deseos por tu salud y la de los tuyos.

Fraternalmente, José Balbino

 

Gustavo:

Un buen abrazo, José Balbino, estoy seguro de que mientras esté vivo algún tequeño, edición 1940,  la aldea no desaparecerá sino que estará vivita y coleando en sus y en nuestras mentes.

 

NOTA

 

Sobrevivientes de Los Teques edición 1940 - 1950: que tengan salud y felicidad. Escríbanme a coronel.gustavo@gmail.com si quieren compartir sus recuerdos. Hay nostalgias duras y nostalgias dulces. Estas sobre Los Teques son dulces.   


viernes, 12 de marzo de 2021

La desaparición de Carlos Lanz

 


Entre los hechos extraños y grotescos que ocurren en la Venezuela chavista/madurista la desaparición de Carlos Lanz, una figura menor del llamado Socialismo del Siglo XXI, se ha constituido en uno de los más misteriosos. Este señor, quien tiene unos 80 años de edad, desapareció de su casa un día de Julio del año pasado, hace unos ocho meses. Nadie lo vio salir solo o acompañado, no se llevó la ropa o el cepillo de dientes, nadie sabe si se fue o se lo llevaron.

Su grupo de amigos ha estructurado una Asociación Pro- búsqueda que ya tiene varios meses funcionando, tiene una directiva y lleva a cabo actividades de recolección de fondos y de  diversa índole. Puede decirse que la búsqueda de Carlos Lanz se ha institucionalizado o  hasta burocratizado.

Afortunadamente Lanz no ha sido encontrado muerto en algún matorral, como suele suceder en la Venezuela chavista/madurista, en la cual unos 350.000 venezolanos y extranjeros han fallecido de manera violenta, muchos de ellos y ellas a manos de la policía del régimen asesino que ha imperado en Venezuela durante el siglo XXI.

En el caso de Carlos Lanz debemos recordar que él fue uno de los miembros de la banda de delincuentes que secuestró al industrial estadounidense William  Frank Niehous, hecho ocurrido en Venezuela en febrero de 1976. Otro de los secuestradores fue Jorge Rodríguez, padre del actual miembro del madurismo que porta el mismo nombre.

Ese fue el secuestro más largo que ha tenido lugar en Venezuela, tres años y cuatro meses. Ahora, Carlos Lanz, actor principal de aquel suceso, es la posible víctima de algo parecido.

Digo posible porque el régimen, en boca de Tareck William Saab, a quien no es aconsejable comprarle un auto usado, ha dicho tajantemente que Carlos Lanz no salió violentamente de su casa sino de manera pacífica. No sé cómo puede saber esto Saab, a menos que ya conozca todos los detalles del suceso y los mantenga en secreto.

Lo cierto es que Carlos Lanz pudo haberse ido de la casa, como se van algunos ancianos con demencia senil, quienes una vez fuera del hogar no logran encontrar el camino de vuelta.

Sin embargo, cuando esto sucede, la persona es encontrada al poco tiempo vagando sin rumbo, o muerta y, hasta ahora, Lanz no ha sido encontrado. Lo cierto es que ahora Carlos Lanz es víctima de algo parecido a lo que le sucedió a Niehous hace 50 años. Esperemos que tenga la misma suerte que tuvo el industrial estadounidense.

¿Cuáles son las posibilidades de lo sucedido a Carlos Lanz?

1.    Fue secuestrado por gente que él consideró venían en plan amigable y se fue con ellos, como dice Saab, de manera pacífica. Está prisionero en algún sitio o ya muerto por sus enemigos disfrazados de amigos. Le asigno a esta alternativa un 40% de probabilidad

2.    Tuvo un episodio a lo Alzheimer y se fue de la casa y se ahogó en algún rio o murió y su  cadáver no ha sido localizado. Le asigno a esta alternativa un 4% de probabilidad

3.    Se trata de un crimen cometido por algún allegado o amigo, para lo cual habría que buscar un motivo. Le asigno un 25% de probabilidad

4.    Se trata de una venganza llevada a cabo por una o más personas que deseaban  hacerle pagar a Lanz por el secuestro de Niehous, ocurrido hace 50 años. Le asigno a esta alternativa un 1% de probabilidad

5.    Se trata de un auto-secuestro, en base al cual Lanz quiso desaparecer por alguna razón económica o política y está oculto, con ayuda de algún allegado, quizás hasta riéndose de quienes lo buscan. Le asigno a esta alternativa un 30% de probabilidad

Lo ocurrido a Lanz, si es que no fuese algo activado por él mismo, es muy lamentable. La desaparición de un ser humano es de lo más terrible que le puede suceder al ciudadano y a su entorno familiar, la cual puede estar para toda la vida sin saber qué es lo que sucedió, lo que llaman en inglés, “closure”, el final de la historia, cualquiera que esta sea.

Nos imaginamos a la buena esposa de Carlos Lanz, esperando noticias de su esposo que nunca llegan. No dudo que ella habrá pensado en lo que sintió la esposa de Niehhous durante tres y medio años de ansiedad permanente, sin saber si su marido estaba vivo o muerto.

Nos imaginamos a sus amigos, quienes comparten su ideología extrema y sospechan que ello ha sido la causa de su desaparición

Nos imaginamos lo que piensa Jorge Rodríguez, ficha importante del régimen bajo el cual ha desaparecido Lanz, quien fue compañero de su padre en la ejecución de un secuestro que tuvo lugar hace 50 años.

Lo cierto es que en la Venezuela chavista/madurista la vida y la seguridad personal no valen nada. Ni la de los mismos miembros de la “revolución”.   Estos bárbaros niegan la santidad de la vida.  

jueves, 11 de marzo de 2021

Enrique Ochoa Antich se opone colaborando

 

En reciente escrito en APORREA, ver: https://www.aporrea.org/ideologia/a300457.html Enrique Ochoa Antich trata de diferenciar  lo que él llama oposicionistas del verdadero opositor (él). Lo hace con un candor que demuestra sinceridad, lo cual respeto.

El problema es que sus argumentos a favor de lo que él define como un verdadero opositor, (es decir, él), suenan mucho más a colaboracionismo que a verdadera oposición. De lo que él escribe podemos derivar su  código de conducta  frente al régimen de Nicolás Maduro, el cual continúa con  el saqueo  y la entrega de la Nación a los cubanos que iniciara Hugo Chávez.  

 

      EL VERDADERO OPOSITOR,  nos dice Ochoa Antich:

1.    Se opone al proyecto autoritario, estatista y populista del chavismo-madurismo, pero no teme, en determinadas circunstancias, coincidir con él cuando convenga al pueblo y al país.

Mi comentario: Sr. Ochoa, ¿cuándo ha existido una confluencia de intereses entre el victimario y la víctima?  Denos algún ejemplo  

2.    Procura un lenguaje respetuoso con el adversario porque sabe que lo cortés no quita lo valiente

Mi comentario: Utilizar un lenguaje respetuoso con el régimen de Maduro, uso que concedería la existencia de una igualdad moral con la pandilla de delincuentes es propio de colaboracionistas, Sr. Ochoa Antich. Con asesinos, machistas, narcotraficantes, ladrones y traidores a la patria no es apropiado utilizar un lenguaje respetuoso. Es necesario un lenguaje altivo y digno. Eso sí, nunca vulgar, porque ello sería igualarnos hacia abajo con la basura chavista

3.    Habla con todos, incluyendo al gobierno

Mi comentario: Hablar con todos, sí, menos con los criminales, porque ello equivale a validarlos como interlocutores. No se puede estar semi-embarazado, Sr. Ochoa Antich.   

4.    Sabe que la verdadera valentía está en la prudencia y la moderación.

Mi comentario: Prudencia y moderación son actitudes loables pero no cuando el país ha estado por 20 años sujeto a las indignidades, crueldades y humillaciones de los bárbaros del régimen. Seguir hablando de prudencia y de moderación después de años de sufrimiento a manos de la bestia chavista  equivale a apaciguamiento.

5.    Sabe que al poder se accede a través de un proceso progresivo de fuerzas, para lo que ocupa espacios aquí y allá, comprende que cualquier salida democrática debe incluir y no excluir a sus adversarios, valora las manifestaciones diversas dentro del chavismo-madurismo y busca en él interlocutores democráticos

Mi comentario: este párrafo encajaría bien en una sociedad democrática, donde la alternancia en el poder es lo normal, en la cual hay adversarios pero no victimarios. Esto no es lo que existe en Venezuela donde el poder está en manos de criminales ejerciendo el poder de manera ilegítima, tanto de origen como de  comportamiento. Vive usted, Sr. Ochoa Antich, en un mundo de fantasía, lo cual me parece incomprensible dada su inteligencia

6.    Vota siempre.

Mi comentario: Votar bajo un sistema sin transparencia, controlado por el régimen, no es un acto democrático sino un acto de  genuflexión. Basta de liderazgos invertebrados que nos conducen a la esclavitud

7.    Sabe que si se audita por azar el 52 % del voto manual contra las actas electrónicas de las máquinas y si sus testigos están presentes (como en 2015) en la mayoría de las mesas electorales, el fraude no es posible.

Mi comentario: A usted lo enterrarán en urna blanca. Hasta Smartmatic se rebeló en contra del fraude electoral sistemático llevado a cabo por el régimen.

8.    Dialoga siempre.

Mi comentario: el diálogo es una indispensable herramienta entre seres civilizados, entre humanistas y entre quienes difieren en opinión pero están animados de similares deseos de prosperidad y de  bienestar para sus pueblos. Pero, ¿dialogar con Maduro, con Jorge Rodríguez, con Tareck El Aissami?  Ello no sería un diálogo sino una entrega

9.    Promueve protestas sólo pacíficas y se relaciona con la Fuerza Armada en su conjunto, reconociendo sus realidades políticas internas, y aspira tener con ella una relación de respeto institucional, dentro del marco de la Constitución.

Mi comentario: ¿Relación de respeto con la Fuerza Armada? ¿Dentro del marco de la constitución?  Usted delira, Sr. Ochoa Antich. Las llamadas Fuerzas Armadas venezolanas, hoy muertas y podridas, abjuraron de su defensa a la constitución y se han dedicado a saquear al país durante 20 años. Esto está a la vista. Hoy en día muchos de sus miembros son narcotraficantes, contrabandistas, socios de las guerrillas colombianas, vulgares y deshonestos contratistas de las empresas del estado. ¿De qué relación de respeto con una institución prostituida  puede hablar usted, Sr. Ochoa Antich?  

 

Sr. Ochoa Antich: Creo que usted es sincero en sus planteamientos. Pero ello lo hace aún más peligroso. Usted se ha ido convirtiendo de manera insidiosa en un colaboracionista del chavismo, como lo fue Lindbergh del nazismo, en un abogado del apaciguamiento como lo fuera Neville Chamberlain de Hitler, en un posible miembro de un gobierno a lo Vichy, en el molde de Pétain y de Laval. Todos ellos pensaron que eso era lo que debían hacer.

 

Sr. Ochoa Antich: como creo que usted dice lo que dice por estar honestamente convencido de ello, me tomo el tiempo de escribirle estas notas. Si usted fuera un Escarrá más no perdería mi tiempo con usted, pero usted representa una Venezuela que se ha ido convirtiendo, con la mejor de las intenciones, en un triste apéndice de la tiranía. 


lunes, 8 de marzo de 2021

LO QUE QUEDA DEL DÍA

 


La vida es como un río, no solo por aquello que decía Jorge Manrique,  de su inevitable desembocadura en el mar, sino porque nace – como lo hace el río -  como modesto manantial, se va nutriendo de aportes que le llegan de riachuelos afines, va aumentando su caudal y llega plácidamente a las llanuras, o enfrenta accidentes topográficos formando  saltos de agua llenos de turbulencia que, eventualmente, se convierten en suaves remansos.

Pero, como decía otro poeta, Antonio Machado, la vida se diferencia del río porque podemos remontar el río pero no es posible remontar la vida, excepto en ejercicios frágiles de la memoria: caminante no hay camino sino estelas en la mar.

Pienso en esto al terminar de ver de nuevo, después de muchos años, una película que, al verla en 1994, me causó una profunda impresión: “Lo que queda del día” (The remains of the Day), protagonizada por el admirable Anthony Hopkins, Emma Thompson y un elenco extraordinario. Fue nominada para el Oscar 1993, perdiendo con  “La Lista de Schindler”.

Digo que esta película me causó una profunda impresión porque, combinada con otras experiencias que tuvieron que ver con el colapso del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez,  sus mensajes y lecciones me llevaron a reconsiderar el curso que llevaba mi vida, dedicada – hasta entonces -  de manera casi obsesiva -  a lo que consideraba mis deberes para el país, con la atención hacia mi familia en una posición subordinada. A pesar de la opinión desfavorable de la familia, esas prioridades me habían hecho regresar a Venezuela alrededor de 1990, desde Washington, donde tenía una vida de alta calidad, a fin de trabajar “para salvar al país”, animado por el regreso de Carlos Andrés Pérez a la presidencia y pensando que su liderazgo podría colocar a Venezuela en un camino hacia su recuperación.

En verdad, la segunda presidencia de Pérez hizo un meritorio esfuerzo para enmendar los errores cometidos durante su primera presidencia. Se rodeó de un grupo de brillantes tecnócratas, quienes esbozaron políticas modernas en lo económico y en lo social. Por razones de diversa índole, en mucho atribuibles a la tozudez y exagerada auto-suficiencia de Pérez,  esta presidencia fracasó y quienes habíamos depositado en él nuestras esperanzas nos sentimos frustrados. Habiendo quemado mis naves en Washington, me quedé hasta 2003 en el país, haciendo lo posible por ayudar (colaboré en la campaña presidencial de Salas Romer),  aunque ya frustradas mis expectativas originales.

 La película me ayudó a re-examinar mis prioridades.  “Lo que queda del día” trata sobre un mayordomo (Anthony Hopkins), quien ha sido formado para considerar su trabajo como su más alta prioridad, quizás la única. En el castillo de su empleador, Lord Darlington, se dedica con suma eficiencia a cumplir con sus tareas, sin dejar que su vida personal interfiera con el cumplimiento de sus deberes. Por ello, rechaza las aproximaciones románticas de la ama de llaves (Watson) y hasta antepone su trabajo durante un banquete en el castillo a su deber filial de acudir al lecho de muérete de su padre, un exagerado sentido del deber que probablemente le había sido instilado por el propio padre. La película termina cuando, años después, viaja a ver a  la ex-ama de llaves a ofrecerle regresar a su vieja posición (y quizás ya decidido a vivir su romance largo tiempo pospuesto con ella)  pero, la dama, aunque siempre  enamorada de él,  ya tiene una hija adulta que espera un bebé. Debido a la inminente llegada del nieto (ta), decide rehusar la oferta del mayordomo y dedicarse a su vida de abuela. El mayordomo, quien ha pasado toda su vida reprimiendo sus emociones, regresa solo y solitario al castillo, a servir a su nuevo amo, a más de lo mismo. En la escena final de la película, abre la ventana del castillo para dejar volar a un pajarillo que se había metido en la gran sala y no sabía cómo escapar, lo mismo que le pasaba a él.   

Que tristemente admirable aquella vida del mayordomo, pensé al ver la película. Atado a sus deberes, sin expresar sus opiniones, manteniendo sus emociones bajo férreo control y abdicando de  su derecho a tener una vida propia, aquel hombre se dedicó a hacer lo que consideró su máximo deber, convirtiendo sus tareas profesionales en su  única razón de ser.  

¿Que quedó para él al final del día?

¿Qué queda, al final del día, para cualquiera de nosotros? ¿Habremos vivido nuestra vida de manera plena o nos habremos atado a una concepción del deber que excluye toda otra posibilidad de realizarnos en el plano humano integral?

Al ver la película me identifiqué mucho con el mayordomo. Ojo, no porque yo hubiese llegado – de manera alguna -  a su grado de obsesión, sino porque había mostrado algunas tendencias similares en mi actitud ante la vida. La película me llevó a reflexionar seriamente sobre esto.  

 En algún momento de mi vida llegué a pensar que mis prioridades eran: una, mi país, dos, mi trabajo, tres, mi familia. La película fue una importante clarinada de alerta de que esas prioridades debían ser revisadas, so pena de terminar perdiendo los mejores ingredientes de la vida, los cuales incluyen el compartir los momentos cotidianos de la vida en familia con nuestros seres queridos.

Todavía en esos años, hace 27 años, tuve tiempo de reorientar mi vida hacia un acercamiento importante con la familia, convirtiéndola en prioridad número uno. Sin embargo, atrás quedaron lagunas importantes, algunos momentos de especial belleza en la vida familiar, momentos que se han perdido parcial o completamente de nuestra memoria.

Hace unos días mi hijo citó unos versitos en un mensaje interfamiliar  y mis dos hijas de inmediato dijeron: te acuerdas, en la casa de La Lagunita. Con esos versitos mi mamá nos despertaba para ir a la escuela. Y los tres  compartieron ese recuerdo tan dulce de la niñez.

Yo no recordaba eso. Cuando Marianela les cantaba a los hijos yo estaba allí físicamente, aunque probablemente pensando en cómo incrementar la producción petrolera en el bloque III del Lago de Maracaibo. No  compartí esa bella experiencia familiar.

Hoy debo decir, como decía Frank Sinatra en My Way: Regrets. I had a few pero tendría que añadir, perhaps a few too many.

Gracias en parte a Anthony Hopkins las últimas tres décadas han sido para mí de una especial felicidad, un ancho río bajo un cielo azul y con márgenes llenas de verdor. La pérdida de Marianela fue un golpe noble pero ahora, más que nunca, me aferro a la familia.


miércoles, 3 de marzo de 2021

La nave espacial PERSEVERANCE: Tras las huellas de Ray Bradbury

 



Ray Bradbury, escritor estadounidense fallecido en 2012, a los 92 años, escribió cuentos y novelas de fantasía, de horror Y ciencia ficción, con una prosa frecuentemente poética como en “El Vino del Estío” (Dandelion Wine)  y Las Crónicas Marcianas (The Martian Chronicles). Dio muchas entrevistas, incluyendo una en 1962 a PLAYBOY, la revista de Hugh Heffner. En esa entrevista dijo algo que nunca se me ha olvidado. Cuando le preguntaron por el astrofísico Carl Sagan y dijo: “Mi problema con Carl Sagan es que ya tiene algún tiempo tratando de ser Carl Sagan. Y Norman Mailer también cree que es Norman Mailer. Uno no debe andar por allí diciendo quien es. Uno es lo que uno hace. Es nuestro trabajo lo que nos identifica”.  

También recuerdo uno de sus cuentos cortos donde un hombre camina por la playa y ve a otro hombre fornido, calvo, ya entrado en años, haciendo trazos sobre la arena,: Caballos, mujeres, cosas maravillosas. Regresa al hotel y va a cenar con la esposa. De repente, se le humedecen los ojos y la esposa le pregunta: ¿“Que te pasa”?  Y responde: “Es que la marea está subiendo”.

Un bello homenaje a Picasso.

Tantas cosas dijo Bradbury: “La vida es como un par de interiores. Hay que cambiarla cada día”. O, “La alegría es el agradecimiento que le damos a Dios por vivir ”. O, “Si te resistes a llorar nunca podrás vivir plenamente”.

Se definió a sí mismo como un escritor de fantasías, no ciencia ficción. Decía: “la ciencia ficción te lleva al borde del abismo pero es la fantasía la que te da el empujón”.

Su libro más cautivante, Las Crónicas Marcianas, es fantasía. Es una colección de cuentos, viñetas, episodios, que no pretenden crear un planeta o una raza realmente exótica. El viajero llega y encuentra el entorno familiar, demasiado familiar. En La Tercera expedición (escribo de memoria) el Capitán John Black y su grupo de expedicionarios desembarcan en un sitio que les recuerda el pueblo de su infancia. Y quienes los reciben son sus abuelos, padres, hermanos, queridos amigos ya fallecidos. Bradbury hace de esta expedición a Marte un ejercicio de la más dulce nostalgia. Hasta que llega la noche y los Marcianos, quienes se han transformado en los familiares y amigos de los visitantes , recobran su identidad original y los eliminan.

En “El picnic del millón de años” los hijos del terrícola le piden insistentemente que los lleve a  conocer a los marcianos. Un día los lleva al cuerpo de agua cercano y les pide acercarse. Cuando los niños se acercan se ven reflejados en el espejo de agua y el padre les dice: “Conozcan a los marcianos”.

Este cuento me sirvió para mis charlas anti-corrupción, en las cuales frecuentemente me preguntaban quienes serían los líderes de la lucha. Yo les echaba ese cuento. Ustedes – les decía – serán los líderes, no hay otros.

En su escrito sobre el Sentido de la Vida Carlos Alberto Montaner, ver: http://www.elblogdemontaner.com/el-sentido-de-la-vida/  nos dice que el sentido de la vida bien pusiera ser el de llevar la vida hacia los confines del universo. Este si es el campo de la ciencia ficción, en el cual Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Jack Vance (también en Fantasía) y otros grandes maestros, han marcado un hermoso camino.

No tengo dudas de que el hombre viajará algún día a las estrellas. Y el día que llegue la primera expedición a Marte no me extrañaría que esos primeros viajeros encontraran, en lo que pudo haber sido la plaza principal de la ciudad,  una estatua de Ray Bradbury.