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viernes, 31 de marzo de 2017

La Sociedad Civil venezolana debe rebelarse en contra de la narco-dictadura


El mundo exterior está reaccionando frente a la narco-dictadura de Maduro con más decisión que la sociedad civil venezolana. Esta sociedad civil ha dejado por demasiado tiempo en manos de la Mesa de la Unidad Democrática la implantación de estrategias para la restauración de la democracia en el país. Esta organización, a la cual le hemos dado mucho apoyo en el pasado, está hoy sin brújula, carcomida internamente por la mediocridad y los falsos liderazgos. Es evidente que no responde a las necesidades de la hora en el país. En Venezuela existe una dictadura corrupta e ineficiente, la cual ha sumido al país en el caos. Ya no se trata solamente de la victimización de minorías disidentes sino que se trata de toda una nación humillada, golpeada, por un régimen de narcotraficantes y ladrones. Una sociedad civil con sangre en las venas ya hubiera tratado de sacar a empujones a estos delincuentes del poder. El liderazgo que la oposición democrática ha tenido en los últimos meses ha estado en silencio o, peor, ha llamado melosamente a un diálogo que solo serviría para oxigenar a la narco-dictadura. Los facilitadores de este diálogo, pagados por Maduro, han encontrado aliados en la misma Mesa de Unidad Democrática: Timoteo Zambrano, Manuel Rosales, Henri Falcón y otros, quienes – con buena o mala intención – han estado efectivamente sosteniendo la dictadura.
La oposición verdadera está hoy en manos de Leopoldo López, Antonio Ledezma, María Corina Machado, Enrique Aristeguieta Gramcko, Diego Arria y venezolanos quienes están convencidos de que la resistencia civil a la narco- dictadura, si bien no representa una garantía absoluta de victoria, al menos si representa la única postura digna que debe tener un pueblo acogotado por una pandilla de miserables.
Las humillaciones y los asaltos a la dignidad venezolana por parte del narco-régimen han llegado a extremos que ningún venezolano digno debe seguir soportando. La resignación tiene que dar paso a la resistencia activa. La sociedad civil venezolana debe llamar a sus integrantes a resistir,  a la calle, y debe iniciar los intentos de lograr que sus miembros: los colegios profesionales, los maestros, los estudiantes, los empresarios, los sindicatos, los partidos políticos, todas las organizaciones cívicas, con la Asamblea Nacional al frente,  vayan a una protesta sostenida en el tiempo, la cual incluya, si es necesaria, una huelga general.
En la región se están dando pasos cada vez más decididos para aislar y sancionar a la narco-dictadura venezolana pero estos pasos deben encontrar un eco interno en el país. Somos nosotros los agraviados, no son los países de la región. Por mucho tiempo nos hemos quejado del silencio de esos países y hemos alegado que ese silencio nos dejaba indefensos ante la narco-dictadura. Ahora que los países se están moviendo con decisión en nuestro apoyo no podemos quedarnos de brazos cruzados internamente.
Las fuerzas cívicas deben manifestarse en Venezuela. Los comunicados grupales o individuales deben dar paso a un comunicado de la Sociedad Civil, como un todo, en el cual se manifieste la decisión del país de colocarse en rebeldía en contra del narco-régimen. Si el prostituido ejército venezolano tratara de reprimir al pueblo debería llegarse a una intervención regional para evitarlo y para llevar a quienes traten de usar la fuerza armada contra los venezolanos a prisión. La pretensión del títere cubano, Nicolás Maduro, de que él representa al país y de que las sanciones en su contra y en contra de sus narco-colaboradores son sanciones contra el país, son un insulto a la inteligencia de la comunidad internacional y de la sociedad civil venezolana.
Es la hora de actuar conjuntamente, desde adentro y desde afuera, en contra del narco-régimen chavista.   


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